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CONSTRUCTORES DEL REINO DE DIOS

Un tema recurrente en mi vida es la “construcción”, increíble que antes me dedicaba a levantar paredes para disponer un lugar donde se viva, y ahora me dedique a formar ambientes de encuentros para una comunidad que expresa su fe. Para mi reflexión, que comparto con mucho gusto, escribo los siguientes puntos.

 

  1. a) Dios me ayuda a ver y a trabajar. En palabras de Arquímedes: “dame un punto de apoyo y moveré al mundo”, que si bien lo decía desde la física; lo podemos aplicar en la planeación de las actividades pastorales; para la Iglesia este “apoyo esencial” que ofrece vida y movimiento es Jesucristo, esto da un gran respiro pues siempre nos encontramos de una manera desproporcionada entre las exigencias de una realidad y nuestra fragilidad humana, quisiéramos con solo desear la paz y la participación de todos pero no es así.

Con Jesucristo que nos dice san Mateo: “todo el que oiga estas palabras mías y las ponga en práctica, será como el hombre prudente que edificó su casa en roca” (Mt 7,24), Jesucristo es la roca sólida que soporta el gran peso de la construcción y las tempestades que tratarán de derribar, nosotros salimos al escenario de este mundo como constructores que escuchamos esta voz del Maestro que dirige y supervisa porque si lo hacemos solo con nuestras propias iniciativas y ocurrencias, vendrá en cuestión de tiempo el desplome de la casa o si le va bien tendrá goteras por donde se filtra el agua de las tormentas. Cayéndose una casa es un gran gasto económico e incluso puede haber un daño humano, todo tiene consecuencias en tomar decisiones y la Palabra de Dios que se recibe y se hace cumplir, es una roca que también vuelve sólida toda la casa, es decir, nuestro criterio y nuestra forma de vivir se solidifica; un tiempo de tempestad que vivimos en esta pandemia y aprendimos a resistir juntos y a ser solidarios, aprendimos en tener más cuidado pastoral y mejor desempeño personal en lo que es relevante y para el futuro.

  1. b) Dios me ayuda a entender y a madurar. Para tener acceso al interior de las casas nos encontramos con las puertas, estas pueden estar cerradas o abiertas a voluntad de los que vivan allí, utilizamos unos objetos especiales que son las llaves y son en ellas que le pongo un significado:
  •   La llave pequeña que fácilmente se pierde la llamamos los recuerdos. Estamos tan conectados en el presente que el pasado lo desechamos, pero el pasado es parte de nosotros y recordar es retomar hacia dónde vamos y cómo estamos, dice san Pablo a Timoteo: “reavive el carisma de Dios que está en ti por la imposición de manos” (Tim 1,6), no se puede tener un avance personal y vocacional si no hay continuidad con experiencias que nos han configurado en hábitos y estilo de vida, esta llave la encontramos tan fácil si la ponemos en un lugar fijo.
  •   La llave ordinaria que fácilmente se saca una copia abre la puerta de la creatividad. Lo ordinario que causa fastidio depende de cada uno para darle un giro mental y mueva la imaginación para un buen desarrollo creativo de la pastoral, todos los impedimentos son una oportunidad para crear nuevas ideas y nuevas formas de acciones, al pasar los años tal parece que se adormece la capacidad de asombro, por eso lo recomendable desde esta cita bíblica: “todo escriba que se ha hecho discípulo del Reino de los cielos es semejante al dueño de una casa que saca de sus arcas lo nuevo y lo viejo” (Mt 13, 52), se reactive un proceso para depurar y discernir qué conocimiento, experiencia o cualquier fuente de consulta se actualice con una gran motivación.
  •   La llave oxidada o quebrada que no funciona y abre la puerta de la Penitencia. No estamos libres de equivocarnos aunque tengamos al día el examen de conciencia; esto suele pasar por la falta de sensibilidad hacia algún asunto en particular, por la omisión de una responsabilidad en algo porque lo dejé para después y después ya no se hizo, por dejarnos llevar en impresiones sin escuchar antes, etc. Reconocer con sencillez y ofrecer el perdón a Dios nos hace reparar esas fallas e imperfecciones: “para que sean hijos de su Padre Celestial que hace salir su sol sobre malos y buenos, llover sobre justos e injustos” (Mt 5,45).
  •   Por último, tenemos la llave maestra que abre los corazones. Dios nos entiende y tiene un designio donde encontramos la felicidad, esa realización que le da sentido a todo lo que hacemos, es la llave donde entramos en una vida interior con Dios a través de la oración: “cuando vayas a orar, entra en tu aposento y después de cerrar la puerta, ora a tu Padre que está allí, en lo secreto” (Mt 6,6). Dios nos conoce y sabe lo que nos hace falta, es una gran fuerza espiritual cuando la vida esta conformada a su Voluntad y a su Divina Providencia.

 

Son quince años en mi ministerio sacerdotal (15 de Agosto del año 2006 al año 2021), es un buen recorrido y lo que me falta todavía por hacer, fui muy precipitado en sus comienzos y ahora con pasos más medidos porque está de por medio la escucha, el vivir cada proceso y las revisiones, todo para que resplandezca la Luz de Cristo en nuestras comunidades; nunca se termina por construir el Reino de Dios y el hacerme partícipe de forma activa me hace sentir que mi vida y mi persona está puesta en un buen lugar. Agradezco a Dios por todos los bienes recibidos, es un don inmerecido el sacerdocio, nos llama y aquí estamos. 

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