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Algunas investigaciones sostienen que, si una persona duerme entre 6 u 8 horas al día, dormirá, en promedio, un total de 25 años durante toda su vida.  De este cuarto de siglo, cuatro años representan proporcionalmente la suma del tiempo que una persona pasa soñando.

Efectivamente, todos soñamos, todos los días, aunque no soñamos todo el tiempo que dormimos y no siempre recordamos lo que soñamos. Aunque cuando dormimos, el centro lógico de nuestro cerebro no funciona, sin embargo, éste sigue trabajando y envía a la médula espinal una serie de señales que inhiben nuestros movimientos y, manteniéndonos en reposo, permite así, la fantástica aventura de los sueños.

Soñar resulta ciertamente una aventura porque, paradójicamente, en este espacio de tiempo las representaciones oníricas no tienen tiempo, ni lógica y, sin embargo, no por ello carecen de significado. De hecho, el significado de lo que soñamos suele siempre intrigarnos.

Descifrar el significado de los sueños ha sido un intento, no solo de las artes adivinatorias, sino incluso de la psicología y recientemente, también de los estudios neurocientíficos.

El inconsciente está conformado por imágenes, percibidas durante la vigilia y asociadas a profundos deseos y arraigados temores que condicionan nuestra cotidiana conducta. Soñar es, pues, un trabajo mental, dedicado a superar nuestros miedos, en el intento de lograr lo que deseamos. Se trata de un ensayo simbólico de la lucha entre lo que deseamos, pero no debemos o no podemos hacer.

Por eso, no extraña que “soñar” sea también un verbo usado para expresar nuestros anhelos; es una manera de imaginar, como real, lo que parece imposible de lograr. En este sentido, algunos famosos personajes han hablado de sus sueños; basta recordar, por ejemplo, uno de los más célebres discursos del siglo XX, titulado “Yo tengo un sueño” de M. Luther King. También, el papa Francisco suele hablar frecuentemente de “sus sueños”. “Sueño con una opción misionera”, ha dicho en su exhortación apostólica Evangelii Gaudium (n. 27).

Recientemente, en su Carta apostólica, titulada “Patris Corde” (Con corazón de Padre), el Papa nos habla de los cuatro sueños de san José y, sobre todo, de su relevante papel en la historia de nuestra salvación, pues él custodió, desde su nacimiento, la vida de nuestro redentor. Con esta breve carta de apenas 7 numerales, el santo Padre recuerda que hace 150 años, en 1870, el papa Pío IX declaró a san José como patrono de la Iglesia católica.

Esta bellísima Carta tiene un estilo ameno, fluido y, en general, atractivo, pero además tiene un peculiar tono personal y actual, pues el papa la escribe, teniendo en cuenta el presente contexto de la pandemia por el COVID-19 y dedica sus reflexiones sobre la figura de san José, a todos los que, como el padre de Jesús, han ofrecido discretamente su vida, para salvar la vida de otros:

«Mi deseo de compartir algunas reflexiones sobre esta figura extraordinaria [san José], tan cercana a nuestra condición humana, ha crecido durante estos meses de pandemia en los que podemos experimentar, en medio de la crisis que nos está golpeando, que “nuestras vidas están tejidas y sostenidas por personas comunes —corrientemente olvidadas— que no aparecen en portadas de diarios y de revistas, ni en las grandes pasarelas del último show pero, sin lugar a dudas, están escribiendo hoy los acontecimientos decisivos de nuestra historia: médicos, enfermeros y enfermeras, encargados de reponer los productos en los supermercados, limpiadoras, cuidadoras, transportistas, fuerzas de seguridad, voluntarios, sacerdotes, religiosas y tantos, pero tantos otros que comprendieron que nadie se salva solo. […] Cuánta gente cada día demuestra paciencia e infunde esperanza, cuidándose de no sembrar pánico sino corresponsabilidad. Cuántos padres, madres, abuelos y abuelas, docentes muestran a nuestros niños, con gestos pequeños y cotidianos, cómo enfrentar y transitar una crisis readaptando rutinas, levantando miradas e impulsando la oración.” Todos pueden encontrar en san José —el hombre que pasa desapercibido, el hombre de la presencia diaria, discreta y oculta— un intercesor, un apoyo y una guía en tiempos de dificultad. San José nos recuerda que todos los que están aparentemente ocultos o en “segunda línea” tienen un protagonismo sin igual en la historia de la salvación.»

Y muy a propósito de esta emergencia sanitaria, el vocabulario del sueño reaparece en las conversaciones que el Papa sostuvo con Austen Ivereigh y que han sido publicadas como libro, bajo el título de “Soñemos juntos”. En este texto, Francisco afirma que de una crisis nunca se puede salir igual, pues se sale peor o mejor, pero jamás como antes. Cita, luego al poeta alemán Friedrich Hölderlin quien sugestivamente dice, en su “Himno de Patmos”, que «Donde hay peligro crece también lo que nos salva.»

Cuando el peligro de muerte amenazó la vida de Cristo, san José soñó la salvación que Dios sueña para nosotros. En sus sueños, san José resolvió desafiar al poderoso Herodes y a su hijo Arquelao; su mente se abrió a la sugestión divina de no rehuir, por miedo, a su crisis y se decidió a salvar la honra de su mujer, aceptando a Jesús como su hijo y a formar con María un hogar digno (Mt.1,20); soñó también con garantizarles su seguridad (Mt. 1, 13), además de darles una patria (Mt. 1,19) y un futuro (Mt. 1, 22).

Dios nos conceda, por intercesión de san José, a quien veneramos este 19 de marzo que, liberados del miedo egoísta, “soñemos juntos” todo mortal peligro, como una providencial oportunidad para convertir nuestro tiempo en historia de salvación.

Famoso o no, recuerda que tienes, en promedio, 4 años de sueño, pero tienes también, por inspiración de Dios, cuatro sueños que, con su ayuda, puedes hacer realidad para que todos vivamos con mayor dignidad.

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“Dios resiste a los soberbios, pero concede su gracia a los humildes”. 1P. 5: 5.

Una vez escuché decir al Papa Francisco que el seguimiento de Jesús es un camino de humildad. Creo que hoy en día es una virtud poco valorada, incluso desconocida para algunos. Esto es algo grave, ya que la humildad es la que nos ayuda mantenernos en la realidad, es indispensable para alcanzar la felicidad y realizarnos como personas; el que no es humilde se autodestruye.

 En la antigua Roma existía un sirviente que acompañaba al general victorioso en su entrada triunfal a la Ciudad y mientras era ovacionado por la multitud, este sirviente le decía al oído al general: memento mori, frase que quería decir “recuerda que eres un mortal, no un dios”. Esto ayudaba a aquel nuevo héroe a ser ubicado y no creerse superior a los demás.

Hoy en día, para muchos la palabra humildad está relacionada, con no valorarse, cuando en realidad es todo lo contrario, es darse cada quien su justo valor, pero también a los demás. La humildad tiene mucho que ver con una sana autoestima.

 Es importante no confundir el ego, con la sana autoestima (la humildad). El ego, es lo que yo creo que soy, es la creencia desmedida en mi propia importancia, que se convierte en arrogancia. Por el contrario la sana autoestima, es el sano afecto de nosotros mismos, nuestra aceptación con virtudes, pero también con nuestras limitaciones.

El Dr. José Antonio Lozano Díez, Rector de la Universidad Panamericana, señala algunas características para analizarnos y diferenciar el ego y la sana autoestima (humildad):

-El egocéntrico necesita que todo el tiempo le presten atención, necesita ser el centro de todas las miradas, se relaciona desde el recibir de los demás y si no recibe se siente dolido; en cambio quien tiene alta autoestima se preocupa por sí mismo y los demás e interactúa desde la escucha y la aportación a los demás.

La persona egocéntrica no empatiza con los demás, porque está centrado totalmente en él o ella y no ve más allá de sus creencias, sus emociones y sus acciones; en cambio quien tiene sana autoestima alcanza a ver más allá de sus creencias, emociones y acciones, empatiza con los demás.

 Los egocéntricos suelen no aceptar críticas ni errores, incluso suelen mostrar agresividad cuando quedan evidenciados; en cambio los que tienen sana autoestima aceptan las críticas constructivas como fuente de aprendizaje y saben que las críticas destructivas nada tiene que ver con él o ella, las saben distinguir.

Los egocéntricos piensan que están por encima de los demás, en cambio los que tienen sana autoestima saben que ninguna persona está por encima de ella.

Con estas características pudiéramos pensar en uno que otro miembro de nuestra amada Iglesia, incluyendo consagrados o muchos de nosotros laicos, sin embargo, lo importante es que volteemos la mirada hacia nuestro interior y veamos cómo estamos. La virtud de la humildad tiene un estatuto especial: la tiene quien no cree tenerla, no la tiene quien cree tenerla. Solo Jesús puede declararse “humilde de corazón” y serlo verdaderamente.

¡Que en esta Cuaresma San José, modelo de humildad nos ayude a seguir el camino de Jesús!

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1ª. parte. Hasta la erección parroquial

 Muy antigua es la ciudad de Cadereyta y muy antigua también es su parroquia. Pero, precisamente por su antigüedad, el pretender hacer una presentación de su historia, aunque sea breve, es tarea complicada.

 1637 PRIMERA FUNDACIÓN

Desde la llegada de los españoles a esta región existía el deseo de fundar una villa en aquella fértil región localizada al oriente de Monterrey, así a inicios de este año hubo una excursión de avanzada para ubicar el sitio en que se fundaría una nueva villa, de tal manera que el día 12 de marzo “fueron a demarcar el sitio, en un llano que hace orilla con el río san Juan, se levantó una cruz alta de madera en señal de posesión y adoración (…)”. Meses después se realizaría la fundación. (GARMENDIA, Origen…, p. 1)

José Eleuterio González “Gonzalitos” señala “El Gobernador Zavala (…) fundó en 1637 la Villa de Cadereita, y en ella puso (…) convento de frailes franciscanos”, la fundación se habría realizado el 13 de agosto.

 Hay que subrayar que esta primera fundación de Cadereyta no fue donde actualmente se encuentra la ciudad sino más al sur oriente cerca de dónde hoy se ubica la localidad de Villa Vieja, en la proximidad de donde hoy se ubica la casa de retiros del P. Santiago Cavazos. 

1638 SEGUNDA FUNDACIÓN

Apenas un año después “el propio Martín de Zavala llegó a Cadereyta en febrero de 1638 y al encontrar algunos aspectos que no fueron de su agrado, decidió que era necesario volver a fundar la población” (RAMÍREZ, Nuevo León, p. 142), esto se habría llevado a cabo el 25 de febrero (MONTEMAYOR, Semblanzas, p. 15). En el acta de fundación de Cadereyta se menciona que se asignó un lote para la “iglesia parroquial, el solar más alto en la calle de Monterrey (…) y se puso a dicha parroquial la advocación y nombre de san Juan bautista”. A pesar de estos nobles deseos, como veremos a continuación, por más de un siglo la iglesia del lugar no debió de ser más que una construcción humilde y siempre provisional, tampoco se encomendó a san Juan sino, como ya hemos mencionado, llevaría el nombre de san José.

1640 FUNDACIÓN DEL CONVENTO

Seguramente por la pobreza de toda esta región, poco se había podido hacer por el primitivo convento de tal manera que, en este año de 1640 en el cual se reorganiza la población, Fray Francisco Lavado se encargará de tomar posesión de un lote para el anhelado convento que ahora llevará el nombre de san Lorenzo (MONTEMAYOR, pp. 11, 20; PORTILLO, DICCIONARIO, p. 201). Poco se usaría este nombre regresando en poco tiempo al de san José.

 Agravando la situación que debió haber sido muy precaria se sumaron los efectos de una inundación en 1642 (MONTEMAYOR, p. 23).

1664 MUERTE DEL GOBERNADOR ZAVALA

A la fecha de su muerte el estado del Reino era el siguiente: “para atender a las necesidades espirituales de la provincia había un cura clérigo vicario del obispo diocesano, un misionero para cada uno de las misiones y los frailes de los tres conventos (el de san Andrés de Monterrey, el de san José de Cadereita y el de san Gregorio de Cerralvo) que con el título de padres doctrineros andaban frecuentemente visitando las numerosas congregas” (GONZÁLEZ, p. 255)

ÚLTIMO CUARTO SIGLO XVII

El obispo de Guadalajara Manuel Fernández visitó Monterrey en 1676 y revisó los libros de administración del convento de Cadereyta (PORTILLO, Huellas, 90). Su sucesor Santiago de León Garavito con fecha del 5 de mayo de 1684 escribió en una carta que en ese tiempo existían tres doctrinas en esta región; las tres doctrinas eran las de “Monterrey, villas de san José de Cadereita y de san Gregorio de Cerralvo que están a cargo de los religiosos doctrineros de la orden de san Francisco” (GONZÁLEZ, pp. 270- 271).

1692 CADEREYTA SE REUBICA AL NORTE

 En este año nuevamente se dejaron sentir fuertes lluvias con sus nefastos estragos y así se tomó la decisión de buscar una nueva ubicación para la población, la elegida aún no es la ubicación actual sino se decidió trasladarla a la margen izquierda del Río Santa Catarina en lo que hoy es la colonia Jerónimo Treviño.

ERECCIÓN PARROQUIAL

Los investigadores no han podido precisar cuándo se erigió la parroquia de Cadereyta, es decir, desde cuándo es presidida por un cura párroco y, por lo tanto, desde cuándo se impartían los sacramentos de un modo independiente de la parroquia de Monterrey (hoy Catedral).

Seguramente la parroquia de san José debió erigirse en la primera década del siglo XVIII ya que al inicio del libro parroquial más antiguo que poseemos y que inicia en el año de 1710 ya se señala “En esta iglesia parroquial de san Joseph de Cadereita…”.

 Así la parroquia de Cadereyta sería la segunda más antigua, en erección no en construcción, de lo que hoy es la Arquidiócesis de Monterrey y esto sólo después de la de Monterrey (Catedral) que es la más antigua.  

{1710 INICIO DEL PRIMER LIBRO

De este año data el libro parroquial más antiguo que poseemos, es de matrimonios; los de defunciones inician en 1754 y los de bautismos comienzan en 1763.

 Antes de concluir señalamos que la imagen que acompaña este artículo es un ostiario de la parroquia de Cadereyta expuesto en la exposición permanente del Museo Arquidiocesano de Arte Sacro, data seguramente del siglo XVII la cual es precisamente la época de la cual trata este artículo.

 

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PARTE II

PARROQUIAS ANTIGUAS

El mes pasado reseñábamos el inicio de la historia de esta parroquia, continuamos ahora con lo más relevante de su historia en el siglo XX y además subrayaremos las piezas de valor patrimonial que se conservan.

1907 INFORME

El P. Manuel Cabello entonces párroco de la Santísima Trinidad (Calzada Madero) a la que ahora pertenecía Escobedo escribió un informe el 15 de noviembre en el cual habla de manera general de sus capillas: “Los otros dos lugares (San Nicolás y Escobedo) tienen iglesias propias y están en buen estado, hay un sacerdote encargado de ellas, formando una viceparroquia” (Archivo Histórico de la Arquidiócesis de Monterrey, AHAM).

 AMPLIACIÓN DE LA CAPILLA

Dado su tamaño muy reducido se comenzó el 9 de noviembre de 1939 una iniciativa para ampliar la capilla, se derrumbaría la pared del altar para ampliarla seis metros en esa misma dirección. La obra se comenzó el 22 de agosto de 1940 y concluyeron las obras el 22 de febrero de 1941, la bendición la efectuó el Sr. arzobispo José Guadalupe Ortiz el 16 de marzo de 1941.

1968 INFORME DE SAN NICOLÁS

El párroco de san Nicolás envió un informe a la curia en la cual describía a Escobedo como un lugar de vocación agrícola y ganadera, señaló que poseen una capilla que “tiene lo indispensable para el culto divino”, además el párroco señala que los sacerdotes visitaban esta capilla cada quince días para celebrar ahí la santa Misa.

 1972 ERECCIÓN PARROQUIAL

Para que la capilla fuese erigida parroquia se promovió la construcción de una casa edificada a un lado del templo. La nueva parroquia se segregó de la de San Nicolás de los Garza a la que pertenecía en ese tiempo, en su momento se consultó al párroco de San Nicolás acerca de este proyecto y al respecto comentó “la casa que se está construyendo ya casi está terminada, faltando únicamente pequeños detalles”. También el consejo presbiteral fue consultado y a favor de la nueva parroquia subrayaron la sobrepoblación de la parroquia de san Nicolás, la lejanía de Escobedo con el templo parroquial y además el deseo de la misma población de Escobedo. El 25 de noviembre llegó quien sería su primer párroco el P. Felipe Flores Pérez.

AMPLIACIÓN

El pequeño templo del siglo XIX era ya muy inadecuado por su limitado aforo, de tal manera que se hizo un diseño para ampliarlo a ambos costados de la nave antigua. Esto provocó que solamente se conservara, de la capilla del siglo XIX, la fachada; la cual es la parte central de la fachada actual, todo lo demás fue demolido. Al hacer estas obras de ampliación se encontraron restos humanos del antiguo cementerio ya mencionado anteriormente.  

PATRIMONIO

Ya hemos comentado que prácticamente la antigua capilla fue demolida excepto su fachada principal; esta es muy simple, cuenta con una espadaña donde cuelgan sus campanas, arriba de la puerta principal (que es la original) se encuentra una tiara papal que habla de la catolicidad del lugar. Continuando con lo poco antiguo que permanece en el templo, subrayamos que seguramente, en la última ampliación del templo, se reutilizaron las rejas más antiguas las cuales pueden verse por el exterior de las ventanas de la parroquia.

Otras piezas de interés patrimonial son el bello altar de madera que hoy se encuentra en la capilla del Santísimo, este altar probablemente sea del primer cuarto del siglo XX. En el curato actual (localizado ahora a unas cuadras de la sede parroquial) se conserva un bello cuadro de la Virgen del Perpetuo Socorro con un muy interesante marco de madera que lamentablemente está muy deteriorado; por último subrayo un interesantísimo lienzo de San Nicolás de Bari de finales del siglo XIX o inicio del XX que seguramente fue la imagen principal de la parroquia hace ya varias décadas, el lienzo no está firmado y posee en su manufactura mucho de popular pero al mismo tiempo huellas de una mano más diestra en el arte de la pintura. 

 

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Por Pbro. Dr. Alberto Anguiano

El 21 de diciembre del pasado 2020, la Congregación para la doctrina de la fe dio a conocer una Nota sobre «La moralidad del uso de algunas vacunas contra la Covid-19.» Esta nota fue aprobada por el Papa Francisco en la audiencia concedida a Luis F. Ladaria, Cardenal prefecto de la Congregación, el 17 de diciembre del mismo año.

La introducción de la Nota aclara que, en distintos ámbitos, se ha suscitado una polémica en torno al uso de algunas vacunas contra el virus SARS-CoV-2, causante de la Covid-19. El centro del debate se refiere a la licitud o ilicitud del uso de líneas celulares, obtenidas a partir del tejido de fetos abortados, para la investigación y producción de las vacunas.

Sin embargo, ya antes de la presente pandemia, en septiembre de 2008, la misma Congregación para la Doctrina de la Fe, se pronunció respecto al uso de este tipo de vacunas en los números 34 y 35 de la Instrucción Dignitatis Personae. Tres años atrás, el 5 de junio de 2005, la Pontificia Academia para la Vida publicó también todo un texto para proponer algunas «Reflexiones morales acerca de las vacunas preparadas a partir de células procedentes de fetos humanos abortados».

Considerando los criterios que aportan los documentos, anteriormente citados, la Nota del pasado diciembre, resuelve que «es moralmente aceptable utilizar las vacunas contra la Covid-19 que han utilizado líneas celulares de fetos abortados en su proceso de investigación y producción, cuando no estén disponibles vacunas Covid-19 éticamente irreprochables (por ejemplo, en países en los que no se ponen a disposición de médicos y pacientes vacunas sin problemas éticos o en los que su distribución es más difícil debido a las condiciones especiales de almacenamiento y transporte, o cuando se distribuyen varios tipos de vacunas en el mismo país pero, por parte de las autoridades sanitarias, no se permite a los ciudadanos elegir la vacuna que se va a inocular.)»

Según la Dra. Grazie Pozo Cristie, investigadora del Charlotte Lozier Institute, las vacunas producidas por Pfizer y Moderna utilizaron células de fetos abortados, sólo durante la fase de investigación. En cambio, Aztra Zeneca y Johnson and Johnson utilizaron el mismo recurso, pero no sólo para la investigación, sino también para la producción constante de las vacunas. En opinión de la especialista, las vacunas de estas últimas dos firmas representan un mayor problema ético que las de Pfizer y Moderna. En consonancia con lo afirmado por la Nota de la Congregación y poco antes de la publicación de ésta, el 14 de diciembre de 2020, la Conferencia Episcopal de Estados Unidos señaló que, en ausencia de alternativas, es «moralmente lícito vacunarse porque está en juego el bien común».

Resultado de imagen para campaña de vacunacion enfermerosEn México, las autoridades sanitarias y la cancillería acordaron con la farmacéutica Pfizer un paquete de 1.4 millones de dosis, de las cuales, el primer lote de 3000 vacunas llegó al país, el 23 de diciembre. Por lo tanto, el problema moral sobre el uso de tales o cuales marcas de antídotos, apenas ha sido motivo de discusión en nuestro país, y no precisamente porque un sector de la población asuma que el aborto más que un delito, es un derecho de salud reproductiva, sino más bien, porque las opciones de vacunación son prácticamente inexistentes.

En nuestro país, la cuestión moral antes planteada se remite a otro aspecto ético de no menor relevancia; es decir, al derecho universal a la vacunación y a las políticas de su aplicación. La constitución de la OMS afirma que «uno de los derechos fundamentales de todo ser humano es gozar del grado máximo de salud que se pueda lograr». Sin embargo, la presente pandemia nos puede hacer caer en la cuenta que la salud no es sólo un derecho individual, sino también una obligación social.

En la actual emergencia sanitaria, parece claro que vacunarse y ser vacunado no es sólo un asunto personal, sino una cuestión pública, en cuanto que el cuidado de la propia salud tiene una repercusión social, pero también en cuanto que es deber del estado garantizar la salud de cada ciudadano, por el bien de todos. En consecuencia, la exclusión de algunos a la vacunación o la dilación en la aplicación de la misma, no puede no representar un riesgo contra la salud de todos. Implementar una estrategia de vacunación a favor de intereses partidarios y/o económicos es apostar por una fallida política de salud.

En este contexto pandémico, el mandamiento del amor al prójimo, como a uno mismo, se revela ahora no sólo como un imperativo moral, fundado en particulares creencias religiosas, sino como una exigencia ética, basada en la razón de un hecho biológico; es decir, en la evidencia de una realidad vital y fundamental: cuidar-me es realmente cuidar-te

Esta estrecha relación entre individuo y sociedad funciona también en sentido inverso y negativo, pues el mal ajeno es, más tarde o más temprano, pero inevitablemente, un daño en perjuicio propio: descuidar-me es descuidar- te. Hacer de la vida, como del cuerpo, un derecho individual absoluto, es desconocer que la naturaleza del individuo se debe a su especie.

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VIII CARTA PASTORAL 

Como ya lo he mencionado, ser obispo de Monterrey es mi principal responsabilidad, por lo que realizo mi mayor esfuerzo, dentro de mis limitaciones, para servir a esta Iglesia particular. Dios, hasta el día de hoy, me ha dado fuerza para realizar y disfrutar las visitas pastorales a las parroquias, acompañar a los fieles en sus fiestas patronales, confirmar jóvenes, alentar a los sacerdotes y a los consagrados, construir proyectos pastorales, crear nuevas parroquias, atender al seminario, etc., no obstante las encomiendas que tengo como Presidente de la Conferencia del Episcopado Mexicano (CEM) y en el Consejo Episcopal Latinoamericano (CELAM) como Presidente del Comité Económico. 

 

Cuento con excelentes colaboradores en quienes confío y en quienes me respaldo para decidir los rumbos pastorales de la Arquidiócesis. Me reúno periódicamente con el Consejo Episcopal, con el Consejo Presbiteral, con los Consultores, con la Vicaría Episcopal de Pastoral y el Consejo de Asuntos Económicos; en ellos revisamos aquello que exige decisiones, no siempre fáciles, pero que con la ayuda del Espíritu Santo y de mis colaboradores siento una mayor seguridad y tranquilidad. Vivimos tiempos difíciles donde la sinodalidad es vital, por lo que procuro aplicarla en mi conducción pastoral de la Arquidiócesis.

 

Busco servir a todos sin distinción, acompañando especialmente a los más necesitados. Me he hecho presente en hospitales, cárceles, escuelas, universidades, empresas, etc. Después de la Misa dominical en Catedral, atiendo a los medios de comunicación y ofrezco mi mensaje dominical, para compartir con los fieles y con la opinión pública mi posición ante los diferentes acontecimientos que nos impactan y para dar algunas orientaciones doctrinales y pastorales. He constatado que es muy importante mantener esta comunicación semanal. 

 

Nuestros fieles no se sienten escuchados por muchos líderes y a veces tampoco por sus obispos y sacerdotes. Ya el Concilio Vaticano II nos dijo que el mundo de la ciencia, de las artes, de la economía y de la política no es un enemigo, sino un compañero de viaje. Conviene que escuchemos ese mundo, que tiene muchas propuestas interesantes, que merecen ser valoradas y, en su caso, acompañadas o aceptadas. 

 

Utilizo cada vez más las redes sociales y los medios electrónicos, tanto para la proyección de la Eucaristía dominical, como para compartir mensajes a través de videos temáticos. Sé que especialmente para las nuevas generaciones, la comunicación por este medio es fundamental, y trato de llegar a ellas. Participo en videoconferencias para atender asuntos relacionados con la CEM y el CELAM. Mi teléfono celular siempre está encendido para atender cualquier llamada o mensaje de texto.

 

Al interior de nuestra Iglesia hay cada vez más voces de mujeres y de jóvenes que se alzan y quieren ser escuchadas, por lo que he creado un Consejo Pastoral de Mujeres, pues muchas de ellas ya no tienen como objetivo único en la vida el matrimonio y la maternidad, reclamando más espacios en la vida social y eclesial. Incluso en nuestra organización institucional dos jóvenes mujeres ocupan cargos de relevancia: la primera de ellas, una joven laica como vicecanciller y jefa del Departamento de Talento Humano en nuestra Curia Pastoral, y la otra, una joven consagrada como miembro de la Comisión Diocesana para la Tutela de Menores y Adultos Vulnerables y directora del Centro Diocesano creado para la atención de estos. Pienso que todas las mujeres y todos los adolescentes y jóvenes pueden aportar mucho en los proyectos pastorales de la Arquidiócesis. Estoy seguro de que la pastoral juvenil cada vez irá encontrando nuevos caminos para ellos.

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Mucho se publicó en las redes sociales al término del 2020, comentarios como: “que bueno que ya se va acabar el año”, “el 2021 será mejor”, y con humor hasta tendencia fue el hashtag ¡Jumanji! (referente a una película de Robin Williams), invitando a gritar esta palabra el 31 de diciembre a las 23:59, como si con ello acabara este “juego” de la pandemia.

 

Lo cierto es que los peores números de contagios los tuvimos en el mes de enero, solo en nuestro país, según cifras oficiales en lo que va de la pandemia, más de 1 millón 700 mil personas fueron contagiadas y más de 150 mil personas han fallecido a causa de este virus. Pareciera que lo peor aún lo estamos viviendo, y hechos como hospitales saturados, personas buscando desesperadamente oxígeno y medicamentos para sus familiares respaldan esta realidad.

 

Sin embargo, a pesar de vivir el momento más obscuro, no podemos perder la esperanza, la noche pasará y el amanecer pronto llegará. Rober Burton, sacerdote y escritor del siglo XVII, decía que la esperanza y la paciencia son dos soberanos remedios para todo, son los más seguros y más blandos cojines sobre los cuales podemos reclinarnos en la adversidad”.

 

Aunque no podemos negar lo negativo de esta pandemia, al mismo tiempo han surgido nuevas actitudes que nos hacen recuperar nuestra humanidad, por poner un ejemplo hoy hemos vuelto a valorar más la nobleza de la medicina y sus profesionales, que la admiración por un futbolista, al cual se está dispuesto a pagar millones de dólares por sus servicios. Además, vivimos una oportunidad para crecer. Estudios psicológicos señalan que superar la adversidad incrementa la posibilidad de ser feliz, si se sabe aprovechar la oportunidad.

 

Una herramienta importante para vencer toda adversidad es la cultivación de la vida interior. Los filósofos estoicos defendían que el autoconocimiento era la vía para alcanzar la felicidad. Uno de sus principales representantes era Marco Aurelio, decía: “Tú tienes poder sobre tu mente, no sobre los acontecimientos. Date cuenta de esto y encontrarás la fuerza”.

 

La reciente Asamblea Eclesial Diocesana de nuestra Iglesia de Monterrey, nos ha dado un camino muy claro para encontrar la esperanza que necesitamos: La Eucaristía y la fraternidad. El milagro eucarístico nos lleva al crecimiento interior y a la vivencia de la fraternidad, misma que nos guía al encuentro solidario, a escucharnos y discernir juntos los mejores caminos.

 

Alimentados y sólidos en la vida interior, fraternos  solidarios con los hermanos, saldremos adelante de la adversidad. Deseamos de corazón que esta edición de Pastoral Siglo XXI, te brinde un poco de fe y esperanza.

 

Debany Valdes6 de enero de 2021
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PARROQUIAS ANTIGUAS 

PARTE  I 

Continuando con esta serie de artículos en los que hacemos una breve reseña histórica de las edificaciones antiguas de nuestra Arquidiócesis llega el turno de la parroquia de Escobedo, N. L. la cual es una población con orígenes muy lejanos en el tiempo. 

 

PRIMEROS PROPIETARIOS Y POBLADORES

En el año de 1604 las tierras que conforman hoy esta ciudad fueron concedidas a José de Treviño, es por eso que se le considera su fundador. Décadas más tarde, él dio en herencia todas estas tierras a José de Ayala quien fundó la Hacienda del Topo la cual que es la primera primitiva de los asentamientos poblacionales en esta área. Ya para 1651, la Hacienda que ya era muy próspera, se le conocía como Hacienda del Topo de los Ayala por el apellido de su propietario. Esta pequeña población tenía por patrono a san Nicolás Tolentino (GARZA, Juan, “Nuevo León…”, tomo II, Milenio).

 

1643 CAPILLA PRIMITIVA

En la segunda mitad del siglo XVII fray Juan de Salas, entonces guardián del convento franciscano mandó construir una capilla para poder celebrar ahí la santa Misa, bautizar y poder brindar ahí la atención espiritual a los habitantes de la Hacienda; no tenemos ninguna descripción ni noticia de esta primera edificación (GARZA, Juan, “La capilla, monólogo”, UANL).

 

1826 CAPILLA NUEVA

El pueblo comenzó a organizarse para construir una nueva edificación para el culto y así en el año de 1826 se comienza su construcción; el terreno donde se edificó fue cedido por la señora Gertrudis Ayala. 

 

Arrancó su construcción el día 1 de mayo y se concluyó ese mismo año el 6 de noviembre, celebró la primera Misa el bachiller Nicolás Antonio Molano. Un dato curioso es que a pesar de que desde el inicio la hacienda había sido encomendada a san Nicolás Tolentino, la nueva construcción se encomendó desde un inicio a san Nicolás de Bari. El motivo del cambio probablemente pudiera ser que la vecina población, que hoy conocemos como san Nicolás de los Garza, también tenía su capilla dedicada al mismo Nicolás Tolentino y así ahora con este cambio cada comunidad tendría su propio santo y su fiesta patronal. 

 

Esta capilla, al poniente, contó con un área para sepultar a los difuntos.

 

REVUELTAS ARMADAS

Garza afirma que la capilla fue cuartel durante la invasión norteamericana y además señala que, en la Revolución durante el periodo en que fue gobernador Antonio I. Villarreal, fue saqueada y quemada (“La capilla, monólogo…”).

 

1868 MEJORAMIENTO URBANO

En el año de 1868 la población fue elevada al rango civil de Villa. Dentro de los argumentos presentados en la solicitud, que fue enviada para ese fin, se decía que la población ya llegaba al millar de habitantes y que ellos contaban con esta iglesia para atender a la población. 

 

Ya habiendo obtenido la designación de Villa, dentro de las primeras acciones civiles se estimó conveniente ordenar las calles y la plaza y así la capilla quedaba en medio del área de recreo central por lo cual se consideró como una posibilidad el derrumbarla, pero esa idea no prosperó y así, como la vemos hoy en día, quedó en medio del área de la plaza.

 

El próximo mes continuaremos con este breve repaso de la historia de esta parroquia con la historia desde el comienzo del siglo XX al día de hoy. 

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VIII CARTA PASTORAL 

Deseo, junto con el Papa Francisco, que vaya desapareciendo todo rastro de clericalismo en nuestra Iglesia y que el ministerio clerical se convierta cada día más, en un servicio sacerdotal y diaconal a la comunidad a ejemplo de Cristo Siervo y Sacerdote. Que mi presbiterio y mis obispos auxiliares sobresalgan por su disponibilidad, su capacidad para el sacrificio y su ilusión por la misión renovada y renovadora. Que el buen trato hacia los fieles nos distinga, y que, como pide el Santo Padre, no convirtamos el confesionario en una aduana infranqueable. Anhelo que los clérigos seamos discretos, sensatos y utilicemos las redes sociales para evangelizar, y no para transmitir escándalos y falsas noticias.

 

Anhelo, además, que todos los fieles cristianos, clérigos y laicos, que formamos esta Iglesia seamos hombres y mujeres de oración, espirituales y caritativos. Visualizo una mayor participación laical -especialmente de las mujeres- en nuestras estructuras pastorales. Mujeres y hombres laicos conforman la mayor parte de fieles en nuestra Iglesia, trabajando en diferentes tareas pastorales, y no siempre son tomados en cuenta en aquellos asuntos que les afectan directamente. Espero que día a día la Iglesia se llene de esa presencia dinámica y sensible, innovadora y cálida que representan los laicos. Que se sientan escuchados y atendidos, tomados en cuenta y respetados en sus tareas propias.

 

Seamos una Iglesia diocesana que voltea más hacia el sur, de donde viene la mayor parte de los migrantes, pero sin olvidar el norte, en donde viven y buscan mejores oportunidades muchos de los miembros de nuestras familias. Que veamos a quien busca un mejor futuro en medio de nosotros, no como enemigo, sino como hermano al que debemos “acoger, proteger, promover e integrar” (cfr. Papa Francisco, Jornada Mundial del Migrante y Refugiado, 2018). Que dialoguemos con ellos para enterarnos de sus problemas, de las causas que los orillaron a salir de sus países y de sus ilusiones. Imagino que somos hospitalarios, incluyentes, amables y solidarios con quienes han tomado esa difícil decisión y que, como se lo han propuesto nuestras casas de migrantes, les demos el mismo trato que deseamos reciban nuestros familiares y amigos cuando emigran al norte. Que en cada uno de ellos reconozcamos a ese migrante que fue Jesucristo.

 

Les invito a que hagamos una relectura de nuestro reciente Plan de Pastoral Orgánica 2017-2019 desde la realidad que la pandemia nos presenta y nos irá presentando, de tal manera que se aplique y consolide en los años venideros de forma muy encarnada. Que recuperemos los retos aún pendientes en la atención a los tres núcleos de atención pastoral que nos acompañaron a lo largo de los últimos tres años: persona y familia, comunidad y ciudadanía, pobreza y solidaridad. Deseo que los objetivos, urgencias y orientaciones pastorales no sean letra muerta, sino viva y renovada por los desafíos de la pandemia y que podamos expresarlos en proyectos pastorales en cada comunidad, siendo capaces de unir todos nuestros trabajos parroquiales y de grupos apostólicos en torno a la visión de este Plan.

 

Día a día me pregunto cómo podemos acercarnos más a la exigencia de ser discípulos misioneros en la actualidad, para seguir colocando a la Palabra de Dios, a la Eucaristía y a los pobres en el centro de nuestra atención pastoral. Quiero que el Proyecto Global de Pastoral 2031+2033, que como obispos en México hemos presentado de cara a los 500 años del Acontecimiento Guadalupano y a los 2000 años de nuestra Redención, impacte de lleno en nuestra Arquidiócesis, no solo por su enorme riqueza teológica, sino para manifestar nuestra comunión con todas las diócesis de México y especialmente con el Papa Francisco.

 

+ Mons. Rogelio Cabrera López 

Arzobispo de Monterrey

Debany Valdes6 de enero de 2021
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Este 24 de enero del año 2021, nuestro querido Arzobispo de Monterrey, estará cumpliendo 70 años de vida, y este significativo cumpleaños, se da en torno al Año Jubilar Sacerdotal con motivo de su 25 aniversario episcopal, a celebrarse Dios mediante el próximo 30 de mayo.

 

Don Rogelio, es un Obispo, cercano con sus sacerdotes y con los fieles laicos, siempre dispuesto a escuchar y coherente con su constante invitación a vivir el A, B, C de la pastoral: un saludo y una sonrisa.

 

No podemos dejar a un lado, su gran dinamismo para hacerse presente en cuanto lugar se le solicita, en esta Iglesia tan demandante en extensión y necesidades. Sin duda alguna, pudiéramos mencionar muchísimas más cualidades y virtudes de nuestro pastor; sin embargo, quisiera resaltar en este sencillo editorial, una de las que, humildemente considero es una de sus mayores virtudes: la invitación constante que nos hace a mirar a Jesús.

 

He tenido la fortuna de escuchar una gran cantidad de homilías de Mons. Rogelio y en ellas no puede faltar esta invitación: mirar a Jesús, preguntarle a Él, tomar el ejemplo del Maestro. Tal vez pudiéramos pensar, que esta es la obligación de todo aquel que predica el Evangelio y así es, pero no podemos dejar de contextualizar este hecho, ante la compleja realidad que vivimos hacia dentro y fuera de la Iglesia.

 

Mirar a Jesús, no solo es anteponerlo a Él, ante toda forma de pensamiento que atenta contra el Evangelio, es mucho más que eso, diría el Papa Francisco en su mensaje a la diócesis de Rímini: “Mirar a Jesús purifica nuestra vista y nos prepara para mirar todo con ojos nuevos. Cuando se encuentran con Jesús, cuando miran al Hijo del Hombre, los pobres y los sencillos se encuentran a sí mismos, se sienten amados en lo más profundo por un Amor sin medida”.

 

Mirar a Dios implica un proceso personal y muy humano de purificación, mirar a Dios, nos ayuda a descubrir quienes somos y cómo está nuestro interior. Por ello, Don Rogelio, en sus mensajes siempre parte y aterriza este mirar a Jesús, desde nuestra realidad del corazón, donde nace todos aquellos sentimientos, sueños e inquietudes que nos mueven en el día a día.

 

Gracias Don Rogelio por guiarnos e invitarnos a ver a Jesús, Dios le pague la entrega generosa de su vida al servicio de la Iglesia. Dios le bendiga en estos 70 años de vida, en sus 42 años de vida sacerdotal y en sus próximas bodas de plata episcopales.

 

¡Ad multos annos, vivas!


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