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Comúnmente, los padres advierten a sus hijos contra las tristes consecuencias que tienen ciertos comportamientos. Pese a ello, suele suceder que, por inexperiencia, los hijos desoyen tales consejos y, finalmente, tienen que cargar las lamentables consecuencias de las que se les quiso prevenir. Cuando esto ocurre y un ser querido sufre a causa de sus equivocadas decisiones, ¿Qué podemos hacer? Aunque cada quien es responsable de sus actos, no obstante, en esas circunstancias, podemos ser “indulgentes” y tratar de comprender, consolar y ayudar a quien, sabiéndolo o no, se procuró su desgracia.

 

         Tener esta actitud de benévola comprensión para con quien se equivoca o tener esta facilidad para perdonar o no castigar severamente a quien yerra, es una actitud a la que el diccionario define como “indulgencia”. Precisamente por esto, la indulgencia es también una palabra asociada, desde hace muchos siglos, a la práctica penitencial cristiana. Desde sus comienzos, el sacramento del perdón, no sólo implicaba la confesión privada de los pecados, sino también una penitencia. A este sacramento se lo ha comparado con el acto jurídico de un juez que impone una pena, una vez “confesada” la culpa, precisamente porque dicha declaración es un elemento esencial del sacramento.

 

         Pero a la confesión se le entiende también como “reconciliación” porque la confesión de la culpa, implica el doloroso reconocimiento de haber ofendido a quien tanto nos ama, así como el firme propósito de no volver a ofenderlo. Este sincero arrepentimiento nos reconcilia con nuestro Padre Dios, es decir, nos vuelve a unir en el amor a él. Dios misericordioso está siempre dispuesto a perdonarnos la ofensa que le hacemos, cuando desoímos su amorosa voz de Padre. Con sus mandamientos, este buen padre nos aconseja el mejor modo de vivir y de convivir con sus otros hijos, nuestros hermanos. Por eso, el pecado de no escucharlo lleva la “pena” de sufrir las consecuencias de nuestros actos egoístas, de modo que, como dice el refrán, “en el pecado, llevamos la penitencia.” Y en efecto, a este sacramento se le llama también “penitencia”.

 

         En nuestros días, para evitar que pensemos en un Dios juez y castigador, no sólo se prefiere hablar de sacramento de la reconciliación, sino incluso, muchos confesores no dejan ya penitencia ninguna, como para sugerir la gratuidad del perdón divino. Sin embargo, antes del siglo VIII, en el Occidente cristiano, quienes habían cometido graves pecados debían hacer grandes penitencias públicas. Convencidos de que el perdón de la culpa, por parte de Dios, no desaparece las consecuencias personales del pecado, en el siglo XI, se introdujo la práctica de las indulgencias. Las indulgencias son la forma de remitir, es decir, de paliar temporalmente o de quitar, de modo pleno, las penosas consecuencias del pecado.

 

         Quitar temporalmente o plenamente la pena personal de los pecados es sólo posible por la fe en que la misericordia – indulgencia, que Dios nos ha manifestado en la pasión de Cristo y en la bondad de los santos –, puede ahora ayudarnos a regenerarnos en personas nuevas. Pensemos en el hijo de la parábola de san Lucas (15,11- 32), a quien el padre no sólo perdona, sino que, revistiéndolo, calzándolo y haciéndolo sentar en una mesa de fiesta, le hace no sentirse, ni pensarse como esclavo, sino como verdadero hijo. Pero, por desgracia, su hermano mayor no cooperó para hacerle sentir lo mismo.

 

         Lamentablemente, desde el siglo XIII, las indulgencias empezaron a ser entendidas de un modo mágico y hasta comercial, como si se tratara del cambio de un castigo por el pago de una “fianza”. Pero ahora, entendemos que la penitencia no tiene un carácter penal, sino más bien medicinal, y en consecuencia, las indulgencias, lejos de entenderse como un acto meramente jurídico, comercial y mágico, expresan justamente que la absolución sacramental no es un automático “borrón y cuenta nueva”. La confesión de la culpa no es una simple autoacusación que da luego permiso para comulgar, dejando en el olvido los efectos que, en el pecador y en los ofendidos, ha tenido el mal cometido. La confesión de la culpa es, por parte del pecador, el acto esencial del sacramento que, debe ser precedido por el perfecto dolor de arrepentimiento (contrición) y seguido por el acto de la satisfacción, es decir, la penitencia o reparación.

 

         La “pena temporal”, como se llama a los efectos del pecado, debe ser satisfecha con la penitencia para así, cooperar a hacer eficaz la gracia del perdón recibido. Pero en este acto de satisfacción, el penitente no está solo, pues en ciertas circunstancias y condiciones dispuestas por el Papa y los Obispos, la “indulgencia” de Cristo y de todos los santos, nos sostienen y aprovechan, para que más fácilmente, de modo pleno o parcial, nos veamos libres de las secuelas del pecado. Es como cuando el médico no sólo nos da la medicina, sino con ella, nos asiste con una terapia en la que se involucra el personal de salud y la propia familia. Todo un entorno solidario y capacitado contribuye a nuestra regeneración.

 

         En este primero de mayo en que celebramos a San José Obrero, recordemos, especialmente que, por disposición del Papa Francisco, todo el año está dedicado a él, ya que hace 150 años, el papa Pío IX lo proclamó patrono de toda la Iglesia. 

         En el año de san José, la Iglesia nos llama a aprovechar un favorable ambiente no sólo para aprovecharnos de la indulgencia y benevolencia de Cristo, san José, María y todos los santos, sino también para esforzarnos en dar ejemplo de santidad y vida cristiana para ayudar así a los que, arrepentidos de sus pecados, hacen esfuerzos por hacer de su corazón, semejante al de Cristo. 

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3ª. parte. El siglo XIX.

Continuamos con esta serie de artículos en los que presentamos una introducción a la historia de la parroquia de Cadereyta. El mes anterior habíamos concluido el artículo con que la población y la parroquia se encuentran ya en su ubicación actual.

Continuaremos ahora con la información del siglo XIX. Del primer cuarto de siglo sólo subrayamos que en el año de 1825 se cambió el nombre de la población, del nombre de “San Juan Bautista de Cadereyta” pasó a llamarse “Cadereyta Jiménez” en honor de Mariano Jiménez héroe de la independencia. 

1846 CUSTODIA DE SAN JUAN BAUTISTA

Por su importancia anotamos aquí que en este año se donó una custodia a la parroquia, la cual en su base posee la siguiente inscripción: “La Sra. D.a Josefa Delgado de Garcia donó esta custodia a la Parroquia de S. Juan Bautista de Cadereita Ximenez en el año de 1846.” Esta magnífica custodia, que según mi parecer es la más bella de toda la Arquidiócesis, se exhibe desde hace algunos años en el Museo Arquidiocesano de Arte Sacro.

1850 ARQUITECTO CONTRATADO

En este año el párroco Pedro Antonio de Eznal “hizo traer desde la ciudad de Tampico a un afamado arquitecto especialista en construcción de iglesias para que se hiciera cargo de terminar la edificación (…) agregando (…) la torre norte y la nave central” (MONTEMAYOR, p. 63).

1861 INVITACIÓN A MATEO MATEI

En este año se invitó al afamado artista Mateo Matei a concluir la edificación de la cúpula, elemento arquitectónico muy importante que aún no se había concluido (Montemayor, p. 65).

1870 VISITA DEL OBISPO VEREA

El Obispo de Linares visitó la parroquia el 8 de febrero, en el acta se señala: “el templo material lo encontró S. S. Ylma. en buen estado con excelentes y muy sonoras campanas y con una amplia sacristía (…) los tres altares con el principal los encontró S. S. Ylma. muy aseados y bien provistos de imágenes, crucifijo, ara, manteles, candeleros, atril, etc.”. Al respecto de los santos óleos se hará este interesante comentario: “están en el presbiterio aunque no en el lado de la epístola ni en una alacena con llave por ser casi imposible barrenar la pared del templo construido en su mayor parte de piedra de lazo tan sólida y dura que no puede el hierro penetrar en ella”.

Acerca de las imágenes existentes en el templo parroquial se dice “Las imágenes que hay en la Iglesia son pocas y muy raras las buenas”; a continuación, el acta deja constancia de este demoledor comentario dirigido a los sacerdotes: “que se abstengan en lo sucesivo de bendecir esa multitud de imágenes irreverentes y desaliñadas que suelen presentarse principalmente en los ranchos, donde no es raro ver algunas que más bien parecen monstruos o (-) y los pobres les rinden culto porque encuentran sacerdotes que se las bendigan”.

1872 RELOJ PÚBLICO

En este año los vecinos decidieron la compra de un reloj público que sería instalado en una torre en la parroquia, así pronto comenzó la recaudación de fondos para tal fin. Al año siguiente se contrató a un maestro albañil para la construcción de la torre sur. En 1874 se adquirió en Nueva York a la empresa Thomas Clock Co. teniendo un costo de $3,417.15 pesos. En agosto de ese año Daniel Sada se ofreció voluntariamente a traerlo desde Matamoros, lo trasladó desde aquella ciudad en carretones tirados por caballos hasta su destino final (MONTEMAYOR, p. 104).

Seguramente la edificación de la torre tomó algún tiempo ya que en la parte superior de la torre se encuentra una inscripción “1887- 1888” que indicaría la fecha en que la parte más alta fue edificada.

1884 VISITA DEL OBISPO MONTES DE OCA

El noveno Obispo de Linares visitó la parroquia el 1 de diciembre de este año, en el acta de la visita pastoral se anotan estos importantes datos acerca del estado de la obra material: “(…) encontró (…) la cúpula terminada y tres nuevos altares aunque todavía sin coro”. Al visitar la sacristía anotó: “las custodias y vasos sagrados son abundantes, buenos y en buen estado, pero los ornamentos casi todos necesitan urgentemente reparación o sustitución”.

1890     VISITA DEL OBISPO LÓPEZ

El décimo obispo de Linares pocos años después visitó esta parroquia y de esta visita nos ha llegado una extensa y detallada acta. Ésta es muy rica en datos hasta en temas que no son nuestro objetivo principal, así en este documento se dice de Cadereyta “esta parroquia está tan inmediata a la capital y unida a ella por ferrocarril”. De este amplio documento entresacamos los siguientes puntos:

* “Pasó S. S. Y. al local en que se halla el bautisterio, y el cual no es el en que debía estar, por no permitir la falta de solidez del edificio que se construya en el lugar conveniente” estas líneas nos dejan en claro que el bautisterio actual a un costado de la puerta principal aún no existía.

* Al visitar la sacristía anotó: “Pasó S. S. Y. a la sacristía y en ella visitó sus vasos sagrados (…) y su hermosa custodia”, la “hermosa custodia” seguramente debe ser la antes mencionada y que había sido obsequiada a la parroquia 44 años antes.

* “Se han hecho en estos últimos años unas mejoras de importancia, como el coro, la torre en que se colocó un buen reloj público y techarse las piezas que quedan al sur del templo y que sirven para reunir las escuelas parroquiales de niños” seguramente estas piezas que servían para las catequesis son las que aún hoy en día vemos adosadas al templo al exterior del crucero sur. 

* “Sería de desearse que el Sr. Cura circunde el atrio del templo”: así en este año esta obra aún no se realizaba.

1894 SEGUNDA VISITA DEL OBISPO LÓPEZ

El Sr. Jacinto López y Romo visitó de nueva cuenta la parroquia apenas cuatro años después. Esta acta nos habla de algunas obras ya concluidas y asimismo de algunas que existían sólo en proyecto.

Con respecto a las obras concluidas señala: “(…) hace ya bastante tiempo se ha concluido la obra del coro y compostura del frontis de la Iglesia, así como la de los muy útiles salones en que, a tiempo de su anterior visita, se estaba trabajando al costado sur del mismo templo parroquial (…)”; seguramente el “frontis” mencionado es la fachada actual de la parroquia.

Entre los proyectos que el Obispo escucha del párroco se destaca: “la reposición del cimborrio actual de madera cubierto de hoja de lata, con el de mampostería, cuya obra justamente le preocupa al presente, deseoso de emprenderla y realizarla cuanto antes (…)”. El documento habla de “cimborrio” término que se utiliza en la arquitectura para designar una torre localizada en el crucero de una iglesia, pero en Cadereyta ya existía la cúpula lo cual hace imposible la existencia de un cimborrio en el exterior y mucho menos si era de madera y recubierto de lata. Supondría que más bien se habrían querido referir más bien a un ciprés como el que ya había sido edificado en Catedral hacía pocos años antes.

Además, en el documento de la visita se anota: “(…) así como la de la circunvalación del atrio y la del bautisterio en el cubo de la torre y que también son de grande importancia” obras que aún no se habían realizado en esta fecha.

El próximo mes continuaremos con la introducción histórica al siglo XX. 

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Continúa la exposición temporal

Muchas de las piezas que se exhiben en el Museo Arquidiocesano de Arte Sacro son sumamente interesantes y entre las piezas más peculiares está un libro de 1923, este libro es un misal romano que además de su belleza posee una historia muy peculiar.

La historia del libro comienza con Mons. Francisco Orozco quien fue Arzobispo de Guadalajara de 1913 a 1936, él obsequió en 1925 este bello objeto a Mons. Leopoldo Ruiz y Flores; él había sido Arzobispo de Monterrey (Linares) de 1907 al año de 1911 pero posteriormente fue Arzobispo de Morelia de 1911 a 1941. Estando él en Morelia en 1925 recibió este objeto del Arzobispo Orozco de Guadalajara.

Mons. Leopoldo Ruiz apenas seis años después lo obsequió el 22 de abril de 1931 al Sr. Guillermo Tritschler quien ese día era consagrado para ser obispo de san Luis Potosí y como todos bien sabemos 10 años después el Sr. Guillermo será trasladado a la sede regiomontana dónde tendrá con él ese libro hasta su muerte acaecida en 1952 y así este precioso volumen permanecerá en nuestra Arquidiócesis de Monterrey en el patrimonio de la Catedral Metropolitana.

Los invitamos a contemplarlo en nuestra exposición temporal “Relata Semper”. Esta exposición permanecerá en nuestras salas el resto del año 2021. El Museo está localizado a un costado de la Basílica del Roble frente a la plaza. La entrada es gratuita.

Síguenos en Facebook: Museo Arquidiocesano de Arte Sacro. 

#DesdeElMuseo

AvatarDebany Valdes6 de abril de 2021
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Muy apreciado lector, antes de avanzar en el desarrollo de estas líneas, considero importante aclarar que el presente contenido no es apto para todo público. Por tanto, su clasificación, como en el caso de algunos programas de televisión, es restringida. Ciertamente, el tema a tratar puede herir la susceptibilidad de más de alguno. Si usted se dedica, por «oficio», a la política, le recomiendo no seguir adelante con la lectura. No precisamente porque aquí se vaya a mal hablar de los servidores públicos, sino justamente porque de sus errores ya se ha hablado “bastante mucho demasiado”.

 

Y pido disculpas por el pleonasmo, pero no tengo la culpa de que la Real Academia de la lengua no haya admitido una expresión parecida para designar los excesos que se padecen en la realidad. Lo que, más bien, parece incorrecto, en este caso, no es un mero asunto de lenguaje, sino de actitud. El problema no es de lenguaje, sino de lengua, pues como se dice popularmente “de lengua, me como un taco”; es decir que en cuestión de política, podemos hablar mucho y hacer poco. Me refiero a ese comportamiento ciudadano que gasta tiempo, energía e ideas para gritar, a los cuatro vientos, un mal tan obvio que no sólo necesita ser señalado con palabras, sino que requiere ser combatido con hechos. El contenido de este texto, está pues dirigido a los que, como adultos, no sólo se quejan de los otros y reparten culpas, sino que buscan soluciones.

 

No es pues que se quiera ocultar aquí la evidente descomposición moral del sistema político mexicano porque tal intento resulta simplemente imposible. Más bien, el propósito consiste en advertir que, aunque el «oficio político» sólo lo ejercen algunos, la «cuestión política» debe ser del interés de todos. Esta advertencia resulta pertinente, sobre todo, de cara a la histórica jornada electoral a celebrarse el próximo 6 de junio. Como sabemos, en este ejercicio democrático habrá que elegir simultáneamente a los representantes de cargos federales y locales, en 32 entidades federativas del país.

 

A un mes de haber arrancado las campañas para la gubernatura en nuestro estado, como en San Luis Potosí, Sonora, Colima y Guerrero, este 5 de abril arrancan también las campañas para la elección de 300 diputaciones por el principio de mayoría relativa y 200 por representación proporcional. Ante el dramático desequilibrio socioeconómico que enfrentamos ahora como nación, no podemos darnos el lujo de cruzarnos de brazos para ver qué futuro nos decidirán otros o, peor aún, cuál futuro nos deparará la suerte. Por tanto, conviene caer en la cuenta que difundir, lo mismo que leer, en las redes sociales, los memes y mensajes de quejas y lamentaciones, hasta el grado de la mofa y el sarcasmo, sobre funcionarios públicos y candidatos en campaña, son quizá un liberador desahogo. Pero estos no son tiempos para buscar, por esta sola ruta, la personal y privada “tranquilidad emocional”.

 

Ciertamente, es preocupante que, aún en estos tiempos de pandemia, los feminicidios y la delincuencia organizada sigan creciendo y engordando, simplemente, al ojo de las cómplices omisiones de las Instituciones, responsables de garantizar la estabilidad social. Pero ante esta crisis, acrecentada por el COVID-19, es necesario tomar conciencia de que no basta la abierta indignación en las redes o en las calles, pues aunque las manifestaciones en la vía pública y en el espacio electrónico son un derecho civil, no son suficientes.

 

Es preciso reconocer que los protagonistas de la política no son sólo «los políticos», sino todos nosotros ciudadanos y, más aún, los que nos confesamos creyentes. No se puede simplemente denunciar la corrupción política, sin caer en la cuenta de que la política la hacemos todos, activa o pasivamente. Es urgente convertirnos en ciudadanos responsables, conscientes no sólo de nuestro derecho a quejarnos, sino también de nuestro deber de respetar y hacer respetar las instituciones.

 

Sin duda que, a la hora de votar, la honestidad no es sólo una exigencia para los árbitros electorales, sino también un imperativo para las motivaciones de nuestra elección política. Pero la democracia no sólo se juega en las elecciones del próximo 6 de junio porque lamentablemente, incluso el derecho al voto, puede estar secuestrado por las injustificadas opciones ofertadas por los partidos. Por ello es necesario que transformemos el coraje, la impotencia y el descontento social en motivaciones e ideas, generadoras de civilidad.

 

Lo que a México le urge no son sólo políticos honestos y responsables, sino también una auténtica ciudadanía independiente y políticamente activa. A nosotros, los ciudadanos de a pie, a los que nos obliga sin distinción, el cumplimiento, ya no digamos de las leyes de la Constitución mexicana, sino el pago de los impuestos y hasta el reglamento de tránsito, a nosotros también corresponde el deber de construir, poco a poco, una cultura de la legalidad. Sumergidos ya en una global cultura mediática, no podemos condenarnos a ser sólo consumidores del espectáculo porque divertirse es una distracción, pero no una solución. Por eso, no deja de llamar la atención que, en este proceso electoral 2021, no pocos actores, deportistas, cantantes y otros famosos estén contendiendo por un cargo público.

 

Está por demás claro que, si «la política» es una responsabilidad de todos, el «oficio» de la política no es apto para todo público, sino sólo para aquellos ciudadanos que saben someterse, con responsabilidad, a las leyes (no siempre justas en su estipulación y en su aplicación), pero sobre todo, a los valores que exige una sociedad democrática.  

AvatarDebany Valdes6 de abril de 2021
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«Lo que os mando es que os améis los unos a los otros» (Jn. 15, 17)

La política no goza de la mejor imagen en los últimos tiempos. Se le asocia con la demagogia, la mentira, el oportunismo y la corrupción. Hablar de ella se ha convertido en un problema para las familias y los grupos de amigos a causa de la creciente polarización.

Las campañas políticas de los años recientes, en lugar de centrarse en ofrecer las propias virtudes y programas viables de mejoría, han privilegiado el resaltar los defectos, reales o ficticios, de los otros candidatos o partidos. Las así llamadas “campañas sucias” buscan hacer pedazos la reputación de los otros candidatos y partidos contra los que se compite, más que proponer las capacidades distintivas para gobernar de manera eficaz, ofreciendo con claridad y autenticidad propuesta que respondan a la realidad.

El Papa Francisco ha retratado, sin directamente pretenderlo, la atmósfera política de nuestro país, con claras implicaciones en nuestro estado: “La agresividad social encuentra en los dispositivos móviles y ordenadores un espacio de ampliación sin igual. Ello ha permitido que las ideologías pierdan todo pudor. Lo que hasta hace pocos años no podía ser dicho por alguien sin el riesgo de perder el respeto de todo el mundo, hoy puede ser expresado con toda crudeza aún por algunas autoridades políticas y permanecer impune” (Fratelli tutti, 44 – 45).

Hay otro elemento que ha contribuido al deterioro del ambiente político: la fragilidad doctrinal de los partidos políticos y de sus militantes. Las plataformas temáticas pareciera que ya no importan. Las clásicas divisiones ideológicas entre derecha e izquierda ya no existen: hoy es frecuente ver que candidatos de un partido lo abandonan para integrarse a otro, debido a inconformidades o desilusiones, sin importar tanto la ideología del partido.

La pandemia por COVID-19 agravó aún más la crisis política que estamos viviendo. El notable incremento en el número de contagios y de fallecimientos acrecentó las embestidas en los diferentes sectores sociales. El diálogo y la sensatez, una vez más, sucumbieron ante el monólogo y la ofensa. El arribo de las vacunas -mucho más lento de lo anunciado-, más que considerarse como una tabla de salvación para una población que parece ahogarse, se contaminó con la posibilidad de que se lucre con ellas, económica y políticamente.

Quizá una de las sombras más oscuras en el terreno de la política es la consolidación de la mentira o de verdades a medias como expresión natural de la comunicación. No se tiene empacho en distorsionar la realidad y, peor aún, en intentar construirla a través de una palabra falseada. La ofensa a los electores y ciudadanía en general es gravísima, ya sea porque se le engaña, ya porque se le menosprecia suponiendo que se le puede engañar.

Junto a estas sombras aparecen también algunas luces. Son muchas las personas e instituciones que, preocupadas por este clima creciente de polarización, buscan con sus propuestas impactar de manera positiva en el rumbo del país. Ojalá este deseo de participar se refleje en las urnas, abatiendo el abstencionismo. Confiamos, además, en que existen candidatos honestos que, con sincero propósito de servir al pueblo, saben escuchar, hablar y, en conciencia, actuar con verdad.

La pandemia, no obstante el inmenso daño sanitario, económico, familiar, educativo y social que ha causado, con una estela de dolor y aflicción por tantas muertes, ha logrado despertar en muchas personas e instituciones el deseo de atender a enfermos y desempleados, y hay muchos testimonios de obras de caridad en favor de quienes han sido afectados por esta contingencia.

Quizá la mayor luz la encontramos en la citada Fratelli tutti. Es por ello que me permitiré comentar, de manera breve, algunos de sus textos que iluminan nuestra realidad con miras al próximo proceso electoral, acompañando el comentario con la mención de principios expresados por la enseñanza social de la Iglesia y por mi propio magisterio episcopal.

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La historia de nuestra iglesia local inicia desde la llegada de los primeros españoles en el siglo XVI pero ciertamente tendrá un impulso muy fuerte con la fundación del obispado que abarcaría todo el noreste, entonces, de la Nueva España.

El inicio del obispado fue precisamente con la bula Relata Semper firmada en 1777 por el Papa Pio VI. Ese obispado llevó en un inicio el nombre de “Obispado de Linares” dado que en un primer momento se consideró que la sede sería conveniente que estuviera en aquella ciudad pero ya el segundo obispo consideró que sería una mejor sede la ciudad de Monterrey y propuso, como se conserva hasta el día de hoy, que la sede fuera en esta ciudad capital.

El resto del siglo XVIII, todo el siglo XIX y hasta hace 99 años la diócesis llevó ese nombre hasta que en 1922 se cambió, con autorización de Roma, el cambio al nombre de “Monterrey”.

Además, a finales del siglo XIX en 1891, se creó la diócesis de Saltillo, y se le consideró sufragánea de la de Linares, así la “Diócesis de Linares” pasó a ser “Arquidiócesis de Linares” y finalmente, como ya hemos señalado, se cambió el nombre al de “Arquidiócesis de Monterrey”.

Desde la llegada del primer obispo al Sr. Arzobispo Mons. Rogelio, 21 pastores han guiado a esta grey y en la nueva exposición del Museo Arquidiocesano de Arte Sacro se exhiben piezas de valor histórico y artístico relacionadas con todos ellos.

Te invitamos a nuestra exposición temporal “Relata Semper. Obispos y Arzobispos de Linares – Monterrey”. Permanecerá el resto del año 2021. El Museo está localizado a un costado de la Basílica del Roble frente a la plaza. Consulta en el Facebook Museo Arquidiocesano de Arte Sacro más detalles acerca de horarios y días de apertura. 

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2ª. parte. El siglo XVIII

En el mes anterior comenzamos a repasar la historia de esta parroquia; como ya se había señalado, al inicio del siglo XVIII Cadereyta ya cuenta con un templo parroquial pero seguramente era muy precario, debemos de recordar que Cadereyta aún no se encuentra en su ubicación actual sino en la margen norte del río Santa Catarina.

1712 VISITA DEL OBISPO CAMACHO                

El 22 de julio pasó el obispo de Guadalajara a Cadereyta; lo que encontró fue bastante desolador “No hubo depósito del Santísimo Sacramento por estarse haciendo de nuevo la iglesia que en los años pasados se dice “quemaron los indios infieles”. No hubo pila bautismal por lo mismo. Hizo confirmaciones” (Garmendia, p. i).

Gonzalitos subraya los grandes cambios acontecidos en la visita del prelado: “En el año 1712 vino a su visita el Ilmo. Sr. Ob. Dn. Diego Camacho y Ávila y trajo de Guadalajara una buena porción de clérigos recién ordenados quitó a los frailes la administración de los indios, secularizó las misiones y puso curas y doctrineros seculares” (GONZÁLEZ, p. 293). 

1719 RETORNAN LOS FRAILES

Después de lo dispuesto por el Obispo Camacho en el 1712, los frailes franciscanos elevaron un reclamo ante el Rey quien atendió la queja, siete años después se dispuso que se les devolvieran a los frailes sus misiones y doctrinas; así ese mismo año, visitó la región el Obispo Fray Manuel Mimbela a dar nuevamente posesión a los frailes. Portillo señala a este hecho la fecha de 1723 (Huellas, p. 97). Gonzalitos añade a todo lo anterior: “Los conventos de Cerralvo y Cadereita (sic) habían desaparecido y no pudieron ya restablecerse” (GONZÁLEZ, p. 294).

1741 PARROQUIA DE SAN JUAN DE CADEREYTA

El 24 de diciembre el obispo de Guadalajara se encontraba en Monterrey, feliz navidad debió de haber sido aquella ciertamente, y revisó los libros de la parroquia de Cadereyta, pero en el libro se anota que el nombre de la parroquia es de “san Juan” y no ya de san José.

Ciertamente desde el acta primera de fundación de Cadereyta se hablaba de la parroquia de san Juan, pero en realidad el convento llevaba el nombre de san José. Cuatro años más tarde el visitador Matías López y Prieto visita la parroquia de Cadereyta la cual, como hemos ya señalado, llevará ya el nombre de san Juan.

1753 VISITA DEL OBISPO DE GUADALAJARA

Fray Francisco de San Buenaventura Martínez de Texada revisa el libro de la parroquia que es presentado por “el Padre Cura Ministro de Doctrina” Fr. Gonzalo Díaz Cárdenas. Portillo señala que Díaz estuvo en esta parroquia de 1748 a 1755 “siendo el último franciscano en administrar esa parroquia” (Diccionario).

1755 P. CIPRIANO GARCÍA DÁVILA

En este año llega este sacerdote quien será el primer cura beneficiado después de la salida definitiva de los frailes, permaneció en Cadereyta hasta 1787 siendo protagonista de los importantes acontecimientos para la parroquia que a continuación se narrarán (PORTILLO, Diccionario, p. 128).

1760 VISITA DEL OBISPO

El obispo Francisco de san Buenaventura nuevamente visita la parroquia y revisa los libros que le presenta Cipriano García Dávila quien es ya mencionado como “cura beneficiado” de Cadereyta.

1762 PROYECTO DE CONSTRUCCIÓN

El padre Cipriano presenta al gobernador Velasco un proyecto de construcción de un templo parroquial esto por medio de una carta fechada el 18 de junio de 1762, a la anterior se adjunta un diseño de la planta del mismo y un diseño de lo que sería la fachada. Nada de esto se realizó por haberse llevado a cabo, apenas un año después, la mudanza de la ciudad.

En el Archivo Histórico (AHAM) se conservan unas fotocopias del diseño propuesto para la parroquia por el P. Garza Dávila, no sabemos en qué archivo se encuentren los bocetos originales. En este material se incluye un diseño de cómo hubiera sido la fachada y además la planta arquitectónica propuesta para el frente del mismo templo. Este diseño recuerda en mucho los que años después, en 1790, se harán como propuesta para la Catedral de Monterrey, estos últimos fueron publicados por Aureliano Tapia en “La Catedral del Nuevo Reino de León” (1989).

1763 TRASLACIÓN DEFINITIVA DE CADEREYTA

En febrero de este año la población se mudó por última ocasión, de la margen norte del río Santa Catarina a dónde se encuentra el día de hoy. Esto se hizo a solicitud de los vecinos para facilitar la conducción del agua y el riego, todo esto después de una prolongada sequía (ROEL, p. 61).

Así se trazaron la plaza central, los edificios públicos y la parroquia; en ese tiempo seguía siendo el párroco Garza Dávila el cual solicita a los vecinos su ayuda para edificar la Iglesia (MONTEMAYOR, p. 33). La edificación habría comenzado en 1775 (González, Testimonios, p. 31)

1777 VISITA DEL DR. JOSÉ ANTONIO BENAVIDES

Por orden el obispo de Guadalajara fray Antonio Alcalde, el Dr. Benavides recorrió gran parte de esta región y así llegó a Cadereyta el 14 de mayo de 1777, todo ello en vistas a la creación de un obispado en el noreste de México. El documento elaborado en esta visita da muchísima información acerca del estado en ese momento de la parroquia, toda la descripción conforma un retrato escrito de la misma.

Llegó el Doctor fue recibido en la puerta por el cura García Dávila, se celebró la Misa, el doctor subió al púlpito y explicó el fin de la visita. Visitó el sagrario, adoró al Santísimo colocado en el altar mayor, en el presbiterio además del anterior había un altar más.  “Visitó” la lámpara de plata que arde ante el sagrario, visitó la pila bautismal “que por no haber bautisterio está en la sacristía”.

De la sacristía se comentó “halló tener lo preciso y necesario para el servicio del culto divino”; a pesar de lo anterior el Doctor va indicando lo que falta y lo que hay que renovar para que todo esté en buen estado para el uso litúrgico, Al final de la visita a la sacristía se mandó “que los dos retablos grandes que están en la sacristía rotos e indecentes se quemen y sus cenizas se entierren o resuman”, este comentario deja muchas interrogantes acerca de cómo pudieron haber sido y de qué materiales.

Al finalizar el documento se hace una anotación importante, hacía menos de 14 años que la población se había mudado de la margen norte a la sur del Río y así en aquel lugar “aún existen (…) muchos cuerpos difuntos”, así el doctor encargará al cura “exhorte a sus vecinos y feligreses a fin de exhumar los huesos y trasladarlos a esta parroquial o su cementerio, quedando en la antigua iglesia una cruz a perpetua memoria, sin permitir que entren bestias o ganados a pisar o ensuciar aquel sitio”. No sabemos si la cruz se colocó; al menos hoy no es posible ubicar la localización precisa de aquel sitio en medio de la mancha urbana norte de Cadereyta.

Así concluimos esta segunda entrega, el mes entrante continuaremos con la historia de la parroquia en el siglo XIX.

Acompaña a este artículo una imagen de una custodia de plata precisamente de este siglo XVIII perteneciente a esta parroquia y que actualmente se exhibe en la exposición permanente del Museo Arquidiocesano de Arte Sacro.

 

 

 

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Algunas investigaciones sostienen que, si una persona duerme entre 6 u 8 horas al día, dormirá, en promedio, un total de 25 años durante toda su vida.  De este cuarto de siglo, cuatro años representan proporcionalmente la suma del tiempo que una persona pasa soñando.

Efectivamente, todos soñamos, todos los días, aunque no soñamos todo el tiempo que dormimos y no siempre recordamos lo que soñamos. Aunque cuando dormimos, el centro lógico de nuestro cerebro no funciona, sin embargo, éste sigue trabajando y envía a la médula espinal una serie de señales que inhiben nuestros movimientos y, manteniéndonos en reposo, permite así, la fantástica aventura de los sueños.

Soñar resulta ciertamente una aventura porque, paradójicamente, en este espacio de tiempo las representaciones oníricas no tienen tiempo, ni lógica y, sin embargo, no por ello carecen de significado. De hecho, el significado de lo que soñamos suele siempre intrigarnos.

Descifrar el significado de los sueños ha sido un intento, no solo de las artes adivinatorias, sino incluso de la psicología y recientemente, también de los estudios neurocientíficos.

El inconsciente está conformado por imágenes, percibidas durante la vigilia y asociadas a profundos deseos y arraigados temores que condicionan nuestra cotidiana conducta. Soñar es, pues, un trabajo mental, dedicado a superar nuestros miedos, en el intento de lograr lo que deseamos. Se trata de un ensayo simbólico de la lucha entre lo que deseamos, pero no debemos o no podemos hacer.

Por eso, no extraña que “soñar” sea también un verbo usado para expresar nuestros anhelos; es una manera de imaginar, como real, lo que parece imposible de lograr. En este sentido, algunos famosos personajes han hablado de sus sueños; basta recordar, por ejemplo, uno de los más célebres discursos del siglo XX, titulado “Yo tengo un sueño” de M. Luther King. También, el papa Francisco suele hablar frecuentemente de “sus sueños”. “Sueño con una opción misionera”, ha dicho en su exhortación apostólica Evangelii Gaudium (n. 27).

Recientemente, en su Carta apostólica, titulada “Patris Corde” (Con corazón de Padre), el Papa nos habla de los cuatro sueños de san José y, sobre todo, de su relevante papel en la historia de nuestra salvación, pues él custodió, desde su nacimiento, la vida de nuestro redentor. Con esta breve carta de apenas 7 numerales, el santo Padre recuerda que hace 150 años, en 1870, el papa Pío IX declaró a san José como patrono de la Iglesia católica.

Esta bellísima Carta tiene un estilo ameno, fluido y, en general, atractivo, pero además tiene un peculiar tono personal y actual, pues el papa la escribe, teniendo en cuenta el presente contexto de la pandemia por el COVID-19 y dedica sus reflexiones sobre la figura de san José, a todos los que, como el padre de Jesús, han ofrecido discretamente su vida, para salvar la vida de otros:

«Mi deseo de compartir algunas reflexiones sobre esta figura extraordinaria [san José], tan cercana a nuestra condición humana, ha crecido durante estos meses de pandemia en los que podemos experimentar, en medio de la crisis que nos está golpeando, que “nuestras vidas están tejidas y sostenidas por personas comunes —corrientemente olvidadas— que no aparecen en portadas de diarios y de revistas, ni en las grandes pasarelas del último show pero, sin lugar a dudas, están escribiendo hoy los acontecimientos decisivos de nuestra historia: médicos, enfermeros y enfermeras, encargados de reponer los productos en los supermercados, limpiadoras, cuidadoras, transportistas, fuerzas de seguridad, voluntarios, sacerdotes, religiosas y tantos, pero tantos otros que comprendieron que nadie se salva solo. […] Cuánta gente cada día demuestra paciencia e infunde esperanza, cuidándose de no sembrar pánico sino corresponsabilidad. Cuántos padres, madres, abuelos y abuelas, docentes muestran a nuestros niños, con gestos pequeños y cotidianos, cómo enfrentar y transitar una crisis readaptando rutinas, levantando miradas e impulsando la oración.” Todos pueden encontrar en san José —el hombre que pasa desapercibido, el hombre de la presencia diaria, discreta y oculta— un intercesor, un apoyo y una guía en tiempos de dificultad. San José nos recuerda que todos los que están aparentemente ocultos o en “segunda línea” tienen un protagonismo sin igual en la historia de la salvación.»

Y muy a propósito de esta emergencia sanitaria, el vocabulario del sueño reaparece en las conversaciones que el Papa sostuvo con Austen Ivereigh y que han sido publicadas como libro, bajo el título de “Soñemos juntos”. En este texto, Francisco afirma que de una crisis nunca se puede salir igual, pues se sale peor o mejor, pero jamás como antes. Cita, luego al poeta alemán Friedrich Hölderlin quien sugestivamente dice, en su “Himno de Patmos”, que «Donde hay peligro crece también lo que nos salva.»

Cuando el peligro de muerte amenazó la vida de Cristo, san José soñó la salvación que Dios sueña para nosotros. En sus sueños, san José resolvió desafiar al poderoso Herodes y a su hijo Arquelao; su mente se abrió a la sugestión divina de no rehuir, por miedo, a su crisis y se decidió a salvar la honra de su mujer, aceptando a Jesús como su hijo y a formar con María un hogar digno (Mt.1,20); soñó también con garantizarles su seguridad (Mt. 1, 13), además de darles una patria (Mt. 1,19) y un futuro (Mt. 1, 22).

Dios nos conceda, por intercesión de san José, a quien veneramos este 19 de marzo que, liberados del miedo egoísta, “soñemos juntos” todo mortal peligro, como una providencial oportunidad para convertir nuestro tiempo en historia de salvación.

Famoso o no, recuerda que tienes, en promedio, 4 años de sueño, pero tienes también, por inspiración de Dios, cuatro sueños que, con su ayuda, puedes hacer realidad para que todos vivamos con mayor dignidad.

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“Dios resiste a los soberbios, pero concede su gracia a los humildes”. 1P. 5: 5.

Una vez escuché decir al Papa Francisco que el seguimiento de Jesús es un camino de humildad. Creo que hoy en día es una virtud poco valorada, incluso desconocida para algunos. Esto es algo grave, ya que la humildad es la que nos ayuda mantenernos en la realidad, es indispensable para alcanzar la felicidad y realizarnos como personas; el que no es humilde se autodestruye.

 En la antigua Roma existía un sirviente que acompañaba al general victorioso en su entrada triunfal a la Ciudad y mientras era ovacionado por la multitud, este sirviente le decía al oído al general: memento mori, frase que quería decir “recuerda que eres un mortal, no un dios”. Esto ayudaba a aquel nuevo héroe a ser ubicado y no creerse superior a los demás.

Hoy en día, para muchos la palabra humildad está relacionada, con no valorarse, cuando en realidad es todo lo contrario, es darse cada quien su justo valor, pero también a los demás. La humildad tiene mucho que ver con una sana autoestima.

 Es importante no confundir el ego, con la sana autoestima (la humildad). El ego, es lo que yo creo que soy, es la creencia desmedida en mi propia importancia, que se convierte en arrogancia. Por el contrario la sana autoestima, es el sano afecto de nosotros mismos, nuestra aceptación con virtudes, pero también con nuestras limitaciones.

El Dr. José Antonio Lozano Díez, Rector de la Universidad Panamericana, señala algunas características para analizarnos y diferenciar el ego y la sana autoestima (humildad):

-El egocéntrico necesita que todo el tiempo le presten atención, necesita ser el centro de todas las miradas, se relaciona desde el recibir de los demás y si no recibe se siente dolido; en cambio quien tiene alta autoestima se preocupa por sí mismo y los demás e interactúa desde la escucha y la aportación a los demás.

La persona egocéntrica no empatiza con los demás, porque está centrado totalmente en él o ella y no ve más allá de sus creencias, sus emociones y sus acciones; en cambio quien tiene sana autoestima alcanza a ver más allá de sus creencias, emociones y acciones, empatiza con los demás.

 Los egocéntricos suelen no aceptar críticas ni errores, incluso suelen mostrar agresividad cuando quedan evidenciados; en cambio los que tienen sana autoestima aceptan las críticas constructivas como fuente de aprendizaje y saben que las críticas destructivas nada tiene que ver con él o ella, las saben distinguir.

Los egocéntricos piensan que están por encima de los demás, en cambio los que tienen sana autoestima saben que ninguna persona está por encima de ella.

Con estas características pudiéramos pensar en uno que otro miembro de nuestra amada Iglesia, incluyendo consagrados o muchos de nosotros laicos, sin embargo, lo importante es que volteemos la mirada hacia nuestro interior y veamos cómo estamos. La virtud de la humildad tiene un estatuto especial: la tiene quien no cree tenerla, no la tiene quien cree tenerla. Solo Jesús puede declararse “humilde de corazón” y serlo verdaderamente.

¡Que en esta Cuaresma San José, modelo de humildad nos ayude a seguir el camino de Jesús!

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1ª. parte. Hasta la erección parroquial

 Muy antigua es la ciudad de Cadereyta y muy antigua también es su parroquia. Pero, precisamente por su antigüedad, el pretender hacer una presentación de su historia, aunque sea breve, es tarea complicada.

 1637 PRIMERA FUNDACIÓN

Desde la llegada de los españoles a esta región existía el deseo de fundar una villa en aquella fértil región localizada al oriente de Monterrey, así a inicios de este año hubo una excursión de avanzada para ubicar el sitio en que se fundaría una nueva villa, de tal manera que el día 12 de marzo “fueron a demarcar el sitio, en un llano que hace orilla con el río san Juan, se levantó una cruz alta de madera en señal de posesión y adoración (…)”. Meses después se realizaría la fundación. (GARMENDIA, Origen…, p. 1)

José Eleuterio González “Gonzalitos” señala “El Gobernador Zavala (…) fundó en 1637 la Villa de Cadereita, y en ella puso (…) convento de frailes franciscanos”, la fundación se habría realizado el 13 de agosto.

 Hay que subrayar que esta primera fundación de Cadereyta no fue donde actualmente se encuentra la ciudad sino más al sur oriente cerca de dónde hoy se ubica la localidad de Villa Vieja, en la proximidad de donde hoy se ubica la casa de retiros del P. Santiago Cavazos. 

1638 SEGUNDA FUNDACIÓN

Apenas un año después “el propio Martín de Zavala llegó a Cadereyta en febrero de 1638 y al encontrar algunos aspectos que no fueron de su agrado, decidió que era necesario volver a fundar la población” (RAMÍREZ, Nuevo León, p. 142), esto se habría llevado a cabo el 25 de febrero (MONTEMAYOR, Semblanzas, p. 15). En el acta de fundación de Cadereyta se menciona que se asignó un lote para la “iglesia parroquial, el solar más alto en la calle de Monterrey (…) y se puso a dicha parroquial la advocación y nombre de san Juan bautista”. A pesar de estos nobles deseos, como veremos a continuación, por más de un siglo la iglesia del lugar no debió de ser más que una construcción humilde y siempre provisional, tampoco se encomendó a san Juan sino, como ya hemos mencionado, llevaría el nombre de san José.

1640 FUNDACIÓN DEL CONVENTO

Seguramente por la pobreza de toda esta región, poco se había podido hacer por el primitivo convento de tal manera que, en este año de 1640 en el cual se reorganiza la población, Fray Francisco Lavado se encargará de tomar posesión de un lote para el anhelado convento que ahora llevará el nombre de san Lorenzo (MONTEMAYOR, pp. 11, 20; PORTILLO, DICCIONARIO, p. 201). Poco se usaría este nombre regresando en poco tiempo al de san José.

 Agravando la situación que debió haber sido muy precaria se sumaron los efectos de una inundación en 1642 (MONTEMAYOR, p. 23).

1664 MUERTE DEL GOBERNADOR ZAVALA

A la fecha de su muerte el estado del Reino era el siguiente: “para atender a las necesidades espirituales de la provincia había un cura clérigo vicario del obispo diocesano, un misionero para cada uno de las misiones y los frailes de los tres conventos (el de san Andrés de Monterrey, el de san José de Cadereita y el de san Gregorio de Cerralvo) que con el título de padres doctrineros andaban frecuentemente visitando las numerosas congregas” (GONZÁLEZ, p. 255)

ÚLTIMO CUARTO SIGLO XVII

El obispo de Guadalajara Manuel Fernández visitó Monterrey en 1676 y revisó los libros de administración del convento de Cadereyta (PORTILLO, Huellas, 90). Su sucesor Santiago de León Garavito con fecha del 5 de mayo de 1684 escribió en una carta que en ese tiempo existían tres doctrinas en esta región; las tres doctrinas eran las de “Monterrey, villas de san José de Cadereita y de san Gregorio de Cerralvo que están a cargo de los religiosos doctrineros de la orden de san Francisco” (GONZÁLEZ, pp. 270- 271).

1692 CADEREYTA SE REUBICA AL NORTE

 En este año nuevamente se dejaron sentir fuertes lluvias con sus nefastos estragos y así se tomó la decisión de buscar una nueva ubicación para la población, la elegida aún no es la ubicación actual sino se decidió trasladarla a la margen izquierda del Río Santa Catarina en lo que hoy es la colonia Jerónimo Treviño.

ERECCIÓN PARROQUIAL

Los investigadores no han podido precisar cuándo se erigió la parroquia de Cadereyta, es decir, desde cuándo es presidida por un cura párroco y, por lo tanto, desde cuándo se impartían los sacramentos de un modo independiente de la parroquia de Monterrey (hoy Catedral).

Seguramente la parroquia de san José debió erigirse en la primera década del siglo XVIII ya que al inicio del libro parroquial más antiguo que poseemos y que inicia en el año de 1710 ya se señala “En esta iglesia parroquial de san Joseph de Cadereita…”.

 Así la parroquia de Cadereyta sería la segunda más antigua, en erección no en construcción, de lo que hoy es la Arquidiócesis de Monterrey y esto sólo después de la de Monterrey (Catedral) que es la más antigua.  

{1710 INICIO DEL PRIMER LIBRO

De este año data el libro parroquial más antiguo que poseemos, es de matrimonios; los de defunciones inician en 1754 y los de bautismos comienzan en 1763.

 Antes de concluir señalamos que la imagen que acompaña este artículo es un ostiario de la parroquia de Cadereyta expuesto en la exposición permanente del Museo Arquidiocesano de Arte Sacro, data seguramente del siglo XVII la cual es precisamente la época de la cual trata este artículo.

 


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