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¿QUÉ SUEÑO? DESEO, ANHELO E INVITACIÓN

VIII CARTA PASTORAL 

Deseo, junto con el Papa Francisco, que vaya desapareciendo todo rastro de clericalismo en nuestra Iglesia y que el ministerio clerical se convierta cada día más, en un servicio sacerdotal y diaconal a la comunidad a ejemplo de Cristo Siervo y Sacerdote. Que mi presbiterio y mis obispos auxiliares sobresalgan por su disponibilidad, su capacidad para el sacrificio y su ilusión por la misión renovada y renovadora. Que el buen trato hacia los fieles nos distinga, y que, como pide el Santo Padre, no convirtamos el confesionario en una aduana infranqueable. Anhelo que los clérigos seamos discretos, sensatos y utilicemos las redes sociales para evangelizar, y no para transmitir escándalos y falsas noticias.

 

Anhelo, además, que todos los fieles cristianos, clérigos y laicos, que formamos esta Iglesia seamos hombres y mujeres de oración, espirituales y caritativos. Visualizo una mayor participación laical -especialmente de las mujeres- en nuestras estructuras pastorales. Mujeres y hombres laicos conforman la mayor parte de fieles en nuestra Iglesia, trabajando en diferentes tareas pastorales, y no siempre son tomados en cuenta en aquellos asuntos que les afectan directamente. Espero que día a día la Iglesia se llene de esa presencia dinámica y sensible, innovadora y cálida que representan los laicos. Que se sientan escuchados y atendidos, tomados en cuenta y respetados en sus tareas propias.

 

Seamos una Iglesia diocesana que voltea más hacia el sur, de donde viene la mayor parte de los migrantes, pero sin olvidar el norte, en donde viven y buscan mejores oportunidades muchos de los miembros de nuestras familias. Que veamos a quien busca un mejor futuro en medio de nosotros, no como enemigo, sino como hermano al que debemos “acoger, proteger, promover e integrar” (cfr. Papa Francisco, Jornada Mundial del Migrante y Refugiado, 2018). Que dialoguemos con ellos para enterarnos de sus problemas, de las causas que los orillaron a salir de sus países y de sus ilusiones. Imagino que somos hospitalarios, incluyentes, amables y solidarios con quienes han tomado esa difícil decisión y que, como se lo han propuesto nuestras casas de migrantes, les demos el mismo trato que deseamos reciban nuestros familiares y amigos cuando emigran al norte. Que en cada uno de ellos reconozcamos a ese migrante que fue Jesucristo.

 

Les invito a que hagamos una relectura de nuestro reciente Plan de Pastoral Orgánica 2017-2019 desde la realidad que la pandemia nos presenta y nos irá presentando, de tal manera que se aplique y consolide en los años venideros de forma muy encarnada. Que recuperemos los retos aún pendientes en la atención a los tres núcleos de atención pastoral que nos acompañaron a lo largo de los últimos tres años: persona y familia, comunidad y ciudadanía, pobreza y solidaridad. Deseo que los objetivos, urgencias y orientaciones pastorales no sean letra muerta, sino viva y renovada por los desafíos de la pandemia y que podamos expresarlos en proyectos pastorales en cada comunidad, siendo capaces de unir todos nuestros trabajos parroquiales y de grupos apostólicos en torno a la visión de este Plan.

 

Día a día me pregunto cómo podemos acercarnos más a la exigencia de ser discípulos misioneros en la actualidad, para seguir colocando a la Palabra de Dios, a la Eucaristía y a los pobres en el centro de nuestra atención pastoral. Quiero que el Proyecto Global de Pastoral 2031+2033, que como obispos en México hemos presentado de cara a los 500 años del Acontecimiento Guadalupano y a los 2000 años de nuestra Redención, impacte de lleno en nuestra Arquidiócesis, no solo por su enorme riqueza teológica, sino para manifestar nuestra comunión con todas las diócesis de México y especialmente con el Papa Francisco.

 

+ Mons. Rogelio Cabrera López 

Arzobispo de Monterrey

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