¿LA MISA DEBE SER ENTRETENIDA?

¿LA MISA DEBE SER ENTRETENIDA?

La asistencia a la santa misa es obligación para cualquiera que se declare católico, por lo que el motivo de este importante precepto debe ser bien conocido antes de tratar de clasificarla como “aburrida” o “entretenida”, ya que no se trata de un espectáculo. Debemos preguntar primero: ¿Qué es la misa?

Antes que nada, se debe conocer la misa como sacramento: la eucaristía. Este sacramento (signo eficaz y sensible de la gracia) fue instituido por Nuestro Señor en la última cena, cuando les confirió a sus apóstoles el poder de consagrar el pan y el vino en su presencia real. Sin embargo, no se trata de un sacramento más, porque el cuerpo y la sangre de Nuestro Señor se hacen presentes para ser ofrecidos como sacrificio a Dios por todos nuestros pecados; es el ofrecimiento mismo que hizo al morir crucificado en el Calvario. Este es el santo sacrificio de la misa que celebran los sacerdotes todos los días en nuestros altares y es el único sacrificio perfecto y plenamente agradable a Dios, pues la víctima es perfecta, es el Cordero de Dios.

¿Cómo estarías tú al pie de la cruz en aquel cerro desolado? ¿Esperarías aún ser “entretenido” como si se tratara de un “espectáculo” la crucifixión de Nuestro Señor? La realidad es que esperar ser “entretenido” por la misa, o peor aún, tratar de hacerla más “entretenida”, indica un gran desconocimiento de nuestra fe. No hay que olvidar que este ofrecimiento es primordialmente para Dios, no para nosotros. La sacralidad del canto, de las lecturas, de las vestiduras, de los vasos y de la misma arquitectura del templo es una gran alabanza dirigida a Dios.

Incluso el sacerdote podría parecer que está de frente hacia nosotros como un “expositor”, pero en verdad está postrado primero ante el altar del Señor, ofreciendo el santo sacrificio por el bien de su pueblo. Es por esto que siempre debemos procurar la dignidad y reverencia que merece la santa misa, guardando el debido respeto y orden, según lo indican las normas litúrgicas y las recomendaciones de los santos.

 De esta manera, podemos entender por qué nuestra participación en la santa misa no se debe tomar a la ligera en lo absoluto. Con respecto a esto, para oír bien y con fruto la misa, el Catecismo de San Pío X (Lección Preliminar, Pt IV) nos enseña que es necesaria la “modestia en el exterior de la persona y la devoción del corazón”, es decir, debemos mantener una actitud piadosa y adecuada para la contemplación dentro del templo, pues no podemos meditar estos grandes misterios cuando hay ruido y conversaciones.

Este recogimiento se debe ver reflejado en una forma modesta y especial de vestir, pues presentaremos ante Dios la ofrenda más importante que la humanidad entera haya realizado jamás. Dice así San Juan María de Vianney: “[La misa] da más gloria a Dios que todos los sufrimientos de los mártires juntos, que las penitencias de todos los santos, que todas las lágrimas por ellos derramadas desde el principio del mundo y todo lo que hagan hasta el fin de los siglos”. Después de leer estas palabras, es aún más sencillo comprender por qué son tan importantes otros actos piadosos, como guardar el ayuno de una hora antes para comulgar (este siendo obligatorio), llegar muy temprano para prepararnos espiritualmente, e incluso quedarnos un tiempo después para agradecer a Dios por tanto amor que nos da sin merecer. 

Por último, San Pío X también nos enseña que en la misa debemos unir desde el principio nuestra intención con la del sacerdote, ejerciendo así nuestro sacerdocio bautismal y ofreciendo nuestras propias vidas en el altar. Esto nos puede ayudar a seguir con atención las oraciones y a meditar sobre la pasión y muerte de Nuestro Señor Jesucristo.

Considera estas valiosas enseñanzas de estos grandes santos para contemplar y vivir más profundamente el misterio de la santa misa y recuerda las palabras de S.S. Pío XI: “la ley de la oración constituye la ley de la creencia” y finalmente, la ley de vida; y no hay oración más importante y eficaz para todo católico que la santa misa. 

Jorge A. Viera

Estudiante de Ingeniería Física en el Tec


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