Hace cien años, el 14 de abril de 1926, el cardenal Antonio Vico, prefecto de la entonces Sagrada Congregación de Ritos (hoy, Dicasterio para la evangelización) firmaba el documento, mediante el cual Pío XI aprobaba la solicitud que se la había presentado para establecer la «Jornada Mundial de las Misiones».
A partir de 1943, esta Jornada fue mundialmente conocida por la abreviatura «DOMUND» (Domingo mundial), gracias al ingenio del padre Ángel Sagarminaga quien para hacer, en España, la campaña de esta celebración, ideó este nombre corto para su más fácil difusión.
Originalmente, la petición para dedicar el penúltimo domingo de octubre a las misiones, había sido formulada por el Consejo General de la «Obra para la propagación de la fe». Esta «Obra para la propagación de la fe» era una organización laical, nacida en Francia, la cual fue trasladada a Roma, en 1922, por voluntad del mismo Pío XI, a fin de integrarla en la que, en aquel tiempo, se le llamaba «Congregación de la “Propaganda fide”». Cabe notar que este reajuste se realizó, curiosamente tres siglos después de que el papa Gregorio XV, en 1622, creara esta congregación como parte de la curia romana.
Misma fecha del 3 de mayo de 1922, cuando el Motu Proprio «Romanorum Pontificum» de Pío XI determinó trasladar a la «Congregación de la “Propaganda Fide”» y elevar al rango de «Pontificia» a la «Obra para la propagación de la fe», esta organización cumplía ya cien años de haber sido fundada por una jovencita francesa, llamada Paulina Jaricot. La fascinante historia del nacimiento de esta obra, que sostiene espiritual y económicamente, hasta el presente, la misión evangelizadora de la Iglesia en todo el mundo, se remonta a Lyon, Francia, la ciudad natal de Paulina y al diálogo epistolar que sostenían ella y su hermano mayor, Philéas.
La correspondencia entre estos hermanos se explica porque, hacia 1881, Philéas se había ido a París para estudiar teología en el seminario de Saint-Sulpice. Estando ahí, tuvo oportunidad de frecuentar el Seminario de Misiones extranjeras y hacer amistad con los sacerdotes y seminaristas de esta institución, fundada entre 1658 y 1663. Fueron ellos los que le dieron a conocer la cruda realidad de persecución y pobreza que se vivía en los campos de misión, en Asia. Y era ésta, a su vez, la narrativa que contenían las cartas que compartía con su hermana.
Las desgarradoras historias y los heroicos testimonios de los misioneros conmovieron profundamente a Paulina. Además, al enterarse Ella que la formación y la provisión de misioneros para el extranjero estaba en riesgo, debido a las dificultades financieras del seminario, organizó un innovador sistema de recaudación. En lugar de solicitar la ayuda de grandes mecenas, prefirió buscar la ayuda de los obreros, organizándolos en pequeños grupos de diez cuyos miembros, a su vez, de modo piramidal, debían asociar, cada uno ,a otros diez integrantes.
Esta metodología que, constituye el antecedente del «crowdfunding», la última versión de la moderna procuración de fondos, suscitó inicialmente perplejidad y desconfianza, sobre todo por tratarse de la iniciativa de una jovencita laica de veinte años. Sin embargo, al contar con un nutrido número de colaboradores logró reunir importantes sumas de dinero para sostenimiento de la acción misionera en el extranjero. Pero la visión de Paulina, iba más allá de la mera colaboración económica, pues con la misma dinámica de grupos fundó una fuerte asociación de oración, llamada «Rosario viviente». Así, Paulina consiguió registrar más de 2 millones de orantes no sólo en favor de las misiones, sino para el fortalecimiento de la fe que, después de la Revolución francesa, se había debilitado mucho, en su patria.
Pese a su gran amor y trabajo por las misiones, los hermanos Jaricot nunca salieron de Francia para evangelizar. La delicada salud de Philéas se lo impidió y murió muy joven, en 1830, a consecuencia de haber sufrido varios envenenamientos a causa de su radical defensa de los derechos de los pobres. Por su parte, Paulina pasó los diez últimos años de su vida en extrema pobreza y víctima de calumnias y sospechas, luego del fracaso de la fábrica que había emprendido para sostener una asociación religiosa de mujeres, con carácter laico. Con esta asociación pretendía apoyar a las mujeres que eran víctimas de la explotación laboral durante la revolución industrial. En esta trágica circunstancia fue puesta al margen de la «Obra de la propagación de la fe» que ella misma había fundado y habiendo fallecido el 9 de enero de 1862, sus restos fueron puestos en la fosa común para los indigentes.
Años más tarde, en 1881, el papa León XIII, conocido por su encíclica social «Rerum novarum», redescubrió los escritos de Paulina sobre la defensa de los obreros y la reconoció como «Fundadora de la Propagación de la fe.» El papa Juan XXIII, quien la nombró «venerable», valoró la ruina material de esta generosa mujer no como un fracaso, sino como su identificación con la pobreza de Cristo. Finalmente, el papa Francisco la declaró beata, el 22 de mayo de 2022 y estableció la celebración litúrgica de su memoria para el día 26 de octubre, el mes de las misiones. Con su vida hasta la muerte, los hermanos Jaricot han dado testimonio de que la oración no puede desentenderse del compromiso con quienes carecen de recursos materiales y, muchas veces, carecen también de la fe, en Cristo Jesús cuya cruz, en palabras de la beata, fue su herencia para el mundo.
