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SALUDAR Y SONREÍR

Cuando nos enteramos, allá por octubre del 2012, que venía como Arzobispo Don Rogelio Cabrera López, pregunté a un amigo chiapaneco que lo conocía cómo era nuestro nuevo pastor. “Es un gordito buena gente. Pero no se confíen. Cuando tiene que ser estricto lo es”. Uno de sus colegas en la investigación de las Sagradas Escrituras lo calificó: “Es muy listo, y hasta un poco filósofo”.

Hoy a casi nueve años de su arribo, y a punto de cumplir los primeros 25 como obispo, nos encontramos con que ha bajado mucho de peso, pero no ha mermado su bonhomía, su cordialidad en el trato con todos, sus reflexiones omniabarcantes, y su intención de mantener el rumbo pastoral de la Arquidiócesis de manera clara y firme.

 En varias ocasiones ha mencionado que el ABC de la pastoral es saludar y sonreír, algo en apariencia sencillo, pero que no lo es. Saludar no sólo como muestra de buena educación, sino como deseo de acercamiento fraterno y reconocimiento de la dignidad que posee la otra persona. Saludar para transmitir la paz que Nuestro Señor Jesucristo nos ofrece, una paz que no significa la ausencia de problemas, sino el reconocimiento de los mismos y el deseo de resolverlos, si es posible. Pero también sonreír, como una muestra de la alegría que sentimos al sabernos amados por Dios, y que queremos compartir con los demás. Alegría pascual, permanente.

Don Rogelio disfruta visitar las comunidades parroquiales. El año de pandemia que hemos vivido le dificultó mucho el hacerlo, pero en la primera oportunidad acepta las invitaciones que le hacen los párrocos y los fieles para participar en sus fiestas patronales, en una misa de confirmaciones, en la bendición de alguna capilla. Siempre llega saludando y con una sonrisa en los labios.

Pero no sólo nos saluda y nos sonríe a nosotros. Tales gestos, además de sus intuiciones sobre la misión de la Iglesia en México y en América Latina, y su capacidad de convocatoria, lo han llevado a ocupar la Presidencia de la Conferencia Episcopal Mexicana (CEM), la Presidencia del Consejo Económico de la Conferencia del Episcopado Latinoamericano (CELAM) y, además, el Santo Padre lo acaba de nombrar como Miembro de la Pontificia Comisión para América Latina.

Admiro su disponibilidad para atender a cualquier persona que le solicita una audiencia, su sensibilidad para tratar de comprender aún las situaciones más difíciles, y su misericordia para nunca juzgar ni, mucho menos, actuar con revanchismo. Agradezco que tengamos un líder pastoral ajeno al clericalismo que tanto daño nos ha hecho.

Quiera Dios que nos dure muchos años más como pastor de esta Iglesia local, y que siempre lo haga saludando y sonriendo, como hasta ahora.

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