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ARQUIDIÓCESIS DE MONTERREY PEREGRINA AL TEPEYAC Y PONE SU CAMINAR PASTORAL BAJO LA MIRADA DE SANTA MARÍA DE GUADALUPE

La Arquidiócesis de Monterrey peregrinó al Tepeyac para encontrarse con Santa María de Guadalupe y participar en la celebración de la Santa Misa en la Basílica de Guadalupe, presidida por el arzobispo de Monterrey, quien invitó a los fieles a vivir este encuentro como una experiencia de alegría, fraternidad y renovación de la fe.

Al iniciar su homilía, el arzobispo expresó su alegría por la presencia de los peregrinos en la que llamó la “bella casa de María Santísima”, recordando que la Basílica evoca aquella primera casa de Jesús en Nazaret, donde el amor, la sencillez y la vida familiar estuvieron en el centro.

Venir a esta Basílica es evocar aquel primer hogar, que se convierte en imagen de lo que tiene que ser cada iglesia en todo el mundo”, señaló.

El pastor de la Iglesia de Monterrey agradeció de manera especial la presencia de los fieles laicos, así como de diáconos, presbíteros y obispos auxiliares que participaron en la peregrinación, subrayando que la misión de la Iglesia se construye con la participación de todos.

También destacó la presencia de los grupos de danzantes que acompañaron la peregrinación. Explicó que su participación no constituye un espectáculo, sino una expresión de fe y homenaje a la Virgen de Guadalupe.

Vienen a rendir homenaje a la Virgen María, que es alegría en el corazón de nuestra Iglesia de Monterrey”, afirmó.

𝐔𝐧 𝐦𝐞𝐬 𝐝𝐞 𝐚𝐛𝐮𝐧𝐝𝐚𝐧𝐭𝐞𝐬 𝐛𝐞𝐧𝐝𝐢𝐜𝐢𝐨𝐧𝐞𝐬 𝐲 𝐯𝐨𝐜𝐚𝐜𝐢𝐨𝐧𝐞𝐬

El arzobispo recordó que agosto representa para la Arquidiócesis de Monterrey un tiempo de numerosas bendiciones, entre ellas las ordenaciones que se han celebrado y las que están por realizarse.

Recordó que recientemente fueron ordenados 14 diáconos permanentes, mientras que, Dios mediante, el próximo 27 de agosto serán ordenados 11 diáconos transitorios, quienes se preparan para el ministerio sacerdotal. Asimismo, destacó que el pasado 4 de agosto fueron ordenados cinco nuevos presbíteros.

Ante esta realidad, invitó a la comunidad a vivir con esperanza y gratitud, aun cuando las cifras puedan parecer pequeñas.

Para quienes nos sentimos amados por Dios siempre es suficiente”, expresó, exhortando a valorar los dones que el Señor pone en las manos de su Iglesia y, al mismo tiempo, continuar pidiendo nuevas vocaciones.

Pidió orar por vocaciones al apostolado misionero, a la vida religiosa y al ministerio sacerdotal, recordando las palabras de Jesús: “Rueguen al dueño de la mies que envíe más trabajadores a sus campos”.

En este contexto, felicitó también a los sacerdotes de la Arquidiócesis de Monterrey que durante agosto celebran sus aniversarios de ordenación sacerdotal, algunos de ellos con 25, 30 y hasta 40 años de ministerio.

𝐋𝐥𝐚𝐦𝐚𝐝𝐨𝐬 𝐚 𝐬𝐞𝐫 𝐡𝐞𝐫𝐦𝐚𝐧𝐨𝐬

A partir del Evangelio proclamado durante la celebración, el arzobispo presentó tres recomendaciones para ayudar a crecer como hermanos, como comunidad diocesana y como Iglesia.

La primera fue aprender a ser hermanos.

Explicó que la fraternidad no siempre resulta sencilla, pues todos tienen limitaciones y necesitan crecer. Sin embargo, destacó que Jesús continúa creyendo en cada persona y en su capacidad de cambiar y mejorar.

Por ello, llamó a practicar la corrección fraterna, no desde la condena, sino desde el deseo sincero de ayudar al otro a salir adelante.

Todos necesitamos corrección mutua”, afirmó, señalando que los fieles pueden ayudar a sus pastores, así como los pastores pueden recibir la corrección de los fieles y los obispos, presbíteros y diáconos pueden ayudarse mutuamente.

Todos nos miramos, pero también todos somos vistos”, expresó.

Discernir el bien y no ser cómplices de la maldad

Como segunda recomendación, el arzobispo habló sobre la necesidad de discernir aquello que es bueno y recto a los ojos de Dios.

Explicó que la Iglesia y sus miembros están llamados a reconocer aquello que corresponde al Evangelio y aquello que se aparta de la voluntad de Dios, especialmente en una sociedad marcada por múltiples influencias y por el impacto de las redes sociales.

Recordó que los Diez Mandamientos ofrecen una orientación fundamental para la vida cristiana, pero que existen también numerosas situaciones cotidianas que requieren discernimiento, prudencia y una mirada puesta en Cristo.

En este sentido, exhortó a los fieles a no permanecer indiferentes ante aquello que está mal.

Estamos llamados a decir: esto está bien, esto está mal”, afirmó, invitando a no ser cómplices de aquello que contradice la ley de Dios, pero advirtiendo también sobre el riesgo de mirar únicamente los errores de los demás.

El discernimiento, explicó, debe comenzar por uno mismo y estar acompañado siempre por la humildad y la corrección fraterna.

𝐔𝐧𝐚 𝐈𝐠𝐥𝐞𝐬𝐢𝐚 𝐪𝐮𝐞 𝐨𝐫𝐚 𝐮𝐧𝐢𝐝𝐚

La tercera recomendación fue ponerse de acuerdo para orar.

El arzobispo destacó la fuerza de la oración que nace de corazones unidos y extendió de manera especial esta invitación a los matrimonios, exhortándolos a encontrar espacios para orar juntos.

“Si son dos, especialmente invito a los matrimonios a ponerse de acuerdo y orar, y verán que Dios les va a ayudar”, expresó.

Asimismo, invitó a toda la comunidad cristiana a recuperar el sentido comunitario de la oración, convencido de que una Iglesia que ora unida puede afrontar con esperanza los desafíos de su tiempo.

𝐁𝐚𝐣𝐨 𝐞𝐥 𝐦𝐚𝐧𝐭𝐨 𝐝𝐞 𝐒𝐚𝐧𝐭𝐚 𝐌𝐚𝐫𝐢́𝐚 𝐝𝐞 𝐆𝐮𝐚𝐝𝐚𝐥𝐮𝐩𝐞

Al concluir, el arzobispo puso nuevamente a la comunidad diocesana bajo la protección de Santa María de Guadalupe, agradeciendo su presencia maternal a lo largo de la historia de los pueblos de México.

Ella sigue con nosotros. Nada es imposible para Dios”, afirmó, invitando a los peregrinos a continuar caminando con alegría en la fe.

La peregrinación al Tepeyac se convirtió así en un momento de encuentro de la Arquidiócesis de Monterrey con la Madre de Dios, pero también en una oportunidad para renovar el compromiso de caminar juntos, valorar las vocaciones recibidas, pedir nuevas vocaciones y fortalecer una Iglesia en la que laicos, diáconos, sacerdotes y obispos trabajen unidos.

Seamos mejores hermanos y hermanas, y también mejores hijos del Señor”, exhortó el arzobispo, confiando nuevamente el caminar de la Iglesia de Monterrey a Santa María de Guadalupe.

Lic. En Comunicación y Desarrollo Organizacional Maestro en Métodos Alternos en Solución de Conflictos.

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