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LA CASA DE LA COMUNIDAD XXIII

La iluminación. Segunda parte. 

El mes pasado comenzamos a reflexionar acerca de la correcta iluminación de la casa de la comunidad, tanto en su exterior, como en su interior. Pensar en que la iluminación haga destacar la belleza del edificio antiguo y bello, pero que también ayude a que la persona vea con claridad a los que ejercen una función litúrgica… así pues, el abanico de aspectos de la iluminación es muy, pero muy, amplio. 

Pasemos ahora a considerar algunos de los problemas que, con respecto a este tema, la iluminación, vemos frecuentemente en los templos católicos.

Comencemos por destacar que la iluminación debe de ser moderna. En este punto no me refiero al estilo de foco o candiles, sino a que la iluminación ha cambiado mucho en los últimos lustros. Ya prácticamente han quedado en desuso los focos incandescentes y las barras blancas… que seguimos viendo en muchos templos. El cambio de la tecnología que ha habido en los últimos años, a formas de iluminación más modernas, deben de llegar también a la Iglesia. Esto traerá ahorro a la comunidad. 

Ni hablar de considerar la instalación de celdas que permitan captar la luz solar…Este punto es especialmente complejo y por lo mismo el párroco y el consejo parroquial deben de asesorarse con expertos en el tema dado que estamos hablando de inversiones muy fuertes que posteriormente traerán ahorros muy cuantiosos. Son aspectos complejos que hay que tratar detenidamente con las personas adecuadas. Y no irse con la primera propuesta del primer “experto” que llegue…

  Que la modernidad llegue a la Iglesia también debe de verse reflejado en términos de seguridad. Instalaciones viejas suelen ser propicias a incendios, que nadie desea en ningún templo eclesial. 

Dejando de lado aspectos tan técnicos hay otros aspectos que hay que considerar. Hay una enfermedad eclesial que aún es frecuente en la Iglesia, enfermedad que es de la misma familia de la “Vitralitis” (enfermedad que lleva a poner vitrales en muchos edificios donde no convienen ni lucen), la “Maderitis” (poner madera también de modo inconveniente a modo de “adorno”), la “Muralitis” (de igual modo murales por doquier, aunque no sean de modo alguno lo más recomendable). Así aparece la “Candilitis”: el poner candiles estilo antiguo en muchos templos que de ningún modo son el espacio más adecuado para colocarlos. En muchas ocasiones se ponen por inercia, por que el párroco ha puesto candiles en todas las parroquias en las que ha estado… sin cuestionarse si aquí conviene hacerlo y si lucen bien. Para el siguiente domingo ya están puestos… y ni modo… No. Por favor. 

 Hay otros problemas más concretos. El foco nuevo que “cala” o “incomoda” a la vista: no es cómodo a los ojos ya sea del celebrante o del fiel sentado en su banca. Ciertamente nadie lo supuso cuando se colocó ahí pero ya que se detectó el problema definitivamente hay que arreglarlo. De modo alguno la luz artificial debe molestar el ojo de ninguno de los miembros de la comunidad sino todo lo contrario.

Hay otro aspecto que es frecuente. El foco fundido. 

Ya que se funde el foco ¿Quién lo va a cambiar?

Parece una pregunta simple, pero a veces la respuesta es compleja y costosa.

Que bonito el foco que se puso, pero nunca se pensó que se iba a fundir. Y ahora ¿Quién sube 10 metros a cambiarlo? ¿Y en qué se sube hasta allá? Y claro, debe hacerlo con seguridad.

Parecen asuntos muy simples, pero se olvida que en algún momento el foco se va a fundir y que hay que cambiarlo. Y que hay que prever quién y cómo va a remplazarlo. Recuerdo una comunidad en la que estuve en la que hacer eso, cambiar un foco, se convertía en un verdadero dolor de cabeza y en una operación muy onerosa para la comunidad.   

¿Qué otros problemas has visto en tu templo relacionados con la iluminación? Seguramente algo habrás visto a lo largo del tiempo ¿Verdad que parece simple el asunto, pero no lo es?

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