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AvatarDebany Valdes2 septiembre, 2020
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Tercera parte. Fines del siglo XIX hasta mediados del siglo XX.

 

Continuamos con estos breves apuntes acerca de la historia de la parroquia de Cerralvo, N. L. El mes pasado se reseñó en este mismo espacio el estado del templo en el año de 1874 conforme a la visita que realizó el obispo Francisco de Paula Verea. Antes de avanzar más en nuestro recorrido subrayo que la gran mayoría de la documentación utilizada para estos artículos se encuentra en el Archivo Histórico de la Arquidiócesis de Monterrey.

  1. VISITA DEL SR. MONTES DE OCA.

En el documento de la visita pastoral del obispo Ignacio Montes de Oca de este año se menciona que él mismo, siendo antes obispo de Tamaulipas, había estado en Cerralvo diez años antes y en aquella visita confirió el sacramento de la confirmación. Él mismo va a aludir a esta visita al hablar de los archivos parroquiales que no están en orden, incluyendo entre los pendientes las partidas de aquellas confirmaciones que no se han archivado adecuadamente. El obispo Montes de Oca señala que la parroquia “se encuentra con poca diferencia cómo la halló” el obispo Verea; y al señor cura “le ordenó y le ordena que vuelva a leer despacio y con atención el aviso de visita de 1874”. Una forma muy diplomática de confirmar que era casi nulo el avance con respecto al estado de la parroquia.

  1. VISITA DEL SR. JACINTO LÓPEZ.

El prelado visitó Cerralvo el 2 de febrero y encuentra en estado preocupante, por decir lo menos, la parroquia y sigue haciendo alusión a la visita del obispo Verea. Por citar sólo un ejemplo: al revisar el archivo se señala “desde septiembre de 1886 no se ha asentado (…) ninguna de las circulares (…) S. S. Ylma. vio con gran dolor tan notable descuido”.

Se realiza la visita de una manera minuciosa y al acabarla se concluye el acta con las siguientes líneas que no dejan duda de la impresión que se llevó el obispo: “Se retira S. S. Ylma. (…) con el sentimiento de ver que después de 16 años no se ha reparado por completo el templo parroquial y que no se han cumplido muchas de las disposiciones que dictó el Ilmo. Sr. Verea (…) motivo por el cual guarda un estado triste y miserable la Iglesia y sus paramentos; ni (hay) alfombras para sus altares fuera de unas viejas y sucias que ninguna persona usaría en su casa”.

En este auto de visita pastoral se señala que la parroquia tiene techadas tres partes, pero faltan dos por techar y le pide al párroco que añada profundidad al templo y que en esta nueva ampliación se coloque el presbiterio.

  1. CAMBIO DE PÁRROCO.

Seguramente por la pésima impresión que se llevó el Sr. López, a los pocos meses cambió al párroco, esto en el mes de octubre del mismo año. Con ocasión de este cambio se realizó un inventario del cual sólo destacamos que se menciona que en la torre había cuatro campanas “dos buenas y dos reventadas”.

  1. REGRESA EL SR. LÓPEZ.

Preocupado seguramente por lo que había visto cuatro años antes, el obispo regresa a Cerralvo pero lo que ahora verá lo dejará más que satisfecho “el empeño, eficacia y buen éxito con que el actual cura (…) ha proseguido la reconstrucción del templo (…) ha concluido el cañón de la Iglesia con el aumento que entonces se indicó” aquí curiosamente utilizó la palabra cañón para referirse seguramente al techo de terrado. Continuemos con el acta de la visita: “Ha hecho nuevo el altar mayor aunque falta estucarse y dorarse (…), ha compuesto la torre que al parecer amenazaba ruina y al presente se halla firme y hermosa”.

Con este panorama más amable dejamos atrás el siglo XIX.

  1. INVENTARIO.

Este inventario nos detalla el estado del templo y su patrimonio. Nos da una idea exacta de cómo era y de lo mucho que ya no ha llegado a nuestros días. De entre toda la información que nos provee destacamos lo siguiente: el templo cuenta con cuatro altares, un confesionario, el púlpito, una escultura de tamaño natural de Nuestro Padre Jesús (Nazareno), ánforas de plata para guardar los santos óleos, un armonium, una tumba de tres cuerpos para exequias y una urna para el santo entierro. Además, se contaba con un fierro para hacer hostias “con sus recortes adecuados”. Por último, se describe la casa cural contigua a la sacristía, la casa estaba compuesta de dos piezas y dos tejabanes. Entre otra mucha información más.

  1. INVENTARIO.

Cuatro años más tarde se vuelve a hacer un inventario muy similar al anterior dónde sólo se dan algunos otros datos como por ejemplo que el templo aún tenía pavimento de madera y que en el muro del presbiterio había una pequeña alacena incrustada dónde se guardaban las ánforas de plata de los santos óleos.

  1. INVENTARIO.

De un cuarto de siglo después otro inventario nos habla ya del altar mayor “con gradas de granito”, en él un “camarín de madera con imagen de talla de San Gregorio Magno”. En la imagen adjunta se puede apreciar el altar mencionado. La torre contaba entonces con dos campanas grandes y dos medianas. Por último, subrayamos que se contaba con un papalote y un tinaco al servicio de la parroquia.

Cuatro años más tarde el Padre Pablo Ponce pide permiso al Arzobispo Alfonso Espino el 11 de diciembre para que sean bendecidas dos campanas reformadas.

El próximo mes concluiremos con la reseña de esta antigua e importante parroquia.

AvatarDebany Valdes2 septiembre, 2020
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TIEMPOS DE RETOS SOCIALES

La situación de pandemia, con sus contingencias sanitarias y sus etapas de confinamiento voluntario nos han hecho revisar en qué tenemos puesta nuestra seguridad, y en quiénes podemos confiar para desarrollar en nosotros las habilidades y actitudes requeridas para superarla.

 

A inicios del 2020 veíamos el porvenir con optimismo, seguros de que los avances en la ciencia y en la tecnología nos abrirían caminos de progreso, confort, salud, multiplicación de recursos. Sin embargo, la presencia del coronavirus trastornó estas seguridades y nos hemos visto inmersos en un torbellino de noticias y eventos que no ofrecen la certidumbre de soluciones próximas y nos piden mantener la esperanza y la paciencia hasta que se encuentre la manera de contrarrestar esta enfermedad.

 

Si la ciencia y la tecnología nos tienen en un compás de espera, ¿cómo alimentar la esperanza y la paciencia? Si la situación parece prolongarse indefinidamente, ¿cómo comportarnos ante los retos sociales de estos tiempos?

 

Nuestra fe cristiana nos ayuda a pasar de las seguridades de este mundo a la confianza en Dios, Padre bueno, providente y cercano. Tenemos la seguridad, si recordamos la Carta a los Romanos (8,31-39), de que nada nos puede apartar del amor de Cristo, y que, si sufrimos situaciones contrarias, de todas ellas saldremos victoriosos por el amor que nos tiene. La confianza en Dios no es un paliativo imaginario, sino una experiencia cierta y sólida que nos mantiene atentos para responder conforme a la vocación divina a la que hemos sido llamados. La caridad es el aporte de quien confía en Dios.

 

Ahora bien, estamos en una recesión en todas las dimensiones de la existencia humana. Todos los recursos humanos van a la baja, o están ya comprometidos en auxiliar y sanar la pandemia. Las cosas accesorias o superfluas no tienen lugar ya en nuestros presupuestos, hemos de invertir en lo que verdaderamente nos da vida. Y la caridad, expresada en obras concretas de misericordia, es la mejor inversión para dar vida según el deseo de Cristo.

 

Y aquí, nuevamente, nuestra fe cristiana nos abre el horizonte de confianza al pasar de nuestras solas fuerzas humanas a poner en manos de la Providencia Divina los recursos limitados que tenemos. Como en el relato de la multiplicación de los panes que escuchamos en la liturgia dominical de hace algunas semanas (Mateo 14,13-21), los creyentes en Cristo multiplicamos los recursos que tenemos gracias a la caridad de Cristo con nosotros. No hay lugar para el “negocio” que enriquece de manera egoísta, sino para la caridad solidaria que enriquece a la familia de los hijos de Dios.

 

LA CARIDAD Y LA SOLIDARIDAD

 

Tuvimos una Cuaresma prolongada y una Pascua atemperada. Nuestros tiempos fuertes nos ayudan a superar los tiempos de retos sociales. Nuestra vivencia litúrgica como cristianos no se reduce al cumplimiento cultual de ciertas fechas, sino que es una experiencia espiritual que fecunda nuestra personalidad de modo que reproducimos en nosotros la vida el Espíritu que nos ofrece Cristo Resucitado. Si hemos muerto con Él, resucitamos con Él, y nos mueve su Espíritu para que nuestros ambientes sean transformados por los valores del Reino que hemos aprendido de Jesús.

Practicar lo que nos da identidad como hijos de Dios es en definitiva lo que nos hace discípulos y misioneros de Cristo. Es aquí donde la caridad y la solidaridad se convierten en los signos distintivos de quienes nos sentimos amados por el Señor y deseamos comunicar ese mismo amor a los demás. Las iniciativas que se esperan de los hijos de Dios en todos los ambientes de la vida social deben estar marcadas por el amor ágape, que ya hemos recibido y que espera ser reproducido y comunicado especialmente a los más necesitados.

 

Los retos sociales nos piden a los creyentes inteligencia creativa para encontrar soluciones, voluntad entusiasta para mantener el ánimo motivado para el compromiso, sensibilidad empática para colaborar en la superación de los retos, y espiritualidad experta en la caridad y la solidaridad para que los proyectos de sanación lleguen efectivamente a quienes más están sufriendo. Dejemos en nuestro mundo la huella de Cristo con el testimonio creíble y sincero de quienes ya hemos sido marcados por su amor.

AvatarDebany Valdes2 septiembre, 2020
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Laura Vázquez Gómez nos permite conocer un poco más sobre su experiencia laboral dentro de la Arquidiócesis de Monterrey que comenzó hace 20 años.

Actualmente Laura es secretaria de la Oficialía de Matrimonios en donde realiza trámites y permisos especiales de quienes se están preparando para contraer el sacramento del matrimonio; sin embargo sus actividades siempre van de la mano con las secretarias parroquiales y bajo la autorización de su jefe el Padre Jesús Zalpa Velázquez, algunos otros sacerdotes y Obispos de nuestra Iglesia.

Una mujer comprometida y dedicada al servicio de la Iglesia, ya que fuera del ámbito laboral ella dispone su tiempo a coordinar la liturgia y la pastoral de la comunidad San Juan Evangelista en Monterrey en donde también tiene la dicha de formar su fe y ser Ministro de la Eucaristía.

A continuación te presentamos esta breve entrevista que le realizamos…

¿Qué te llevó a trabajar en la oficialía?

La verdad yo nunca pensé trabajar en este Departamento, Dios sabe por cual camino te lleva y aquí estoy. Estuve un tiempo en Asociaciones Religiosas, pero Mons. Galván (+) me pidió colaborar con este departamento, en el cual he aprendido mucho y me siento feliz de estar aquí. Y muy cómoda con mi jefe el P. Zalpa y mis compañeras Maricruz Vázquez Gómez y Lourdes Silva Uribe.

Dentro de los procesos que llevas a cabo, cuál es el que más disfrutas hacer

Todas, el trato con las secretarias, la gente, los Padres, los trámites el tratar de ayudar para que se lleve a feliz término los sacramentos (en especial matrimonios).

¿Cómo ha sido tu experiencia sirviendo dentro de la Iglesia de Monterrey?

Grata, ha sido una bonita experiencia, y me siento dichosa por vivir toda lo que pasa en estas oficinas, hasta te haces un poco psicóloga y a escuchar experiencias de otras personas.

¿Cuál es el valor que más prácticas en tus actividades laborales?

La paciencia, (que no lo lean las secretarias de parroquia), pero he aprendido que para trabajar tengo que tener paciencia y solidaridad para poder apoyar a mis compañeras de trabajo tanto aquí en oficina como de parroquias.

¿De qué forma ves manifestado el amor de Dios en tu trabajo?

Cada persona que viene, ya sea que labore en alguna Parroquia o un trámite, viene con una historia, en todos sin faltar ninguna ves el rostro de Dios, un Dios cansado, triste, enojado, alegre, feliz. Dios trae muchas caras pero de verdad el sale al encuentro y te dice apóyalos. Dios permita que todos los días nos envíe al Espíritu Santo para discernir y seguir en este bello trabajo, a mí y a mis compañeras.

Por Equipo Pastoral Siglo XXI

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Segunda parte. Documentos de un siglo (1777- 1874).

 

El mes pasado reseñamos los lejanos orígenes de esta comunidad hasta la erección parroquial en 1761. Recorreremos ahora casi un siglo de su historia apoyados de tres documentos.

1777 VISITA DEL DR. JOSÉ ANTONIO MARTÍNEZ.

El Dr. Martínez recibió la encomienda del obispo de Guadalajara de realizar en su nombre la visita pastoral a toda la región de lo que hoy es el noreste mexicano, esta visita se da en el contexto de encontrar el mejor lugar para la elección de la sede de un nuevo obispado que pronto será erigido y que como bien sabemos la sede elegida fue finalmente Linares.

Así el Dr. Martínez llega a Cerralvo en el mes de mayo (Visita…, CIESAS, 2013). Cumpliendo el objetivo de su visita hará un informe detallado del cual destacamos lo siguiente:

“(…) pasó a la iglesia parroquial (…) y en la puerta fue recibido (…) se comenzó la misa (…) y acabado el evangelio se leyó en el púlpito el título de visitador general (…). Acerca del púlpito más adelante el documento afirmará: “Que se mande hacer un púlpito nuevo porque el que sirve está muy maltratado”.

“Y acabada la misa (…) y por no haber sagrario ni depósito del santísimo sacramento visitó la pila bautismal, concha y crismeras de plata que se hallaron proveídas en conveniente forma a un lado de la iglesia, cerca de la puerta mayor por no haber bautisterio” así el bautisterio actual aún no existía.

“Visitó el altar mayor, que es el único que hay en esta iglesia parroquial, y lo halló con la decencia correspondiente (…) Visitó asimismo la sacristía con todos sus ornamentos, vasos sagrados, ropa blanca y demás alhajas que hay en ella para el servicio del culto divino (…)”.

“Y habiendo reconocido su señoría la iglesia toda por dentro y por fuera, advirtiendo los reparos de que necesita para su conservación y aliño [poner en orden], mandó que se eche un contracimiento de piedra y cal fuerte, revocando [pintando] las paredes (…), y en los ochavos del presbiterio se hagan unos pilares de buenas basas que sostengan su fábrica, que se abra una puerta al costado y se pongan encerados a las ventanas para que se eviten así la introducción de los animales volátiles e inmundos, como los vientos que empolvan las imágenes”.

Así en este documento se nos habla de una parroquia montada ya en forma adecuada pero que al mismo tiempo necesita una buena reparación.

  1. INVENTARIO.

A mediados del siglo XIX se realizó un detallado inventario de la parroquia (Archivo Histórico de la Arquidiócesis de Monterrey), este aporta un retrato escrito de cómo era en ese tiempo la parroquia con su sacristía y su bautisterio.

La parroquia poseía una dimensión aproximada de 27 mt por 6 mt de ancho por 6 mt de alto. El techo es de vigas (62) y sobre ellas tabletas sobre las cuales está el techo “bastante arruinado”. Posee comulgatorio y un púlpito de madera con su escalera además de dos confesionarios y dos pilas de agua bendita. El coro alto “lo sustentan dos pilares que forman un arco”. El bautisterio actual ya existía con pila de piedra.

Describe los altares comenzando por el altar mayor que posee una imagen grande de la guadalupana y “el santo patrón Sr. San Gregorio Papa”. Además, se mencionan los altares de Nuestra Señora del Refugio, el altar del Sr. San Rafael y el altar de las benditas ánimas. Así existían 4 altares mientras en 1777 solo había uno.

La sacristía posee una colección de imágenes de bulto, entre ellas destacan Nuestro Padre Jesús Nazareno la cual poseía una corona con tres potencias de plata y una “de la resurrección de N. S. J. C.” entre otras muchas más imágenes. No recuerdo en alguna otra parroquia alguna mención antigua a una imagen al Resucitado.

La torre “de una altura y hechura razonable con sus almenas todo de piedra” en ella “tres campanas y una esquila de muy razonable y fino tañido”.

INVENTARIO: CASA ADJUNTA A LA PARROQUIA

En este mismo inventario se habla de los curatos o casas parroquiales. Una está a un lado de la parroquia y que está compuesta “por una sala y un cuarto con otras piececitas bastante arruinadas con todas las demás que apenas se advierte donde estaban por los cimientos o restos que han quedado en sus ruinas” probablemente esta descripción de ruinas se trate del antiguo convento franciscano que quedó en desuso desde la secularización de la parroquia en 1761.

INVENTARIO: CASA GRANDE

Pero aún más interesante es que la parroquia poseía otra enorme propiedad donada “a esta Iglesia y a Nuestra Sra. De Agualeguas” el inventario enlista las partes de la enorme propiedad: el cuarto de los arcos, recamara, sala, zaguán con portón, sala, recámara, cuarto en la esquina, otro cuarto, segundo zaguán, cuarto y la cocina. Cierra todo el conjunto una pared con una buena noria y un gran patio.

Muy probablemente la descripción que se hace de esta enorme casa es una antigua descripción de la edificación que hoy se conoce con los nombres de “Casas Reales” o “Presidio” o “Las Cureñas” o “Casa de Moneda”, esta casa aún hoy está localizada en la esquina de Guerrero y Mina frente a la Plaza 5 de mayo. Esta edificación se dice que tiene sus orígenes en el período de Martín de Zavala coincide con la descripción que se hace en el inventario yendo del extremo nororiente avanzando en el sentido de las manecillas del reloj hasta acabar en el extremo norponiente. Esta casa seguramente fue utilizada por los sacerdotes de aquí pudiera provenir el nombre de Las Cureñas que algunos explican porque fue de “curas hombres” pero esto carece de sentido dado que la cureña es un artefacto militar los cuales más bien pudieron dar pie a este nombre, además de que sería una redundancia decir curas-hombres dado que los curas siempre son del sexo masculino.

Todo el inventario de 1844 retrata una realidad floreciente de la parroquia.

1874 VISITA DEL SR. VEREA.

El Obispo Francisco de Paula Verea visitó la parroquia el 24 de enero de este año. En el detallado documento de la visita describe el templo “Es muy antiguo, sus paredes son de adobe, una de ellas cuarteada, vencido el techo al que debe ¿? pronto para evitar su ruina”, menciona el altar mayor con un retablo de la Virgen de Guadalupe y “altar y tabernáculo que están bien construidos”.

El bautisterio se encuentra “en regular estado” y menciona además que en mucho sirve de bodega, visitó la sacristía y en ella destacó los estantes “que encontró en regular estado”, el atrio se haya “bien cercado”.

Ya no se habla de la casa grande antes mencionada, seguramente retirada a la Iglesia en las leyes de Juárez, sino solo de la adjunta a la parroquia y de esta se dice “No hay casa en esta parroquia, el cura habita en una pieza contigua a la sacristía, junto a dicha pieza hay otra que sirve (…) para bodega o despensa”.

Acerca del archivo se anota “lo encontró en desorden, amontonado”.

El balance que deja este documento es de una parroquia descuidada y seguramente al encargado no le fue tan bien en la visita del obispo Verea. Pero peores reportes habrá de esta parroquia y los comentaremos el mes siguiente.

Pbro. Lic. José Raúl Mena Seifert
Centro de Investigación Historica CIHAM

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Peregrinación diocesana 1941, el Sr. Tritschler con miembros del clero y del Seminario de Monterrey. Fotografía capturada en la sacristía de la antigua Colegiata, hoy Museo

 

Casi a mediados del siglo XIX se propuso que todas las diócesis mexicanas, las que existían en ese entonces, fueran una vez al año en peregrinación a la Colegiata, hoy Basílica, del Tepeyac. No tenemos el dato exacto de cuándo data esta propuesta, pudo haber sido en 1836 o en el año de 1837. Así la entonces diócesis de Linares (hoy Arquidiócesis de Monterrey) es invitada a ir cada año.

En el Archivo Histórico de la Arquidiócesis de Monterrey (AHAM) no se conservan las primeras invitaciones para ir al Tepeyac, la más antigua invitación es del año 1841, es decir, carecemos de las primeras invitaciones. Pero cada año seguramente llegaba al obispo de Monterrey la invitación a acudir: algunas seguramente se han extraviado o nunca llegaron. Las cartas eran enviadas por el Cabildo de Guadalupe al Obispo o, más tarde, Arzobispo de Monterrey.

No quiere decir que no haya habido antes de estas fechas peregrinos regiomontanos en el Tepeyac, seguramente los hubo pero centramos nuestra atención al tema de la peregrinación anual diocesana que se sigue desarrollando hasta el día de hoy cada doce de agosto.

También es conveniente subrayar que un asunto es que tengamos las invitaciones anuales y otra muy distinta es que alguien haya ido. Lo que sí queda claro por los documentos es que, haya ido alguien de Monterrey o no, la Misa por nuestra diócesis se celebraba en el Tepeyac. Era celebrada por alguno de los miembros del cabildo guadalupano quienes reportaban puntualmente el hecho al obispo de Monterrey.

La primera noticia cierta que tenemos de la presencia de dos representantes de nuestra diócesis es hasta el año de 1877 ya que el obispo nombró como a sus representantes a los licenciados Jesús Ma. Aguilar y Jesús Ma. con apellido Cerda o Serna.

Al inicio no fue fija la fecha del 12 de agosto. En las invitaciones de los años 1841 y 1845 la fecha es el 12 de septiembre. No es sino hasta el año 1866 en que se fija para esta iglesia diocesana la fecha del 12 de agosto “según lo convenido en nuestro último concordato” escribe el cabildo de Guadalupe. Así tenemos más de siglo y medio, como diócesis, siendo representados o yendo cada 12 de agosto a la casa de la Guadalupana. El que las diócesis fueran cada día 12 es que la Virgen estuviera acompañada siempre por peregrinos ese día y no solo el 12 de diciembre.

SIGLO XX Y XXI

En el nuevo siglo las invitaciones seguirán llegando para la función anual. La última invitación que se conserva en el AHAM es del año 1940. El P. Tapia señala que un fuerte impulsor de estas peregrinaciones anuales fue el Sr. Arzobispo Guillermo Tritschler, Siervo de Dios, quien animó a la asistencia a la misma desde su misma llegada a Monterrey en 1941.

En 1961 el Abad del Tepeyac preguntó al Sr. Espino si deseaba conservar esta fecha del 12 de agosto o si deseaba algún cambio y la respuesta del prelado fue que la fecha de agosto “ya es tradicional” entre la feligresía regiomontana.

Este año seguramente la presencia regiomontana será limitada por la pandemia pero como cada año desde hace más de siglo y medio el nombre de nuestra Arquidiócesis se escuchará en el Tepeyac este próximo 12 de agosto delante del manto sagrado.

Pbro. Lic. José Raúl Mena Seifert
Centro de Investigación Historica CIHAM

 

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Alma Elizabeth Gasque Montemayor, se integró al Tribunal Eclesiástico de Monterrey en el año 2008 y desde entonces se ha desempeñado como Notario en los Procesos de Nulidad Matrimonial, ahora bajo el cargo del Pbro. Pedro Pablo González Sias, Vicario Judicial.

 

Desde hace 12 años ha participado en dar fe en las actuaciones procesales de quienes van en busca de hacer nulo su matrimonio después de un extenso proceso que compruebe que desde un principio no existió ningún vínculo matrimonial; actualmente los casos que Gasque mantiene activos son supervisados por el Pbro. Justo Javier Treviño, juez en turno.

 

Conoce más sobre Alma Gasque, esposa, madre, compañera y amiga, a quien distinguen por ser servicial, comprometida, siempre alegre y muy empática.

1.- ¿Cómo llegaste a laborar en el Tribunal Eclesiástico?

Para mí ha sido una “Diosidencia”, era parte del plan de Dios. En 2008 quedé desempleada; para esas fechas una amiga estaba de paso en Monterrey y la fui a visitar, al contarle mi situación me comentó que debía llamar a la bolsa de trabajo de la Parroquia Nuestra Señora del Rosario, a la que pertenecimos tiempo atrás, pero la Señorita me comentó que sabía de una oportunidad en el Tribunal Eclesiástico, me pidió mi información y justo un día después ya estaba en entrevista con el Pbro. Ernesto David González Muñoz, quien me solicitó quedarme de una vez para capacitación. Al día siguiente mi amiga volvió a su casa, pareciera que solo esperaba inspirarme a entrar a este lugar para que ambas pudiéramos continuar nuestros rumbos en tan buenos lugares.

 

 

2.- De los procesos que realizas día con día, ¿cuál servicio disfrutas más?

A mí me gusta mucho ayudar a las personas, aquí viene gente con mucho dolor y el escucharlas, darles cierto consuelo, para mí es algo muy importante. Al final del proceso para mí es mucha la satisfacción cuando la persona puede volver al sacramento de la comunión y tener un encuentro personal con Dios y después consolidar su sueño de contraer nuevas nupcias y estar en gracia de Dios con la familia actual, dando testimonio a sus hijos.

 

3.- ¿Consideras que hay posibilidad de encontrarte con Dios en el ámbito laboral?

Sí, yo pienso que Dios está en cada persona que viene a pedir ayuda para que se lleve a cabo su proceso, y así mismo tenemos que tratar a esa gente con caridad y paciencia, para que puedan alcanzar la felicidad, al poder volver al Sacramento del Matrimonio y así mismo el Sacramento de la Comunión.

 

4.- ¿Qué experiencia personal te deja la colaboración o servicio que brindas?

Tengo muchas y muy buenas experiencias, pero creo que resaltaré los buenos lazos e incluso amistades que he podido obtener, ya que en muchas ocasiones por lo profundo que es el proceso se llegan a tener muy buenas relaciones. También cuando después de cierto tiempo, algunas personas llaman para comentarme que ya se pudieron casar y que han recuperado la gracia de Dios. Me reconforta tanto saber que un factor importante es que gracias a la colaboración y cumplimiento de mi trabajo, ellos obtienen un bienestar espiritual.

 

5.- Qué recomendación das a quienes visitan el Tribunal Eclesiástico para llevar a cabo algún trámite.

Con el paso de los años he notado que el tema de la nulidad del matrimonio, en muchas ocasiones, no se toma con la seriedad que esto implica, por ello muchos desisten, incluso antes que el proceso terminé, los invito a ser pacientes, a confiar y practicar la paciencia.

Por Pastoral Siglo XXI

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Los acontecimientos que estamos viviendo, y que nos hacen recordar lo frágiles que somos, no deben ser motivo para que perdamos la esperanza en que todo podrá ser superado, aún y cuando se tengan que tomar medidas más estrictas en las que, tal vez, no todos estarán de acuerdo, pero que son necesarias para que pronto podamos retomar nuestras actividades cotidianas.

 

Es por eso que, quiero invitarlos a fortalecer en nuestra vida la virtud sobrenatural de la esperanza, misma que Dios ha infundido en cada uno de nosotros al momento de nuestro bautismo, y que nos da la firme confianza en que Dios, por los méritos de Cristo, nos bendice con las gracias necesarias para salir adelante.

 

Dice el apóstol San Pablo, en su carta a los Romanos (Cf. Rom 5,5) que la esperanza nunca defrauda. ¿Por qué? porque la esperanza es Jesús. Al respecto, dice el Papa Francisco: “Jesús, la esperanza, lo hace todo nuevo, es un milagro constante. No solo ha hecho milagros de curación, como dice la Escritura, sino que todo lo hace nuevo cada día. Cristo es el que hace nuevas todas las cosas en la creación, es el motivo de nuestra esperanza. Y esta esperanza no defrauda, porque Él es fiel” (Papa Francisco, Homilía 09/09/2013).

 

Queridos hermanos y hermanas, al poner nuestra esperanza en Jesús, sabemos todo será superado, por lo que no debemos dar un paso atrás, debemos seguir adelante. Si ahora nos piden cumplir con normas más estrictas, seamos obedientes. Es necesario que vivamos una auténtica solidaridad como miembros de una sociedad que atraviesa por una crisis en la salud de sus ciudadanos.

 

El número de contagios sigue siendo preocupante, pero no debemos quedarnos en la sola lamentación por lo que acontece, sino que debemos comprometernos a buscar juntos la solución, la cual se inicia quedándonos en casa.

 

La vivencia de nuestra fe, siempre será una acción esencial, por lo que no puede limitarse a un solo momento, debemos vivirla en todas nuestras acciones de la vida. Hoy, debemos permanecer en casa, en la Iglesia doméstica que nos fortalece, para que mañana podamos vivir lo nuevo con tranquilidad y esperanza.

 

Les pido que sigamos unidos en la oración, especialmente por todos los sacerdotes que, en torno a la Solemnidad de la Virgen María, celebran su aniversario sacerdotal. Que ella interceda en su vocación, para que sigan teniendo un corazón misericordioso y acompañen con fidelidad al pueblo de Dios, especialmente en estos tiempos de dificultad.

Dios les bendiga.

 

Mons. Rogelio Cabrera López

Arzobispo de Monterrey

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En estos días pasados he estado viendo constantes publicaciones acerca del PIN parental, del debate sobre quién tendrá el derecho a educar a los niños y sobre qué tipo de educación o ideologías se podrían estar colocando en la enseñanza básica; se han presentado diversas posturas, cada una intentando explicar el por qué unos u otros deben tener el derecho a educar.

 

Ante esto, la pregunta que detona mi reflexión es ¿por qué “el derecho a educar” para debatir este tema? La segunda es ¿conviene que sea este el punto de partida para una visión clara de la educación?

 

Podríamos correr el riesgo de estar olvidando que, antes del derecho a educar, existe el derecho a la educación. Son varios los pensadores que en décadas pasadas han reflexionado acerca de este tema. No pretendo enunciar a dichos autores ni sus escritos, sino generar una reflexión que parta de la persona que será educada y no de la búsqueda de intereses de los protagonistas del debate.

 

Existe un derecho a la educación que nace de la persona misma. Es decir, no se trata de que yo papá, yo maestro o tú gobierno tengas el “derecho a educar” sino que el niño tiene derecho a la educación. Tal como el que será adoptado tiene derecho a una familia, y los papás adoptivos se les concede ser los responsables de velar que se cumpla el derecho del niño. Tal como el que ha sido encontrado inocente en un juicio tiene derecho a la libertad, y el celador abrirá la reja para que ejerza su derecho inocente, pero el celador no es el poseedor del “derecho a la libertad”, sino sólo quien abre la reja a quien le corresponde la libertad.

 

La persona (el niño, o el joven) tiene derecho a acceder a la educación, a la ciencia, a la verdad, al conocimiento. Nosotros (papás, docentes, o gobierno) no somos los dueños de nada de esto, como si alguno de nosotros tuviera estos recursos en cajas para distribuirlos y como si el otro no los tuviera; en ese sentido de posesión, tampoco somos los poseedores del derecho a la educación (salvo únicamente porque somos personas y tenemos el mismo derecho a ser educados); nosotros somos los agentes que garantizan que el niño pueda gozar de este derecho que es SUYO. Por otra parte,  estimados papás, maestros y gobierno, educar no es que sea nuestro derecho, es nuestra obligación ante el derecho del otro, que es un humano.

 

Ahora bien, algunos tal vez me dirían: “bueno, lo que estamos debatiendo es sobre quién decide los planes de estudio y sobre lo que dice la Constitución en cuanto a materia de educación” etcétera… a ellos les responderé: primero hay que aclarar los conceptos para todos, porque de fondo debería existir primero una reflexión epistemológica y antropológica que a algunos de nosotros nos ha faltado. De ahí que por eso insisto, ¿estamos partiendo del derecho a educar o del derecho a la educación? Primero respondamos eso. Y si partimos del educando descubriremos que aunque una ley civil incline la balanza hacia el gobierno, los docentes o hacia donde sea, el individuo que será educado tiene derecho a una educación integral, y esto incluye la formación a vivir en la verdad, en la ciencia, en la dignidad de la persona, y podemos seguir la lista si reconocemos que incluye el ser educado como ser humano; eso le corresponde, y nadie se lo debe quitar, y quien lo eduque tiene la obligación de respetar ese derecho.

 

Por último; en mis 15 años de docente he visto muchos papás llorar por las caídas de sus hijos diciendo “no sé en qué me equivoqué como papá al educarlo, en qué momento fallé”. Papá, mamá, quiero decirte que difícilmente alguien más hará lo mismo; la visión de algunas personas o instituciones al hablar de su derecho a educar es pragmática o ideológica, si aciertan o se equivocan en algún momento se irán dejando a nuestros hijos  a su propia suerte si nosotros como papás no los seguimos educando también conforme a su derecho a la verdad.

 

Como papá, yo educaré a mi hija, en todos los temas que necesite para la vida, es mi obligación por ley natural que nadie en este mundo me puede quitar. Tal vez tendré aciertos y errores, pero pase lo que pase, para ella estaré toda mi vida.

 

Claudio Guadalupe Soto Martínez

Docente en el Instituto de la Arquidiócesis de Monterrey

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María Concepción Cavazos Martínez, mejor conocida como “Conny” desempeña su trabajo desde hace 4 años y medio, como Asistente del Pbro. Santiago Gutiérrez, Representante Legal de la Arquidiócesis de Monterrey. Actualmente realiza trámites administrativos y legales para el buen funcionamiento de las parroquias.

 

Del 2000 al 2004 ya había sido parte de la Curia, al trabajar como Asistente de la Secretaría del Sínodo Diocesano.

 

Conny es esposa, madre y abuela; ha experimentado momentos difíciles en su vida personal en los últimos años pero se encuentra sumamente agradecida por el apoyo y solidaridad que recibe constantemente.

 

Compartimos una breve entrevista que tuvimos con ella para conocerla un poco más…

 

1.- ¿Por qué decidió trabajar en la Curia?

Ya había tenido la experiencia de haber colaborado en la Curia años anteriores, aquí obtuve un crecimiento profesional, personal y espiritual muy grande; en cuanto el P. Santiago Gutiérrez me invitó a trabajar en el Departamento de Asociaciones Religiosas, no lo pensé dos veces pues el ambiente que se experimenta aquí es muy gratificante.

 

2.- ¿Qué valores se practican más en sus actividades laborales?

Creo que fundamentalmente el amor al servicio, la responsabilidad, la honestidad, la discreción y la disciplina.

 

3.- ¿Hay momento para tener un encuentro con Dios en su día laboral?Todos los días, ya que atiendo a sacerdotes y religiosas y su sola presencia me remite a Dios, y laborar aquí me permite que fuera de mis actividades laborales pueda desempeñarme en un apostolado de evangelización bíblica.

 

4.- ¿Tiene algún recuerdo valioso que le haya dejado estar en esta experiencia profesional?

Tengo una anécdota de cuando yo trabaje en la Secretaría del Sínodo Diocesano; al finalizar una asamblea se reunieron el Sr. Arzobispo en ese tiempo Mons. Adolfo Cardenal Suarez Rivera con los Vicarios de Zona, a mí me tocó atenderlos y ofrecerles algunos aperitivos y bebidas. Me sorprendió que Mons. Suarez se levantó y me pidió que me sentara y él personalmente tomó unos canapés y me ofreció un refresco. Tiempo después el P. Paco Gómez en ese entonces Secretario del Sínodo, me hizo un comentario “ya vas a tener algo valioso que contarles a tus nietos”; y pues sí, gracias a Dios he podido contarles esta experiencia de humildad y sencillez de parte de nuestro Pastor.

5.- ¿Qué es lo que más disfruta del servicio que brinda en la Curia?

Disfruto muchísimo mi trabajo, ya que tengo la oportunidad de conocer y convivir con personas con vocación espiritual, de las que siempre hay algo valioso que aprender. Me da mucha satisfacción poder contribuir al buen funcionamiento de la Curia; también trabajar aquí me ha permitido participar en cursos y seminarios que han enriquecido mi conocimiento y espiritualidad. He crecido como persona y esto de alguna manera lo proyecto en mi familia. Puedo decir por último que me gusta mucho mi trabajo.

 

Por Pastoral Siglo XXI

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Oremos mucho, oremos confiadamente. Oremos unos por otros. Si la epidemia nos arranca lágrimas, serán transformadas en esperanza. Mantengámonos firmes, levantemos la cara, el corazón y, llenos de fe, abracemos al Señor Crucificado. Ama mucho al pueblo de Dios, estamos ayunando juntos, preparando la Pascua del Señor. Ayuda a tu comunidad a tomar conciencia, a cuidarnos unos a otros y a velar por los vulnerables, estando al pendiente de otras decisiones y comunicaciones.

 

En estos momentos nuestra oración debe elevarse, en primer lugar, por las personas que han sido afectadas por el virus y la enfermedad, así como por todas aquellas personas dedicadas al área de la salud: desde la más humilde, porque le corresponde mantener limpio y ordenado el lugar, hasta la más especializada, porque ha estudiado más a fondo el fenómeno, ya que ambas ponen en juego su propia salud y la de los suyos por el bien de toda la sociedad. Pidamos por los voluntarios que se ofrecen a realizar lo que pueden: quien auxilia a los mayores a hacer compras, quien está dispuesto a escuchar a los que sufren la soledad o encierro, quien realiza cualquier obra buena por los demás. También, nuestra oración debe elevarse por las autoridades de todos los niveles, para que puedan tomar las mejores decisiones, y por todos los que formamos la sociedad, para que sepamos ser prudentes en estos momentos sin caer en pánico.

 

Bajo la protección de la Virgen Santísima del Roble y el padre Jardón.

 

Este, además, es un buen tiempo para recordar la fe y entrega de los sacerdotes que nos precedieron. Como nosotros, el padre Jardón tuvo que vivir lejos de su pueblo, pues dos veces fue desterrado del país durante la persecución religiosa, pero nunca dejó de estar cercano a él en la oración y la fe, sigamos su ejemplo. Ojalá que el día de mañana, cuando seamos llevados a la presencia del Señor, puedan las generaciones futuras, quienes saldrán victoriosos de esta pandemia, decir de nosotros lo que decimos del padre Jardón: “Su corazón había sido un volcán de amor al Señor y a sus semejantes, particularmente los pobres… Sus labios habían sido manantiales de sabiduría y de paz, que habían cantado fervorosamente las alabanzas de Dios y habían elevado las almas a Dios como el más rico incienso. Su vida ejemplar rendía la jornada santamente, había sentido el sello del dolor y de la Cruz… Siendo según el mundo, pobre, ignorante y pequeño, tuvo una influencia relevante en nuestra comunidad. Monterrey recibió su ejemplo, una vida llena de caridad, humildad y espíritu de servicio para bien de su Santa Iglesia”.

 

Mons. Rogelio Cabrera López

Arzobispo de Monterrey


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