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Historia de Mons. Alfonso MirandaArtículos

VIAJE TEMERARIO: A LA BRAVA 

Salí de la casa en Piedras Negras a las 6 am. Pasaría por el Padre Toño, rector del seminario y el padre Venus. Traíamos la misión de llegar a una misa a Saltillo a las 11 am, por los 70 años de sacerdocio del apreciado padre Alberto Dávila. Para luego regresar, y alcanzar a llegar a las 7 pm a Allende, Coahuila, para la misa del XXX aniversario sacerdotal del padre Rafa Castillo.

Llevábamos una hora de ventaja por cambio de horario, por lo que, manejando a buena velocidad, llegamos casi una hora antes a casa de las hermanas del padre Toño, donde nos esperaban con tortillas de harina, nopalitos con huevo, barbacoa, y un rico café. Emocionados con la plática, no nos dimos cuenta de la hora, por lo que salimos volados al templo Padre Nuestro donde sería la misa. Aunque el padre Toño, saltillence, conocía la ciudad, las vialidades habían cambiado, por lo que, a la orden de “a la brava”, dio vuelta en “u”, en una concurrida avenida apenas librando un carro que estaba detenido. Tuvimos que estacionarnos otra vez a la brava, en la esquina de una calle, para poder llegar a tiempo a la procesión de entrada. La misa concelebrada transcurrió espléndidamente. Nos quedamos a las fotos, pero no al banquete. Le dije a los padres, comemos rápido en Monclova. Ya eran las 13 hrs, y ahora, teníamos una hora de desventaja. Nos quedaban cerca de 5 horas para llegar. Salimos disparados. Pensando en comer un pescadito, nos agarró una tormenta en Castaños, que redujo nuestra velocidad. Luego encontramos inundada a la ciudad de Monclova, por lo que tuvimos que atravesarla a vuelta de rueda.

Todavía nos faltaban varias horas por llegar, y ya no traíamos gasolina, por lo que, con todo e inundación, tuvimos que hacer una parada de emergencia, en una estación. Llenado el tanque, faltaba echar algo al estómago para no desfallecer. Tampoco había estacionamientos libres en el Oxxo, por lo que nuevamente le dije al padre Toño: a la brava. Por lo que, con destreza, se metió entre los cajones del estacionamiento sin bajarse del carro, mientras el padre Venus y un servidor encontrábamos algo para amedrentar el hambre.

En ese momento, el GPS, marcaba que apenas llegaríamos, por lo que teníamos que correr. Sobre nosotros se cernía un cielo copado de nubarrones, y los rayos no paraban de tronar.

El padre Rafa, nos había sentenciado, no me vayan a fallar. Pero el agua anegaba todas las calles de Monclova. Como pudimos surfeamos las olas, y alcanzamos a pisar tierra firme en la cafetera 57, y a correr se ha dicho.

Todavía una escala técnica, a despoblado (omito nombres), nos detuvo en el camino. En la parroquia de San Juan de Mata, los padres y monaguillos ya estaban revestidos y esperando, el pueblo piadoso y en silencio aguardaba adentro del templo. Sólo faltaban, el obispo que presidiría y el rector que, junto con el padre Armando Vargas, predicaría en la misa.

Faltando escasos minutos para empezar la ceremonia, con las campanas a raudo vuelo, llegamos casi patinando. La misa estuvo pletórica, llena de luminosos testimonios y cantos.

Sólo nos faltó el don de la bilocación, para estar también con el padre Juan Alberto García, que hora y media más distante, en la parroquia de Cristo Rey en Acuña, también celebraba sus 30 años de ministerio sacerdotal.

Vinimos cenando en el salón hasta las 10 pm, por si se quedaron con el pendiente. Gloria a Dios.

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