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La voz del pastor

«NO PODEMOS DEJAR DE HABLAR DE LO QUE HEMOS VISTO Y OÍDO» (HCH 4,20)

La celebración del Domingo Mundial de las Misiones es, para todos los católicos, la oportunidad ideal para agradecer a Dios el don que nos ha dado desde nuestro bautismo, al permitirnos ser portadores de la Buena Nueva, llevando un mensaje de esperanza a todos los hermanos en el mundo.

Los cristianos debemos renovar este compromiso, buscando promover constantemente la esperanza de una vida mejor, siempre construida en la unidad, con una verdadera actitud profética, desechando toda complicidad que pueda llevarnos a mostrarnos indiferentes ante la pobreza y falta de atención a los más necesitados.

Permitiendo, en todo momento, que el Espíritu Santo nos guíe para ser una Iglesia en salida, siempre abierta a la novedad de nuestro tiempo, utilizando los recursos que la tecnología nos brinda, ya que, como lo dijo San Pablo VI: “La Iglesia se sentiría culpable ante Dios si no utiliza los medios que las técnicas modernas nos brinda” (Evangelii nuntiandi 35, Pablo VI).

Sin olvidar que el anuncio del Evangelio debe llevarnos a construir las bases de una sociedad en donde se reconozca y se valore la dignidad de todo ser humano, desde el momento mismo de su concepción hasta cuando es llamado a la presencia del Creador. 

Celebrar las misiones, no es solo reunir una cantidad de dinero para apoyar a quienes entregan su vida en los campos de misión, lo cual siempre agradeceremos, sino que será reconocer que todos estamos llamados, como miembros de la familia de Dios, a formar parte de la edificación de la Iglesia, en medio de un mundo tan necesitado de amor, comprensión y misericordia.

Les invito a que respondamos a la invitación que nos hace el Santo Padre con generosidad y apertura, siendo conscientes que «No podemos dejar de hablar de lo que hemos visto y oído» (Hch 4,20).

“Nuestra vida de fe se debilita, pierde profecía y capacidad de asombro y gratitud en el aislamiento personal o encerrándose en pequeños grupos; por su propia dinámica exige una creciente apertura capaz de llegar y abrazar a todos. Los primeros cristianos, lejos de ser seducidos para recluirse en una élite, fueron atraídos por el Señor y por la vida nueva que ofrecía para ir entre las gentes y testimoniar lo que habían visto y oído: el Reino de Dios está cerca. Lo hicieron con la generosidad, la gratitud y la nobleza propias de aquellos que siembran sabiendo que otros comerán el fruto de su entrega y sacrificio”. (Mensaje del Santo Padre Francisco para la Jornada Mundial de las Misiones, 2021)

Que el amor de Dios experimentado en nuestra vida, despierte el deseo de compartirlo con todos los que nos rodean.

Encomiendo a Nuestra Señora del Roble la realización de esta jornada que será de gran beneficio para toda la Iglesia.

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