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Historia de Mons. Alfonso MirandaArtículos

UNA FIEL SECRETARIA

Muy de mañana, una humilde secretaria llegaba a su puesto de trabajo, después de haber visitado la pequeña capilla del Santísimo ubicada dentro del colegio donde laboraba.  

-¿De dónde vienes? – Le preguntó a quemarropa, la administradora.

– Del Santísimo

– Pero, ¿cómo sabes que ahí está el Señor? 

– Está encendida la vela roja. 

– Pero, ¿cómo sabes que ponen ahí hostias consagradas? A lo mejor ya tiene bastante tiempo sin que abran ese sagrario, ahí que yo sepa nunca hay misa. 

– Yo creo que ahí está, – contestó la secretaria. 

– ¿Cómo puedes estar tan segura, abriste el sagrario?  

– No hace falta. 

– ¿Cómo que no hace falta? Puede que no haya ya nada. 

– Yo no necesito comprobar. Yo tengo fe que ahí están. 

– ¿Quieres que vayamos a ver? 

– Si tú quieres vamos, pero yo no necesito saber. 

– Vamos, ¿dónde está la llave? 

– Está guardada, deja pregunto quién la tiene. 

Ya dentro de la pequeña capilla, la secretaria le dice: 

– Ten las llaves, abre tú el sagrario, puesto que tú eres la que quieres saber. 

– (Dando vueltas al cerrojo con la llave, la administradora intenta abrir, pero sin éxito) Oye, pero no abre, ayúdame. 

– A ver déjame ver. (Y dando una vuelta simple a la llave, se abrió el sagrario). Ya está abierto, puedes ver. (Y sin acercarse a observar, se retira). 

Ya de rato, de vuelta en la oficina: 

– Discúlpame 

– No tienes de qué disculparte, fue necesario para tu fe. Para mí, el Señor estaba ya presente, y no era necesario comprobarlo. Y te digo una cosa más, aunque no hubiera habido hostias en el sagrario, yo sigo creyendo en un Dios que nunca se va, que nunca huye, y que si lo aceptamos, estará siempre en nuestro corazón. 

+Alfonso G. Miranda Guardiola 

 

 

 

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