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“SÉ QUE NO HAS MUERTO, JUVENTUD”

Por: Martín Guadalupe Yáñez Blanco

Constantemente me pregunto por los años mozos del ayer, cuando solíamos llevar serenatas a nuestras mamás, participar en retiros espirituales, cursillos de cristiandad, jornadas, encuentros y tener una formación integral para ser mejores personas cristianas. Llevábamos despensas, visitábamos asilos, orfanatos, hospitales y hacíamos torneos de futbol, concursos de música para unir en amistad a las pandillas de los barrios y reinara así la paz de Cristo, viviendo en todo su esplendor nuestra fe católica.

El tiempo ya ha pasado, hemos cambiado en lo físico, cultural, ciencia y tecnología; hoy la juventud tiene más interés en las redes sociales que en leer el periódico u otros artículos importantes para su formación. Pero me dirijo a ustedes y a todos aquellos que sí lo están leyendo, que al igual que yo no hemos olvidado lo que vive en nosotros, que son los principios y valores que recibimos en nuestra juventud; preguntamos ahora, ¿En dónde están  estas nuevas generaciones?, ¿Qué es lo que necesitan para poder ser felices?, ¿En qué podemos ayudarlos?.

No quedarnos obsoletos, sin hacer nada para motivarlos a conocer lo hermoso que es amar a Dios a través del prójimo, impulsémoslos con nuestras grandes experiencias, innovemos, actualicemos los métodos de la nueva evangelización con un marketing religioso atractivo, fuera de la rutina y novedoso en su contenido trascendental, que los jóvenes vean en nosotros no la venta de algún producto, sino la propuesta de Salvación que Cristo Jesús ya ganó y la regala a cada uno que la quiera, pues se ha entregado solo por amor a nosotros para salvarnos.

Dentro de las posibilidades en nuestras familias, colonias y comunidades en general, es necesario llevar este mensaje de amor a todos, pero especialmente a nuestros jóvenes que claman con hambre de alimentar su vacío espiritual con Jesucristo, el Pan de vida. Esta es la razón por la cual sé que no has muerto juventud, si así fuera, entonces no tendríamos ninguna experiencia en nuestro existir y sería en vano el haber vivido sin ningún ideal ni meta en la vida. La juventud no se fue a otro lado, está impregnada en nuestro ser para siempre, y si ustedes como yo lo creen así, entonces actuemos, no vivamos solo de bonitos recuerdos, hagamos vida todo lo vivido porque de lo contrario ¿Quién dará fe de lo que profesamos?, ¿Quién será el mensajero de Dios, el portador de la buena nueva?; nadie hará lo que nos toca a cada uno. La mies es mucha y los obreros pocos, manos a la obra de Dios.

Les deseo de todo corazón bendiciones abundantes de parte de Dios para ustedes y sus familias, que la siempre Virgen María Madre de Dios nos acompañe siempre en el caminar diario y nos den la paz que necesitamos, amén.

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