FLORECIENTE FAMILIA DE VOCACIONES

Oriundo del bello estado de Zacatecas, de una modesta comunidad, Jesús María Sur, en el municipio de Pinos. En ella se encuentra una pequeña capilla dedicada a la Sagrada Familia, en donde llevo celebrando su fiesta patronal, desde 1999 hasta la fecha.

Soy de una familia muy fervorosa, formada por el feliz matrimonio de don Ramón Niño y doña María de Jesús Macías y ocho hijos, siendo yo el sexto de ellos. De mis padres siempre admiré que aun sin tener escuela sabían muy bien rezar el Santo Rosario.

“De ver, dan ganas”, dicen por ahí…no puedo negar que al principio me enfadaba que a mis hermanos y a mí nos pusieran a rezar. Conforme iba tomando conciencia, me empeñé a aprenderme el Rosario con todo y letanías, y a los nueve años lo logré.

A mi corta edad, aun sin conocer las Sagradas Escrituras, ya tenía muy claro la imagen de Cordero y Pastor; del trigo y de la cizaña; ya conocía el grano de mostaza y sabía lo que era el redil de las ovejas. Conocí a los pájaros que se comen la semilla que cae en el camino, también descubrí el tiempo de la cosecha, y conocía la hoz, al igual que el hacha que está puesta al árbol; al fin hijo de padres dedicados al hogar, a la vida del campo y de amplia piedad.

El último martes de cada mes, el sacerdote visitaba a mi pueblo para ofrecernos el sacramento de la penitencia y celebrarnos la Santa Misa; en tiempo de lluvia todo se ponía más difícil, pues transitar 9 km por terracería complicaba que llegará al pueblo y tocaba esperar hasta el siguiente mes. Llegó el turno de recibir al sacerdote en casa, cada mes le correspondía a una familia diferente. Mis padres prepararon un cazo lleno de elotes y ricas carnitas, para vivir el momento que marcó favorablemente toda mi vida: El sacerdote estaba en nuestra casa, tal como narra el Evangelio de S. Lc. 7, 11-17, “Dios ha visitado a su pueblo” y ahí es donde comienza mi aventura vocacional.

Nunca olvidaré tampoco a otro gran sacerdote pregonero, el padre Rubén Ríos Zalapa, famoso por su programa de radio, que condujo y fue transmitido por 35 años en la X E T: “Caminos de luz”. El padre Ríos Zalapa y su programa influyeron en los inicios de mi inquietud vocacional, ya que cada domingo, por la noche, era hermosa costumbre escucharlo y con eso ya nos dábamos por satisfechos de haber vivido el precepto dominical, que con devoción, escuchábamos en aquel pequeño radio en la obscura cocina, atizando el fogón en las frías noches de aquellos lugares Zacatecanos.

Más adelante, tuve oportunidad de conocer y entrevistar al Padre Ríos Zalapa, mientras yo cursaba el segundo año de Filosofía, y aún conservo ese momento en un pequeño casete.

En 1979, emigramos como familia a la hermosa y pujante “Sultana del Norte” mi Monterrey, Nuevo León, ya que en nuestro pueblo, el grado de escolaridad llegaba a primaria y secundaria. Mis hermanos y yo nos integramos a una nueva vida académica llena de retos y oportunidades.

 Aquí en Monterrey tomó más fuerza mi inquietud vocacional. Terminando la secundaria, me acerqué a la Iglesia de mi colonia y ahí aparece la figura de un nuevo párroco: El padre Salvador González Villanueva, mejor conocido como el padre “Chavita” que con su testimonio le dio mayor dirección al llamado que Dios me estaba haciendo.

 Allá por el año 1986, aparece un pequeño folleto que editó el padre José Antonio Muguerza, que se titulaba “tú puedes ser sacerdote”. Ahí comienza mi historia vocacional, en el Seminario de Monterrey, al cual siempre agradeceré todo lo recibido por 9 años.

Agradezco inmensamente a Dios que yo pueda formar parte de una floreciente familia de vocaciones,  que hasta la fecha, puedo contar 7 sacerdotes, entre religiosos y diocesanos que desempeñan su ministerio en algún lugar de nuestra Patria.

A mis padres siempre los vi rezando, pidiéndole a Dios les concediera un hijo sacerdote y como bien dicen: “Todo lo que sube a Dios en oración, baja luego a la tierra en bendición”, pues Dios les regaló la dicha de tener dos hijos sacerdotes; mi Hermano Rodolfo, que sirve en la parroquia de la Santa Cruz en Monterrey, y su servidor que con orgullo y gratitud sirvo en la Parroquia San Francisco de Asís en Escobedo.

Desde esta hermosa comunidad seguiré cooperando obedientemente, en dar a conocer el Evangelio en esta gran Arquidiócesis de Monterrey, en unión con mi Pastor Don Rogelio, con quien celebramos jubilosos este año sacerdotal. A quien con sencillas palabras le digo: “Don Rogelio, su Alegría también es mi Alegría. Su testimonio es también muy edificante para mí”.      

Por: Pbro. José Cruz Niño Macías, Parroquia San Francisco de Asís, Escobedo.


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