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HABLAR Y ESCUCHAR

En mis años de docente universitaria en los primeros días de clases ponía como ejercicio que la mitad del grupo tomara una pareja y uno hablara y el otro escuchara y siempre mi pregunta al final era la misma -¿quién es el mejor?- cada uno aportaba su experiencia y llegábamos siempre al mismo punto: el que escucha.

Cuando el ser humano atraviesa por un momento difícil (como los pacientes que más tarde tendrán mis alumnos) una tendencia natural es hablar de lo que nos aflige y este no debe ser juzgado y debe sentir la libertad de hacerlo… la pandemia se volvió en ello un maestro cuya enseñanza es aprender a hablar, hablarnos, escuchar y escucharnos.

Oír es el sentido propio que nos ayuda a percibir el sonido y activa el sistema auditivo para interpretar de qué se trata, mientras que ESCUCHAR implica procesos cognitivos de atención, concentración y aprendizaje, así como implica la voluntad y despertar la empatía de nuestro receptor.

El pensamiento juega un papel muy importante que puede generar un gran número de emociones o sentimientos, cuya raíz de duda ante el miedo, incertidumbre, temor y tristeza, entre otros, puede desencadenar estrés, ansiedad o depresión y trastornos mentales, por lo que requiere de HABLAR y no pretender de que “no pasa nada”, como lo dicen con recurrencia y hasta lo usan como slogan de una marca de chicles, si pasa y si afecta. 

Por ello requiere de este ejercicio del que deberá ser natural: ¡Comunicar! 

Pero mi recomendación es con alguien que sepa ESCUCHAR, mamá, papá, amigo, amiga, o aquel terapeuta con el que conectes, y así encontrar una dirección que nos indique qué hacer, ante eso o aquello que nos hace sentir mal y que puede arrastrar al sufrimiento y al dolor, en ocasiones maximizado, o minimizado.

Si como en el ejercicio que ponía a mis alumnos toca hablar, hay que hacerlo de una manera directa, liberadora ante un emisor que escuche sin dar consejos, ni juzgue o interrumpa y cuando nos toque escuchar hacerlo bajo la enmienda de que lo se nos comparte es delicado, es una parte de su corazón que pone en nuestras manos, por lo que requiere de ética.

¿Cómo podremos aprender a escuchar? Algunos autores consideran que son muchas las formas de llevarla a cabo, sin embargo aquí van algunas maneras de hacerlo: 

-Pon en modo avión tu juicio, como seres humanos siempre pensamos en soluciones rápidas o consejos que no nos están pidiendo. 

-Procura un contacto visual, hoy en día tan desairado

-Trata de no interrumpir o abrazar ni consolar si esta o este empieza a desahogarse.

-Empatizar con el emisor.

-Y dejo al final si la persona está dispuesta, puedes brindar una pequeña opinión.

Esto es solo una breve guía o el contenido de un maletín de primeros auxilios, pero la terapia y el coaching debe ser por gente especializada, para dar un seguimiento de la problemática que puede estar atravesando un ser humano en su integralidad de cuerpo, mente y espíritu.

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