El 10 de octubre de 2021, el Papa Francisco convocó a todo el pueblo de Dios a «ponernos juntos en camino» hacia la celebración de un sínodo. Y ahora, este 4 de octubre de 2023, memoria de san Francisco de Asís, el santo Padre abre la primera sesión de la XVI Asamblea general ordinaria del sínodo de los Obispos.
Conviene recordar que el 15 de septiembre de 1965, el papa Pablo VI instituyó el sínodo de los obispos con la finalidad de que, de manera permanente, los sucesores de los Apóstoles pudieran asistir al Papa a definir criterios para la acción pastoral de la Iglesia en el mundo. Desde entonces, se han celebrado 3 asambleas generales extraordinarias, 11 especiales y 15 asambleas ordinarias a las que ahora se suma, como número 16, la que se inaugura este 4 de octubre.
Hay que observar que esta XVI Asamblea general ordinaria, a diferencia de las otras 15 que le han precedido, es muy particular; en primer lugar, porque el tema a reflexionar es el de la misma “sinodalidad”. De hecho, el documento de trabajo de esta Asamblea, se titula «Por una Iglesia sinodal: comunión, participación, misión». Reflexionar en la “sinodalidad” es repensar la identidad misma de la Iglesia, pues ella no es sólo una institución sino, primeramente, una comunidad de fe. Por eso, en la Iglesia, nadie pude, ni debe “caminar solo”, sino siempre en “comunión”. “Sinodalidad”es “caminar juntos” con la conciencia de que esta experiencia de comunión es ya parte de la Buena noticia. El anuncio de esta buena noticia constituye la misión primera de la Iglesia.
Este sínodo es peculiar porque, además, es la primera vez que la realización de la Asamblea general ordinaria ha sido precedida por una amplia fase de consulta que ha implicado distintas reuniones, a nivel nacional y continental. Ésta será también, la primera vez, que la Asamblea se lleve a cabo en dos sesiones; de modo que, a la celebración de este mes de octubre, seguirá otra, en octubre de 2024.
Una tercera peculiaridad de este sínodo consiste en que, en esta ocasión, el 21 % de los participantes con derecho a voto, no serán obispos. En esta sesión habrá un total de 140 delegados de todo el mundo católico, entre laicos, sacerdotes, mujeres consagradas y diáconos. La mitad de estos delegados han sido elegidos directamente por el Papa Francisco para participar en esta Asamblea que, como las otras quince, también se llevará a cabo en la ciudad del Vaticano y, prácticamente, durará todo el mes de octubre.
El objetivo principal de esta primera sesión de octubre de 2023, según el “Instrumentum Laboris” (documento de trabajo), será «delinear los caminos de profundización que se han de llevar a cabo en estilo sinodal, indicando los temas que se han de tratar y los modos de recoger los frutos, para permitir que el discernimiento se complete en la segunda sesión, en octubre de 2024.»
De esta manera, el Papa Francisco pretende que no sólo los obispos, sino todos los bautizados se vean representados en esta asamblea del sínodo para expresar así la comunión de todos los discípulos de Cristo, a fin de que “juntos”podamos «discernir» qué es lo que el Espíritu nos pide llevar a cabo, en las circustancias concretas de este tiempo que la Providencia ha reservado para su Iglesia.
En este trabajo de «discernimiento» están directamente involucrados los delegados que han sido convocados a la Asamblea general, pero puesto que «sin oración» no puede haber «discernimiento», todos y cada uno de nosotros, desde nuestro propia casa, estamos llamados a involucrarnos, especialmente en este mes de octubre, invocando la luz del Espíritu de Cristo, a fin de que, pese a nuestra diversidad de circustancias y condiciones de vida, todos los discípulos de Cristo nos esforcemos en dar, al mundo, testimonio de unidad, de modo que puedan creer que Cristo es el enviado del Padre (cf. Jn. 17, 21- 23) y creyendo, tengan nueva y plena vida en él (cf. Jn. 20, 31).
Rector de la Universidad Pontificia de México