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LA CASA DE LA COMUNIDAD III

EL TECHO O LA ESTRUCTURA

El mes pasado describimos la situación de muchas comunidades eclesiales en nuestra Arquidiócesis en las cuales la comunidad comienza reuniéndose en una plaza o en una cochera de uno de los vecinos ¿cuántas comunidades eclesiales se reunirán así? Solo Dios lo sabe. 

En muchas comunidades, después de reunirse en la plaza, hasta por varios años, se pasa a la siguiente etapa: conseguir un terreno, ya sea donado o solicitándolo a la autoridad municipal dónde esto es aún posible hacerlo. 

Y se comienza a levantar un techo pobre y humilde. Que sirva para la reunión dominical y además para la reunión de los grupos apostólicos y de la catequesis. La situación en muchas comunidades es tan humilde que a veces el techo es algo igualmente pobre. Tablones de madera que sostienen láminas o paredes que consisten en plásticos. Un crucifijo donado por un vecino y que cuelga de un clavo colocado en un tablón. En muchas ocasiones el piso aún es de tierra o hasta de pedazos de alfombra viejos que pretenden aplacar el lodazal que se hace cuando llueve. En muchas ocasiones la construcción carece de puertas y así las mascotas de los vecinos o los niños del rumbo juegan sin ninguna restricción por el lugar. 

Poco se puede pedir a las comunidades en estas circunstancias. La situación es muy precaria. En cuanto a decoro y arte sólo solicitar lo mínimo. La fe del Pueblo de Dios y el amor por ese techo que ya es su iglesia suplen y premian en mucho la pobreza de los recursos. 

Del techo de madera y lonas se pasa de ordinario a una estructura metálica. Conseguida con mucho esfuerzo de parte de la comunidad. Muchas enchiladas y muchas hojarascas tuvieron que hacerse para dar este paso. A veces, la mencionada estructura se consigue con ayuda de una empresa cercana o con la ayuda de la autoridad municipal. 

Ya sea el tejabán de madera o la estructura metálica hay algo que nunca debemos olvidar: la seguridad de las personas. De ningún modo hay que confiar la integridad de los fieles sólo a la asistencia del Espíritu Santo. 

Debemos, o mejor dicho tenemos, que contar con la ayuda de personas que conozcan del ramo de la construcción. A veces, por la pobreza de la comunidad, sólo se podrá contar con la asesoría de algunas personas de la comunidad con el oficio de la albañilería: esa ayuda es ya mucho si se trata de un tejabán. Pero mientras más grande sea la estructura y más “ambiciosa” con respecto a la etapa anterior, se debe, o si o si, ir buscando profesionales más preparados. Una persona que trabaje en el campo de la construcción en estructuras: un ingeniero civil. 

Perdón por la insistencia, pero no debemos de confiar sólo en el Espíritu Santo en lo que respecta al mundo de las edificaciones. 

Es sabido los problemas que causan los ventarrones que en ocasiones se dejan sentir en nuestra región. Un viento puede meter en graves problemas a una edificación como las que hemos descrito líneas arriba. 

Y mucho más si al techo de la estructura más tarde, y con más ayuda de la comunidad, se le comienzan a poner paredes, que antes no tenía, o se le empiezan a poner plafones, que antes no tenía, etc., etc. … o sí o sí debemos tener ayuda de expertos.

Lamentablemente hemos sabido de casos dónde las edificaciones “provisionales” o “por mientritas” colapsan llegando incluso a provocar la pérdida de vidas humanas. Eso no debe de suceder. Jamás. Así de claro. Así de firme.

El próximo mes continuaremos con esta serie en la que vamos comentando el tema que nos interesa: la casa de la comunidad

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