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EL PODER, LA TIRANÍA Y LA OPRESIÓN

“Saben que los jefes de los pueblos los tiranizan y que los grandes los oprimen. No será así entre ustedes: el que quiera ser grande entre ustedes, que sea su servidor, y el que quiera ser primero entre ustedes, que sea su esclavo.” (Mt 20,20)

A lo largo de la historia, quien ostenta el poder, se encuentra con una de las drogas más destructivas. Este encuentro se da en muchos ámbitos de la vida del ser humano: ahí donde dos o más se reúnen, pues la necesidad de llegar a acuerdos para colaborar en un bien común, impulsa a una búsqueda de ese bien. La gran tentación es que uno o una facción del grupo pretenda pasar por encima de la razón, la voluntad y el espíritu de los demás, y por lo mismo, no establecer criterios para el bien común, sino para su propio interés. Reflexionando sobre la tentación del poder, podemos caminar hacia la profundidad de aquella promesa del Señor Jesús: “Donde dos o tres se reúnen en mi nombre, ahí estoy en medio de ellos” (Mt 18,20). ¡Cuánta necesidad tenemos de reunirnos en el Santísimo Nombre del Señor Jesús! Con un corazón humilde por la obra de la redención realizada por Él mismo. En nuestra fe, reconocemos que el bien común no es una cosa fácil, mucho menos el acuerdo para caminar juntos, por ello reconocemos que necesitamos la ayuda del Espíritu Santo para poder llegar a la mirada contemplativa, al discernimiento comunitario y una acción misericoridiosa.

La ausencia de Dios en los procesos comunitarios encaminan a los grupos humanos hacia la dialéctica del poder egoísta. El poder sin redención lleva a la tiranía y la opresión. Max Weber nos ofrece una definición interesante para reflexionar sobre el uso del poder en nuestro tiempo. Para el sociólogo alemán, el poder podría definirse como “cualquier oportunidad en una relación social para imponer la voluntad de uno frente a la resistencia de otros, independientemente de qué dé origen a dicha oportunidad.” (Economía y Sociedad, 1922). Esta definición ha dado mucho qué pensar en la comprensión de la sociedad, economía y gobernanza en la actualidad. Algunos han considerado que el poder político sería la mediación entre alguien que quiere imponer su voluntad y aquél que resiste ante esa imposición. Es decir, el poder en la sociedad sería el ejercicio de la gobernanza, sirviendo a la sociedad mediando entre los intereses de unos y otros ciudadanos, de manera que los mismos puedan ejercer su libertad sin pasar por alto la libertad unos de otros. El poder político, y el poder en todo grupo humano, sería un servicio en orden al bien común, es decir, poder y bien común van siempre de la mano.

Pero sigamos reflexionando en el poder que se convierte en tiranía y opresión. Uno de los líderes mundiales actuales es Klaus Schwab. En el apartado 3.1.2 de su libro COVID-19: El Gran Reinicio (2020), reflexionando sobre los desafios éticos que presenta la llamada “pandemia”, establece que “Como todas la nociones de la filosofía moral, la idea del bien común es esquiva y discutible. Desde que comenzó la pandemia, ha provocado encendidos debates sobre si debemos aplicar un cálculo utilitario para intentar controlar la pandemia o apegarnos al sacrosanto principio de la santidad de la vida.” Al final del mismo apartado, como conclusión establece: “Como mínimo, cabe suponer que ahora somos individualmente más consientes del hecho de que nuestras decisiones están impregnadas de valores y basadas en opciones morales. De ello se desprendería que si en el futuro (siendo este “si” un gran condicionante) abandonamos la postura del interés propio que contamina muchas de nuestras interacciones sociales, puede que prestemos más atención a cuestiones como la inclusión y la justeza.” En síntesis, la propuesta del Fundador del Foro Económico Mundial es que la circunstancia actual es la oportunidad de cambiar la concepción del bien común que dirigía al mundo hasta 2019, con un gran reinicio de la concepción de la vida (no solamente humana), menos individualista y abierta a la inclusión y a la justeza. La propuesta del llamado Gran Reinico tiene como fundamento moral la nueva concepción del bien común inclusivo, como búsqueda del equilibrio entre los intereses propios y las necesidades de la vida y el sentido de la vida humana.

Quiero comentar un punto más en esta reflexión sobre el poder, la tiranía y la opresión. La iniciativa del Gran Reseteo ha propuesto un lema con el cual buscan posicionar políticamente esta “nueva normalidad” en los medios de comunicación en general: Build Back Better, cuya traducción más usada en español sería: Reconstruir mejor. Es un lema ya aceptado por el G7 que se ha convertido en una de las señales de la adhesión de los países a esta iniciativa mundial y la lógica del Gran Reseteo. Esta expresión quedó consagrada en el lenguaje político en la Tercera Conferencia de las Naciones Unidas sobre la Reducción de Riesgos de Desastres en 2015. La delegación japonesa, encabezada por su Primer Ministro, Shinzo Abe propusieron este lema con el siguiente sentido: “El principio Build Back Better ha sido entendido generalmente como un disparador que usa un desastre para crear naciones y sociedades más resilientes que antes. A través de la implementación de medidas bien equilibradas para reducir el riesgo de desastres que incluye la restauración física de la infraestructura, la revitalización de los medios de vida y de la economía la restauración de la cultura y del medio ambiente locales.” Los japoneses lo propusieron como un marco ético para restaurar el bien común holístico alterado por un desastre. Las propuestas políticas actuales han cambiado lo holístico, en el sentido de integral, por inclusivo. Aquí nace el discurso de adhesión al plan que incluye, palabras más, palabras menos: Reconstruyamos un mundo mejor, más resiliente, más justo, más sostenible, más amigable con el medio ambiente, más inclusivo.

El punto, en estas dos propuestas, es la reflexión sobre el bien común que realizan quienes tienen la influencia más grande en el mundo actual, sobre todo en los ámbitos político y económico, la cual se manifiesta en lo social y, de ahí, en lo educativo y cultural. No es sencillo encontrar el bien común, mucho menos si no se convoca de manera abierta y sincera a los implicados. Uno de los problemas del Gran Reseteo es la imposición de un sistema multipolar (político, económico…) controlado por quienes lo proponen. Creo que tampoco se trata de preguntarle a cada uno y votar a ver quién gana. Pero, tal vez, una reflexión más amplia y más clara, más sincera, más humana, buscando una mejor condición de vida para todos, en un camino de verdad, bien y justicia para todos. Este camino nos podría llevar a una vida más humana y más digna.

Como Iglesia, nos esforzamos por ser más sinodales: caminar juntos para descubrir las luces del Espíritu Santo para seguir en nuestra peregrinación hacia la Patria celestial. Reunirnos con sinceridad para discernir juntos, en el nombre del Señor Jesús. Pero tenemos que reconocer que aún tenemos muchas actitudes individualistas e irredentas.

La tiranía y la opresión son alas del poder irredento. El poder, en su dialéctica, requiere de aquellos a quien domina. El pueblo, en los regímenes democráticos, entiende su organización como búsqueda del bien común y trata de entender el poder de gobernanza como servicio para la realización del bien común. En la actualidad, la narrativa de la pandemia es la búsqueda del bien común, por ello el pueblo acepta la regulación de las autoridades, concediendo que la información dada al pueblo en general es veraz y de buena voluntad. Pero hay mucha confusión en la información. Sin entrar en detalles y tratando de basarnos en la información que creo es veraz, basado en las opiniones de expertos en el tema de salud, podemos reconocer tres narrativas en este momento: la narrativa de la pandemia incontrolada, la narrativa de la pandemia controlada y la narrativa de la intoxicación. Las dos primeras se basan en que la causa de la misma es un virus, la tercera en que no sería un virus o sólo un virus, sino también un tóxico: el óxido de grafeno. En medio de estas narrativas está el debate por las inyecciones oficiales y su obligatoriedad o no, sobre la base de criterios científicos y en función de la búsqueda del bien común. Cada una de estas narrativas implica el ejercicio del poder político, económico y sanitario.

Si en este caso el poder se ejerciera como servicio al bien común ¿Cómo debiera ser la actuación de las autoridades? Si se ejerciera como tiranía y opresión ¿Cómo sería la actuación de las mismas? En uno y otro caso ¿Cuál debiera ser la actuación de todos los que ejercen una autoridad en la sociedad, incluidas las eclesiásticas?. El pueblo confía en las autoridades, esta confianza es muy delicada.

El Señor nos pide ser los siervos, siervos de su amor y de su verdad hacia el pueblo. Nosotros no tenemos soluciones en los diversos ámbitos civiles, pero hemos conocido al Señor, Luz del mundo. Y por sus enseñanzas sabemos que el camino es el bien, la verdad, la justicia, el perdón y la misericordia. Somos llamados a ejercer las dos alas de la verdad: la razón y la fe. En los ámbitos de complejidad civil nuestra tarea es invitar a todos a la búsqueda de la verdad y sobre sus luces tomar las mejores decisiones con responsabilidad individual y ciudadana. Y desde nuestro ministerio con los fieles, iluminar sus angustias, su búsqueda de comprensión de la situación y sostenerlos en la fe del amor de Dios, en medio de las dudas, las incertidumbres y sufrimientos que esta situación mundial está provocando y seguirá provocando. Será indispensable dialogar con las personas, convocarlas para platicar sobre estas situaciones, ver escenarios, hacer propuestas frente a las necesidades e invitar a todos al diálogo y a la acción de bien y de amor.

Creo que nuestra labor, como servidores del Amor de Dios es estar con el corazón bien dispuesto y predicar llenos de fe el amor de nuestro Señor Jesucristo a todo ser humano, atendiendo sus inquietudes. Como servidores de la verdad, creo que necesitamos ejercer la razón, sin caer en soberbias ni falsedades, distinguiendo lo que es y lo que no es, los juicios verdaderos, los falsos y los dudosos, convocando y ayudándonos unos a otros a conocer con la mayor claridad, profundidad y certeza posibles, el mundo en que vivimos, la etapa de la historia de la humanidad que compartimos y la luchas de poder que hay en el mundo actual. Debemos ser conscientes de que el verdadero poder viene de Dios y se trata del poder del amor que se manifiesta en el servicio, cuidando nuestro ministerio para ejercerlo inspirado e impusado por el poder redentor de la cruz de Nuestro Señor Jesucristo, evitando que nuestro servicio se corrompa en tiranía y opresión. Pero también somos conscientes de que nuestro servicio al pueblo es ayudar a distinguir los poderes que hay en el mundo en el que vivimos y descubrir a aquellos que aman al pueblo y los que tiranizan y oprimen.

Uno de los puntos en los que podríamos seguir reflexionando es sobre el control. Éste es la mediación entre el poder y la tiranía, es decir, los límites del servicio y la esclavitud se van descubriendo por el control, con sus dos brazos: la fuerza física y la ley.

Pidamos al Espíritu Santo su luz, fortaleza y valentía. El Evangelio es el camino de la humanidad redimida en Cristo.

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