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NO DEJEMOS DE SORPRENDERNOS DE LA PASCUA

Un año más hemos celebrado, la pasión, muerte y resurrección de nuestro Señor, ¡Estamos en Pascua!, «¡Ha resucitado! ¡Ha resucitado verdaderamente!». Un acontecimiento único, que cambia la humanidad, que cambia la vida: el encuentro nuestro Salvador, que nos hace sentir toda la bondad y la verdad de Dios, que nos libra del mal, no de un modo superficial, momentáneo, sino que nos libra de él radicalmente, nos cura completamente y nos devuelve nuestra dignidad.

Es un tiempo que trasciende el tiempo y nuestra realidad terrena, sin embargo al ser peregrinos de este mundo seguimos viviendo todo aquello que conlleva nuestra humanidad: dolor, enfermedad, retos y dificultades. Todo ello nos puede llevar a ir perdiendo la visión que nos da nuestra fe, y dejar de admirar, sorprendernos y valorar la trascendencia espiritual de este tiempo pascual. Tal vez esta Pascua y Semana Santa, para algunos se suma a una más de las vividas sin llegar a maravillarnos y tocarnos el corazón.

Hoy en día es fácil perder la capacidad de admiración, el uso excesivo de tecnología y los grandes avances de ella, ha provocado que ya pocas cosas nos sorprendan. Sumado a ello cuando se pierde la capacidad de admiración dejamos de valorar todo lo que está a nuestro alrededor. Vivir así nos va llevando poco a poco a la monotonía y el aburrimiento.

Existen muchas personas que tienen ojos y no ven la maravilla de la realidad que les rodean, oídos que no oyen, corazones que no sienten, ni comprenden.

Por el contrario quien mantiene su capacidad de asombro disfruta de los pequeños detalles, del milagro de la vida y de todos los bellos milagros cotidianos: la salud, un nuevo día, la belleza de la naturaleza, la amistad, la oportunidad de crear y transformar que tenemos el ser humano.

La experiencia del asombro ayuda a elevar la creatividad, nos hace más alegres, amorosos y agradecidos, por una sencilla razón, la capacidad de asombro nos hace sabernos privilegiados de todo lo que vivimos, somos y tenemos.

 La palabra asombro tiene su raíz etimológica en “a” qué significa (sin) y “sombro” que significa (sombra), por tanto asombro quiere decir, “sin sombra”, “salir de la obscuridad” o “salir a la luz”. La Resurrección del Señor nos ha sacado de la obscuridad, y nos ha traído la Luz que ilumina toda nuestra existencia, no hay nada que se pueda esconder a esta Luz de verdad y de amor.

¡El maravilloso regalo ya lo tenemos!, Dios nos lo ha dado, si la vida ha dejado de asombrarnos, si el paso de Dios nos ha dejado de asombrar es porque seguramente estamos distraídos, tenemos que dejar cosas y actitudes, aquello que nos distrae y nos ha cerrado el entendimiento y el corazón. Busquemos el silencio y ordenar nuestro entorno e igualmente nuestro interior para dejar lo superficial y atender lo trascendental. Solo con la Luz de La Resurrección, valoraremos y admiraremos todo aquello que Dios nos ha regalado y nos da día a día.

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