El sacerdote argentino y misionero Vicentino Pedro Opeka, conocido por su servicio a los más pobres en Madagascar, ha sido nominado para el Premio Nobel de la Paz de este año.
Según el gobierno esloveno, el padre Opeka y la comunidad de Akamasoa son el símbolo de un compromiso concreto y global en la lucha contra la pobreza, la marginación y la injusticia.
El padre Pedro ha librado muchas batallas contra la pobreza, dando esperanza a quienes viven en los márgenes de la sociedad y ofreciéndoles nuevas oportunidades para una vida más digna. Lleva casi 50 años ayudando a los más pobres entre los pobres, a los sin techo y a los últimos, permitiéndoles llevar una vida independiente, proporcionándoles educación, trabajo e independencia financiera.
La comunidad que antes era un tiradero de basura abarca ahora más de 18 aldeas, donde personas y familias que antes no tenían hogar viven en más de 4 mil casas de ladrillo. Ofrece a los niños y jóvenes una educación integral, desde el jardín de infantes hasta la universidad, y en la actualidad unos 13 mil están incluidos en el sistema escolar.
Unos 500 nativos trabajan en la «Ciudad de la Amistad», mientras que un total de 4.000 personas trabajan en las canteras, en las pequeñas granjas y en los diversos talleres y tiendas. Además de Akamasoa, el padre Opeka ha creado varias estructuras educativas en el país, ahora gestionadas por instituciones estatales.
Entre otras cosas, el religioso enseña a los jóvenes a respetar la naturaleza, apoya firmemente la reforestación y la protección de los bosques -el 70% de los cuales han sido destruidos en Madagascar- y cada año, junto con muchos jóvenes, planta unos 50.000 plantones.