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DIOS RESISTE A LOS SOBERBIOS

“Dios resiste a los soberbios, pero concede su gracia a los humildes”. 1P. 5: 5.

Una vez escuché decir al Papa Francisco que el seguimiento de Jesús es un camino de humildad. Creo que hoy en día es una virtud poco valorada, incluso desconocida para algunos. Esto es algo grave, ya que la humildad es la que nos ayuda mantenernos en la realidad, es indispensable para alcanzar la felicidad y realizarnos como personas; el que no es humilde se autodestruye.

 En la antigua Roma existía un sirviente que acompañaba al general victorioso en su entrada triunfal a la Ciudad y mientras era ovacionado por la multitud, este sirviente le decía al oído al general: memento mori, frase que quería decir “recuerda que eres un mortal, no un dios”. Esto ayudaba a aquel nuevo héroe a ser ubicado y no creerse superior a los demás.

Hoy en día, para muchos la palabra humildad está relacionada, con no valorarse, cuando en realidad es todo lo contrario, es darse cada quien su justo valor, pero también a los demás. La humildad tiene mucho que ver con una sana autoestima.

 Es importante no confundir el ego, con la sana autoestima (la humildad). El ego, es lo que yo creo que soy, es la creencia desmedida en mi propia importancia, que se convierte en arrogancia. Por el contrario la sana autoestima, es el sano afecto de nosotros mismos, nuestra aceptación con virtudes, pero también con nuestras limitaciones.

El Dr. José Antonio Lozano Díez, Rector de la Universidad Panamericana, señala algunas características para analizarnos y diferenciar el ego y la sana autoestima (humildad):

-El egocéntrico necesita que todo el tiempo le presten atención, necesita ser el centro de todas las miradas, se relaciona desde el recibir de los demás y si no recibe se siente dolido; en cambio quien tiene alta autoestima se preocupa por sí mismo y los demás e interactúa desde la escucha y la aportación a los demás.

La persona egocéntrica no empatiza con los demás, porque está centrado totalmente en él o ella y no ve más allá de sus creencias, sus emociones y sus acciones; en cambio quien tiene sana autoestima alcanza a ver más allá de sus creencias, emociones y acciones, empatiza con los demás.

 Los egocéntricos suelen no aceptar críticas ni errores, incluso suelen mostrar agresividad cuando quedan evidenciados; en cambio los que tienen sana autoestima aceptan las críticas constructivas como fuente de aprendizaje y saben que las críticas destructivas nada tiene que ver con él o ella, las saben distinguir.

Los egocéntricos piensan que están por encima de los demás, en cambio los que tienen sana autoestima saben que ninguna persona está por encima de ella.

Con estas características pudiéramos pensar en uno que otro miembro de nuestra amada Iglesia, incluyendo consagrados o muchos de nosotros laicos, sin embargo, lo importante es que volteemos la mirada hacia nuestro interior y veamos cómo estamos. La virtud de la humildad tiene un estatuto especial: la tiene quien no cree tenerla, no la tiene quien cree tenerla. Solo Jesús puede declararse “humilde de corazón” y serlo verdaderamente.

¡Que en esta Cuaresma San José, modelo de humildad nos ayude a seguir el camino de Jesús!

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Lic. En Comunicación y Desarrollo Organizacional Maestro en Métodos Alternos en Solución de Conflictos.

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