AMABILIDAD EN TIEMPOS DE CONFRONTACIÓN

Veronica Brunkow

En los últimos tiempos nos hemos enfrentado como sociedad a distintas situaciones que nos han llevado a posicionarnos. Como miembros de la Iglesia, también nos hemos encontrado con diferentes posturas, diferentes opiniones y puntos de vista frente a indicaciones recibidas de parte de nuestros Obispos o incluso de nuestro Papa Francisco.

Delante de estas situaciones, cabe mencionar a que nos referimos como confrontación y como amabilidad. En el diccionario encontramos las siguientes definiciones:

La confrontación es una palabra de origen latino, integrada por el prefijo “con” que indica encuentro y por “frontis” que es la frente de la cara. Una confrontación es un encuentro cara a cara donde dos o más personas discuten sus diferentes puntos de vista, opiniones, soluciones, visiones, situaciones, etcétera de una determinada cuestión, pudiendo ser o no pacífica.

Por otra parte, la amabilidad es un adjetivo de origen latino que procede de “amabilis”, palabra compuesta que se integra con el verbo “amare” = amar, al que se le agrega el sufijo de posibilidad, “ble”. El que es amable se muestra digno de ser amado. La amabilidad es una forma de tratarse a sí mismo y a los demás, con dedicación, respeto, empatía y consideración

En las Sagradas Escrituras encontramos varios momentos de confrontación. Vemos a un San Pablo, enfrentando a San Pedro en Gálatas 2:11-13, vemos la discusión en el primer Concilio de Jerusalén en Hechos 15:7. En Mt 16, 23 vemos al mismo Jesucristo diciéndole a Pedro: “Aléjate de mí Satanás! Tú eres una piedra de tropiezo para mí, porque no piensas como Dios, sino como los hombres.” En Mc 9, 38-40 cuando Jesús les dice a sus apóstoles “No se lo impidan, porque nadie puede hacer un milagro en mi Nombre y luego hablar mal de mí. Y el que no está contra nosotros, está con nosotros”.

La confrontación hace parte de un proceso de maduración en la fe. Son momentos que nos impulsan a buscar los criterios del Evangelios, los criterios de Dios y desprenderse en cierta medida de nuestros criterios humanos para abrazarnos al querer de Dios. Pero no se trata de un proceso sencillo, puesto que requiere humildad y capacidad de escucha para acoger los diferentes puntos de vista y ser capaces de abrirnos a diferentes puntos de vista.

Lo importante en ese proceso es la búsqueda de la comunión. Siempre habrá un punto de encuentro, un punto de común unión en el cual debemos encontrarnos con el otro. La Iglesia nos enseña a crear puentes, no barreras. En este sentido, la persona amable es aquella que es capaz de escuchar al otro no como un enemigo de opinión, sino como un hermano digno de ser amado, respetado, merecedor de mi empatía y consideración. Podríamos preguntarnos si Jesús fue “amable” con Pedro al momento de referirse a él como “Satanás”, sin embargo, su reprensión cae en un contexto de verdadero Amor y Amistad de parte de Jesús con Pedro. La confianza mutua nos permite ser firmes y sinceros cuando lo vemos necesario.

En tiempos de confrontación, pidamos Luz al Espíritu Santo, que nos ilumine con el don de sabiduría y consejo para que busquemos en todo la comunión y el querer de Dios.

Veronica Brunkow


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