La imagen de la Virgen, que aparece en la “medalla milagrosa”, corresponde a la segunda visión que tuvo Catalina Labouré, religiosa vicentina, un 27 de noviembre de 1830, en la víspera del primer domingo de adviento de ese año. En aquella ocasión, la Virgen apareció dentro de un marco oval formado por las palabras de una pequeña súplica: “Oh María, sin pecado concebida, ruega por nosotros que recurrimos a ti.”
Se dice que cuando Catalina tuvo aquella visión, escuchó una voz que le aconsejaba: «hay que hacer una medalla semejante a esto que estás viendo. Todas las personas que la lleven, sentirán la protección de la Virgen.» Las primeras medallas se empezaron a distribuir, en 1832, cuando la epidemia de cólera acabó con la vida de unas 20 mil personas, en París. En esta adversa circunstancia, muchas curaciones fueron atribuidas a esta medalla que, desde entonces, se empezó a llamar “milagrosa.”
Actualmente, la medalla tiene inscrita, en varios idiomas, la jaculatoria, que rodea ovalmente la imagen de la Virgen: “sin pecado concebida”, o como se dice en latín, “sine labe originali concepta.” La expresión “sin pecado concebida” recuerda la respuesta que, al acercarse a la confesión, el penitente daba al sacerdote que lo recibía con el saludo de “Ave María Purísima.” Sin embargo, la expresión “sin pecado concebida” no sólo recuerda el breve rito introductorio del sacramento de la reconciliación, sino más precisamente, el dogma mariano de la Inmaculada concepción.
Llama la atención que mientras la devoción a la medalla milagrosa comenzó a propagarse en 1832, la proclamación de santa María Inmaculada ocurrió sólo casi dos décadas después. El 8 de diciembre de 1854, el Papa Pío IX definió solemnemente, con la bula “ineffabilis Deus”, que «la Santísima Virgen María fue preservada inmune de toda mancha de culpa original, desde el primer instante de su concepción, por singular privilegio y gracia de Dios Omnipotente, en atención a los méritos de Cristo-Jesús, Salvador del género humano.» Este dogma tiene su celebración litúrgica, hasta el día de hoy, cada 8 de diciembre, durante el tiempo del adviento, justamente nueve meses antes del 8 de septiembre, fiesta de la natividad de santa María.
Por otra parte, es oportuno recordar también que apenas cuatro años después de la proclamación del dogma, en 1858, Bernardette Soubirous presenció, en el poblado de Lourdes (Francia), 18 apariciones de la Virgen María, quien se identificó ante la joven vidente, diciendo “Yo soy la Inmaculada concepción.” Cuando el párroco y las autoridades eclesiásticas escucharon este nombre de la Señora del cielo, en labios de la pastorcita, quedaron admirados, pues se trataba de una expresión doctrinal reciente y completamente ajena al vocabulario de una jovencita de campo.
De hecho, al cumplirse el primer centenario del dogma de la Inmaculada concepción, el papa Pío XII, en 1953, decretó la celebración de un año mariano, con la publicación de la Carta “Fulgens corona”. En el texto de esta Carta, el papa afirma que «parecería como si la Virgen Santísima hubiera querido confirmar de una manera prodigiosa el dictamen que el Vicario de su divino Hijo en la tierra (el Papa), con el aplauso de toda la Iglesia, había pronunciado. Pues no habían pasado aún cuatro años cuando cerca de un pueblo de Francia, la Santísima Virgen, se apareció a una niña inocente y sencilla, a la que, como insistiera en saber el nombre de quien se le había dignado aparecer, ella respondió: «Yo soy la Inmaculada Concepción».
La diferencia cronológica de 18 años, entre las apariciones que dieron origen a la medalla milagrosa y la proclamación del dogma, en 1854, es sin embargo, mínima si se considera que desde el siglo IX, existía ya, en el occidente cristiano, una fiesta dedicada a la concepción inmaculada de santa María. Además, también es oportuno notar, que esta creencia mariana de los fieles en la purísima concepción, es incluso anterior al dogma del pecado original que como tal, fue definido en la quinta sesión del Concilio de Trento (1546). ¿Pero, entonces qué es un dogma? y en ¿qué consiste el dogma del pecado original?
Rector de la Universidad Pontificia de México