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LA EUCARISTÍA NOS MUEVE A LA FRATERNIDAD

‘Tomen y coman, esto es mi cuerpo’, este soy yo, que se entrega a favor de ustedes. Hagan esto en memoria mía. ‘Esta es la copa de la nueva alianza sellada con mi sangre, derramada a favor de ustedes’. Lucas 22,19-20

 

‘La Eucaristía es la joya más importante de la Iglesia, es el acontecimiento litúrgico más grande, es el sacramento central de nuestra fe, el más frecuente y reiterativo’: Arz Rogelio Cabrera López.

 

Es sorprendente descubrir cómo el Señor, cada día, crea nuevas formas para estar con nosotros, para encontrarse, para seguir siendo el buen samaritano que sirve con satisfacción, para demostrarnos que, aunque pareciera que descansa, él está en nuestra misma barca, remando con nosotros, alimentándonos con su palabra y su propio cuerpo, a fin de que permanezcamos unidos, teniendo ‘un solo corazón y una sola alma’.

 

Nuestra vida, la vida cristiana, la experiencia de todos los días, ha de ser como una comida de amor en la que ofrecemos todo a los hermanos: la amistad, el respeto, la reconciliación, la capacidad de escuchar, dialogar y acompañar, la paz sincera, el realizar solidariamente acciones que transformen cabalmente la realidad, ‘reconociéndonos compañeros de camino, verdaderamente hermanos’ FT 274.

 

Hemos de ser como un pan recién elaborado, extraído apenas del horno, con sanos nutrientes, apetecible al paladar, atractivo a la vista. De manera que, quien de él se nutra, recobre nuevas fuerzas, que quien lo reciba, sienta deseos de compartirlo, como el Señor Jesús que nos dice: ‘Yo estoy entre ustedes como el que sirve’ Lc 22,27.

 

Llenos de motivación, seremos capaces de cambiar el mundo, empezando por la propia casa o comunidad, donde cada integrante se sienta con una tarea de acuerdo a su edad y su propia vocación, realizando con gusto su misión desde el amor, desde la solidaridad. Dice el Papa Francisco: ‘Ser feliz no es sentirse bien sino hacer el bien’.

 

En la comida eucarística expresamos toda la profundidad de la vida de Cristo y de nuestra fe: servir a los hermanos con acciones reales y concretas, que brotan de una mirada sincera y una auténtica compasión.

 

Por eso, también durante la cena, el Señor se levantó de la mesa, comenzó a lavar los pies a sus discípulos y a secárselos con la toalla. Luego les dijo: ‘¿Entienden lo que acabo de hacer con ustedes? Si yo les he lavado los pies, también ustedes deben hacerlo unos a otros’ Juan 13,1-17

 

Para la comunidad cristiana, reunida en oración en torno a nuestra Madre María y a los Apóstoles, ‘lavarnos los pies’ es ejemplo de amor, entendido como servicio humilde, que brota de la condición de ser discípulos de aquel que nos amó hasta el extremo.

Ser servidor, atento y generoso, será siempre para nosotros una fuente de recarga espiritual. ‘El amor rompe cadenas y tiende puentes’.

 

Como decía el beato Carlos de Foucauld: ‘Ruegue a Dios para que yo sea el hermano de todos’ FT 287

 

Es la Eucaristía la que nos mueve a la fraternidad.

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