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LA CASA DE LA COMUNIDAD XXVIII

EL MANTENIMIENTO

Todo edificio ocupa mantenimiento. Todos. Los materiales constructivos sufren el paso del tiempo, todos, y no se diga si ese edificio es sujeto a ciertas condiciones de uso y a ciertas condiciones de clima. Todo en el edificio tarde o temprano requerirá labores de mantenimiento. Desde los cables de la electricidad, los aires lavados, las tuberías… y así hasta llegar a la puerta del sagrario. Y lamentablemente en la iglesia, de ordinario, somos muy malos para dar mantenimiento. Casi siempre no se lo damos preventivo sino correctivo. Ya que falla algo lo arreglamos. Pero eso significa que no atendemos el edificio adecuadamente hasta que algo “truena”. Pensemos en algo muy común: la impermeabilización. 

Los métodos de impermeabilización habituales no son eternos. Necesitan cada tantos años renovación o mantenimiento. Pero de ordinario no les metemos un peso hasta que no aparece la gotera… en plena temporada de lluvias y ahí es dónde al primer análisis resulta ser que TODO el templo carece de una buena impermeabilización y que por la cantidad de metros cuadrados aquello va a ser una erogación de una cantidad exorbitante de dinero con la cual no contamos. Así hay ahora que hacer la colecta especial, la rifa del tesorito… ¿les suena familiar la historia? ¿les parece conocida la narración? Mucho ¿verdad? 

Como comentaba arriba, de ordinario no somos buenos para dar mantenimiento a nuestros edificios hasta que algo falla o truena o “colapsa”. Se nos olvida que a todo hay que darle mantenimiento. Y esto se agrava por los mil asuntos que debe de atender el sacerdote, y esto se agrava por que de él dependen varios edificios, y esto se agrava por esto y por aquello. El problema es complejo. Y siempre, casi todos, salvo las comunidades más congruas, nos topamos con la carencia de recursos económicos. 

Una persona que en la comunidad trabaje en el mundo de la construcción y que nos haga el favor, a modo de apostolado, de revisar nuestras instalaciones habitualmente será de gran ayuda. Así nos podrá advertir oportunamente acerca de aquello que esté más precario, pero esto antes de que falle. Así la parroquia tendrá más oportunidad de tener recursos para ir atendiendo lo más urgente. Incluso esto nos permitirá pedir presupuestos y cerciorarnos de contratar para realizar el trabajo a la persona más capacitada y con la mejor propuesta económica. 

Tarea complicada es la del mantenimiento, pero hay que tender a ello.

LA CRUZ DE NEÓN

Quisiera ahora responder brevemente a una duda que se me ha planteado. La cruz de neón en las torres ¿es necesaria? ¿debe de colocarse? 

He escuchado varios motivos por los cuales, me han dicho personas piadosas, se instala el neón: desde que se ve muy lindo, hasta para que los que en la noche buscaban un sacerdote para ungir a un moribundo pudieran localizar la iglesia fácilmente. 

Recuerdo hace años haber leído en una guía turística italiana de México la extrañeza por ese elemento de una iglesia en nuestra ciudad.  

Curiosamente esto de la cruz de neón es algo muy de nuestro país, y esto sólo de ciertas regiones del mismo. He comentado el asunto con amigos que se dedican en otras regiones de México al arte sacro y me comentan que en algunas regiones no se acostumbra y hasta les ha parecido curiosa la costumbre. 

Hay quien considera que así la cruz se ve muy linda. Hay a quienes les parece fuera de lugar. No hay ninguna reglamentación eclesiástica que así lo exija hacer.

Concluimos con este comentario esta serie de artículos acerca de la casa de la comunidad. Espero que hayan servido de algo para que el Pueblo de Dios tenga iglesias bellas y funcionales para reunirse y así encontrarse con el Señor. 

El próximo mes tomaremos otros temas. 

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