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EL SACERDOCIO, UN MISTERIO SIN TEMOR

Soy Hugo Enrique Garza Navarro, sacerdote con 2 años y 6 meses de ordenado. Soy el tercero de cuatro hijos varones. Desde pequeño, como todo niño, me preguntaba qué iba a ser de grande. Tengo la dicha de contar todavía con mis padres; Raúl Garza y Silvia Navarro, quienes permanecen en confinamiento total, pero bendito Dios, con salud. Aprovechamos la riqueza que la tecnología nos ofrece, para estar cerca a pesar de la distancia física.

Una palabra que resume mi experiencia de llamado al sacerdocio, es la de misterio.

La teología nos enseña cómo es que se revela Dios, como un misterio, de ese mismo modo es cómo Dios llama a cada uno de nosotros a servirle en una vocación específica. Basta con leer los diferentes pasajes evangélicos que narran el primer encuentro de sus discípulos con Él.

Desde niño fui aplicado académicamente, tal vez no brillante, pero sí con mucho empeño en el estudio. Desde muy pequeño tuve un gran ejemplo de disciplina de mi abuelo materno, Aurelio, quien no precisamente era un hombre de Iglesia, pero con una gran devoción a la Virgen de Guadalupe y por mucho tiempo militar. Al pasar los años, concreté gran cantidad de sueños, ejerciendo la licenciatura en ciencias de la comunicación, con especialidad en Publicidad durante 10 años, antes de ingresar al seminario.

De algo puedo estar seguro: Dios me llamó en el mejor momento de mi vida, donde los frutos de la perseverancia y estabilidad en diferentes aspectos, despertó en mí un deseo a buscar en qué servirle a Dios y corresponderle por tantas bendiciones que me permitía vivir.

Mi llamado al sacerdocio, específicamente lo detona la invitación de la mayor de mis sobrinas, Jaqueline, para que fuera su padrino de primera comunión. Tal vez no represente nada significativo, pero fue la forma de descubrirme pequeño ante los ojos de Dios, con una necesidad de acercarme a la Iglesia, y gracias a eso, descubrir que Dios me llamaba a algo especial. Más que hacer algo, ser alguien. ¿Cómo se puede explicar tal situación? Simplemente, dejándome llevar de la mano de Dios y configurarme con Cristo Buen Pastor y nada más.

El sacerdocio es un gran regalo que se comparte con alegría para toda la Iglesia, actualmente sigo afirmando que me encuentro en la mejor etapa de mi vida. Sirvo como vicario parroquial en la hermosa comunidad del Señor de la Misericordia en Pueblo Serena, al sur de Monterrey, siendo este el primer destino que el sr. Arzobispo me encomendó, mismo al que llegué dos días después de haber sido ordenado y en el que he sido acompañado por mi párroco, el padre Juan Carlos González Ortega, del que he aprendido mucho como sacerdote.

Hoy en día, el llamado que recibí de Dios sigue siendo un misterio, basta con voltear a ver la realidad. A ninguno de nosotros nos pasó por la mente vivir esta situación de pandemia, y mucho menos seguir padeciéndola al día de hoy, después de 11 largos meses y contando. 

Algo me queda sumamente claro, es que el Señor me invita a no tener miedo, esta es la frase que más se repite en los pasajes del Evangelio, cuando el Señor está con los discípulos, el miedo desaparece. Como en aquel pasaje de Mt 14, 22 – 33, cuando al estar en la barca en medio de la tempestad, Jesús llega caminado sobre las aguas y el viento deja de soplar. Somos la Iglesia, representada por esa barca, dejemos que el Señor en verdad tome el mando de ella, permitamos también que el dirija nuestras vidas y sólo de esa manera seguiremos adelante. Así se responde día a día el llamado que Dios nos hace.

Sigue diariamente mis reflexiones del Evangelio, encuéntralas en mi canal de YouTube: Padre Hugo Garza, o ve al código QR de la imagen.  

Espero que tengas un día lleno de abundantes bendiciones.

 

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