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Por Juan Pablo Vázquez Rodríguez
Monterrey, N.L. (www.pastoralsiglo21.org).- 1 de marzo 2021
La Comisión Arquidiocesana del Medio Ambiente de la Arquidiócesis de Monterrey, ha realizado un llamado al Gobernador del Estado de Nuevo León, Jaime Rodríguez Calderón y al Secretario de Desarrollo Sustentable, para que se tome en serio el grave problema de la atmósfera tóxica que se respira en la Zona Metropolitana de Monterrey.
Según datos presentados en rueda de prensa y en el documento entregado al Señor Gobernador, nuestra metrópoli ocupa el primer lugar de 576 ciudades en la generación del contaminante PM2.5, la partícula más peligrosa suspendida en el aire.
Además, señalaron que la falta de acciones y la contaminación del algunas plantas siderúrgicas, propician el calentamiento global, perjudican los sistemas respiratorio y cardiaco, y se correlacionan, según estudios recientes, con el incremento en el número de casos y tasa de mortalidad por Covid-19.
En el documento también se señalan, que de las 13 estaciones de la Red de Monitoreo de la Zona Metropolitana de Monterrey, no siempre están en funcionamiento, por lo que no son exactos los resultados que arrojan. Además, según registros del OCCAMM quienes vivimos en Monterrey, despedimos ese año como si hubiéramos fumado el equivalente a cerca de 365 cigarros.
También denuncian, que los programas propuestos por la sociedad civil, y compromisos y estrategias hechos por el Gobierno de Nuevo León, para el cuidado de la calidad del aire no se han llevado a cabo.
Por todo lo anterior, demandan que la dependencia a cargo cumpla con la responsabilidad que consigna su portal de “establecer, instrumentar y coordinar las políticas, estrategias, planes, programas y acciones que promuevan el desarrollo urbano y medio ambiente sustentables”.
El documento esta firmado por los sacerdotes y laicas/os..
Pbro. Luis Eduardo Villarreal Ríos
Comisión Arquidiocesana del Medio Ambiente, Arquidiócesis de Monterrey
Pbro. José Manuel Guerrero Noyola
Comisión Arquidiocesana del Medio Ambiente, Arquidiócesis de Monterrey
Pbro. José Francisco Gómez Hinojosa
Vicario General, Arquidiócesis de Monterrey
Pbro. Elías López Bautista
Pbro. Cosme Carlos Ríos
Pbro. Guillermo Flores García
Pbro. Alejandro Beltrán Garza
Pastoral Universitaria, Arquidiócesis de Monterrey
Pbro. Rodolfo Antonio García Martínez
María Teresa Garza Villarreal
Comisión Arquidiocesana del Medio Ambiente, Arquidiócesis de Monterrey
Maureen Villanueva Lecuona
Pastoral Verde, Arquidiócesis de Monterrey
Sandra Yanette Lozano Garza
Pastoral Verde, Arquidiócesis de Monterrey
Eduardo Arturo Valdez Richaud
Ambientalista
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Ante el escenario tan complicado que la pandemia va dejando, es necesario reubicarnos ante la realidad. Hay ideas por todos lados acerca de lo que debe cambiar y de lo que no. En cada ámbito hay voces para avanzar en sus propuestas y otras para defenderse de este avance. Son épocas de oscuridad e incertidumbre en las que será necesario recurrir a la sabiduría divina. Si de verdad queremos ser mejores como Iglesia y sociedad, necesitamos atender las urgencias al mismo tiempo que consideramos las cosas fundamentales que requieren más cuidado. No es la emergencia sanitaria la que nos lleva a cambiar, sino la llamada de Dios la que nos lo propone para vivir lo nuevo en comunidad, con esperanza, paciencia y entusiasmo.

No nos dejemos llevar por la corriente consumista donde se vive para hacer o producir cualquier cosa solo por hacerla, perdiendo el sentido de la vida. Espero que en este tiempo nos acerquemos a las fuentes del agua viva dejando que el Señor nos sacie. Es el momento de experimentar un silencio dialogante con Dios. Un confesor, un director espiritual, un maestro de espiritualidad pueden darnos luces para retomar el camino hacia una vida interior más profunda.

Sé que tenemos muchas preguntas ya que vivimos una emergencia sanitaria que algunos han llamado “des-estructurante” y que ha conmovido las seguridades sobre las que sosteníamos nuestras rutinas diarias. Es un momento donde estamos llamados a reconocer los cimientos de arena de nuestra vida. Espero que no caigamos nosotros en la negación de la pandemia buscando culpables, o peor aún, pensando que todo es un plan orquestado y que los contagios y las muertes son falsos, sin asumir el llamado de conversión que los acontecimientos proponen desde la fe en Cristo.

Quienes buscan culpables, sufren por lo pesado de la situación, pero renuncian a asumir que todos estamos en esta barca y que todos tenemos responsabilidad en la salud y muchos otros ámbitos de la vida común. Entiendo que no es sencillo mantener la fe en alto, por lo que también espero que sigamos creciendo en nuestra oración personal, que a veces, por dar más peso a las actividades y ansias personales o pastorales, puede ser marginada o suplantada en nuestra vida. Espero que este Año Jubilar Sacerdotal sea un tiempo de oración y que los que sigan “primereando” en esto sean mis hermanos sacerdotes.

La oración nos llevará del encuentro con Cristo a la solidaridad con todos pues cuando oramos, compartimos con Él nuestras inquietudes y preocupaciones. De ese diálogo con el Señor brotan iniciativas de misericordia que podremos cristalizar en acciones pastorales concretas en favor de todos y especialmente de los más pobres y de aquellos que luchan por la verdad y la justicia.

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El pasado 19 de febrero, el Padre Adrián Jerónimo Elizondo Peña, miembro del presbiterio de Monterrey, fue llamado a la casa del Padre, a los 47 años de edad. El padre Jero, como era mejor conocido, recibió la ordenación sacerdotal el 13 de agosto del 2005 y sus últimos 7 años de servicio ministerial los brindó como primer párroco en la comunidad de Santa Filomena.

 Su familia, amigos, hermanos sacerdotes y el Arzobispo de Monterrey, externaron su mensaje de condolencias ante la partida del Padre Jero, reconocido por su gran corazón, al ser un pastor siempre al pendiente de los más pobres y marginados:

“Desde el Seminario aprendió a ver a Cristo presente en los más necesitados: capaz de ir a encontrarlo en los reclusos del área psiquiátrica, bañarlos, lavarles su celda, estar a su lado como hermano. Esto lo distinguió toda su vida: nunca tuvo miedo a ensuciar sus manos consagradas con tal de servir a Cristo en sus hermanos que lo necesitaban con un gran espíritu de servicio a flor de piel” escribió Mons. Rogelio Cabrera López en un comunicado enviado a la comunidad por el sensible fallecimiento del Padre Jero.

 Hoy y siempre será recordado por ser un fiel testimonio del amor de Dios; muy arrojado, alegre y con buen sentido del humor, mostrando las características de un buen pastor.

 Descansa en paz Padre Jero.

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Estar en pandemia nos ha modificado la manera de vivir, celebrar y contemplar el misterio de Dios entre nosotros y de una manera muy profunda y significativa, prever por esta razón, que la próxima Semana Santa sea una respuesta de fe que manifieste una verdadera y profunda adhesión al Señor, en donde se nos invita a seguir sus huellas, seguir al Maestro.  

Desde  este  matiz muy especial, nuestros templos y más aún, en nuestras celebraciones de fe, han estar  motivados a buscar creativamente dar respuesta a la vivencia del encuentro de Dios con nosotros, por medio de los canales virtuales y medios de comunicación en la Evangelización; ante esta realidad y bajo este contexto,  anhelo implorar a Dios que nos aliente como Iglesia católica a vivir profundamente nuestra fe con un verdadero impulso, para acercarnos al misterio de Dios entre nosotros, y buscar por todos los medios caminar, siguiendo las huellas del Maestro.

Ante la circunstancia de pandemia quiero hacer una noble exhortación, dice San Agustín «En la Cruz… ¿Fue Cristo el que murió o fue la muerte la que murió en Él? ¡Oh qué muerte que mató a la muerte!» Desde esta frase y su reflexión, anhelo que nuestras celebraciones de semana santa sean motivadas e impulsadas por la fuerza del Espíritu Santo, que es luz, esperanza y vida nueva, ya que la muerte del Señor trae como consecuencia la vida, y es ahí donde quiero vivir un  recorrido espiritual y pastoral de la expresión del significado del Misterio Pascual de Nuestro Señor Jesucristo, que se hace presente y palpable en la Historia de la Salvación, que es precisamente vivenciar el significado de la Pasión, Muerte y Resurrección que nos trae la vivencia de la semana santa y por ende, una vida nueva en Jesús,  no como un acto externo – celebrativo – virtual, sino realmente como expresión del anhelo profundo de una vida nueva, una resurrección y porqué no decirlo, una manifestación de que nuestra situación de pandemia se va logrando superar.

Considero importante que al término de una vida y de un camino, nos queda el corazón reflexivo de lo que hemos vivido y lo que hemos hecho, y entonces vemos la muerte como el término o la conclusión de una misión, en este preciso instante, es necesario acudir al sepulcro y dar testimonio de la Resurrección victoriosa, inclusive en el contexto de pandemia, en donde las cadenas del pecado han sido rotas, la piedra ha sido movida y mi Señor ha triunfado porque ha vencido la muerte. Así también en la vida de cada uno de nosotros debemos experimentar esta misma victoria, y más aún decirnos que podemos con su Gracia estar hoy por hoy muertos al pecado, para estar vivos en la Gracia.

Finalmente, si tenemos la dichosa oportunidad de vivir, celebrar y contemplar los misterios de Nuestro Señor en la próxima semana santa de forma presencial, evitemos con todo nuestro ser y voluntad, evitar todo aquello que nos impida tenerlo presente, y poder dar con nuestra vida, un testimonio de que realmente tenemos la confianza y creemos que esta prueba de pandemia, que nos ha cambiado la vida, pronto pasará por la Pasión, Muerte y Resurrección de nuestro Señor Jesús. ¡Bendiciones!

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Con gran alegría y excelente servicio, María Cristina García Gutiérrez, se ha desempeñado como colaboradora en distintas áreas, por casi 16 años, en la Curia Arquidiocesana de Monterrey.

Durante 13 años, Cristina tuvo la dicha de recibir, atender y brindar una cordial bienvenida a quienes por diversas razones, se presentarán en las instalaciones de la Curia; pero la recepción no sería el primer lugar en que Cristi, sirviera a la Iglesia de Monterrey.

Para el 2004, poco antes de ingresar oficialmente al equipo de la Curia, se desempeñó  como administradora del Periódico Pastoral Siglo XXI, por algunos meses, compartiendo bellos y gratos momentos con el Padre Miguel Alanís, de feliz memoria.

Actualmente y desde hace tres años, Cristina se encuentra sirviendo y apoyando en el departamento de Confirmaciones; un archivo que guarda los registros y actas de las confirmaciones realizadas en la Basílica de Nuestra Señora del Roble desde 1907 A 1959, y de la parroquia de San Juan Bosco de 1959 a 1985.

En este breve espacio Cristina nos comparte lo que ha significado para ella ser parte del equipo de colaboradores que, siempre pensando en brindar sus dones a aquellos que lo necesitan, procuran ser un rostro de Cristo desde la Curia:

¿Cuáles virtudes considera son indispensables para colaborar en cualquier departamento de la Curia?

Yo considero que es necesario siempre tener responsabilidad, respeto, amabilidad, alegría, paciencia, pero sobre todo siempre tener mucho amor de servir al prójimo.

– ¿De qué manera influye en su fe, que el ámbito profesional, gire en torno a la religión?

Es una gran responsabilidad, pero también una enorme bendición. En cada persona que se presenta a buscar su boleta, conocemos una gran historia, vemos una necesidad de ayuda con su trámite. En muchas ocasiones llegan desesperados y hay que saberlos escuchar, para poder brindar la ayuda que merecen.

En ocasiones, dentro de mi archivo no se encuentra la información que se requiere, pero siempre trato de buscar una solución para el trámite, y si esto no llega a ser posible, doy lo mejor de mí misma, para que al menos se vayan con la satisfacción de ver el rostro y la misericordia de Dios, por la atención brindada.

-¿Cuál ha sido el mayor reto al que se ha enfrentado en el Archivo de Confirmaciones?

Creo que el recopilar información cuando no se tienen los datos necesarios para conseguir el acta; hay muchas personas que llegan buscando su boleta de bautizo o confirmación y no cuentan con suficientes datos, por distintas razones, quizá porque sus padre ya murieron y no tienen pleno conocimiento de cómo, cuándo y dónde se llevó a cabo este suceso.

-¿Cómo definiría su experiencia de colaborar en la Curia Arquidiocesana?

Maravillosa, el estar aquí me ha permitido conocer a mucha gente en distintos ámbitos; con algunas de ellas ha nacido una amistad muy hermosa que a pesar de los años sigue prevaleciendo. Me siento muy agradecida con papito Dios y mamita María por lo vivido, tanto en el área laboral como personalmente.

Por Equipo Pastoral Siglo XXI

 

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5 Elementos para que las personas puedan incrementar su bienestar y felicidad

¿Se puede ser feliz en tiempos de covid? La pregunta puede parecer una locura y más aún la respuesta, pues definitivamente, si se puede ser feliz. Siempre podemos experimentar la felicidad, pues lejos de toda idea referente a que está fincada en esos “cuando” “cuando tenga casa nueva”, “cuando me case”, “cuando tenga hijos”, “cuando se gradúe” “cuando compre carro” “cuando cambie el carro”, así puedo seguir interminablemente; lo cierto es que la felicidad radica en esos pequeños detalles del día con día.

Recuerdo que en mi consulta como psicoterapeuta atendí a un adolescente que no podía abrir latas, le di instrucciones de todos conocidas: “toma el frasco y golpea ligeramente contra el piso o la pared alrededor del mismo a la altura de la tapa”. Lo logró, claro que lo logró. Su rostro era radiante, dijo sentirse muy feliz por ello.

Y precisamente son los logros uno de esos 5 elementos planteados por Martin Seligman, precursor de la psicología positiva, en su modelo PERMA, para que las personas incrementen su bienestar y felicidad. Los enlisto en seguida:

P se refiere a Positive Emotions, emociones positivas, mismas que podemos experimentar, de diversas maneras; una de ellas es a través de los sí, lo que sí tengo, lo que sí puedo. Incluso con situaciones tan sencillas y cotidianas como observar la naturaleza, contemplar a un bebé, jugar juegos de mesa en familia, contar chistes blancos, entre muchas otras opciones.

E – (Engagement) Involucramiento: se trata de disfrutar o sacarle el mejor provecho a lo que hacemos en el día con día aunque nos parezca poco placentero. Recuerdo que estando embarazada de mi tercer hijo, tenía una hija de 6 años y otra de 3, con un titipuchal de trabajo y un pastor alemán como mascota. En una de esas ocasiones en que fui a limpiar el espacio de Maximiliano, nuestro perro, empecé a refunfuñar, (consideré que era injusta mi situación pues ya estaba en el octavo mes gestación y creo que hasta respirar se me dificultaba), en eso llegó un pensamiento maravilloso que me permitió lograr el involucramiento. Empecé a dar gracias porque tengo manos y brazos y piernas, porque podía hacerlo. Entonces vino algo más, el deseo enorme de cantar y empecé a cantar, y fui feliz recogiendo heces fecales de Max y lavando su espacio.

R – (Relationship) Relaciones: Es importante saber que siempre contamos con alguien, identificar y reconocer nuestras redes de apoyo.

M – (Meaning) Significado: que nuestra vida tenga sentido, por ejemplo cuando ayudamos a alguien, o bien a través del sentido profundo de fe.

Y como clave número 5:

A  –  (Accomplishment) Logro: saber que puedes hacer las cosas, y éstas pueden ser muy sencillas, como el ejemplo que di al inicio, o tantos otros. Los logros están relacionados con la determinación, la voluntad, el querer.

Qué tal si vamos siendo conscientes y agradecidos por quienes nos rodean, si vamos sumando todos esos sí, esos pequeños grandes momentos en todos los tiempos.

Amor, paz y bien. 

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La enfermedad y el sufrimiento se han contado siempre entre los problemas más graves que aquejan la vida humana. En la enfermedad, el hombre experimenta su impotencia, sus límites y su finitud. Toda enfermedad puede hacernos entrever la muerte (CIC, 1500).

La enfermedad acompaña al ser humano antes de los albores de la civilización, viene a ser una realidad en la existencia de la humanidad. La Organización Mundial de la Salud la define como “alteración o desviación del estado fisiológico en una o varias partes del cuerpo, por causas en general conocidas, manifestada por síntomas y signos característicos, y cuya evolución es más o menos previsible”. Sin pretender dar una clasificación concreta, las causas pueden ser internas -de tipo hereditarias y fisiológicas- o dadas por agentes externos -físicos, químicos o biológicos-.

En los agentes biológicos encontramos diferentes tipos de organismos -multicelulares o unicelulares- e incluso entidades biológicas como los virus, cuya clasificación está dada por sus diferentes composiciones estructurales.

 La lucha del hombre contra diversas enfermedades causadas por los virus ha progresado en los últimos siglos, tras observaciones metódicas y con conocimientos empíricos provenientes de China e India con un método milenario llamado “variolización” se lograba cierta eficiencia en la inmunización contra el Variola virus, agente causante de la viruela.

En el siglo XVIII, tras observaciones realizadas en personas que no desarrollaban la enfermedad, el médico E. Jenner inoculó una incipiente vacuna contra este virus, el galeno, padre de la inmunología, desconocía el salto cuántico que este proceso ocasionaría en el área de salud preventiva y del potencial de sobrevivencia junto con la calidad de vida que aportaría a la humanidad. Desde entonces, el desarrollo de vacunas ha sido uno de los métodos de mayor utilidad para la prevención de enfermedades infectocontagiosas en el mundo; así, en 1980, se declaró oficialmente la erradicación de la viruela en el mundo, casi dos siglos después de la primera prueba realizada por Jenner.

Las primeras infecciones por coronavirus en el humano fueron reportadas en el año 1960 como causantes del resfriado común, posteriormente, en el año 2002 emergió el primer coronavirus causante de un síndrome respiratorio agudo severo (SARS) llamado SARS-CoV considerado como letal. En el año 2012 se detectó en un individuo de Arabia Saudita un nuevo coronavirus que no había sido encontrado con anterioridad en los humanos, este virus causó un síndrome respiratorio en oriente medio por lo que se le denominó a este virus MERS-CoV. En diciembre del año 2019 se detectó en Wuhan, capital de la provincia de Hubei, China el primer caso de un nuevo coronavirus que produjo neumonías, se le denominó primero como 2019-nCoV , posteriormente se le nombró como coronavirus causante del síndrome respiratorio agudo severo tipo 2 (SARS-CoV-2).

Ante la realidad de la pandemia a causa del virus SARS-CoV-2, [MOU1] [MOU2] la aparición de una vacuna, o varias vacunas, que permitan la inmunización de la población resultó en un reto para los especialistas. Las vacunas tradicionales con virus atenuados (se disminuye capacidad infecciosa) o inactivados (llamados muertos) o con subunidades del virus (partes del virus) o con toxoides (elementos infectivos modificados) parecían no proveer la eficiencia y seguridad que se requería, además, las experiencias de algunos grupos científicos con SARS-CoV, incluso con virus quiméricos -se combinan elementos genéticos entre virus- o deletados – se les realiza cambios o se le quita material genético del virus- no fructificaron favorablemente, sobre todo los esfuerzos cesaron en su mayoría gracias a la contención de la epidemia. Además, en los tres coronavirus más peligrosos para el ser humano, la respuesta inmune descontrolada ha jugado un papel crucial para el desarrollo de una vacuna.[MOU3] 

A la fecha en el mundo se encuentran aprobadas, por al menos una entidad reguladora nacional, diez distintas vacunas para el SARS-CoV-2, siete de ellas se distinguen por emplear tecnología innovadora: -unas vacunas están basadas en el uso de vectores virales como los adenovirus o – vacunas basadas en el uso de Ácido Ribonucleico mensajero (ARNm).

Las vacunas basadas en vectores adenovirales, se han usado con anterioridad para otras enfermedades infecciosas como el Virus de la Inmunodeficiencia Humana (VIH), la Tuberculosis; su tecnología es muy simple, se realizan cambios en el adenovirus en donde expresarán ciertas proteínas superficiales del coronavirus SARS-CoV-2 como la proteína S (spike o espiga), cuando el adenovirus ingresa a las células dentro del cuerpo, se replica dentro de ellas e induce una respuesta inmune contra las proteína S  y entrena al sistema inmunológico para atacar al coronavirus cuando infecte al organismo. El material genético del virus se elimina tras unas cuantas semanas.

 La segunda tecnología, es una vacuna de ARNm, que se encuentra dentro de una cápsula lipídica -protectora-, este ARNm contiene la información de cómo construir la proteína, al momento de vacunar a una persona, entra a la célula, y el ARNm es como un libro de instrucciones que nuestras células pueden leer e interpretar para fabricar antígenos (proteína S), estos son reconocidos por el sistema inmune como extraños y produce una respuesta inmune específica.

 El uso de ARNm, cuenta con al menos 30 años de constante investigación de la Dra. K. Karikó y del Dr. D. Weissman, quienes descifraron las claves para lograr la síntesis y expresión de estos “recetarios” en células con núcleo ¿por qué recetarios? Toda la información para nuestro desarrollo, crecimiento y funcionamiento se encuentra contenida en el Ácido Desoxiribonucleico (ADN) que está en el núcleo de nuestras células. El ADN, como si fuera un gran archivo, se va “leyendo” y va emitiendo órdenes a los que llamamos ARNm los cuales se siguen, al pie de la letra como una receta, para generar todas nuestras proteínas. Los trabajos de los investigadores Karikó y Weissman fueron identificar los mecanismos para que un ARNm ajeno a nuestro cuerpo, como puede ser el de virus y bacterias, no fuera detectado como extraño; con esta tecnología se logró que una proteína imprescindible para la infección del Sars-CoV-2 ahora se presentará como un ARNm “propio” y se expresara la proteína del coronavirus en nuestras células para así desencadenar una compleja respuesta del sistema inmunológico por dos vías. Otra gran ventaja del uso de estos ARNm es que al ser moléculas sencillas duran unos cuantos días en las células humanas, y es imposible, por su naturaleza y estructura, que puedan incorporarse a nuestro ADN y causarle cambios o daños.

Dios, nuestro Creador, nos hizo a su imagen y semejanza, nos proveyó de voluntad e inteligencia, por ello, los seres humanos somos inquietos en la búsqueda de la verdad, anhelamos como niños el conocer el por qué de las cosas, yo les invito queridos hermanos a escudriñar, conocer y buscar la importancia de la vacunación en esta pandemia, a preguntar a los verdaderos expertos en biología molecular, a los médicos infectólogos, inmunólogos, sobre el gran avance en salud preventiva que resulta de estas nuevas oportunidades para el desarrollo de vacunas.

 

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Hace poco más dos mil años, una pequeña familia proveniente de Nazaret salió huyendo de Israel para proteger la vida de su pequeño. Así como la sagrada familia tuvo que huir, a través de los años, muchas otras personas y familias han dejado sus hogares en búsqueda de una mejor vida, ya sea porque quieren reunirse con sus familiares, porque están huyendo de alguna situación de violencia o por que buscan superarse a sí mismos en algún otro lugar.

Todas estas personas que migran lo hacen muchas veces sin saber lo que les espera tras la frontera, pero con la esperanza de que, pasando estas líneas imaginarias establecidas por los hombres, podrán tener una mejor vida.

Sin embargo, lamentablemente, muchas veces las personas se encuentran con un camino lleno de obstáculos como lo son la discriminación, las violaciones a derechos humanos, el crimen organizado y situaciones precarias de vida.

Ante estas situaciones tan complejas, Casa Monarca, Ayuda Humanitaria al Migrante, A. B. P. surge como una respuesta a este fenómeno y a las dificultades que pueden vivir nuestros hermanos migrantes. Con la misión de acoger, proteger, promover e integrar a las personas migrantes, Casa Monarca ofrece apoyo jurídico, psicosocial y humanitario a las miles de personas que nos visitan en búsqueda de un “oasis” en medio del desierto. Es decir, dar una respuesta local, a un fenómeno global, una respuesta humana a una situación inhumana, como reza nuestra visión.

Solamente en el 2020, acogimos mediante 4,819 atenciones humanitarias, protegimos mediante 6,130 orientaciones vinculadas a trámites migratorios o de refugio, promovimos el fenómeno migratorio mediante 16 sesiones informativas e integramos a las personas migrantes y refugiadas mediante 78 orientaciones para trámite de la CURP en Nuevo León, entre muchas otras atenciones. No obstante, aún falta mucho trabajo por hacer, mucho amor que dar y muchas vidas que cambiar.

Hace miles de años, Abraham recibió a tres hombres en su tienda, tres hombres que resultaron ser invitados muy especiales. De esta misma manera, todos los días, Casa Monarca recibe a hombres, mujeres, niños y niñas que también resultan ser ángeles (Gn 18,1-16) y que merecen ser recibidos con amor fraternal y con todas las herramientas posibles para brindarles numerosas oportunidades y una gran calidad de vida.

A través de nuestros abogados, psicólogos y trabajadores sociales, buscamos integrar a las personas migrantes y refugiadas, a fin de que tengan acceso a sus derechos básicos y fundamentales, como lo son la educación, la salud, la vivienda y el trabajo, entre otros.

El día de hoy, Casa Monarca se encuentra en un punto crítico en su historia, pues próximamente, esperamos incrementar nuestro impacto en las vidas de las personas a las que servimos por medio de nuestro nuevo albergue que podrá acoger, proteger, promover e integrar en una manera exponencial a nuestros hermanos y hermanas.

Como dijo Martin Luther King hace algunos años, “tengo la audacia de creer que los pueblos de todo el mundo pueden tener tres comidas al día para sus cuerpos, educación y cultura para sus mentes, y dignidad igualdad y libertad para sus espíritus”. Tal como lo expresó Martin, construyamos un mundo inclusivo, donde todos vivan dignamente, un mundo tal como nos enseñó Jesús. 

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Oriundo del bello estado de Zacatecas, de una modesta comunidad, Jesús María Sur, en el municipio de Pinos. En ella se encuentra una pequeña capilla dedicada a la Sagrada Familia, en donde llevo celebrando su fiesta patronal, desde 1999 hasta la fecha.

Soy de una familia muy fervorosa, formada por el feliz matrimonio de don Ramón Niño y doña María de Jesús Macías y ocho hijos, siendo yo el sexto de ellos. De mis padres siempre admiré que aun sin tener escuela sabían muy bien rezar el Santo Rosario.

“De ver, dan ganas”, dicen por ahí…no puedo negar que al principio me enfadaba que a mis hermanos y a mí nos pusieran a rezar. Conforme iba tomando conciencia, me empeñé a aprenderme el Rosario con todo y letanías, y a los nueve años lo logré.

A mi corta edad, aun sin conocer las Sagradas Escrituras, ya tenía muy claro la imagen de Cordero y Pastor; del trigo y de la cizaña; ya conocía el grano de mostaza y sabía lo que era el redil de las ovejas. Conocí a los pájaros que se comen la semilla que cae en el camino, también descubrí el tiempo de la cosecha, y conocía la hoz, al igual que el hacha que está puesta al árbol; al fin hijo de padres dedicados al hogar, a la vida del campo y de amplia piedad.

El último martes de cada mes, el sacerdote visitaba a mi pueblo para ofrecernos el sacramento de la penitencia y celebrarnos la Santa Misa; en tiempo de lluvia todo se ponía más difícil, pues transitar 9 km por terracería complicaba que llegará al pueblo y tocaba esperar hasta el siguiente mes. Llegó el turno de recibir al sacerdote en casa, cada mes le correspondía a una familia diferente. Mis padres prepararon un cazo lleno de elotes y ricas carnitas, para vivir el momento que marcó favorablemente toda mi vida: El sacerdote estaba en nuestra casa, tal como narra el Evangelio de S. Lc. 7, 11-17, “Dios ha visitado a su pueblo” y ahí es donde comienza mi aventura vocacional.

Nunca olvidaré tampoco a otro gran sacerdote pregonero, el padre Rubén Ríos Zalapa, famoso por su programa de radio, que condujo y fue transmitido por 35 años en la X E T: “Caminos de luz”. El padre Ríos Zalapa y su programa influyeron en los inicios de mi inquietud vocacional, ya que cada domingo, por la noche, era hermosa costumbre escucharlo y con eso ya nos dábamos por satisfechos de haber vivido el precepto dominical, que con devoción, escuchábamos en aquel pequeño radio en la obscura cocina, atizando el fogón en las frías noches de aquellos lugares Zacatecanos.

Más adelante, tuve oportunidad de conocer y entrevistar al Padre Ríos Zalapa, mientras yo cursaba el segundo año de Filosofía, y aún conservo ese momento en un pequeño casete.

En 1979, emigramos como familia a la hermosa y pujante “Sultana del Norte” mi Monterrey, Nuevo León, ya que en nuestro pueblo, el grado de escolaridad llegaba a primaria y secundaria. Mis hermanos y yo nos integramos a una nueva vida académica llena de retos y oportunidades.

 Aquí en Monterrey tomó más fuerza mi inquietud vocacional. Terminando la secundaria, me acerqué a la Iglesia de mi colonia y ahí aparece la figura de un nuevo párroco: El padre Salvador González Villanueva, mejor conocido como el padre “Chavita” que con su testimonio le dio mayor dirección al llamado que Dios me estaba haciendo.

 Allá por el año 1986, aparece un pequeño folleto que editó el padre José Antonio Muguerza, que se titulaba “tú puedes ser sacerdote”. Ahí comienza mi historia vocacional, en el Seminario de Monterrey, al cual siempre agradeceré todo lo recibido por 9 años.

Agradezco inmensamente a Dios que yo pueda formar parte de una floreciente familia de vocaciones,  que hasta la fecha, puedo contar 7 sacerdotes, entre religiosos y diocesanos que desempeñan su ministerio en algún lugar de nuestra Patria.

A mis padres siempre los vi rezando, pidiéndole a Dios les concediera un hijo sacerdote y como bien dicen: “Todo lo que sube a Dios en oración, baja luego a la tierra en bendición”, pues Dios les regaló la dicha de tener dos hijos sacerdotes; mi Hermano Rodolfo, que sirve en la parroquia de la Santa Cruz en Monterrey, y su servidor que con orgullo y gratitud sirvo en la Parroquia San Francisco de Asís en Escobedo.

Desde esta hermosa comunidad seguiré cooperando obedientemente, en dar a conocer el Evangelio en esta gran Arquidiócesis de Monterrey, en unión con mi Pastor Don Rogelio, con quien celebramos jubilosos este año sacerdotal. A quien con sencillas palabras le digo: “Don Rogelio, su Alegría también es mi Alegría. Su testimonio es también muy edificante para mí”.      

Por: Pbro. José Cruz Niño Macías, Parroquia San Francisco de Asís, Escobedo.

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Cuando pensamos en referirnos a la fraternidad en el hogar, nos preguntamos si se puede hablar de fraternidad al interno de la familia. Es claro que el término es aplicable en la relación que se da entre los hijos de un matrimonio… pero, ¿se puede pensar en una relación fraterna en la familia?.

El término fraternidad deriva de frater, que significa, hermano; lo que a su vez refiere el parentesco (sanguíneo y otras múltiples interconexiones) entre dos personas y que tiene su origen en la familia; lugar donde, además, nace la experiencia de ser hermano y donde se reconoce al otro como tal. Por otra parte, desde nuestra fe, del reconocimiento de Dios como Padre de todos, deriva el reconocimiento entre nosotros, los creyentes (y todos los hombres y mujeres), como hermanos y hermanas. Les invito a pensar dos cosas:

Primero, en el inmenso valor que la familia tiene en el corazón de Dios: 1) Al ser Cristo la fuente de la gracia del sacramento del matrimonio, con el cual los esposos son capacitados para representar y testimoniar la fidelidad de Dios a su alianza; 2) Al ser la familia cristiana ‘iglesia doméstica[1]’, comunión de personas, reflejo e imagen de la comunión del Padre y del Hijo en el Espíritu Santo; cuyas relaciones entrañan una afinidad de sentimientos, afectos e intereses que provienen del mutuo respeto de las personas; donde los miembros de la familia son iguales en dignidad; los padres son llamados a mirar a los hijos como hijos de Dios y respetarlos como a personas humanas, educarlos en la fe, enseñarlos a orar y descubrir su vocación de hijos de Dios; y los hijos, llamados a respetar a sus padres con docilidad y obediencia verdaderas, a prestarles ayuda material y moral en sus necesidades; y entre hermanos, llamados a soportarse en la caridad; con humildad, dulzura y paciencia; 3) Al ser el hogar la primera escuela de vida cristiana, en la que se aprende la paciencia, el gozo del trabajo, el amor fraterno, el perdón generoso y reiterado; y donde la ternura el respeto, la fidelidad y el servicio desinteresado son norma[2].

Segundo, en la cualidad de relación fraterna que la Persona de Cristo instaura y se vuelve criterio de identidad para cada hijo e hija de Dios: “todos ustedes son hermanos” (Mt 23,8), y que se establece como amor supremo: “nadie tiene mayor amor que el que da la vida por sus amigos” (Jn 15,13).  Lo que distingue el amor de Dios, ofrecido a nosotros en Cristo y por Él, va más allá las relaciones de afecto y sangre de familia, pasando al amor de caridad, que subraya y cualifica el amor con las notas de gratuidad, desinterés, universalidad, incondicionalidad; y que, vivido radicalmente, lleva hasta la propia negación de uno mismo. 

Con este mismo amor creyente estamos llamados a amar a Dios, a nuestra familia, a nuestros amigos, a los necesitados, a nuestro prójimo. No amamos con un corazón a papá, con otro a mamá, con otro a mis hermanos, con otro a mis amigos, y con otro al resto de las personas. 

Por esto, podemos afirmar que sí se puede hablar de una relación fraterna en el hogar, entre los miembros de la misma familia. Desde el Amor con que Dios nos ha amado, se iluminan y se fundamentan todas las demás relaciones: matrimonio, familia, amistad; y de ahí brota el llamado a amarnos con el amor con que Jesús nos ha amado a todos y a cada uno. Desde Dios, el amor en familia viene llevado hasta el extremo del propio sacrificio en bien del otro; y, si bien esto podría llegar a definirse de un verdadero amor maternal y paternal, no se afirmaría de la misma manera entre el amor de hermanos; no por la situación ideal, sino por la realidad existencial y cotidiana. Considerar nuestro amor en familia desde Dios, como hermanos, puede cualificar la relación, haciendo patente y explícita la dignidad, identidad y autonomía de la persona, de frente a la fragilidad de nuestra condición humana de querer manipular, limitar, posesionarnos del otro o de la otra (miembro de mi familia).  

Vivir esta dimensión de la fe no es algo complicado, bastaría que asumiéramos el Evangelio, y la experiencia de fraternidad brotará en nuestro hogar y de ahí, a toda la comunidad; pues el llamado que Jesús nos hace en Él consiste precisamente en amarnos como Él: sin límites, sin condiciones, sin diferencias, gratuitamente… con todas las fuerzas, con toda el alma, con todo el corazón. Quien decide amar como Cristo, amará plenamente a su papá, a su mamá, a su hermano y hermana; e igualmente, amará con todo su corazón a cualquier otra persona, haciéndole todo el bien posible, aún por encima del propio, como lo mostró Jesús en la Cruz.

[1] Su espacio vital podría transformarse en sede de la Eucaristía . Cfr. Papa Francisco, Amoris Laetitia, 15

[2] Cfr. Catecismo de la Iglesia Católica, 1642-1657; 2204-2227

 


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