L’Osservatore Romano, diario de la Santa Sede, compartió la iniciativa de la Arquidiócesis de Monterrey de llevar el Santísimo Sacramento a sectores donde las condiciones sociales y de seguridad dificultan la presencia pastoral ordinaria.
A continuación compartimos la traducción al español
𝐔𝐧𝐚 𝐜𝐚𝐩𝐢𝐥𝐥𝐚 𝐬𝐨𝐛𝐫𝐞 𝐜𝐮𝐚𝐭𝐫𝐨 𝐫𝐮𝐞𝐝𝐚𝐬 𝐩𝐨𝐫 𝐥𝐚𝐬 𝐜𝐚𝐥𝐥𝐞𝐬 𝐝𝐞 𝐌𝐞́𝐱𝐢𝐜𝐨
En la Arquidiócesis de Monterrey, el Santísimo Sacramento llega a los barrios más difíciles a bordo de una camioneta
Por Giada Aquilino
En un territorio fuertemente industrializado del norte de México, atravesado por migrantes atraídos por el llamado “sueño americano” debido a la cercanía de la frontera con Estados Unidos, que se encuentra a unos 250 kilómetros, pero que también se caracteriza por el tráfico ilícito, especialmente de drogas, llevado a cabo incluso por organizaciones criminales que con frecuencia se enfrentan entre sí. Es aquí donde, a partir de las próximas semanas, quizá ya a finales de septiembre, recorrerá las calles una furgoneta: la primera capilla itinerante del Santísimo Sacramento, una nueva iniciativa de la Arquidiócesis de Monterrey, en el marco de las celebraciones por sus 250 años de fundación.
La idea fue explicada a los medios de comunicación del Vaticano por el padre Ignacio Pulido Mendiola, responsable de comunicación de la misma arquidiócesis mexicana.
“Monterrey es una arquidiócesis muy grande, tenemos 254 parroquias y un territorio de 17 mil kilómetros cuadrados; solo la ciudad de Monterrey tiene 5 millones y medio de habitantes.
Es una ciudad industrial que crece cada vez más. Llegan muchísimas personas, no solamente del sur de México, sino de toda América Latina, sobre todo de Haití, Venezuela y Guatemala: permanecen en Monterrey con el sueño de atravesar la frontera con Estados Unidos”, explica el sacerdote.
Para acoger a estas personas, la arquidiócesis ha construido tres servicios de asistencia para los migrantes, donde reciben ayuda también desde el punto de vista legal y laboral. Otros migrantes, en cambio, se establecen en la periferia de Monterrey y construyen de manera improvisada sus viviendas, que a veces ni siquiera cuentan con electricidad ni agua potable.
“En estas zonas, nuestro arzobispo, monseñor Rogelio Cabrera López, ha querido crear misiones parroquiales: de las 19 previstas por el proyecto, algunas ya se han convertido en parroquias, pero la gente continúa llegando. Y entonces surge nuevamente la pregunta de cómo estar presentes en esas zonas”.
La idea de la capilla itinerante, explica el padre Ignacio, “fue una iniciativa de laicos, profundamente devotos de la Virgen de Guadalupe y convencidos de la necesidad de una presencia eucarística del Señor allí donde sea necesario”. Los cónyuges que pusieron en marcha la iniciativa han elegido permanecer en el anonimato y han acondicionado un “pequeño camión”.
El arzobispo Cabrera López confió la iniciativa a un sacerdote, el padre Adrián Villagrán, párroco de la Basílica de Nuestra Señora de Guadalupe, quien recomendó a la pareja utilizar al máximo la furgoneta, de modo que pueda proteger el ostensorio (custodia) y disponer de un espacio para recibir a un sacerdote, con la posibilidad de ofrecer confesiones.
En las últimas semanas se han montado un altar, un incensario y cuatro asientos. “Será posible la adoración eucarística, recogerse en oración, confesarse, incluso en aquellos barrios improvisados o en zonas totalmente diferentes, como por ejemplo parques de diversiones, centros recreativos o centros comerciales”, promoviendo al mismo tiempo actividades misioneras, experiencias de evangelización y visitas pastorales.
El valor del proyecto está precisamente en la misión que la “capilla sobre cuatro ruedas” puede desarrollar. “La idea es llevar la presencia eucarística a todos los lugares de Monterrey”.
México, recuerda el padre Pulido Mendiola, está afectado por el “gran problema de la criminalidad vinculada al narcotráfico”. Existen diversos grupos que en ocasiones tienen el control de partes del territorio y luchan entre ellos para ejercer el dominio sobre determinados lugares, con homicidios y enfrentamientos, sobre todo en las zonas periféricas, donde con frecuencia se encuentran “personas inocentes”.
La idea de la capilla itinerante es, por tanto, la de “ir a los lugares más problemáticos para hacer presencia eucarística, allí donde a veces las únicas cosas que pueden hacer las personas son ir al trabajo, regresar a casa y no salir más”, precisamente por problemas de seguridad.
Pero, al mismo tiempo, también se trata de afrontar otra dificultad: “acompañar a las personas ancianas, que han perdido la cercanía de la Iglesia”.
“Cuando lanzamos la iniciativa y la furgoneta fue bendecida por nuestro arzobispo, recibimos muchísimas respuestas de personas que viven en estos lugares y que comenzaron a pedir que la capilla itinerante pudiera llegar a sus barrios, porque quizá no hay una iglesia o es difícil llegar a ella. Un sacerdote —continúa el responsable de comunicación de la Arquidiócesis de Monterrey— recibe también de parte de los sacerdotes que trabajan en las misiones parroquiales información sobre las personas que pueden escuchar y conocer sus necesidades, no solamente espirituales, sino también materiales, que sobre todo en contextos de dificultad quieren decir alimentación, medicina, vestidos”.
Son necesidades cotidianas a las que una Iglesia que efectivamente va al encuentro de las personas debe prestar mucha atención, en un trabajo de colaboración que involucra también a las autoridades civiles y a los benefactores privados.
