TEOLOGÍA DEL CUERPO

Estando en una reunión de señoras (de esas en las que se tienen cinco conversaciones al mismo tiempo, se habla, se llora, se discute y se arregla el mundo en dos horas), llegó una querida amiga a invitarnos a un curso en el colegio de sus hijos. –“Es sobre Teología del Cuerpo; hoy fue la primera sesión y me encantó. La siguiente es la próxima semana, ¡vénganse a tomarlo conmigo!”

 

Teología del Cuerpo… era algo que yo había estudiado en mi licenciatura, pero ya de eso habían pasado varios años e hijos. Al escucharla invitarnos, sentí que algo se movió dentro de mí… Una semana después, estaba en la caseta de vigilancia de su colegio. No conocía a nadie y me temía que mi amiga no se presentara, pero yo sentía una necesidad enorme de escuchar, de volverme a llenar de esos contenidos que recordaba maravillosos.

 

Un poco tímida, pregunté en dónde era el curso, y sin pensarlo demasiado por miedo a arrepentirme, entré al salón en medio de una docena de desconocidas. Y al comenzar todo cambió…

 

El 18 de mayo de 1920, Karol Jozéf Wojtyla nació en Wadowise, Polonia. Fue el tercer hijo del matrimonio de sus papás, Karol y Emilia. Su niñez y juventud estuvieron marcadas por la pérdida de sus seres queridos: su hermana Olga había muerto antes de que él naciera, su mamá falleció cuando él tenía 9 años, después su hermano Edmund y finalmente su padre, cuando comenzó la ocupación de la Alemania nazi.

 

En 1943, en medio de la Segunda Guerra Mundial, entró al seminario clandestino y fue ordenado sacerdote en 1946. El trabajo con jóvenes universitarios, parejas de novios y matrimonios fueron nutriendo su vida sacerdotal, conociendo el amor humano desde el dolor de la muerte, el horror de la guerra, el valor de los héroes, el amor de las relaciones humanas y la misericordia de Dios.

 

“Como joven sacerdote, llegué a amar el amor humano porque el amor es hermoso, y quien ha visto la belleza del amor, quiere dedicarse a él completamente, ponerse al servicio del amor hermoso.” Cruzando el umbral de la esperanza (132-133)

 

¿Pero por qué hasta el día de hoy estas enseñanzas de la Iglesia siguen siendo tan poco aceptadas entre los fieles católicos? Esto mismo se preguntó Karol Wojtyla y lo motivó a escribir lo que hoy conocemos como la “Teología del Cuerpo”, reflexionando frente al Santísimo Sacramento en la Palabra de Dios y lo que en ella se nos revela del significado del cuerpo, la sexualidad y el amor matrimonial.

 

“Varón y mujer los creó”, era como se hubiera llamado el libro que el Cardenal Wojtyla publicaría, pero después de ser electo papa en 1978, San Juan Pablo II transformó el contenido de su libro en 135 catequesis sobre el amor, aunque sólo entregó 129 (las otras tienen un contenido mucho más explícito ¡bellísimo y muy profundo! del amor conyugal) a la Iglesia universal entre 1979 y 1984 en las audiencias generales en el Vaticano.

 

A través de la Teología del Cuerpo, San Juan Pablo II quiere hacer un camino para el corazón: en lugar de darnos primero las normas que a veces se sienten rígidas, poco aterrizadas a la realidad, quiere explicarnos quiénes somos, para que entonces encontremos razones para saber cómo vivir (pasar del corazón y la experiencia a la moral). Su contenido interpela, habla directo al alma porque logra profundizar en la belleza del amor, incluso donde pareciera no haberla, con una clara conciencia y entendimiento de la experiencia humana.

 

¿Quién no quisiera entenderse mejor desde el amor y la misericordia? ¿Quién no quisiera saber la clave para ser feliz? Por eso, ese reencuentro con la Teología del Cuerpo marcó un antes y un después en mi vida: porque me permitió entenderme a mí y a mi esposo, a mi familia, mis hijos, mis proyectos, y replantearme mi relación con Dios desde mi condición de hija amada, cuyo Padre amoroso desea ser mi guía.

Lic. Alicia Contró 

(Instagram @alicia.contro / Facebook @alicia.contro1)


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