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INVITA MONS. EUGENIO RAMOS A VIVIR UNA FE QUE SE TRADUZCA EN AMOR Y SERVICIO 

Durante la celebración eucarística en la parroquia de Nuestra Señora del Rosario, el Obispo Auxiliar de Monterrey destacó la importancia de dejarse transformar por la gracia de Dios, acercarse a quien necesita ayuda y aprender de María a decir sí al Señor.

En el marco del octavo día del novenario de la fiesta patronal de la parroquia de Nuestra Señora del Rosario, en San Nicolás, Mons. Eugenio Ramos Delgado, Obispo Auxiliar de Monterrey, presidió la Santa Misa e invitó a la comunidad a vivir una fe que no se quede únicamente en las palabras, sino que se manifieste en el amor y el servicio a los demás.

Durante su homilía, Monseñor Eugenio reflexionó a partir de la Carta de san Pablo a los Gálatas y del Evangelio del Buen Samaritano, señalando que la vida cristiana nace de la gracia de Dios y está llamada a traducirse en acciones concretas.

Al meditar sobre las palabras de san Pablo, Mons. Ramos recordó que la libertad que Cristo ofrece no debe confundirse con una vida guiada únicamente por los criterios personales, sino que implica abrirse a la acción de Dios.

“Dios no nos obliga, sino que nos propone un camino”, señaló, al destacar que el Señor también ha concedido al ser humano inteligencia y libertad para discernir y responder a su llamado.

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Al profundizar en el pasaje del Buen Samaritano, el Obispo Auxiliar subrayó que el amor al prójimo constituye uno de los grandes llamados del Evangelio.

“El cristiano viene a la iglesia para amar a Dios y sale de la iglesia para amar al prójimo”, expresó, invitando a los presentes a comprender que la experiencia de fe debe llevar necesariamente al encuentro y al servicio de los demás.

En este sentido, propuso a la comunidad cultivar un “corazón que vea”, capaz de detenerse ante las necesidades de quienes se encuentran alrededor.

Recordó que, en la parábola, algunos personajes vieron al hombre herido, pero no se detuvieron, mientras que el samaritano tuvo la capacidad de mirar con compasión y actuar.

Por ello, animó a los fieles a no permanecer indiferentes ante las necesidades de los demás y a hacer de las buenas obras una expresión concreta de la fe.

María, maestra del sí a Dios

En un tercer momento, Mons. Eugenio Ramos dirigió la mirada de la comunidad hacia María, destacando su ejemplo como mujer de fe y modelo para el caminar cristiano.

A partir de la experiencia de María, invitó a los fieles a aprender a decir “sí” a Dios, incluso cuando no se tiene claridad sobre todo lo que vendrá.

También destacó otras actitudes de la Virgen que pueden iluminar la vida de los creyentes: el silencio, la humildad, la obediencia y la confianza en Dios.

Al recordar el episodio de las bodas de Caná, destacó especialmente las palabras de María: “Hagan lo que él les diga”, como una invitación permanente a poner la vida en manos de Cristo y confiar en su voluntad.

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La celebración también fue ocasión para dar gracias por los años de misión y de servicio de la comunidad. Mons. Ramos invitó a reconocer las bendiciones recibidas a lo largo de este camino y a recordar con gratitud a las personas que han formado parte de la historia de la comunidad.

“Todos llevamos algo maravilloso en la fragilidad de nuestra vida, de nuestra existencia. Pero así nos ha elegido Dios”, afirmó, recordando que cada persona está llamada a aportar sus dones al servicio de la misión evangelizadora.

Finalmente, el Obispo Auxiliar exhortó a los fieles a continuar su camino de fe con esperanza, teniendo a María como compañera e inspiración.

“La fiesta no es una fiesta más, es una fiesta especial, es una nueva oportunidad de encontrarnos con Dios y con la Virgen”, afirmó, invitando a la comunidad a vivir esta celebración con un corazón lleno de alegría y gratitud.

Lic. En Comunicación y Desarrollo Organizacional Maestro en Métodos Alternos en Solución de Conflictos.

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