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Flor y Canto 2da. Parte.

El canto y la poesía formaron parte importante dentro de los pueblos mesoamericanos. Se decía que, con el canto, antiguamente, se formaban los pueblos, las civilizaciones. Incluso, para que un pueblo pudiera decirse que ya posee cultura, que ya tiene identidad y un rostro, necesitaba desarrollar la poesía y el canto.

 

La música acompañaba casi todas las actividades de los pueblos, el cultivo, la guerra y las ceremonias religiosas. Los cantores, en el pueblo azteca, tenían esta preponderancia en los estratos sociales.

 

No solamente los hombres cantaban, sino también los dioses, y fue así como el canto se volvió una forma para comunicarse con las divinidades prehispánicas, esa era la forma como los dioses se comunicaban con los hombres. En la literatura náhuatl existe una gran cantidad de poesía y literatura. De las poesías más bellas eran las compuestas por el gran Netzahualcóyotl, tlatoani texcocano.

 

El náhuatl, al ser la lengua que solo se hablaba, no se escribía, se valía del canto para contar las tradiciones, las historias, la creación de los dioses y el cosmos. El canto y la poesía consistían en un diálogo con el propio corazón, con el mundo y con el pueblo. Es por eso que los cantos se aprendían de memoria.

 

La expresión y difrasismo Flor y Canto = in xochitl in cuicatl, nos da a entender un sin número de significados. Ambas realidades conectan con lo divino, pues ambas tienen algo hermoso que no se puede atrapar y que sólo se da por un momento.

De las flores puedes contemplar su belleza y disfrutarla, pero resulta inatrapable, en algo que no podemos mantener. Así mismo el canto y la poesía, ya que podemos deleitarnos con sus sonidos, pero también son momentáneos, disfrutamos de su belleza, pero sólo por instantes.

 

 Así, flor y canto viene a ser el difrasismo que nos señala la verdad y la comunicación con Dios y de Dios con la humanidad. La flor representaba la verdad, por lo que ya dijimos en el artículo anterior y el canto significaba la comunicación con Dios, pues los dioses hablan a través del canto.

 

En el Acontecimiento Guadalupano nos encontramos con que Juan Diego, el 9 de diciembre de 1531, al llegar al cerro del Tepeyac, escuchó cantos como de pájaros, muy bellos y deleitosos. Se detuvo porque, si bien llevaba oyendo cantar a los pájaros y a los grandes cantores indígenas por muchos años, nunca había oído algo así. Sus preguntas refieren no sólo de algo bello, sino de algo divino. Sus preguntas parecen dirigirse algo así: (¿Acaso Dios me está hablando?). Después del milagro de la estampación de Santa María de Guadalupe en la tilma de Juan Diego,, cuando las multitudes se acercaban a él y le oían decir que ese sábado escuchó cantos celestiales, ellos entendían perfectamente que quien le estaba hablando de arriba del cerro era la Madre de Dios, pues Dios se quería comunicar con él por medio de su Madre Celestial.

 

El canto del 9 de diciembre más las flores del 12 de ese mismo mes, en esta narración del Nican Mopohua, nos habla de este gran difrasismo donde se nos da a entender que Dios está hablándole al hombre con la verdad de su palabra y está interviniendo en la historia de estos pueblos mexicanos para construir una nueva civilización del amor, llena de la verdad de Dios con su raíz en el cielo.

En la imagen de Nuestra Señora de Guadalupe vemos claramente que Ella lleva entre sus manos una flor. En los códices aztecas así es como ellos dibujaban sus sonajas. Esto quiere decir, entre otras cosas, que Ella está produciendo música y junto al paso de danza, por tener su rodilla izquierda flexionada, está haciendo oración con el canto a la usanza indígena. Flores en el vestido, más el canto y la danza en la sonaja y en la danza… hay una comunicación divina para con el hombre.

 

El padre Mario Rojas, de feliz memoria, demostró cómo cada flor cerro que está en el vestido de Santa María de Guadalupe vendría a ser una sonaja y al hacer los movimientos con sonajas verdaderas sobre las flores cerro, esto reproduce una música armónica a la usanza prehispánica.

 

Y el gran contador y matemático originario de Mérida, Yucatán, Fernando Ojeda Llanes, junto con el músico Alberto Aguilar Portillo, a principios de este siglo, descubrieron la música en el manto de Santa María de Guadalupe. Tanto lo encontrado por el padre Mario Rojas como por Fernando Ojeda, se pueden encontrar en YouTube.

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