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La sagrada escritura

LA ALEGRÍA DE ENCONTRARSE CON EL SEÑOR EN SU PALABRA

Saludo con gran alegría a la Iglesia que peregrina en la Arquidiócesis de Monterrey, que se dispone a celebrar el mes de septiembre, mes de la Biblia. 

Sin duda que las condiciones que nos ha impuesto desde el año pasado la pandemia nos han hecho repensar todas las estructuras de nuestra sociedad, donde la Iglesia no es la excepción; y más aún donde nuestra principal ocupación es la salud y el bienestar de todos.

Es ahí donde deseamos que la paz, la gracia y la misericordia que vienen de Dios, nos fortalezcan en momentos tan complejos, para que podamos caminar firmes con la ayuda del Señor.

La Iglesia nos ha invitado ya desde hace mucho tiempo a vivir el mes de septiembre como mes de la Biblia al conmemorar la fiesta litúrgica de San Jerónimo. Hay que renovar la belleza y el encanto del encuentro con la Palabra de Dios (VD 2), llamados por el Apóstol a oír, ver, tocar y contemplar (1 Jn 1,1) a Aquel que es la misma vida. El Papa Benedicto XVI incluso nos exhorta a ser “anunciadores del Verbo de la Vida que se ha hecho visible, para que el don de la vida divina se extienda cada vez más por todo el mundo” (VD 2), porque sólo Él tiene palabras de vida eterna (Jn 6,68).

Nuestra Iglesia vive aún cierta lejanía hacia la Palabra de Dios, resistencia de parte de ministros y laicos a la lectura y oración, estudio y profundización de la Sagrada Escritura. Han surgido con tanta alegría formas como la Lectio Divina, círculos bíblicos, la lectura personal, semanas bíblicas, y en los últimos tiempos la Animación Bíblica de la Pastoral.

Ha sido una grata experiencia y oportunidad para mi persona y mi ministerio, el poder participar en la Escuela Bíblica de la Arquidiócesis de Monterrey en estos últimos meses, donde he podido conocer a muchos laicos que con gran entusiasmo asisten a sus clases para aprender más sobre la Palabra de Dios, la leen, la meditan, la profundizan. Hacen sus tareas, a pesar de sus múltiples ocupaciones, e incluso investigan más por su cuenta. Se nota su alegría por encontrarse con el Señor en su Palabra. 

Por ello, aprovecho esta oportunidad para exhortar con profunda esperanza a los lectores de este medio de evangelización a vivir con esa energía el mes de la Biblia, insistiendo a tiempo y a destiempo (2 Tim 4,2) a ser evangelizadores -ser Buena Noticia- para este mundo tan necesitado de la Palabra de Jesús que aliente sus tristezas y frustraciones, sus desesperanzas y tropiezos, yendo de un lado a otro con la Palabra: “…y los cristianos viajaban mucho (¡cada vez nos asombran más las calzadas romanas sin las que la evangelización hubiese sido imposible!) y sus textos circulaban entre las comunidades” , caminando con su librito bajo el brazo, con la plena convicción de anunciar a su Señor Resucitado.

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