NO HA HECHO CON OTRA NACIÓN COSA IGUAL

El contexto desde el Pueblo de Israel

Con este artículo, arrancamos en la Arquidiócesis de Monterrey el camino hacia la celebración de los 500 años de las apariciones de Santa María de Guadalupe en el cerro del Tepeyac y el milagro de la estampación de su Imagen amada en la tilma de san Juan Diego Cuauhtlatoatzin. En este artículo les ofrezco el inicio de varios capítulos donde mes tras mes desglosaremos la expresión del Salmo 147, 20: “No ha hecho con otra Nación cosa igual”, frase bíblica que fue atribuida a Santa María de Guadalupe desde el siglo XVII. En cada artículo ofreceré datos relevantes para comprender el mensaje de Santa María de Guadalupe. Hoy nos remontamos a la expresión escrita por el Salmista atribuyéndola al Pueblo de Israel.

Jesús, nos dice en el Evangelio que Dios hace salir su sol sobre buenos y malos y manda su lluvia sobre justos e injustos. Esta acción de Dios tiene diferentes connotaciones: puede significar su gracia, sus bendiciones, su amor para con todos, así como su Palabra.

El concepto correcto Palabra, en la Sagrada Escritura, tiene muchas formas de representarse, pero la más accesible y cercana para nosotros es la de semilla. Este concepto fue tomado por los Santos Padres y más recientemente por el Concilio Vaticano II para explicarnos la manera en cómo Dios se dio a conocer a todos los pueblos.

Dios es Palabra, Él siempre nos habla. Es absurdo pensar en el silencio de Dios. El salmo 15 dice: “hasta de noche, Señor, me instruyes internamente”. También, Jesús le dice a sus discípulos: “a ustedes ya no los llamo siervos, porque el siervo no sabe lo que hace su amo. A ustedes les llamo amigos, porque les he dado a conocer todo lo que le he oído al Padre”. Jesús confirma su amistad para con los discípulos al mantener su Palabra en ellos.

Esta relación de Dios con la humanidad no es igual ni en todos los tiempos ni con todos los pueblos. Por un misterioso designio suyo, Él eligió en la antigüedad a Israel para hacerlo el Pueblo de las Alianzas. Mientras a unos pueblos les mandaba ciertas semillas, como a la cultura egipcia, griega, romana, etc., a otras culturas les daba otras semillas. No hubo un pueblo en todo el mundo que se quedara sin la semilla-palabra divina. Esto que Dios ofreció a todos los pueblos le llamamos: Semillas del Verbo.

Israel no solo recibió semillas, el Señor Dios, en Israel, cavó un lagar, construyó una torre, la rodeó y puso vigilantes. Su manera de manifestarse a Israel fue única: lo formó con sus mismas manos librando a Sara, Rebeca y Raquel de la esterilidad y forjando en Abraham, Isaac y Jacob, el gran Pueblo por el que realizaría su salvación.

Dios, por medio de Moisés, liberó a Israel de la esclavitud de Egipto; en el desierto le entregó las tablas de la ley e hizo este compromiso: “Yo seré tu Dios y tú serás mi pueblo”. Israel experimentó la misericordia de Dios y fue el único Pueblo que llegó a profesar no solo la existencia de Un solo Dios, sino que ese Dios es el verdadero y que es Uno. El acceso a esa verdad fue revelado por el mismo Dios en el monte Sinaí.

El Señor fue preparando a Israel por medio de los profetas y sabios para la llegada del Mesías. Ante estas y otras muchísimas maravillas, el Salmista no puede decir más que: “No ha hecho con otra Nación cosa igual”.

Dios tomó a Israel de la mano y le fue guiando día a día con un amor fiel e incondicional, concediéndole lo que a ningún otro Pueblo sobre la faz de la Tierra. Lo increíble es que, la Nación que más se acerca a lo hecho con Israel se llama: MÉXICO.

Israel tuvo su preparación en la historia de la salvación. De alguna manera, podemos afirmar lo mismo con la nación mexicana, pues el Señor fue sembrando su semilla en los diferentes pueblos mesoamericanos para preparar así un momento especial: 1531.

Para el Pueblo de Israel el punto de llegada de esta preparación fue la Encarnación del Hijo de Dios, su Pasión-Muerte y Resurrección. Para México, el punto de llegada de toda esta preparación fue el Acontecimiento Guadalupano, con las apariciones de Santa María de Guadalupe del 9 al 12 de diciembre de 1531.

A la luz de la presencia del Hijo de Dios en estas tierras mexicanas, ya que en el vientre Inmaculado de Santa María de Guadalupe se encuentra su Hijo amado, nuestro Señor Jesucristo, se pueden re-entender tantas narraciones, tradiciones, conceptos, manera de vivir, todo aquello que se fue gestando en los diferentes pueblos prehispánicos.

Como lo comenté al principio, cada mes iremos presentando un artículo que nos ayude a entender por qué el Papa Benedicto XIV, en 1754, aplicó este versículo 20 del salmo 147 al evento Guadalupano, en el mismo momento que se desenrolló ante sus ojos, una copia de la Imagen de la Reina de los mexicanos.

Pbro. Roberto Figueroa Méndez
Parroquia San Pablo Apóstol


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