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«BUSCO SERVIR A TODOS SIN DISTINCIÓN»

VIII CARTA PASTORAL 

Como ya lo he mencionado, ser obispo de Monterrey es mi principal responsabilidad, por lo que realizo mi mayor esfuerzo, dentro de mis limitaciones, para servir a esta Iglesia particular. Dios, hasta el día de hoy, me ha dado fuerza para realizar y disfrutar las visitas pastorales a las parroquias, acompañar a los fieles en sus fiestas patronales, confirmar jóvenes, alentar a los sacerdotes y a los consagrados, construir proyectos pastorales, crear nuevas parroquias, atender al seminario, etc., no obstante las encomiendas que tengo como Presidente de la Conferencia del Episcopado Mexicano (CEM) y en el Consejo Episcopal Latinoamericano (CELAM) como Presidente del Comité Económico. 

 

Cuento con excelentes colaboradores en quienes confío y en quienes me respaldo para decidir los rumbos pastorales de la Arquidiócesis. Me reúno periódicamente con el Consejo Episcopal, con el Consejo Presbiteral, con los Consultores, con la Vicaría Episcopal de Pastoral y el Consejo de Asuntos Económicos; en ellos revisamos aquello que exige decisiones, no siempre fáciles, pero que con la ayuda del Espíritu Santo y de mis colaboradores siento una mayor seguridad y tranquilidad. Vivimos tiempos difíciles donde la sinodalidad es vital, por lo que procuro aplicarla en mi conducción pastoral de la Arquidiócesis.

 

Busco servir a todos sin distinción, acompañando especialmente a los más necesitados. Me he hecho presente en hospitales, cárceles, escuelas, universidades, empresas, etc. Después de la Misa dominical en Catedral, atiendo a los medios de comunicación y ofrezco mi mensaje dominical, para compartir con los fieles y con la opinión pública mi posición ante los diferentes acontecimientos que nos impactan y para dar algunas orientaciones doctrinales y pastorales. He constatado que es muy importante mantener esta comunicación semanal. 

 

Nuestros fieles no se sienten escuchados por muchos líderes y a veces tampoco por sus obispos y sacerdotes. Ya el Concilio Vaticano II nos dijo que el mundo de la ciencia, de las artes, de la economía y de la política no es un enemigo, sino un compañero de viaje. Conviene que escuchemos ese mundo, que tiene muchas propuestas interesantes, que merecen ser valoradas y, en su caso, acompañadas o aceptadas. 

 

Utilizo cada vez más las redes sociales y los medios electrónicos, tanto para la proyección de la Eucaristía dominical, como para compartir mensajes a través de videos temáticos. Sé que especialmente para las nuevas generaciones, la comunicación por este medio es fundamental, y trato de llegar a ellas. Participo en videoconferencias para atender asuntos relacionados con la CEM y el CELAM. Mi teléfono celular siempre está encendido para atender cualquier llamada o mensaje de texto.

 

Al interior de nuestra Iglesia hay cada vez más voces de mujeres y de jóvenes que se alzan y quieren ser escuchadas, por lo que he creado un Consejo Pastoral de Mujeres, pues muchas de ellas ya no tienen como objetivo único en la vida el matrimonio y la maternidad, reclamando más espacios en la vida social y eclesial. Incluso en nuestra organización institucional dos jóvenes mujeres ocupan cargos de relevancia: la primera de ellas, una joven laica como vicecanciller y jefa del Departamento de Talento Humano en nuestra Curia Pastoral, y la otra, una joven consagrada como miembro de la Comisión Diocesana para la Tutela de Menores y Adultos Vulnerables y directora del Centro Diocesano creado para la atención de estos. Pienso que todas las mujeres y todos los adolescentes y jóvenes pueden aportar mucho en los proyectos pastorales de la Arquidiócesis. Estoy seguro de que la pastoral juvenil cada vez irá encontrando nuevos caminos para ellos.

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