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ARQUIDIÓCESIS DE MONTERREY LLAMA A VIVR CON SOLIDARIDAD LA JORNADA MUNDIAL DEL MIGRANTE Y REFUGIADO 

Las comunidades parroquiales están llamadas a orar por los migrantes, desplazados y refugiados, además de apoyar mediante una colecta a las casas migrantes de la Arquidiócesis.

Con un llamado a no permanecer indiferentes ante la realidad que viven millones de personas que se han visto obligadas a dejar sus lugares de origen, la Arquidiócesis de Monterrey se prepara para celebrar el próximo domingo 27 de septiembre la 112ª Jornada Mundial del Migrante y del Refugiado.

En un comunicado dirigido a toda la Iglesia que peregrina en Monterrey, el arzobispo Rogelio Cabrera López recordó que esta jornada se vive en comunión con la Iglesia universal y representa una oportunidad para fortalecer la oración y la solidaridad con quienes han tenido que abandonar sus hogares en búsqueda de paz, seguridad y mejores oportunidades.

La jornada tiene sus raíces en la iniciativa del papa Benedicto XV, quien hace más de un siglo promovió la oración y el apoyo material de las comunidades católicas ante el drama de las familias migrantes, en un contexto marcado entonces por las consecuencias de la Primera Guerra Mundial.

En la actualidad, señaló el Arzobispo, las causas de la migración continúan siendo diversas y están relacionadas con situaciones de injusticia, inestabilidad política y social, así como factores ambientales y otras circunstancias que obligan a numerosas familias a desplazarse.

“No podemos permanecer indiferentes”

Para esta edición, el papa León XIV ha dedicado su mensaje a los menores que viven directamente la experiencia de la migración y el desplazamiento, bajo el lema “Incluso uno solo de estos pequeños”. El Santo Padre destaca la particular vulnerabilidad de los niños y adolescentes migrantes y refugiados, así como la responsabilidad de las comunidades para proteger su dignidad y favorecer su integración.

En su mensaje, fechado el 11 de agosto de 2026, el Papa advierte que la Iglesia y la sociedad no pueden acostumbrarse al sufrimiento de quienes se ven obligados a abandonar sus lugares de origen. Asimismo, reconoce el testimonio de familias, voluntarios, instituciones y comunidades que ofrecen acogida y acompañamiento.

El papa León XIV también invita a pasar de una visión centrada únicamente en la gestión de los flujos migratorios a una respuesta que coloque en el centro la protección de los derechos humanos, la acogida y las oportunidades reales de integración.

𝐃𝐨𝐬 𝐬𝐢𝐠𝐧𝐨𝐬 𝐞𝐧 𝐥𝐚𝐬 𝐜𝐞𝐥𝐞𝐛𝐫𝐚𝐜𝐢𝐨𝐧𝐞𝐬 𝐝𝐨𝐦𝐢𝐧𝐢𝐜𝐚𝐥𝐞𝐬

Ante este llamado, el arzobispo Rogelio Cabrera López pidió a los párrocos, administradores parroquiales y rectores de templos de la Arquidiócesis de Monterrey que durante las celebraciones dominicales del 27 de septiembre estén presentes dos signos concretos de solidaridad.

El primero será incluir en la Oración Universal de los Fieles una petición especial por los migrantes, desplazados y refugiados, para mantener presentes sus necesidades en la oración de la comunidad cristiana.

El segundo será realizar una segunda colecta en todas las Misas dominicales, o bien destinar una aportación proporcional determinada en conjunto con el Consejo de Asuntos Económicos de cada comunidad.

Los recursos obtenidos serán destinados, a través de la Tesorería Diocesana, al sostenimiento de las casas migrantes de la Arquidiócesis de Monterrey, con el propósito de fortalecer la atención que estas instituciones brindan a las personas que se encuentran en situación de movilidad.

De esta manera, la jornada busca que la oración se traduzca también en una expresión concreta de solidaridad y acompañamiento.

Una Iglesia que no desvía la mirada

El Arzobispo de Monterrey invitó a las comunidades a vivir esta jornada desde la compasión y a reconocer en cada persona migrante a un hermano que merece acogida y acompañamiento.

La celebración del próximo 27 de septiembre será así una oportunidad para que las comunidades parroquiales de Monterrey unan oración y solidaridad, recordando que, como señala el mensaje del papa León XIV, cada persona tiene una dignidad que debe ser reconocida y protegida.

Al finalizar su mensaje, monseñor Rogelio Cabrera López agradeció de manera anticipada la disponibilidad y generosidad de las comunidades, confiando en que esta jornada contribuya a fortalecer una Iglesia cercana a quienes viven situaciones de vulnerabilidad.

Asimismo, encomendó a los migrantes y refugiados a la protección de Nuestra Señora del Roble, patrona de la Arquidiócesis de Monterrey.

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