Con alegría y esperanza, la Iglesia de Monterrey celebró este jueves la Ordenación Diaconal de 11 seminaristas, quienes dieron un nuevo paso en su camino hacia el sacerdocio al recibir el ministerio del diaconado de manos de Mons. Rogelio Cabrera López, Arzobispo de Monterrey.
La celebración tuvo lugar en la Basílica de Nuestra Señora del Roble, donde se reunieron familiares, amigos, sacerdotes, religiosas, seminaristas y fieles de la Arquidiócesis para acompañar a los nuevos diáconos en este momento significativo de su vocación.
Los ordenados fueron Filiberto Ávila de Santiago, Santiago Cárdenas Murillo, Guillermo Castillo Paredes, SNSJ, Sergio Uriel García Medrano, Manuel de Jesús García Ramos, Jesús Emmanuel Garza Torres, Ángel Salvador Martínez Chávez, Iván Ezequiel Martínez González, José Humberto Reyes Pérez, Diego Andrés Treviño Almaguer y Karlos Cristian Ortiz González.
Durante su homilía, el Arzobispo destacó que la ordenación de estos jóvenes representa un regalo para la Iglesia, particularmente ante la realidad actual de escasez de vocaciones al ministerio ordenado.
“Para mí todo es un regalo, igual, pero en estas circunstancias que vive la Iglesia aprecio de un modo muy especial el que tengamos diáconos”, expresó Mons. Cabrera López, quien recordó también la importancia de continuar orando al Señor para que envíe más trabajadores a sus campos.
“Yo no he venido a ser servido, sino a servir”
Tomando como punto central el Evangelio proclamado durante la celebración, el Arzobispo invitó a los nuevos diáconos a mirar siempre a Cristo como el modelo fundamental de su ministerio.
“Hoy vamos a mirar a Cristo. Él es el diácono. Él mismo se autodefine: ‘Yo no he venido a ser servido, sino a servir’. Eso es lo que define la persona de Cristo”, señaló.
Explicó que la palabra diácono está profundamente relacionada con la realidad del servicio, y recordó que María también se reconoció como “esclava del Señor”, aunque no haya recibido el ministerio ordenado.
Por ello, invitó a los nuevos diáconos a no perder nunca de vista que el ministerio que reciben tiene como finalidad servir a los demás y entregar la propia vida.
El Arzobispo recordó además el ejemplo de los primeros siete diáconos mencionados en los Hechos de los Apóstoles, particularmente san Esteban, quien no solamente encabezó el servicio a las mesas, sino que posteriormente dio testimonio de Cristo hasta entregar su vida.
“Hacer algo por los demás es dar la vida por los demás”, afirmó.
𝐅𝐢𝐝𝐞𝐥𝐢𝐝𝐚𝐝 𝐲 𝐩𝐫𝐮𝐝𝐞𝐧𝐜𝐢𝐚, 𝐯𝐢𝐫𝐭𝐮𝐝𝐞𝐬 𝐝𝐞𝐥 𝐬𝐞𝐫𝐯𝐢𝐝𝐨𝐫
A partir del Evangelio, Mons. Cabrera López señaló dos virtudes que deben caracterizar siempre a quien ejerce un servicio en la Iglesia: la fidelidad y la prudencia.
Explicó que ser fiel significa permanecer siempre atentos a aquel que confía una misión y ser dignos de confianza ante Dios y ante la comunidad.
“La fidelidad significa estar siempre atentos a quien nos envía, a quien nos da el encargo; ser fiel es ser digno de confianza”, explicó.
Al hablar de la prudencia, destacó que se trata de una virtud particularmente necesaria en el tiempo actual, pues implica saber hablar y actuar correctamente en el momento oportuno.
“Hoy hace falta mucho esta virtud. Hablamos sin control, hacemos cosas de las cuales después nos arrepentimos porque no medimos el costo de nuestras palabras y el costo de nuestras acciones”, advirtió.
En este sentido, pidió a los nuevos diáconos cuidar especialmente su manera de comunicarse y su presencia en las redes sociales.
“Cuidado con las redes sociales, cuidado con su WhatsApp; sepan qué piensan, porque vivimos tiempos muy complicados”, exhortó.
𝐒𝐞𝐫𝐯𝐢𝐫 𝐞𝐬𝐩𝐞𝐜𝐢𝐚𝐥𝐦𝐞𝐧𝐭𝐞 𝐚 𝐥𝐨𝐬 𝐦𝐚́𝐬 𝐬𝐞𝐧𝐜𝐢𝐥𝐥𝐨𝐬 𝐲 𝐩𝐨𝐛𝐫𝐞𝐬
Mons. Cabrera López pidió a los nuevos diáconos que durante su servicio en las comunidades parroquiales tengan una particular cercanía con las personas más sencillas y pobres.
Les recordó que el diaconado no debe entenderse como una responsabilidad temporal o meramente funcional, sino como una verdadera escuela de entrega y caridad.
“Les pediré servir en sus comunidades sabiendo que no es por un ratito, es para toda la vida, pero es necesario tener ese entrenamiento de la caridad”, afirmó.
Asimismo, les confió una misión especial: “Les encargo mucho a la gente más sencilla y más pobre de nuestra diócesis”.
Al finalizar su exhortación, el Arzobispo describió a los nuevos diáconos como “la cara amable de la Iglesia”, pidiendo a Dios que los acompañe en esta nueva etapa de su vocación.
La celebración concluyó en un ambiente de alegría y acción de gracias, con la comunidad arquidiocesana acompañando a los 11 nuevos diáconos, quienes continuarán su preparación y servicio pastoral en camino hacia la ordenación sacerdotal.
Mons. Rogelio Cabrera López extendió también su llamado a los sacerdotes presentes para que nunca olviden la esencia de su ministerio: “que el Señor nos conceda nunca olvidar que somos servidores”.
La Iglesia de Monterrey se une así en oración por Filiberto, Santiago, Guillermo, Sergio, Manuel, Jesús Emmanuel, Ángel Salvador, Iván Ezequiel, José Humberto, Diego Andrés y Karlos Cristian, pidiendo que su ministerio sea siempre un testimonio de fidelidad, prudencia y entrega generosa al pueblo de Dios.
