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IV. LA CASA DE LA COMUNIDAD

El Diseño del edificio

Seguimos comentando algunos aspectos relacionados con la Casa de Dios. Hemos repasado en los meses anteriores algunos aspectos relacionados con los primeros lugares de la comunidad ya sea en una plaza, una cochera o un techo. Comenzaremos a partir de este mes a comentar los aspectos más relevantes del edificio, es decir, cuando ya la comunidad va a tener una casa definitiva. Y comenzaremos por el principio, es decir, por el diseño.

El diseño de un edificio es algo que no puede hacer cualquiera. Debe de ser una persona capaz de tal tarea. De entrada hay que tener cuidado con los santos presbíteros que “se las saben de todas – todas” … y el resultado puede ser algo indigno del fin sagrado que el edificio tendrá. De igual manera hay que tener cuidado de sólo dejar la tarea en manos del señor que se ha dedicado toda su vida a la construcción sin ningún título profesional (el “maistro” albañil) por más devoto que sea el buen varón. No es una tarea para él. 

El diseño debe de ser hecho por profesionistas. Y aquí intervienen varios: el arquitecto, el ingeniero civil, el calculista, el experto en arte sagrado, el experto en liturgia, etc. Debemos de recordar que estamos hablando de diseñar un edificio público, en el cual habrá cientos de personas reunidas y que, para comenzar, esperan estar en un edificio seguro, pero además esperan estar en un edificio bello, bien iluminado, con una acústica adecuada, etc.  

Algo muy frecuente en nuestra arquidiócesis es el siguiente: el arquitecto amigo que se ofrece a hacer un diseño, pero al final ese ofrecimiento tiene sus riesgos, al tratarse de un favor no se puede exigir mucho, el solicitar un cambio molesta al diseñador dado que no gana nada por su trabajo. Yo estoy convencido que, como bien dice el dicho, “el que quiera azul celeste que le cueste”… el que quiera un edificio bello, digno y seguro debe de invertir en el trabajo de profesionistas. 

Pero volvemos al problema de siempre: el dinero ¿Cómo pagar el trabajo de profesionistas si apenas se reúne lo necesario por medio de enchiladas y empanadas?… tenemos que ver el modo, si no seguiremos eternamente debajo del techo de lámina que describimos en mesespasados. 

No se trata de buscar al arquitecto de moda, al “rock- star” de la arquitectura, eso seguramente estará fuera del presupuesto de la mayoría de las comunidades, se trata de buen gusto, de buscar al arquitecto capaz de diseñar algo sencillo, agradable, atinado, todo ello de acuerdo a las expectativas y posibilidades de la comunidad.

Además del arquitecto deberán intervenir más profesionistas (y seguramente todos y cada uno de ellos pasarán factura por sus honorarios), pero volvemos al punto: deseamos un templo bello, seguro y definitivo. El ingeniero civil verá por la estabilidad de la estructura y la viabilidad de la misma, el mismo requerirá de un experto en cálculos capacitado para avalar la construcción. Esto es exactamente todo lo opuesto al “maistro”- albañil que a “ojo de buen cubero” dice que no pasará nada jamás… Y a veces sí pasa.Lamentablemente.

Habrá, además que tocar base con el encargado en la Arquidiócesis de dar el visto bueno al proyecto, y claro, esto cuando no se ha edificado aún. De poco sirve dar aviso cuando ya todo está hecho y faltan horas para la bendición del lugar. 

Muchas cabezas piensan mejor que una sola y un edificio eclesial no es una cosa simple. Es un edificio de cierta complejidad y por eso no puede ser diseñado o construido sin el equipo humano adecuado y cualificado. 

En nuestra arquidiócesis tenemos muchos ejemplos de edificios diseñados por magníficos equipos de profesionistas… y también tenemos muchos ejemplos de edificios hechos de un modo absolutamente incorrecto… arquitectónicamente hablando. Todos habremos estado en muchas ocasiones dentro de un templo pensando ¿Quién diseñó esto? O lo que es peor ¿Hubo algún tipo de diseño aquí?

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