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ELECCIONES COMPLEJAS : UN DESAFÍO PARA LA FE Y LA CONCIENCIA SOCIAL

Aunque no siempre es un grave problema elegir qué zapatos calzar, qué ropa usar o qué menú degustar, lo cierto es que hacer una elección no siempre nos resulta fácil. Elegir qué vamos a comer hoy, por ejemplo, o qué película veremos el domingo pueda, tal vez, no ser una elección difícil; pero decidirse por una carrera, una pareja o por el ocupante de un cargo público, es algo ciertamente complicado.

La complejidad de una elección radica, en parte, en la variedad de opciones que se nos presentan. Pero la dificultad crece, cuando consideramos las consecuencias que la decisión tomada tendrá para nuestra vida. Sin embargo, no siempre estamos suficientemente informados acerca de las ventajas y desventajas de hacer una u otra elección. Cuando las elecciones que se deben hacer son determinantes para nuestra calidad de vida, no podemos darnos el lujo de optar sin antes habernos informado y sin antes haber hecho un serio examen de dicha información.

El proceso electoral, que inició el pasado noviembre de 2023 y habrá de culminar el 2 de junio de este 2024, será el más grande que se haya verificado en la historia democrática de México, pero también uno de los más complejos. A partir de este viernes 1 de marzo, han arrancado las campañas para elegir no sólo al presidente de la república, sino también a 128 senadores y a 500 diputados. El problema no es la cantidad de aspirantes, sino que, en el caso de diputados y senadores, la mayoría de ellos son prácticamente desconocidos por la ciudadanía. Y por si esto fuera poco, debe decirse que gran parte del electorado tampoco conoce el ideario político de los distintos partidos. Sin embargo, qué relevancia podría tener el conocimiento de las distintas plataformas políticas, si para los mismos candidatos eso es indiferente ya que cambian de partido, de la noche a la mañana. Estando así el panorama, cabe preguntarse qué cosa será lamentablemente, si no la publicidad electoral, la fuente de información y el criterio en el que habrá de basarse la decisión de los votantes.

A diferencia de aquella época en la que los candidatos se promovían con grandes pintas en las bardas y cantidad de pegotes en paredes y postes, además de anuncios panorámicos, esta vez, la guerra publicitaria está echando mano, como nunca antes en nuestro país, de las redes sociales e incluso de la inteligencia artificial. Así lo pudimos constatar en el período de precampaña que concluyó el 18 de enero. Por eso, como lo advertía ya, en mayo del año pasado, el dicasterio para la comunicación, en su reflexión pastoral sobre la interacción en las redes sociales: «la revolución digital ha ampliado nuestro acceso a la información, y la velocidad con la que ésta se difunde está cambiando también el modo de operar la política.»

El factor digital confiere a las elecciones de este 2024, en México, las características propias de eso que el politólogo de la Universidad de Warwick, Colin Crouch ha bautizado con el nombre de “posdemocracia”. Guido Risso, Doctor en ciencias jurídicas y profesor de la Universidad de Buenos Aires, sostiene que «La posdemocracia ha fragmentado hasta su «desaparición» al clásico sistema de partidos políticos y, en cambio, prioriza un sistema de toma de decisiones gubernamentales a partir de estudios estadísticos, focus group, algoritmos e inteligencia artificial.»

En este desafiante contexto, conviene a todos y, especialmente a los católicos mexicanos, recordar que, en su mensaje para la Jornada mundial de la paz, de este año, el Papa Francisco ha señalado que «las tecnologías que usan un gran número de algoritmos pueden extraer, de los rastros digitales dejados en internet, datos que permiten, a otros, controlar los hábitos mentales y las relacionales de las personas con fines comerciales o políticos, frecuentemente sin que ellos lo sepan, limitándoles el ejercicio consciente de la libertad de elección

Los mexicanos no sólo tenemos la responsabilidad  de ir a las urnas, el próximo 2 de junio, sino sobre todo, tenemos el deber ético de informarnos seriamente para adoptar una actitud crítica frente a la propaganda de campaña, difundida en las redes sociales y en otros medios de comunicación. Sólo así, evitaremos ser presa fácil de manipulación. La elección que hemos de hacer, no es cualquier elección porque está en juego la reconstrucción de nuestro lastimado país, a causa de la corrupción, la pobreza, la violencia y la inseguridad. Ahora, se requiere de nuestra libre decisión, inteligente y humana, y no de una decisión artificial, inducida por algoritmos y publicidad tendenciosa.

Rector de la Universidad Pontificia de México

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