El INVENTARIO
Cada ocasión en que el Sr. Arzobispo solicita a un sacerdote que tome la dirección de una comunidad como el nuevo párroco de la misma, el sacerdote saliente debe de entregar al departamento de Asociaciones Religiosas de la curia un inventario detallado de todo cuanto existe en la comunidad que guio, ese debe incluir todos los muebles e inmuebles, y debe de abarcar desde las obras de arte hasta las sillas y las mesas. El asunto es que no siempre se realizan esos inventarios, hay muchas circunstancias que lo impiden, como por ejemplo la muerte del párroco y la urgente necesidad del Arzobispo de enviar a esa comunidad un pastor.
Estos inventarios con el paso del tiempo son oro molido para la historia. En el Archivo Histórico arquidiocesano tenemos inventarios antiquísimos de los templos centenarios de nuestra Arquidiócesis y nos sirven para saber cómo eran los edificios, qué contenían, cuando se dotó a esa comunidad de tal o cual imagen o por el contrario cuando ya dejó de aparecer esa pieza en los inventarios. Todo lo anterior hablando de inventarios que pudiéramos llamar “oficiales” realizados por el párroco.
Hay “inventarios” que no son oficiales y que son los que la comunidad conserva en su memoria. El pueblo de Dios lleva cuenta de cuando esta imagen fue colocada aquí, en qué ocasión, quien la bendijo, quien la donó. Y así la misma comunidad lleva el recuento de lo que hay y desde cuándo. Esa información que se transmite de modo oral es también muy valiosa para la vida de la comunidad.
Todo lo anterior es de mucha utilidad para los pastores y para la comunidad misma, pero tratemos algo bastante simple que puede ayudar a las mismas iglesias, y esto en especial en caso de robos, que lamentablemente sabemos, suceden.
Fotografiar todo y medir todo. Eso tan simple puede ayudar a una comunidad a reportar un robo ante las instituciones correspondientes y además a ayudar en mucho a su localización. Por que “una imagen dice más que mil palabras” y si fuera el caso de que nos robaran “nuestro Cristo” y luego lo describimos sólo como “muy bonito”, pues esa descripción y nada son lo mismo.
El tomar fotos de todo y hasta poner ahí a un lado una cinta de medir nos puede ayudar muchísimo. Y sí, aunque pensemos lo contrario, sí puede ser de grande ayuda para recuperar la pieza.
Recuerdo un caso de una comunidad del centro del país a la cual le robaron una escultura antigua muy bella, y la reportaron y nada. Tenían fotos, de bautismos, de bodas en que la imagen aparecía, pero la imagen no era ubicada por ninguna parte. Hasta que a un miembro de esa comunidad en alguna ocasión encontró en una revista de temas de interés general un reportaje de un importante museo y en ese reportaje aparecían fotografías de dicho espacio y en esas fotografías apareció una imagen de una de sus salas con la escultura perdida. Se inició un proceso de recuperación y después de un largo proceso la imagen regresó a su sitio, a su iglesia. Se tardó, pero sí regresó.
Obsequiemos a nuestras comunidades, coordinados por el párroco y por el consejo parroquial un rato a fotografiar y medir todo lo valioso: esculturas, pinturas, vasos sagrados, campanas, sagrarios, etc. Conservemos bien esa información impresa y digital. En el archivo parroquial y en casa de los coordinadores de la capilla o del consejo parroquial. No sabemos si algún día ese rato invertido rendirá mucho fruto en favor de la misma comunidad.
