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EL JUICIO DE ESTE MUNDO

La libertad de los hijos de DIos es un don precioso, es de esos dones que no se valoran hasta que los perdemos. Fue lograda por el amor de Dios en Cristo que entrega su vida en la cruz como sacrificio redentor, nuestra libertad ha sido obtenida por el derramamiento de la Sangre Preciosísima del Señor y se ha presentado de manera majestuosa en la sangre de los mártires, derramada por mantener la libertad de creer en la persona de Jesucristo, el Hijo Único de Dios. La cultura cristiana vive y promueve la libertad de cada ser humano como una de las características del ser de cada persona; un don que tiene que ser entendido, apreciado, reconocido y promovido, desarrollado, custodiado y madurado. No se trata de un “valor” o una “idea” que se propone, sino de un rasgo propio de la persona en cuanto persona y del hijo de DIos en cuanto Hijo de DIos.

Nicodemo busca a Jesús, simpatiza con Él y con su enseñanza, pero no logra comprender del todo la el Evangelio del Señor como plenitud de la ley que él tanto se esforzaba por vivir. El Señor Jesús le habla de del amor extremo de Dios hacia los seres humanos y la necesidad de volver a nacer en el Espíritu, pero también le habla del juicio y la libertad. El Señor trae a su memoria un pasaje muy recordado en la travesía del pueblo de Israel por el desierto: llegaron a un lugar donde había serpientes venenosas que amenazaban la vida de los israelitas. Ante la plegaria de Moisés, Dios le manda hacer una serpiente de bronce y ponerla en un asta en alto; todo aquel mordido de serpiente que levante su mirada para ver la serpiente sería curado (Cfr. Nm 21,4-9).

El camino de la vida estaba abierto para todo israelita, hay cura, pero el mordido debe creer en la palabra de DIos a través de Moisés. El mordido debe tomar una decisión de vida al mismo tiempo que de fe, pero es libre para hacerlo. Ante las dificultades por el camino del desierto, muchos del pueblo reclaman a Moisés insinuando que él es el responsable de que mueran en el camino, pero Dios les va conduciendo a la madurez de la responsabilidad individual y comunitaria para alcanzar la libertad a base de grandes sacrificios. El camino por el desierto es la lucha por la libertad concedida por Dios al librarlos de Egipto. Los reclamos irresponsables depositan en otro la obligación de luchar por la libertad, piensan que los escollos del camino son puestos por DIos y por Moisés, no los reconocen como elemento de la condición humana, limitada y con necesidad de luchar cada día por el pan. Corresponden a un grado muy temprano de fe y expresan la ignorancia de alguien que no se da cuenta que si renuncia a la confianza en medio del desierto y toma su propio camino, se apropia el don recibido reclamándolo como conquista suya y se aleja del pueblo, pensando y actuando de esta manera terminará solo en medio del desierto, enfrentándose a los mismos escollos, pero ahora solo por no confiar, por no saber relacionarse, por no aceptar la verdad de sí mismo y de las experiencias del camino hacia la plenitud de la libertad y del amor de Dios. Es un juicio que cada uno tiene que realizar ante los escollos del desierto.

El Hijo del hombre tiene que ser elevado como aquella serpiente, exigiendo un juicio de cada uno de nosotros. Así como la serpiente de bronce es signo de la posibilidad de la salud por la fe, así la cruz del Señor es signo de condenación o de salvación para el ser humano. Dios se ha manifestado en todo su amor, pero deja al ser humano en su libertad de levantar su mirada y creer en su Amor y Salvación o continuar su camino sin abrir su corazón al Amor y las posibilidades que Éste le abriría. En nuestros tiempos, hay muchos seres humanos confundidos que también reclaman la libertad como posesión suya y la convierten en objeto que puede ser vendido al mejor postor. Quien así piensa terminará pensado que los dones que ha recibido son objetos de consumo. Estas ideas son las mordidas de las serpientes de hoy.

Pero quien sea mordido y se dé cuenta, quien lo reconozca, no pierda la esperanza, el Crucificado seguirá alzado, clavado en la cruz, invitando a todos a la verdad y a la confianza, a la razón y a la fe, y les seguirá abriendo el camino de la salvación. La misión de los discípulos de Cristo es ayudar a que todos puedan encontrase con el Amor de Dios en Cristo, pero no podrán violentar su ser libre ni forzar el interior de nadie, la misión se realiza en la más profunda libertad del misionero y de quien recibe la invitación de la fe, en medio de los escollos de la vida. Al final siempre vencerá el Amor y llevará a la plenitud a todos aquellos que hayan creído y llevado a la vida práctica la verdad, la justicia y el amor.

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