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¿CUÁL FUE EL MENSAJE DEL PAPA SAN JUAN PABLO II EN SU PRIMER VISITA A MONTERREY?

Por Juan Pablo Vázquez Rodríguez
Monterrey, N.L. (www.pastoralsiglo21.org).- 31 de enero del 2021

El 31 de enero de 1979 el Papa Juan Pablo II realizó su primer visita a Monterrey, en esta breve visita desde el Puente San Luisito, un millón de personas lo escuchan haciendo del río un aula y del puente un púlpito. Pero, ¿Recuerdas cual fue el mensaje del Santo Padre?

𝐍𝐀𝐃𝐈𝐄 𝐒𝐄 𝐒𝐈𝐄𝐍𝐓𝐀 𝐄𝐗𝐂𝐋𝐔𝐈𝐃𝐎
“Hace casi dos mil años, cuando Dios nos envió a su Hijo no esperó a que los esfuerzos humanos hubieran eliminado previamente toda clase de injusticias. Jesucristo vino a compartir nuestra condición humana con su sufrimiento, con sus dificultades, con su muerte. Antes de transformar la existencia cotidiana, El supo hablar al corazón de los pobres, liberarlos del pecado, abrir sus ojos a un horizonte de luz y colmarlos de alegría y de esperanza. Lo mismo hace hoy Jesucristo que está presente en vuestras Iglesias, en vuestras familias, en vuestros corazones, en toda vuestra vida. Abridle todas las puertas. Celebremos todos juntos en estos momentos con alegría el amor de Jesús y de su Madre. Nadie se sienta excluido, en particular los más desdichados, pues esta alegría que proviene de Jesucristo no es insultante para ninguna pena. Tiene el sabor y el calor de la amistad que nos ofrece Aquel que sufrió más que nosotros, que murió en la cruz por nosotros, que nos prepara una morada eterna a su lado y que ya en esta vida proclama y afirma nuestra dignidad de hombres, de hijos de Dios”.

𝐌𝐈𝐆𝐑𝐀𝐍𝐓𝐄𝐒

“Queridos amigos: en fidelidad a esos principios la Iglesia quiere hoy llamar la atención sobre un fenómeno grave y de gran actualidad: el problema de los emigrantes. No podemos cerrar los ojos a la situación de millones de hombres que en su búsqueda de trabajo y del propio pan, han de abandonar su patria y muchas veces la familia, afrontando las dificultades de un ambiente nuevo no siempre agradable y acogedor, una lengua desconocida y condiciones generales, que les sumen en la soledad y a veces en la marginación a ellos, a sus mujeres y a sus hijos, cuando no se llega a aprovechar esas circunstancias para ofrecer salarios más bajos, recortar los beneficios de la seguridad social y asistencial, a dar condiciones de viviendas indignas de seres humanos. Hay ocasiones en que el criterio puesto en práctica es el de procurar el máximo rendimiento del trabajador emigrante sin mirar a la persona. Ante este fenómeno la Iglesia sigue proclamando que el criterio a seguir en este, como en otros campos, no es el de hacer prevalecer lo económico, lo social, lo político por encima del hombre, sino que la dignidad de la persona humana está por encima de todo lo demás y a ello hay que condicionar el resto.

𝐀 𝐋𝐎𝐒 𝐏𝐎𝐋Í𝐓𝐈𝐂𝐎𝐒 𝐘 𝐄𝐌𝐏𝐑𝐄𝐒𝐀𝐑𝐈𝐎𝐒

“Crearíamos un mundo muy poco habitable si solo se mirase a tener más y no se pensara ante todo en la persona del trabajador, en su condición de ser humano y de hijo de Dios, llamado a una vocación eterna, si no se pensara en ayudarle a ser más. Ciertamente, por otra parte, el trabajador tiene unas obligaciones que ha de cumplir con lealtad, ya que sin ello no puede haber un recto orden social”.

“A los poderes públicos, a los empresarios y a los trabajadores invito con todas mis fuerzas a reflexionar sobre estos principios y a deducir las consiguientes líneas de acción. No faltan ejemplos, hay que reconocerlo también, en los que se ponen en práctica con ejemplaridad estos principios de la doctrina social de la Iglesia. Me complazco de ello. Alabo a los responsables, y aliento a imitar este buen ejemplo.
Ganará con ello la causa de la convivencia y hermandad entre grupos sociales y naciones. Podrá ganar aún la misma economía. Sobre todo ganará ciertamente la causa del ser humano”.

𝐀 𝐋𝐎𝐒 𝐎𝐁𝐑𝐄𝐑𝐎𝐒

“Los que tienen la suerte de poder trabajar aspiran a hacerlo en condiciones más humanas, más seguras, a participar más justamente en el fruto del esfuerzo común en lo referente a salarios, seguridad social, posibilidades de desarrollo cultural y espiritual. Quieren ser tratados como hombres libres y responsables, llamados a participar en las decisiones que conciernen a su vida y a su futuro. Es derecho fundamental suyo crear libremente organizaciones para defender y promover sus intereses y para contribuir responsablemente al bien común. La tarea es inmensa y compleja. Se ve complicada hoy por la crisis económica mundial, por el desorden de círculos comerciales y financieros injustos, por el agotamiento rápido de algunos recursos, y por los riesgos de contaminación irreversibles del ambiente biofísico.

Para participar realmente en el esfuerzo solidario de la humanidad los pueblos de América Latina exigen con razón que se les devuelva su justa responsabilidad sobre los bienes que la naturaleza les ha confiado y las condiciones generales que les permitan conducir un desarrollo en conformidad con su espíritu propio con la participación de todos los grupos humanos que los componen: Se hacen necesarias innovaciones atrevidas y renovadoras para superar las graves injusticias heredadas del pasado y para vencer el desafío de las transformaciones prodigiosas de la humanidad”.

“Estoy con amigos trabajadores y me quedaría con vosotros mucho más tiempo. Pero he de concluir. A vosotros aquí presentes, a vuestros compañeros de México, y a cuantos compatriotas vuestros trabajan fuera del suelo patrio, a todos los obreros de América Latina, os dejo mi saludo de amigo, mi bendición y mi recuerdo. A todos, a vuestros hijos y familiares, mi abrazo de hermano”.

#MemoriaAgradecida
#IglesiaDeMonterrey

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