LA IMPORTANCIA DE LA VACUNACIÓN

La enfermedad y el sufrimiento se han contado siempre entre los problemas más graves que aquejan la vida humana. En la enfermedad, el hombre experimenta su impotencia, sus límites y su finitud. Toda enfermedad puede hacernos entrever la muerte (CIC, 1500).

La enfermedad acompaña al ser humano antes de los albores de la civilización, viene a ser una realidad en la existencia de la humanidad. La Organización Mundial de la Salud la define como “alteración o desviación del estado fisiológico en una o varias partes del cuerpo, por causas en general conocidas, manifestada por síntomas y signos característicos, y cuya evolución es más o menos previsible”. Sin pretender dar una clasificación concreta, las causas pueden ser internas -de tipo hereditarias y fisiológicas- o dadas por agentes externos -físicos, químicos o biológicos-.

En los agentes biológicos encontramos diferentes tipos de organismos -multicelulares o unicelulares- e incluso entidades biológicas como los virus, cuya clasificación está dada por sus diferentes composiciones estructurales.

 La lucha del hombre contra diversas enfermedades causadas por los virus ha progresado en los últimos siglos, tras observaciones metódicas y con conocimientos empíricos provenientes de China e India con un método milenario llamado “variolización” se lograba cierta eficiencia en la inmunización contra el Variola virus, agente causante de la viruela.

En el siglo XVIII, tras observaciones realizadas en personas que no desarrollaban la enfermedad, el médico E. Jenner inoculó una incipiente vacuna contra este virus, el galeno, padre de la inmunología, desconocía el salto cuántico que este proceso ocasionaría en el área de salud preventiva y del potencial de sobrevivencia junto con la calidad de vida que aportaría a la humanidad. Desde entonces, el desarrollo de vacunas ha sido uno de los métodos de mayor utilidad para la prevención de enfermedades infectocontagiosas en el mundo; así, en 1980, se declaró oficialmente la erradicación de la viruela en el mundo, casi dos siglos después de la primera prueba realizada por Jenner.

Las primeras infecciones por coronavirus en el humano fueron reportadas en el año 1960 como causantes del resfriado común, posteriormente, en el año 2002 emergió el primer coronavirus causante de un síndrome respiratorio agudo severo (SARS) llamado SARS-CoV considerado como letal. En el año 2012 se detectó en un individuo de Arabia Saudita un nuevo coronavirus que no había sido encontrado con anterioridad en los humanos, este virus causó un síndrome respiratorio en oriente medio por lo que se le denominó a este virus MERS-CoV. En diciembre del año 2019 se detectó en Wuhan, capital de la provincia de Hubei, China el primer caso de un nuevo coronavirus que produjo neumonías, se le denominó primero como 2019-nCoV , posteriormente se le nombró como coronavirus causante del síndrome respiratorio agudo severo tipo 2 (SARS-CoV-2).

Ante la realidad de la pandemia a causa del virus SARS-CoV-2, [MOU1] [MOU2] la aparición de una vacuna, o varias vacunas, que permitan la inmunización de la población resultó en un reto para los especialistas. Las vacunas tradicionales con virus atenuados (se disminuye capacidad infecciosa) o inactivados (llamados muertos) o con subunidades del virus (partes del virus) o con toxoides (elementos infectivos modificados) parecían no proveer la eficiencia y seguridad que se requería, además, las experiencias de algunos grupos científicos con SARS-CoV, incluso con virus quiméricos -se combinan elementos genéticos entre virus- o deletados – se les realiza cambios o se le quita material genético del virus- no fructificaron favorablemente, sobre todo los esfuerzos cesaron en su mayoría gracias a la contención de la epidemia. Además, en los tres coronavirus más peligrosos para el ser humano, la respuesta inmune descontrolada ha jugado un papel crucial para el desarrollo de una vacuna.[MOU3] 

A la fecha en el mundo se encuentran aprobadas, por al menos una entidad reguladora nacional, diez distintas vacunas para el SARS-CoV-2, siete de ellas se distinguen por emplear tecnología innovadora: -unas vacunas están basadas en el uso de vectores virales como los adenovirus o – vacunas basadas en el uso de Ácido Ribonucleico mensajero (ARNm).

Las vacunas basadas en vectores adenovirales, se han usado con anterioridad para otras enfermedades infecciosas como el Virus de la Inmunodeficiencia Humana (VIH), la Tuberculosis; su tecnología es muy simple, se realizan cambios en el adenovirus en donde expresarán ciertas proteínas superficiales del coronavirus SARS-CoV-2 como la proteína S (spike o espiga), cuando el adenovirus ingresa a las células dentro del cuerpo, se replica dentro de ellas e induce una respuesta inmune contra las proteína S  y entrena al sistema inmunológico para atacar al coronavirus cuando infecte al organismo. El material genético del virus se elimina tras unas cuantas semanas.

 La segunda tecnología, es una vacuna de ARNm, que se encuentra dentro de una cápsula lipídica -protectora-, este ARNm contiene la información de cómo construir la proteína, al momento de vacunar a una persona, entra a la célula, y el ARNm es como un libro de instrucciones que nuestras células pueden leer e interpretar para fabricar antígenos (proteína S), estos son reconocidos por el sistema inmune como extraños y produce una respuesta inmune específica.

 El uso de ARNm, cuenta con al menos 30 años de constante investigación de la Dra. K. Karikó y del Dr. D. Weissman, quienes descifraron las claves para lograr la síntesis y expresión de estos “recetarios” en células con núcleo ¿por qué recetarios? Toda la información para nuestro desarrollo, crecimiento y funcionamiento se encuentra contenida en el Ácido Desoxiribonucleico (ADN) que está en el núcleo de nuestras células. El ADN, como si fuera un gran archivo, se va “leyendo” y va emitiendo órdenes a los que llamamos ARNm los cuales se siguen, al pie de la letra como una receta, para generar todas nuestras proteínas. Los trabajos de los investigadores Karikó y Weissman fueron identificar los mecanismos para que un ARNm ajeno a nuestro cuerpo, como puede ser el de virus y bacterias, no fuera detectado como extraño; con esta tecnología se logró que una proteína imprescindible para la infección del Sars-CoV-2 ahora se presentará como un ARNm “propio” y se expresara la proteína del coronavirus en nuestras células para así desencadenar una compleja respuesta del sistema inmunológico por dos vías. Otra gran ventaja del uso de estos ARNm es que al ser moléculas sencillas duran unos cuantos días en las células humanas, y es imposible, por su naturaleza y estructura, que puedan incorporarse a nuestro ADN y causarle cambios o daños.

Dios, nuestro Creador, nos hizo a su imagen y semejanza, nos proveyó de voluntad e inteligencia, por ello, los seres humanos somos inquietos en la búsqueda de la verdad, anhelamos como niños el conocer el por qué de las cosas, yo les invito queridos hermanos a escudriñar, conocer y buscar la importancia de la vacunación en esta pandemia, a preguntar a los verdaderos expertos en biología molecular, a los médicos infectólogos, inmunólogos, sobre el gran avance en salud preventiva que resulta de estas nuevas oportunidades para el desarrollo de vacunas.

 


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