Cuando un visitante pasea por las ciudades coloniales del centro y sur del país o por ciudades de Europa es muy común que el turista encuentre urnas que exhiben figuras de cuerpo completo del Señor en el Santo Entierro o de la Virgen en su dormición o de un santo o de una santa; es algo hasta cierto punto “común” en las regiones ya mencionadas. En la Arquidiócesis de Monterrey no son raras las imágenes del Señor en el Santo sepulcro; no así las imágenes de la Virgen en la dormición; y de los santos sólo tenemos una urna y una imagen de las características antes descritas: la urna de santa Libradita que pertenece al patrimonio de la parroquia de Nuestra Madre Santísima de La Luz en el centro de Monterrey.
Esta parroquia tuvo sus orígenes en el ocaso del siglo XIX, su construcción habría comenzado según Israel Cavazos en la Enciclopedia de México en el año de 1894. Y dado que al lado oriente se construyó un orfelinato para niñas, en un edificio que hoy ocupa la Secretaría de Educación, se consiguió una reliquia de una santa, esto con el objetivo de inspirar las virtudes cristianas a las internas. Al parecer la reliquia, es decir el cráneo, habría llegado hacia 1911.
Esta urna es del tamaño de un féretro, pero es de madera y vidrio para permitir al fiel ver el interior, ahí está una imagen de la santa de tamaño natural. Junto con la urna y la imagen se conservaba la reliquia. La reliquia es el cráneo de la santa y se conserva hasta el día de hoy en la parroquia de La Luz.
No sabemos cuando se hizo ni dónde se hizo la imagen de tamaño natural de la santa. Pudiera ser de alguna población del centro del país o incluso haberse traído de Europa, no lo sabemos. La imagen posee partes en cera: la cabeza, las manos y los pies. Y bien sabemos, por lo poco común de la pieza, que esa seguramente debió de haberse hecho en alguna otra localidad dónde ese tipo de arte en cera se realiza. El resto del cuerpo es de tela rellenada con algún material para darle forma. Sobre su cabeza, representada con señales de degüello, posee pelo natural. A lo largo de los años se la cambió de vestido en muchas ocasiones, las familias del barrio lo cambiaban y conservaban el antiguo como una preciada reliquia devocional. Además, posee sobre su cabeza una sencilla diadema.
La caja (con forma de féretro) no sabemos cuándo se hizo. Pudiera haber sido manufacturada antes de la mitad del siglo XX. Es de madera, vidrio, hoja de oro y pasta.
Todo el conjunto de la reliquia (cráneo), imagen (cera y tela) y caja (madera y vidrio) estuvieron por muchos años en un altar lateral de la parroquia de La Luz. A inicios del siglo XXI se retiraron de ese lugar: el cráneo se colocó cerca del área de los nichos de los fieles difuntos. La caja y la imagen fueron enviados a las bodegas parroquiales.
Hace cerca de 10 años el Museo Arquidiocesano de Arte Sacro solicitó al P. Miguel Ángel Flores, entonces su párroco, que la caja y la imagen fueran trasladadas al Museo Arquidiocesano en dónde se exhiben hasta el día de hoy. Esta caja y esta imagen son una maravilla arquidiocesana ya que no existe ninguna otra de su tipo en nuestra iglesia regiomontana.
Lic. En Comunicación y Desarrollo Organizacional Maestro en Métodos Alternos en Solución de Conflictos.