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CONCIENCIA Y CUIDADO DEL SER MUJER

El Señor Jesús, nacido de una mujer, da el agua de la vida a la samaritana, un agua que sacia la sed del amor en toda justicia, verdad y bien, porque viene del amor de Dios a su vida, a su historia concreta, a la vida e historia de cada mujer. Desde Cristo, todo fiel cristiano es llamado al respeto de la mujer porque ella ha recibido su ser de parte de Dios, porque es hija de Dios, más allá de toda condición histórica, es lo primero y fundamental: toda mujer es hija de Dios. Tenemos que reconocer las legítimas luchas de las mujeres a lo largo de la historia, como el trato digno de parte de todos, la protección de sus responsabilidades y derechos ante la ley, la lucha contra los feminicidios y desaparecidas, la lucha por las condiciones necesarias para su desarrollo humano integral y la apertura ingente de oportunidades de desarrollo en todo ámbito social sin discriminaciones, hacia una cultura verdadera y auténticamente humana que reconozca la fuente abundante y generosa del bien del espíritu femenino, la cuide, proteja y promueva.

La mujer nos comparte la riqueza de su ser. Pilar de Miguel, reflexionando sobre Edith Stein, Simone Weil, Ana Frank y Etti Hilesun, quienes sufrieron la inhumanidad en los campos de concentración nazis, concluye: “Es sugerente constatar cómo estas mujeres resisten gracias a la introspección y la escritura de cómo desafiaron el terror y la catástrofe. Se de en ellas un trabajo de crecimiento personal humano a la vez que una conciencia reflexiva de lo que estaba sucediendo y una apuesta de carácter ético llamativo a favor del mundo y la humanidad a pesar de todo.” (Deconstrucción-construcción de la virtud de la fortaleza). Se trata de una fortaleza que surge de lo más profundo, cuando la nada amenaza el exterior, su interior renace y se dirige hacia una confianza muy arraigada en la humanidad. La mujer seguirá luchando, a pesar de todo.

En condiciones de la vida cotidiana, la conciencia femenina se reconoce como sujeto responsable y sueña con ser protagonista de su propia historia, presentándose digna de libertad para entrar en digna relación con todos en el mundo, colaborando para el desarrollo personal en cada ámbito de la vida, en una fraternidad de amor profundo a través de la búsqueda de la verdad, una sociedad más justa y una vida humana en condiciones más dignas. Ma. Isabel Matilla insiste en la capacidad transformadora de la mujer aún en condiciones de resistencia: “La ética de la resistencia, en cambio, es una praxis transformadora en una estrecha correlación entre lo personal y lo colectivo. Pero lo central para esta ética es la persona, no la subjetividad posmoderna, sino la coherencia profundamente espiritual que se persigue al encarnarse en los otros. Han de tomar decisiones y elaborar propuestas en situaciones inhumanas, la ética, por tanto ha de descender a lo individual, a la mujer como sujeto. Porque lo más urgente es no perderla a ella en ese desgaste infinito de fuerzas y entregas.” En el ejercicio cotidiano de entrega, la mujer transforma relaciones a pesar de vivir, en muchas ocasiones, en relaciones injustas que terminan por no responderle como debieran. Pero su identidad, su ser sujeto responsable, están en pie de lucha.

Las redes y medios de comunicación presentan las vivencias de mujeres consideradas grandes o importantes por sus éxitos individuales y su aporte a la mayor y mejor conciencia de la sociedad acerca de la identidad de la mujer. Pero es necesario tomar en cuenta el aporte de tantas mujeres al sustento y desarrollo familiar y social, en relaciones que algunos, en nuestros tiempos, llaman acciones dedicadas al cuidado (care). Estas acciones no son remuneradas, algunos proponen introducirlas al ámbito económico como servicios remunerables. Pero antes de estas consideraciones, será necesario reconocer su valor humano, más allá de toda tabulación salarial, pues son acciones que nacen como un don del corazón de muchas mujeres y que expresan lo más profundo de su amor por la humanidad. María Josefa García Callado lo expresa desde sus acercamiento psicológico y humanista a la identidad de la mujer: “También médicos, enfermeros, bomberos, etc. aprenden lo que toda mujer aprendía per se: una responsabilidad que no permite la desidia ni la duda ni la elección… Hay una musculatura psíquica que fabrica “núcleos protegidos” en el interior de quienes se ocupan de cuidar de otros más allá del cansancio, del fastidio y de todas las contradicciones que se puedan plantear: preparadas para diagnosticar el fallo o la necesidad, preparadas para soportar la frustración, preparadas para cultivar, contemplar y cuidar lo que crece. Preparadas para contemplar las transformaciones, para cuidad lo enfermo, contemplar los tiempos de sanar, acompañar los duelos, para arreglar o restaurar lo que vive.” (Mujeres y resiliencia). Estas capacidades son ejercidas de manera muy especial, de tal manera que los varones podemos reconocer la riqueza de la naturaleza femenina, la ciencia que logran ellas en el ejercicio multiforme de sus capacidades y la experiencia que acumulan día con día desde su interior.

Este cuidado cotidiano lleno de entregas, cansancios y martirios, pero también de amor sincero es entregado a la humanidad por muchas mujeres cada momento. Aunque es justo reconocer el aporte de las mujeres que aparecen en los foros y que muchas de las cuales trabajan por el desarrollo de las demás, es también justo referirnos a quienes de manera no famosa realizan una lucha no suficientemente reconocida, mucho menos remunerada, una ciencia femenina sin título académico, una experiencia de vida no conocida por muchos, pero tan fecunda como las llamadas historias de éxito. En este sentido, Rosana Arbelo aboga por todas las mujeres en sus situaciones y luchas concretas de cada día y que colaboran sin reflectores con el desarrollo de la humanidad: “También debemos evitar que las excesiva visibilidad de mujeres extraordinarias con historias sorprendentes oculte a colectivos de mujeres que, desde su vida cotidiana, están realizando importantes esfuerzos. Debemos impedir, en definitiva, que nuevamente los árboles no nos dejen ver el bosque, colaborando así con un sistema que no sólo no tienen inconveniente, sino que ve con buenos ojos que haya mujeres extraordinarias. En palabras de Mercedes Navarro, lo que se reprime con la violencia simbólica de la invisibilidad visible no es el carácter excepcional de algunas, sino la existencia normal de la inmensa mayoría.” (Mujeres, resistencia y vida cotidiana).

En definitiva, su ser hija de Dios, su ser mujer desde la concepción, su ética de la confianza en la humanidad a pesar de todo, su capacidad de transformar responsablemente las situaciones aún en condiciones de extrema injusticia, su fortaleza y paciencia interior, su capacidad de formar cultura de vida, desarrollo y restauración, su fecunda entrega cotidiana sin reflectores, son rasgos de la identidad femenina que la sociedad actual necesita reconocer. Mi reconocimiento de la dignidad de cada mujer y de todas las mujeres por el hecho de serlo, por ser hijas de Dios y la entrega de su ser y su acción para que la humanidad sea mejor, para que cada uno de nosotros sea mejor, para que yo sea mejor.

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