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El pasado 19 de febrero, el Padre Adrián Jerónimo Elizondo Peña, miembro del presbiterio de Monterrey, fue llamado a la casa del Padre, a los 47 años de edad. El padre Jero, como era mejor conocido, recibió la ordenación sacerdotal el 13 de agosto del 2005 y sus últimos 7 años de servicio ministerial los brindó como primer párroco en la comunidad de Santa Filomena.

 Su familia, amigos, hermanos sacerdotes y el Arzobispo de Monterrey, externaron su mensaje de condolencias ante la partida del Padre Jero, reconocido por su gran corazón, al ser un pastor siempre al pendiente de los más pobres y marginados:

“Desde el Seminario aprendió a ver a Cristo presente en los más necesitados: capaz de ir a encontrarlo en los reclusos del área psiquiátrica, bañarlos, lavarles su celda, estar a su lado como hermano. Esto lo distinguió toda su vida: nunca tuvo miedo a ensuciar sus manos consagradas con tal de servir a Cristo en sus hermanos que lo necesitaban con un gran espíritu de servicio a flor de piel” escribió Mons. Rogelio Cabrera López en un comunicado enviado a la comunidad por el sensible fallecimiento del Padre Jero.

 Hoy y siempre será recordado por ser un fiel testimonio del amor de Dios; muy arrojado, alegre y con buen sentido del humor, mostrando las características de un buen pastor.

 Descansa en paz Padre Jero.

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Estar en pandemia nos ha modificado la manera de vivir, celebrar y contemplar el misterio de Dios entre nosotros y de una manera muy profunda y significativa, prever por esta razón, que la próxima Semana Santa sea una respuesta de fe que manifieste una verdadera y profunda adhesión al Señor, en donde se nos invita a seguir sus huellas, seguir al Maestro.  

Desde  este  matiz muy especial, nuestros templos y más aún, en nuestras celebraciones de fe, han estar  motivados a buscar creativamente dar respuesta a la vivencia del encuentro de Dios con nosotros, por medio de los canales virtuales y medios de comunicación en la Evangelización; ante esta realidad y bajo este contexto,  anhelo implorar a Dios que nos aliente como Iglesia católica a vivir profundamente nuestra fe con un verdadero impulso, para acercarnos al misterio de Dios entre nosotros, y buscar por todos los medios caminar, siguiendo las huellas del Maestro.

Ante la circunstancia de pandemia quiero hacer una noble exhortación, dice San Agustín «En la Cruz… ¿Fue Cristo el que murió o fue la muerte la que murió en Él? ¡Oh qué muerte que mató a la muerte!» Desde esta frase y su reflexión, anhelo que nuestras celebraciones de semana santa sean motivadas e impulsadas por la fuerza del Espíritu Santo, que es luz, esperanza y vida nueva, ya que la muerte del Señor trae como consecuencia la vida, y es ahí donde quiero vivir un  recorrido espiritual y pastoral de la expresión del significado del Misterio Pascual de Nuestro Señor Jesucristo, que se hace presente y palpable en la Historia de la Salvación, que es precisamente vivenciar el significado de la Pasión, Muerte y Resurrección que nos trae la vivencia de la semana santa y por ende, una vida nueva en Jesús,  no como un acto externo – celebrativo – virtual, sino realmente como expresión del anhelo profundo de una vida nueva, una resurrección y porqué no decirlo, una manifestación de que nuestra situación de pandemia se va logrando superar.

Considero importante que al término de una vida y de un camino, nos queda el corazón reflexivo de lo que hemos vivido y lo que hemos hecho, y entonces vemos la muerte como el término o la conclusión de una misión, en este preciso instante, es necesario acudir al sepulcro y dar testimonio de la Resurrección victoriosa, inclusive en el contexto de pandemia, en donde las cadenas del pecado han sido rotas, la piedra ha sido movida y mi Señor ha triunfado porque ha vencido la muerte. Así también en la vida de cada uno de nosotros debemos experimentar esta misma victoria, y más aún decirnos que podemos con su Gracia estar hoy por hoy muertos al pecado, para estar vivos en la Gracia.

Finalmente, si tenemos la dichosa oportunidad de vivir, celebrar y contemplar los misterios de Nuestro Señor en la próxima semana santa de forma presencial, evitemos con todo nuestro ser y voluntad, evitar todo aquello que nos impida tenerlo presente, y poder dar con nuestra vida, un testimonio de que realmente tenemos la confianza y creemos que esta prueba de pandemia, que nos ha cambiado la vida, pronto pasará por la Pasión, Muerte y Resurrección de nuestro Señor Jesús. ¡Bendiciones!

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Con gran alegría y excelente servicio, María Cristina García Gutiérrez, se ha desempeñado como colaboradora en distintas áreas, por casi 16 años, en la Curia Arquidiocesana de Monterrey.

Durante 13 años, Cristina tuvo la dicha de recibir, atender y brindar una cordial bienvenida a quienes por diversas razones, se presentarán en las instalaciones de la Curia; pero la recepción no sería el primer lugar en que Cristi, sirviera a la Iglesia de Monterrey.

Para el 2004, poco antes de ingresar oficialmente al equipo de la Curia, se desempeñó  como administradora del Periódico Pastoral Siglo XXI, por algunos meses, compartiendo bellos y gratos momentos con el Padre Miguel Alanís, de feliz memoria.

Actualmente y desde hace tres años, Cristina se encuentra sirviendo y apoyando en el departamento de Confirmaciones; un archivo que guarda los registros y actas de las confirmaciones realizadas en la Basílica de Nuestra Señora del Roble desde 1907 A 1959, y de la parroquia de San Juan Bosco de 1959 a 1985.

En este breve espacio Cristina nos comparte lo que ha significado para ella ser parte del equipo de colaboradores que, siempre pensando en brindar sus dones a aquellos que lo necesitan, procuran ser un rostro de Cristo desde la Curia:

¿Cuáles virtudes considera son indispensables para colaborar en cualquier departamento de la Curia?

Yo considero que es necesario siempre tener responsabilidad, respeto, amabilidad, alegría, paciencia, pero sobre todo siempre tener mucho amor de servir al prójimo.

– ¿De qué manera influye en su fe, que el ámbito profesional, gire en torno a la religión?

Es una gran responsabilidad, pero también una enorme bendición. En cada persona que se presenta a buscar su boleta, conocemos una gran historia, vemos una necesidad de ayuda con su trámite. En muchas ocasiones llegan desesperados y hay que saberlos escuchar, para poder brindar la ayuda que merecen.

En ocasiones, dentro de mi archivo no se encuentra la información que se requiere, pero siempre trato de buscar una solución para el trámite, y si esto no llega a ser posible, doy lo mejor de mí misma, para que al menos se vayan con la satisfacción de ver el rostro y la misericordia de Dios, por la atención brindada.

-¿Cuál ha sido el mayor reto al que se ha enfrentado en el Archivo de Confirmaciones?

Creo que el recopilar información cuando no se tienen los datos necesarios para conseguir el acta; hay muchas personas que llegan buscando su boleta de bautizo o confirmación y no cuentan con suficientes datos, por distintas razones, quizá porque sus padre ya murieron y no tienen pleno conocimiento de cómo, cuándo y dónde se llevó a cabo este suceso.

-¿Cómo definiría su experiencia de colaborar en la Curia Arquidiocesana?

Maravillosa, el estar aquí me ha permitido conocer a mucha gente en distintos ámbitos; con algunas de ellas ha nacido una amistad muy hermosa que a pesar de los años sigue prevaleciendo. Me siento muy agradecida con papito Dios y mamita María por lo vivido, tanto en el área laboral como personalmente.

Por Equipo Pastoral Siglo XXI

 

Debany Valdes5 de diciembre de 2020
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DESDE LA CURIA

Adriana Marcela Gómez Chavarría, desde hace 5 años colabora como secretaria en la Pastoral Familiar, apoyando en la canalización de atención y brindando información de las distintas áreas que abarca la Pastoral dirigida por el Pbro. Óscar Lomelín Blanco.

 

Después de una invitación para apoyar “por un verano”, Adriana descubrió que trabajando en la Pastoral Familiar se sentía plena al colaborar en la importante necesidad de mantener la unión y el amor en la familia, iniciando por la suya. 

 

Adriana comparte con nosotros una breve entrevista sobre su experiencia y sentir al ser parte del equipo de la Arquidiócesis de Monterrey:

 

¿Qué ha sido la Pastoral Familiar para tu vida? 

Me ha permitido trabajar en lo que me gusta, hacer de mi apostolado y servicio mi vida laboral y diaria. Mi deseo era servirle de tiempo completo pero mi trabajo me lo impedía y el Señor me escucha y me bendice con esta oportunidad.

 

¿Consideras qué en las actividades que realizas aplicas los dones que Dios te brinda?

Definitivamente que sí, inteligencia y sabiduría para poder guiar y ser asertivo orientando a quien necesita a la mejor opción.   Fortaleza para que las diversas y complicadas  situaciones no sean obstáculo. . Temor para que me permita ver en cada persona a Cristo que sufre y  necesitado. Piedad y consejo que me permite dar testimonio de que la oración y la escucha nos ayudan a acercar almas a La Paz necesaria para mostrar la misericordia y gracia de Dios.

 

¿Qué actitudes son indispensables en el departamento donde te encuentras?

Servicio para atender de una manera generosa, escucha para que se sientan valorados como persona, respeto, discreción, cortesía, paciencia, asertividad, caridad. 

 

¿Cuál ha sido el mayor aprendizaje que te deja colaborar en la Arquidiócesis? 

Muchas cosas, que la familia necesita apoyo en todas las etapas, ya que de la familia depende el crecimiento espiritual y virtuoso de cada miembro. Como la providencia de Dios se manifiesta en el cuidado y atención del pobre y necesitado. Que hay mucho trabajo por hacer y la tarea de la iglesia no es exclusivamente de los sacerdotes.

 

¿Cómo puedo obtener información sobre la Pastoral Familiar?

Por redes sociales Facebook Pastoral familiar Arquidiócesis de Monterrey.

Twitter: @pastoralfam_mty | Instagram: pastoralfamiliarmty 

Correo electrónico: pastoralfamiliar@iglesiademonterrey.com |  WhatsApp: 811 845 7041

Página web www.pastoralfamiliarmty.org

Debany Valdes5 de diciembre de 2020
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Recientemente se ha iniciado el llamado Centro Pastoral de Investigación “Miguel Alanís Cantú”, otrora sacerdote de nuestra diócesis, comprometido con la evangelización de nuestras comunidades y la promoción de las personas. Este Centro tiene como objetivo conocer mejor la realidad social de nuestro entorno con el fin de hacer más eficiente y humano nuestra acción pastoral. El equipo está conformado por laicas, laicos y sacerdotes, que a través de investigaciones sociales con rigor científico buscamos agudizar la mirada contemplativa en nuestra sociedad.

 

Siguiendo al papa Francisco (Fratelli tutti), a partir del texto del buen samaritano (Lc 10, 25-37), hay dos formas de mirar la realidad. Una, de costado, indiferente, sin involucramiento. Esta mirada es superficial y cómoda. Pero hay otro modo de ver lo que sucede, con detenimiento, sin prejuicios, tocando directamente al prójimo. Esta segunda mirada, que ya en nuestro camino pastoral diocesano hemos venido llamando ‘mirada contemplativa’, exige cierto ejercicio en el que resulta necesario abandonar nuestra propia explicación del ‘porqué las cosas son así’, para dejar que la realidad social, conformada por personas concretas e historias peculiares, y por lo tanto conformada por ideas, sentimientos y prácticas sociales, nos hable ella misma.

 

Queremos que este Centro inicie la posibilidad de otro modo de ser cristianos y de otro modo de hacer pastoral: uno que brote directamente no de un libro ni de un discurso, sino de la experiencia de los hombres y mujeres que viven en nuestras comunidades. Deseamos que el trabajo de investigación que aquí se realiza pueda motivar el camino pastoral que el Espíritu de Dios ya viene suscitando entre nosotros.

 

 

 

Debany Valdes5 de diciembre de 2020
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Fortalezas en nuestra Iglesia de Monterrey

En este momento quiero compartir con ustedes algunos sueños que tengo, no sin antes destacar algunas de las fortalezas que encuentro en nuestra Iglesia de Monterrey, sin pretender ser exhaustivo ni mucho menos soberbio ni triunfalista. Las comparto como un reconocimiento de la manifestación de los dones del Espíritu Santo inspirando nuestra mirada contemplativa, discernimiento comunitario y pastoral misericordiosa. Creo que hay un gran interés por el amor de Dios y su misericordia, por ayudarnos unos a otros a encontrarnos con Cristo y no con normas o ideologías; hay cada vez más caridad, servicio y testimonios de cercanía con los necesitados y vulnerables, así como esfuerzos por caminar juntos de la mano del Plan de Pastoral Orgánica.

 

Estamos enfocados en nuestra formación cristiana y hemos avanzado estableciendo procesos e itinerarios con equipos grandes y bien integrados de catequesis y liturgia. Por otro lado, vamos descubriendo, valorando y agradeciendo una gran riqueza de dones y carismas en todo el pueblo de Dios, haciendo un esfuerzo en el diálogo, la colaboración y el enriquecimiento mutuo. Antes de la pandemia habíamos crecido mucho en encuentros, misiones y retiros, solidificando otras expresiones de una Iglesia en salida. 

 

Otra gran riqueza de nuestra Iglesia es la participación de los laicos en las tareas eclesiales, entre ellos quiero señalar y reconocer la gran calidad humana y cristiana de todas las mujeres de nuestras comunidades y de los jóvenes que se manifiestan con alegría en las obras evangelizadoras. Tenemos una extendida espiritualidad mariana como alma de la unión en muchas comunidades. Hay interés creciente por la atención a los necesitados y vulnerables, así como por lo social y comunitario, destacando siempre la libertad, creatividad y emprendimiento de la cultura regiomontana. Cáritas de Monterrey es signo elocuente del amor y cuidado de los más pobres. La comunidad da muestras de apoyo a los migrantes y nuestras casas de acogida mantienen vigente el valor evangélico de la hospitalidad.  Espero que mantengamos estas y otras muchas fortalezas que tenemos, pues el cambio al que estamos llamados no empieza desde la nada, sino del amor de Dios y el esfuerzo humano que existen en nosotros mucho antes de esta emergencia sanitaria.

 

Al reconocer lo que hacemos bien, descubrimos el fruto del amor de Dios en la vida de las instancias eclesiales, de las comunidades parroquiales, de los grupos y movimientos diocesanos. Es verdad que siempre estaremos necesitados de actualizarnos y de adquirir nuevos conocimientos, habilidades, actitudes y propuestas, pero desde lo logrado hasta hoy, pues como discípulos misioneros somos llamados a levantar la mirada hacia el corto, mediano y largo plazo, con una fe cierta y una esperanza firme. Tener presentes nuestras fortalezas nos permite soñar.

 

Sueño con una Iglesia diocesana que acepta caminar y sentarse a la mesa con todos, no solo en medio de esta pandemia, sino en los retos y desafíos de cada día y de otras circunstancias extraordinarias. Una Iglesia que no excluye a nadie, ya sea por su atracción afectiva, su raza o su conducta moral, sino que incluye a cualquier persona, en especial a quienes pasan alguna necesidad o viven en las periferias geográficas o existenciales. Una Iglesia que se convierta en un lugar abierto a los heridos, lastimados, descartados y desechados ante las crisis que vivimos y viviremos en lo que respecta a la salud, la pobreza, la economía, el trabajo, la sociedad, la ecología, la política y otros aspectos de la vida.

 

 

Mons. Rogelio Cabrera López 

Arzobispo de Monterrey

Juan Pablo Vázquez Rodríguez6 de noviembre de 2020
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Sandra Melissa García Palacios, originaria de la Ciudad de México, historiadora de profesión, mamá, esposa y gran colaboradora del Archivo Histórico de la Arquidiócesis de Monterrey desde hace tres años y medio. Participa en la elaboración de índices, revisa actas y ayuda a usuarios que llegan en búsqueda de documentos históricos, entre muchas otras funciones, incluyendo cuestiones administrativas. 

Melissa en conjunto de la Hna. Cecilia, la Señora Susana y bajo el liderazgo del Lic. Pbro. José Raúl Mena Seifert son quienes conforman el departamento del Archivo Histórico. 

Conozcamos como Melissa, quien siempre ha estado inmersa en la Historia Eclesial ya que anteriormente había trabajado en el Archivo Histórico Conciliar de México, y en el Archivo de la Basílica de Guadalupe, así como en un proyecto de investigación por la UNAM, que se llamó Poblando el Septentrión, nos cuenta su experiencia al colaborar para la Arquidiócesis de Monterrey.

1.- ¿Cómo fue tu llegada a colaborar al Archivo Histórico de la Arquidiócesis de Monterrey?

Cuando llegué no encontré la oportunidad de trabajar como historiadora fácilmente ya que aquí la historia es muy complicada, así que laboré en otra empresa. Fue entonces que un ex compañero, desde la Ciudad de México, hizo una recomendación mía por correo que le llegó al Padre Mena, y después de algunas entrevistas, me abrió las puertas del Archivo Histórico; el cual me pareció genial, ya que es enfrentarte a cosas nuevas, porque se busca un tipo de historia diferente.

2.- ¿Qué aprendizajes, profesionalmente hablando, has obtenido con tus actividades laborales?

El trato al público, conocer la historia de cada persona para ayudar a realizar sus búsquedas en los libros de sacramentos. Mejorar la paleografía esto quiere decir que aprendí otras abreviaturas y leer más fluido Documentos del siglo XVI y XVII.

El uso de tiempos, para que el funcionamiento de las actividades y los servicios que se dan en Archivo y dentro de nuestro inmueble así como nuestro personal para que siga fluyendo para mejorar nuestras actividades.

 

3.- ¿Puedes obtener un crecimiento espiritual en tu trabajo?

Sí, ya que se tiene contacto con las personas que nos visitan, siempre se intenta ayudar y brindarles el mejor servicio para que sus investigaciones lleguen a buen puerto, se convierten en nuestros prójimos más cercanos. Creo que un buen aprendizaje que me han dejado algunas personas con las que he trabajado, desde el bendecir los alimentos, que era algo que no hacía y que hoy me hace sentir contenta. 

 

4.- ¿Qué experiencia o que acontecimiento dentro de tu trabajo ha dejado huella en tu vida personal? 

Aquí vine a conocer la fascinación de todas esas personas que nos visitan por saber su pasado, para mí fue impresionante, porque ni siquiera yo me había puesto a pensar en mi pasado. Ellos me hicieron pensar en todo eso que vienes cargando atrás, toda tu familia; eso me abrió el pensamiento por conocer mis antepasados. Precisamente el año pasado tuvimos mucho trabajo de este tipo con aquellos que buscaban saber si eran candidatos de la nacionalidad española. 

 

5.- Con la llegada de la Pandemia ¿A qué retos te has tenido que enfrentar para llevar a cabo tus labores?

Principalmente la visita debe ser previamente registrada con cita ya que por ser un lugar reducido, se permite el acceso solo a dos personas. El equipo de trabajo llevamos a cabo el protocolo establecido, en el cual la Hermana Cecilia toma la temperatura y pide a los usuarios portar cubrebocas. Antes el contacto era un poco más cercano, y con esta situación debemos respetar la sana distancia, aunque en ocasiones se complica ya que al momento de leer los documentos, el cubrebocas no te permite hablar libremente.

Por Equipo Pastoral Siglo XXI

Debany Valdes31 de octubre de 2020
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Estamos a unos días de celebrar el “Día de los Fieles Difuntos”, en el cual tradicionalmente acostumbramos visitar en los cementerios a nuestro amigos y familiares, que se adelantaron en el camino.

Es un momento muy importante porque en esta visita ponemos nuestro corazón, es la manifestación de nuestro deseo de cercanía y expresión de amor y que no los olvidamos.

Hoy en día a causa de la pandemia, por indicación de la secretaría de salud, en muchos lugares estará prohibido el ingreso a los panteones, lo cual nos privará de este importante momento de encuentro de esta manera.

Sin embargo, no será imposible que este encuentro de cercanía, y la manifestación de nuestro a amor a nuestros fieles difuntos. La mejor manera de encontrarnos con ellos es hoy y siempre a través de la Santa Misa.

En la Misa podemos pedir por ellos, pero no solo eso, recordemos que la Santa Misa trasciende el tiempo y el espacio, uniendo a los fieles que están en el cielo, en la tierra y en el purgatorio en una comunión santa.

Por lo tanto podemos decir que el mejor lugar para estar cercano a nuestros familiares y amigos difuntos es sin duda la Misa.

Aunque hay restricciones para participar de la Eucaristía, como es en nuestra Arquidiócesis de Monterrey un aforo del 20% de la capacidad de fieles, podemos también participar de ella a través de los medios digitales.

En nuestra Iglesia dé Monterrey, Mons. Rogelio Cabrera López, presidirá el próximo lunes, a la 10:00 am, la Santa Misa, desde un panteón de la localidad, para pedir por todos los fieles difuntos. Esta celebración será trasmitida a través de las redes sociales de la Arquidiócesis.

Vivamos este encuentro con nuestros amigos y familiares difuntos, en compañía de Jesús, fuente de vida, esperanza y de amor.

Debany Valdes3 de octubre de 2020
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El periódico diocesano Pastoral Siglo XXI, tras 27 años de servicio, sigue actualizándose para ser un buen instrumento de evangelización y dar la mejor información para todos, enfocando esfuerzos para ser siempre la voz de la Iglesia en Monterrey.

Por ello, hemos buscado brindarte nuevo contenido en nuestras redes sociales, con breves notas y reportajes informativos sobre eventos que destacan en nuestra Iglesia, entre ellos, las ordenaciones sacerdotales y diaconales, fiestas patronales y visitas de nuestros Obispos a las comunidades parroquiales.

Así mismo, el Noticiero Pastoral, conducido por nuestra compañera Lois Peña, ha renovado su calidad e imagen para que puedas disfrutar mejor de las noticias semanales de la Iglesia de Monterrey; descúbrelo todos los miércoles a las 5:00 p.m. por nuestras cuentas de Facebook y YouTube.

Próximamente tendremos a disposición el Boletín Semanal Diocesano que contribuyen en la meditación, compromiso y vivencia de nuestra fe católica. Vendrán nuevos proyectos en los que se invitará a más laicos a participar en esta misión de comunicar la Buena Noticia.

El equipo Pastoral Siglo XXI está listo para servirte; ponte en contacto con nosotros si deseas que seamos parte de algún evento, proyecto diocesano o desees adquirir mensualmente nuestros ejemplares.

Aprovechamos para agradecer a nuestro Arzobispo Monseñor Rogelio Cabrera López por la confianza que ha puesta en un grupo de jóvenes laicos para llevar a cabo esta importante misión de comunicar el Evangelio a través del periódico diocesano.

Agradecemos tu preferencia, apoyo y oraciones; no olvides seguirnos en nuestras redes sociales.

Correo de contacto: pastoralsiglo21@iglesiademonterrey.com

Debany Valdes2 de octubre de 2020
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Hugo Eduardo Lara Cruz es el neosacerdote más reciente de la Iglesia en Monterrey; el 30 de septiembre por manos de Mons. Rogelio Cabrera López será ingresado al orden del presbiterio, en su comunidad de origen, Santa Teresita del Niño Jesús, en Escobedo, N.L.

A días previos de este gran momento, el hasta entonces diácono Hugo, abre su corazón lleno de gozo y amor, sintiéndose indigno de recibir este don de Dios, pero orgulloso de ser llamado por Jesús para servirle en la extensión del reino de los cielos y trabajar en la salvación de las almas.

“Esto me llena de emoción y de gozo, también humanamente es un impacto, porque es una gran responsabilidad y una cosa tan inmensa que yo jamás me imaginé, que Dios me fuera a llamar al sacerdocio; pero al escuchar su voz dejé todo lo que estaba haciendo y sigo caminando detrás del Maestro” compartió Hugo, quien antes de ingresar al seminario, ejercía su carrera profesional de Químico Farmacéutico Biólogo interviniendo en el área de la salud, que ahora con el ministerio del sacerdocio seguirá aplicando por el bien del enfermo pero no solo de cuerpo, sino también del alma y espíritu haciendo que prevalezca la paz: “también es un llamado a servir, para purificar, para sanar enfermos como el mandato del Evangelio”.

El diácono Hugo no pensaría que el momento de su ordenación sacerdotal sería con cuidados y restricciones extremas, sin embargo, él considera que los tiempos perfectos y providenciales de Dios, siempre brindan luz en medio de las tinieblas: “La Pandemia me hizo el regalo de ordenarme en mi comunidad, un momento muy significativo por el contexto en el que vivimos”.

El día 01 de octubre, justo un día después de la ordenación sacerdotal de Hugo Eduardo, celebramos a Santa Teresita del Niño Jesús, doctora de la Iglesia, a quien el neosacerdote tiene gran admiración y cariño, no solo por ser la patrona de su comunidad de origen, sino también por tener gran pasión por el servicio a las personas y en ello se siente identificado: “Santa Teresita es universal, ella es patrona de las misiones a pesar de que vivió en contemplación a Dios todo su ministerio; la oración de ella, impregno de combustible a todos que se dedican en mantener el reino de los cielos”.

«En el corazón de la Iglesia, que es mi madre, yo seré el amor» dice Santa Teresita “y unido a Cristo lo logró” confirma el diácono Hugo, quien con esa frase identifica el sacerdocio. Teresa de Lisieux complemento muy bien la dupla de contemplación y acción que provocó trascendencia en el amor, de manera universal, en tiempo y espacio.

“Para mí el ser sacerdote es ser el fuego del amor de Dios, que arde en medio de la comunidad dándole calidez a las personas y a la misma sociedad iluminándola” dice el más reciente presbítero de la Iglesia en Monterrey, así mismo, Hugo Eduardo comparte uno de los anhelos más esperados que brindará con el servicio ante su respuesta de amor: “Confesar y perdonar los pecados en el nombre de Dios; restablecer en las personas la comunión de los santos y otorgarles la gracia santificante de Jesús”.

El diácono Hugo, muy contento e impactado por la gran misericordia del Padre para con él, brinda un mensaje para quienes deseen entregar su vida al servicio de Dios:

“Sé muy intrépido, sé muy valiente, porque a veces Dios pide lanzarse al vacío, que es un vacío seguro, pero implica ese acto de nuestra voluntad de decir, va, me la juego con Cristo y puedo encontrar la muerte, pero no importa porque es con el amado”.


Sobre nosotros

Somos el periódico católico oficial de la Arquidiócesis de Monterrey; en comunión con la misma y con el resto de los medios de comunicación católicos, enfocamos nuestros esfuerzos a ser la voz de la Iglesia en Monterrey.


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