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cRISTO CRUCIFICADO, EJEMPLO DE TODAS LAS VIRTUDES

Santo Tomás de Aquino nos ayuda a meditar sobre la cruz del Señor Jesús. En sus Comentarios al Credo, nos propone la cruz como camino de perfección, citando a San Agustín, inicia proponiendo que la Pasión del Señor es toda una instrucción de vida: “En la cruz hallamos el ejemplo de todas las virtudes.” (Comentarios sobre el Credo 4,71-72).

La cruz es ejemplo de amor, de paciencia, humildad, obediencia y desprecia de las cosas terrenas ¡cuánta nobleza manifiesta el amor de Cristo crucificado! En su crucifixión, la humanidad se manifiesta en su mayor esplendor. La humanidad es llamada a dar fruto de amor cultivando las virtudes humanas soportadas y fecundadas por el Amor de Dios Padre en Cristo. En nuestra época, somos muy dados al encerramiento en mi, en mis deseos, mi cuerpo, mis cosas, mis sentimientos… y no es sencillo comprender la enseñanza cristiana de “Nadie tiene más amor que el que da la vida por sus amigos” (Jn 15,13), que es el alma del amor: dar la vida.

En la cruz, el Señor Jesús une el cielo y la tierra por su sacrificio, su entrega por amor abre las puertas del cielo, no para que el hombre entre por su propio deseo, necesidad o medios, sino primeramente para que el Espíritu Santo baje sobre todos los que abran su corazón. Este don del Espíritu en el corazón del ser humano obra la salvación en cada uno, pero necesita del amor de cruz y del corazón bien dispuesto. El sacrificio abnegado de Cristo en la cruz nos ayuda a comprender el centro de su proyecto de vida y de salvación: una vida en favor de todos. Romano Guardini los expresa afirmando que “La fórmula de la existencia del mediador es “por vosotros”. Es esencialmente sacrificio. Su ser consiste en ser “entregado”.” (El Señor, el Mesías).

Es el amor el que impulsa al Señor Jesús a entregarse, lo hace con la paciencia de soportar grandes sufrimientos dirigidos a las metas del amor y soportar males que podrían evitarse, pero los asume por la salvación de todos. En este punto, Santo Tomás recuerda una bellísima cita que impulsa nuestros corazones en medio de la vida con todas sus cargas: “Corramos en la carrera que nos toca, sin retirarnos, fijos los ojos en el que inició y completa nuestra fe: Jesús, que renunciando al gozo inmediato, soportó la cruz, despreciando la ignominia.” (Heb 12,1-2). La vida soportada por el amor, el ser humano que lucha y camina para alcanzar las metas más grandes de la vida, las cuales no son encerrase en sí mismo, al contrario, en darse, en hacer proyectos de bien para los demás, inspirados en Cristo, en su pasión, en su cruz. Él mismo viene en nuestra ayuda cuando nos sentimos desfallecer, cuando el sol nos abrasa y acaba con nuestra fuerza, en muchas ocasiones el Espíritu se siente como una nube en el desierto, como agua fresca que nos restaura para seguir adelante.

La riqueza del crucificado no consiste en las joyas y las tierras, en los ejércitos y los honores ¡cuánta contradicción con las pretensiones de muchos de nosotros! La riqueza de la vida de entrega del Señor es el corazón de cada ser humano redimido por su amor, que aprende de esta sabiduría y, lleno de fe, quiere seguir sus pasos. La fe cristiana no rechaza el valor de cada una de estas realidades terrenas, sino que las ordena en dirección de las cosas de mayor valor, las que dan sentido pleno a la vida del ser humano. Corresponde a cada persona abrir su corazón para luchar por la justicia para todo ser humano, para encontrar la justa relación con las cosas del mundo, inspirados en aquél que es “Rey de Reyes y Señor de los Señores, en quien están encerrados todos los tesoros del saber y del conocer.” (Col 2,3).

En nuestros tiempos, las crisis desatadas por la pandemia exigirán un sentido de la vida muy claro y profundo. Los reyes y señores de este mundo proponen caminos para todos, pero es necesario mirar con detenimiento y considerar con atención, no todos los caminos sociales llevan a la justicia. Aquellos que tienen su origen fuera de la verdad, llevan a la injusticia y muchos que partieron de la verdad, se extraviaron al enfrentar las dificultades del sacrificio que su camino requiere. Los sistemas y esquemas sociales que llevan a la justicia y al desarrollo humano integral parten de la verdad del amor de Dios: en el centro ha de estar el ser humano, su vida y dignidad han de ser respetadas en todo momento de la historia. Es la manifestación pública de la fe en que “Tanto amó Dios al mundo, que dio a su Hijo Unigénito.” (Jn 3,16). El crucifijo en nuestros hogares nos recordará cada día este sentido de vida: la plena comunión con el Amor de Dios y con los hermanos y la participación en la Eucaristía será un alimento que nos fortalecerá en todo momento.

Feliz Pascua 2021.

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