Debany Valdes6 de enero de 2021
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En este artículo no deseo hablar sobre la técnica de la Gestalt que la Psicología utiliza para algunas terapias, sino las que hoy verdaderamente encontraremos en nuestras mesas o vidas, sillas y hogares con ausencias por muerte en el pasado mes en el que celebramos ¡El Nacimiento de Jesús!

 

La pandemia que el covid 19 trajo a México y al mundo, dejó y dejará muchas sillas vacías por la muerte, de cientos de seres humanos. Padres, Madres, Abuelos, Abuelas, hermanos, hermanas, amigos, amigas, compañeros, compañeras de trabajo y escuela, vecinos o vecinas, sin olvidar a tanto Médico, Doctoras, enfermeros, enfermeras y personal de la salud.

 

Esto aunado a enfermedades crónicas degenerativas, accidentes, asesinatos y demás nos hace exclamar ¿y ahora quién podrá ayudarnos? Como la frase tradicional aludiendo al personaje del Chapulín Colorado. Y la respuesta es unánime, ¡DIOS! La fe que nos da la esperanza que abriga la alegría en estas fechas que están por cerrar un año difícil, pero con un gran aprendizaje…Vivir bien o morir bien.  La decisión es personal y no una moneda tirada al aire, a la suerte.

 

En esto la Tanatología es quien nos puede ayudar, la pregunta inmediata es ¿Qué es? Una disciplina científica que se encarga de encontrar al proceso de la muerte su significado, como disciplina profesional, que integra a la persona como un ser psicológico, social y espiritual. Del griego thanatos, muerte y logos, estudio.

 

En sus inicios su creadora la psiquiatra suiza Elizabeth Kübler Ross la centró en la atención a pacientes con diagnósticos terminales y cuidados paliativos, sin embargo, hoy se aplica junto con sus cinco etapas de Duelo: Negación, Enojo, Negociación, Depresión y Aceptación a todo tipo de pérdida: muerte, separación, mudanza, diagnóstico de enfermedades, jubilación, pérdida de empleo, vejez, robo y secuestro, por mencionar algunas.

 

Lo anterior nos hace (o debería) cuestionarnos, en dónde ponemos nuestra atención, y qué brújula guía nuestras vidas. Las sillas nadie las ocupará, pero bien vale orar por los que ya murieron y por los que en esta vida estamos, para que encontremos un sentido a nuestra vida y prioricemos el ser, no el tener.

 

Ver a muchos morir en el ejercicio de mi profesión me hace concluir lo anterior, además de viajar ligero, de cargas, de hubieras, o culpas que exceden el peso del equipaje y que al fin no necesitaremos. Solo bastará el alma llena de obras, de sentimientos y plenitud en la cotidianidad de nuestro vivir.

 

En estas fechas tan importantes podremos practicar el ejercicio de recordar, recordar bien la persona que ya no esté entre nosotros, no solo viendo la silla vacía, sino lo que hizo llenar nuestra vida… las ocurrencias de Fátima; la sonrisa de Jorge; los planes de Sofía; el Amor del “Gordito” por su familia; la belleza y obras de Socorro; el amor y las gracias de Carmen y de tantas personas que, como me dijo un Sacerdote antes de morir, “Ahora entiendo, morir es descansar en el Señor”.

 

Como tantas veces lo digo en conferencias y cursos, morir no es una derrota, es un triunfo cuando se tiene y se cuenta con el bello don de la Fe.

 

Que este Año Nuevo sirva de tributo a quien ya no habita entre nosotros.

 

Jesús con su nacimiento nos trae este 2021 no solo el bello regalo de su vida…sino de valorar y vivir el presente con tal magnitud que nos hagan vibrar de amor, paz, consuelo y esperanza.

 

Debany Valdes5 de diciembre de 2020
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Nuestra virgencita amada de Guadalupe es la devoción más arraigada en el pueblo de México. Particularmente para nuestros fieles regiomontanos la Basílica de Guadalupe en Monterrey es el lugar más significativo de peregrinaje y devoción popular del Noreste del País y uno de los más importantes de todo México.


La primera edificación comenzó a construirse en 1861, lo que actualmente es el Santuario de la Adoración Eucarística. Una segunda construcción se inició colocando su primera piedra en el año de 1978. A la postre, el magnífico y actual templo principal, fue inaugurado en el año de 1982 y elevado por el Papa San Juan Pablo II a Basílica Menor, en el año de 1983, donde actualmente miles de fieles acuden con una ferviente devoción a venerar a la Madre del verdaderísimo Dios por quien se vive.


Hoy más que nunca les invitamos a vivir estas Fiestas Guadalupanas, especialmente por motivo de la pandemia. Les exhortamos a realizar altares a la Virgen en sus casas y a orar en familia. También, pueden acompañarnos por las redes sociales en la página de facebook: Basílica y parroquia de Nuestra Señora de Guadalupe oficial, o en la  página web: www.basilicadeguadalupemty.org.


La Basílica permanecerá abierta a los fieles de lunes a domingo de 7:30 a.m. a 9:00 p.m., respetando los protocolos de la Secretaría de Salud. Para mayor información, comunícate a la oficina 81 1158 2800 al 03 a la vez. Además, puedes anotar tus intenciones, que serán colocadas en el altar donde se ofrecerá la Eucaristía, y bajo la Imagen de Santa María de Guadalupe.


Si desean apoyar económicamente, con toda libertad, al sostenimiento pastoral y material de nuestra Basílica, pueden realizar una aportación económica en la cuenta Banorte y por Banca Móvil. A la cuenta 0127034818, Clabe interbancaria: 0725800127034818, a nombre de Basílica de Guadalupe de Monterrey, A. R.


Que Santa María de Guadalupe les cubra con su manto de amor maternal.


“¿No estás acaso entre el cruce de mis brazos, en el hueco de mi manto?”
Nican mopohua

Debany Valdes5 de diciembre de 2020
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Cuando empezó esta enfermedad, sabíamos como médicos que nos iba a tocar luchar con ella por ser trabajadores de la salud, claro que teníamos miedo, pero para esto habíamos estudiado, aunque nunca llegamos a pensar que podríamos pasar por una pandemia de esta magnitud, leíamos en la historia de la medicina como había sido la pandemia de la gripe española, y siempre lo veíamos muy alejado de nuestros tiempos por el gran avance científico, pero esto no sirvió para poder detenerlo a tiempo. 

 

Un día me llegaron los síntomas, cansancio, dolor de cabeza, la falta de sabor en la boca, mi novio también médico neumólogo había empezado con fiebre y se internó por neumonía a causa del Covid, me realicé la prueba y fui positiva también. Me aleje desde el primer día de mi familia para evitar contagios; fueron 3 días de mucho malestar, falta de hambre, hasta que empezó el cansancio para respirar, la fiebre y tos, supe que las cosas no estaban bien, me hicieron una tac para valorar mis pulmones y se vio una neumonía. Ahí tuve mucho miedo, como médico sabes todas las probabilidades que hay y las consecuencias de no actuar a tiempo, así que el internamiento era inminente, lo más difícil fue avisarle a mis padres que tenía que internarme, tuve que hacer todo sola, llegar al hospital donde me internaría, iba con ansiedad y miedo, pero tenía fe en que todo iba a salir bien, solo pasaron 24 horas para que todo se complicara, en ese momento ya no pensaba como médico, ya era tiempo de dejar todo en manos de Dios y de los colegas médicos que estuvieron a mi lado. 

 

Realmente me sentía muy mal, me conectaron al oxígeno ya que mi saturación había descendido a niveles en los que me vi los labios azules, estaba asustada, me faltaba demasiado el aire, tos seca, no podía moverme sin cansarme,  sentía morir, pero confiaba en que mis médicos estaban haciendo todo lo que había en esos momentos, porque por lo poco que sabemos de este nuevo virus, no hay tratamiento específico. Después de días realmente inenarrables, lo que mucho me ayudó fue el plasma de un paciente recuperado, después de su aplicación sentí que recuperé mi vida, mejoró mucho mi radiografía, mejoró mi respiración, pudimos bajar la concentración de oxígeno y por fin me dio hambre, sabía que lo peor estaba pasando.

 

El estar alejada de mis padres, mi hijo y mi novio que también estaba pasando por lo mismo, era muy estresante, tenía miedo de no volver a verlos y ahí fue cuando tuve tiempo para pensar en todo lo que no había hecho en la vida, en las veces que no dije un te quiero. Todo pasa por tu mente y pides al creador que te dé una nueva oportunidad, y de corazón le dije que haría las cosas mejor.

 

Me recuperé y regresé a casa después de 10 días de estar internada, lo más difícil fue no poder abrazar a mis padres y a mi hijo al regresar a casa, aún tenía que seguir en aislamiento, pero el solo saber que ya estaba junto a ellos me sentí renacer, al encender mi celular vi más de 300 mensajes de amigos, familia brindando apoyo y oraciones por mí, sé que estuvieron muy preocupados, sé que hicieron mucha oración, y sé también que cuando uno ora Dios hace cosas maravillosas.

 

Han pasado ya 4 meses y aun lo recuerdo como si hubiera sido ayer, ahora ya me siento mucho mejor, hubo un tiempo más de descanso, de recuperación, sigo en mi trabajo, aún seguimos recibiendo cada día a más gente contagiada, hemos perdido muchas vidas, entre ellas personal de salud, y es realmente frustrante ver que la gente ha bajado la guardia, aún es tiempo y juntos podemos poner un alto al contagio hasta que no haya una vacuna específica para detenerlo.

 

¿Qué me dejó todo esto? redescubrir el maravilloso don de la salud y que solo necesitamos a Dios en nuestra vida, para poder disfrutar de lo que nos regala: la familia, los amigos, la pareja, la vida, la oportunidad de servir, todo lo demás Dios provee.

Debany Valdes5 de diciembre de 2020
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Flor y Canto 2da. Parte.

El canto y la poesía formaron parte importante dentro de los pueblos mesoamericanos. Se decía que, con el canto, antiguamente, se formaban los pueblos, las civilizaciones. Incluso, para que un pueblo pudiera decirse que ya posee cultura, que ya tiene identidad y un rostro, necesitaba desarrollar la poesía y el canto.

 

La música acompañaba casi todas las actividades de los pueblos, el cultivo, la guerra y las ceremonias religiosas. Los cantores, en el pueblo azteca, tenían esta preponderancia en los estratos sociales.

 

No solamente los hombres cantaban, sino también los dioses, y fue así como el canto se volvió una forma para comunicarse con las divinidades prehispánicas, esa era la forma como los dioses se comunicaban con los hombres. En la literatura náhuatl existe una gran cantidad de poesía y literatura. De las poesías más bellas eran las compuestas por el gran Netzahualcóyotl, tlatoani texcocano.

 

El náhuatl, al ser la lengua que solo se hablaba, no se escribía, se valía del canto para contar las tradiciones, las historias, la creación de los dioses y el cosmos. El canto y la poesía consistían en un diálogo con el propio corazón, con el mundo y con el pueblo. Es por eso que los cantos se aprendían de memoria.

 

La expresión y difrasismo Flor y Canto = in xochitl in cuicatl, nos da a entender un sin número de significados. Ambas realidades conectan con lo divino, pues ambas tienen algo hermoso que no se puede atrapar y que sólo se da por un momento.

De las flores puedes contemplar su belleza y disfrutarla, pero resulta inatrapable, en algo que no podemos mantener. Así mismo el canto y la poesía, ya que podemos deleitarnos con sus sonidos, pero también son momentáneos, disfrutamos de su belleza, pero sólo por instantes.

 

 Así, flor y canto viene a ser el difrasismo que nos señala la verdad y la comunicación con Dios y de Dios con la humanidad. La flor representaba la verdad, por lo que ya dijimos en el artículo anterior y el canto significaba la comunicación con Dios, pues los dioses hablan a través del canto.

 

En el Acontecimiento Guadalupano nos encontramos con que Juan Diego, el 9 de diciembre de 1531, al llegar al cerro del Tepeyac, escuchó cantos como de pájaros, muy bellos y deleitosos. Se detuvo porque, si bien llevaba oyendo cantar a los pájaros y a los grandes cantores indígenas por muchos años, nunca había oído algo así. Sus preguntas refieren no sólo de algo bello, sino de algo divino. Sus preguntas parecen dirigirse algo así: (¿Acaso Dios me está hablando?). Después del milagro de la estampación de Santa María de Guadalupe en la tilma de Juan Diego,, cuando las multitudes se acercaban a él y le oían decir que ese sábado escuchó cantos celestiales, ellos entendían perfectamente que quien le estaba hablando de arriba del cerro era la Madre de Dios, pues Dios se quería comunicar con él por medio de su Madre Celestial.

 

El canto del 9 de diciembre más las flores del 12 de ese mismo mes, en esta narración del Nican Mopohua, nos habla de este gran difrasismo donde se nos da a entender que Dios está hablándole al hombre con la verdad de su palabra y está interviniendo en la historia de estos pueblos mexicanos para construir una nueva civilización del amor, llena de la verdad de Dios con su raíz en el cielo.

En la imagen de Nuestra Señora de Guadalupe vemos claramente que Ella lleva entre sus manos una flor. En los códices aztecas así es como ellos dibujaban sus sonajas. Esto quiere decir, entre otras cosas, que Ella está produciendo música y junto al paso de danza, por tener su rodilla izquierda flexionada, está haciendo oración con el canto a la usanza indígena. Flores en el vestido, más el canto y la danza en la sonaja y en la danza… hay una comunicación divina para con el hombre.

 

El padre Mario Rojas, de feliz memoria, demostró cómo cada flor cerro que está en el vestido de Santa María de Guadalupe vendría a ser una sonaja y al hacer los movimientos con sonajas verdaderas sobre las flores cerro, esto reproduce una música armónica a la usanza prehispánica.

 

Y el gran contador y matemático originario de Mérida, Yucatán, Fernando Ojeda Llanes, junto con el músico Alberto Aguilar Portillo, a principios de este siglo, descubrieron la música en el manto de Santa María de Guadalupe. Tanto lo encontrado por el padre Mario Rojas como por Fernando Ojeda, se pueden encontrar en YouTube.

Debany Valdes15 de noviembre de 2020
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9min12

Por Luis Donaldo González

Los pobres de hoy son los pobres de siempre, es decir, los hambrientos, los sedientos, los migrantes, los que carecen de lo necesario para vivir y vestir, los enfermos, los encarcelados.

Los deprimidos, los que se sienten solos, los olvidados y excluidos. Los perseguidos por su raza, credo o condición. Son aquellos que sufren la injusticia del abandono de sus hermanos y nos necesitan.

Si somos atentos nos damos cuenta que no son otros que aquellos de los que hablaba el Señor Jesús cuando refiriéndose al servicio y a la caridad dijo: “cada vez que lo hicieron con el más pequeño de mis hermanos, lo hicieron conmigo” (Mt 25,40).

Ahora bien, aunque son “los de siempre” viven en un mundo que no es el de siempre: aunque hoy tenemos grandes avances científicos y tecnológicos, seguimos teniendo hambre, frío, desprotección e inseguridad.

La desigualdad es muy visible, y más en tiempo de pandemia: según la ONU, de 2019 a 2020, en América Latina y el Caribe la tasa de pobreza podría llegar a 37,2% de la población, es decir, 230 millones de personas vivirán en situación de pobreza. Sin caer en generalizaciones injustas que sostienen que todos los ricos son malos o corruptos y que todos los que viven en precariedad son víctimas, tampoco podemos negar que hoy unos cuantos viven desmesuradamente y unos muchos en condiciones de precariedad.

El deber de la solidaridad
Aunque la Iglesia no tiene la solución a estos serios problemas de injusticia social (y medioambiental), sí que tiene una palabra que ofrecer para combatir con esperanza -y desde la raíz- a sus causas, pues para la vida cristiana la fe y la caridad están inseparablemente relacionadas: en cada persona reconoce la imborrable dignidad de hijo de Dios, y especialmente en el pobre y el indefenso reconoce a Jesucristo, sufriente y necesitado.

La fe pone ante los ojos del creyente el “deber de la solidaridad” que no se reduce a un sentimiento superficial (o lástima) por los males de los que sufren, sino que es “la determinación firme y perseverante de empeñarse por el bien común; es decir, por el bien de todos y cada uno, para que todos seamos verdaderamente responsables de todos” (Juan Pablo II). Esto, sin duda requiere gestos serios, grandes y pequeños, además de un sincero testimonio.

Requiere ser atento al interior y al exterior del propio vecindario y un corazón bien dispuesto a obrar con gratuidad (hacer sin esperar recompensa)3.

No al mero asistencialismo

El “deber” de la auténtica solidaridad acoge y atiende al desamparado pero también lo promueve a una vida digna y más humana. Solo así se puede entender que “dar de comer al hambriento” comienza con un plato de comida caliente pero es más que eso.

Así, con mucho respeto y sin restar ni un poco el gran valor y la importancia de la incansable labor de miles de personas e instituciones que generosa y muchas veces cristianamente ayudan a quien lo necesita, la propuesta católica va más allá de un mero asistencialismo (sin rechazarlo), ya que éste visto como fin o meta en lugar de hacer más pleno al ser humano puede llegar a humillarle, haciéndolo completamente dependiente, anulando su propia creatividad y participación (Benedicto XVI)4 y, a veces, llegando a condicionar seriamente la libertad electoral de los beneficiados.
Buscando mayor libertad, la Iglesia apuesta por impulsar y promover a la persona para que, con ayuda y en la medida de lo posible, vaya adquiriendo lo necesario para ser protagonista de su propio desarrollo (Pablo VI)5.

Cierto es que aquí puede resonar, “dar el pescado, y también enseñar a pescar”… y que la educación, la salud y el trabajo son barca, caña y anzuelo para salir al mar.
A este principio de la Doctrina Social de la Iglesia se le llama “subsidiariedad”, y es posible entre instituciones y personas como entre gobierno y pueblo: no se puede quitar a los individuos lo que ellos pueden realizar con su esfuerzo e industria, como tampoco quitar a las pequeñas comunidades e instituciones lo que pueden hacer y proporcionar por sí mismas6.

Esta propuesta no pretende dejar a la persona o al pueblo a la deriva sino a que desde una actitud de ayuda, se respete la autonomía de todos para que la sociedad funcione y realice a la persona de modo responsable, integral y humano.

El amor nos mueve

La constante referencia y comunicación con Dios en la oración nos que tiene mover el corazón para ver y atender la vulnerabilidad del hermano. Recordemos que “la bendición del Señor desciende sobre nosotros y la oración logra su propósito cuando va acompañada del servicio a los pobres” (Francisco)7.

Esto no es nuevo, pues según Jesucristo, “amar a Dios y al prójimo” es la síntesis de toda Ley. Por esa razón, aunque es muy incómodo, la injusticia y la precariedad en la que viven y mueren muchos de los nuestros no hacen ruido en el corazón y no nos deja “sentirnos bien”.

La fe y el amor que de ella brota no se separan de la realidad ni individual ni social, al contrario, se expresa en las relaciones más cercanas y en las relaciones sociales, económicas y políticas8.

Nos exige tender la mano al pobre desde la generosidad de nuestra pobreza y a amar desde nuestro amor: con comida, ropa, medicamento, trabajo, compañía. A la vez, rechazar cualquier tipo de injusticia que provoca la desigualdad: sobornos, compadrazgo, calumnias. Esto nos dará paso a un mundo mejor, más fraterno.

Querido lector, hoy que celebramos la Jornada Mundial de los Pobres, seamos bien conscientes de que somos todos hermanos, hijos de un mismo Padre, y, a la vez, afirmar que Dios ama al pobre pero no a la pobreza que le oprime y le mata.

 

Juan Pablo Vázquez Rodríguez6 de noviembre de 2020
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3min9

MUJERES, CUANTAS VECES NOS PREGUNTAMOS ¿CÓMO?, ¿CUÁNDO?, ¿DÓNDE?

Por Mayte Cavazos 

En el mes de octubre la Arquidiócesis de Monterrey realizó una emisión especial dedicada a la mujer, el programa “El rostro femenino de la iglesia”, en el cual tuve la oportunidad de participar en la conducción junto con grandes compañeros (Debany Valdés, Armando Cavazos y Juan Pablo Vázquez) en el programa tuvimos invitadas muy especiales que nos compartieron su experiencia dentro de las actividades pastorales de la iglesia y al escuchar su testimonio fue como escuchar la respuesta de Dios a cada una de esas preguntas. La alegría y fe con la que nos compartieron su testimonio me hizo entender que Dios está ahí esperándonos siempre para abrazarnos, sanar nuestras heridas, enseñarnos y guiarnos, así como a cada una de las invitadas, para estar al servicio de los demás. 

Fue muy bonito no solo conocerlas, sino también que el programa, hecho por la Arquidiócesis de Monterrey, fuera una forma de reconocer toda la entrega de las mujeres y la importancia que tienen dentro de la iglesia. Que alegría que con un programa dedicado especialmente a ellas se transmita la importancia de su labor y aún lo más importante hacernos ver que necesitamos decir sí al Señor y atender su llamado.

Cada una de las invitadas dejó claro que estamos incompletas sin Dios, que Él nos está esperando y no tenemos que preocuparnos por el cómo, cuándo, ni dónde, así como cada una se ocupe de atender su llamado Él se ocupará de atender nuestras preocupaciones, basta que le respondamos Sí quiero, guíame.

Felicidades mujeres y gracias a cada una por responder al llamado de Dios.

Sigan compartiendo su testimonio, nuestros corazones lo necesitan.

Mayte Cavazos 

Conductora El Rostro Femenino de la Iglesia

Juan Pablo Vázquez Rodríguez6 de noviembre de 2020
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2min13

Pbro. Dr. José Francisco Gómez Hinojosa

… es el título que abría el mes de octubre, dedicado a las mujeres, en las transmisiones diarias del Canal Digital Arquidiocesano, previas a las Eucaristías que se proyectan desde el Sagrario de nuestra Catedral Metropolitana.

La iniciativa surgió para respaldar otra intuición semejante del Señor Arzobispo, don Rogelio: el Consejo Pastoral de Mujeres. De esta manera, nuestro pastor quiere atender una de las prioridades expresadas tanto en sus comunicaciones ordinarias como en nuestros recientes planes de pastoral: las mujeres.

Y es que a ellas, durante siglos, las hemos confinado al hogar y a las tareas de madres, esposas, hijas, hermanas. Tales funciones las enaltecen, es cierto, pero no pueden ser exclusivas de sus aportes a la sociedad y a la Iglesia. Ellas exigen, y con todo derecho, ser reconocidas como ciudadanas y seguidoras de Jesús, capaces de dar mucho más en los diferentes ámbitos sociales y eclesiales en los que participan.

Pronto el Consejo Pastoral de Investigaciones, también de reciente creación, nos propondrá una encuesta para analizar el papel que desempeñan las mujeres en la Arquidiócesis, y el que pueden ofrecer. Estemos atentos.

 

Vicario General

Juan Pablo Vázquez Rodríguez6 de noviembre de 2020
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5min28

Pbro. Alejandro Leal Alejos

Desde tiempos inmemorables, se ha pensado solamente en el Sacerdocio Ministerial como el único existente, pero la Iglesia, en sus principios, valoraba el Sacerdocio Bautismal.

La diferencia entre ellos es que el Ministerial es referido al Sacramento del Orden Sacerdotal; el segundo, al que todos recibimos en el Bautismo. Los dos de gran importancia y necesidad en la Iglesia.

Es hasta el Concilio de Trento con el Papa iniciado y presidido por el Papa Paulo III (entre los años 1545 y 1563) en que se comienza a enfatizar en el sacerdocio común, cosa que era de pensamiento avanzado con el desarrollo de la teología pastoral empezando a ver la apertura de la Iglesia a la comunidad frente al surgimiento de la reforma protestante. Definió el sacerdocio común como interior (por el bautismo) y el ministerial como exterior, en base al servicio de algunos Ordenados para servir a la comunidad y comenzar a trabajar unidos por el Reino de Dios.

Lo mismo hace Pío XII y retoma el Concilio de Trento en 1947, basándose también en la 1ª. de Pedro 2, 5.9: “también vosotros, cual piedras vivas, entrad en la construcción de un edificio espiritual, para un sacerdocio santo, para ofrecer sacrificios espirituales, aceptos a Dios por mediación de Jesucristo… «vosotros sois linaje elegido, sacerdocio real, nación santa, pueblo adquirido, para anunciar las alabanzas de Aquel que os ha llamado de las tinieblas a su admirable luz» (Mismo texto de Trento)

Es ya hasta el Concilio Vaticano II (1962-1965) cuando se definen los campos y la manera de interactuar del mismo Sacerdocio de Cristo. Ya no es solamente una Iglesia de jerarquía, sino un Pueblo de Dios con pastores y ovejas en el mismo Cuerpo Místico de Cristo.

En nuestros tiempos de contingencia, debemos buscar la mejor interacción del Sacerdocio de Cristo en nuestras comunidades: El Sacerdote ministerial dedicado al Culto, la Palabra y los sacramentos; el Sacerdote Bautismal (Laico, que no es sacerdote ministerial) dedicado a sembrar el Reino en los espacios en donde se desenvuelve y a donde el Sacerdote Ministerial no puede llegar (por ser pocos) y a ver tanta necesidad de la presencia de Dios de parte de Todo Su Pueblo.

Es así que, conociendo ya las funciones del Sacerdote Ministerial, el sacerdocio común que tú debes ejercer, es hacer presente a Dios en tu casa, en tu trabajo, con los vecinos, compañeros de escuela, y todo aquel que tenga contacto contigo ejerciendo tu Bautismo.

Hoy en día, en cuando a la dispensa de la Misa dominical, cada hogar se ha convertido en una Iglesia, donde el Sacerdote Bautismal preside las oraciones de culto a Dios en la reflexión de su Palabra, presidiendo el Rosario, instalando un pequeño altar para participar en la Misa que se transmite por los medios conocidos, en el diálogo cristiano de la vida familiar y social, en las exequias y oraciones por los difuntos, etc.

Estos tipos del Único Sacerdocio de Cristo, se unen e interactúan para establecer el Reino de Dios entre nosotros. 

Lo que hoy vivimos, nos hace entender que no todo se debe dejar al Sacerdote Ministerial, sino que el Sacerdote Bautismal se haga presente como miembro del Cuerpo de Cristo, ejerciendo sus dones y virtudes dadas por Dios al servicio del prójimo.

Pbro. Alejandro Leal Alejos

Parroquia de Jesús Sacerdote en San Ángel Sur

Debany Valdes2 de octubre de 2020
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Para salir de la pandemia es necesario que sigamos la regla de oro de nuestro ser “hombres y mujeres”, que es “cuidar” y cuidarnos mutuamente entre nosotros, apoyar a los “cuidadores” de los más débiles, de los enfermos y de los ancianos, y cuidar asimismo nuestra casa común, recordando que la tierra y todas las creaturas pertenecen al Señor que las creó y que nos las encomendó para que las conservemos y las protejamos.

Nosotros también somos parte de la creación, no somos sus dominadores absolutos, con la pretensión de querer ocupar el lugar de Dios, pensando que tenemos derecho a depredarla, explotarla y destruirla. En cambio, la misión que Él nos ha confiado es que seamos los custodios de esta casa común que nos acoge, y aprendamos a respetarla y a evitar que la sigan maltratando y arruinando.

Todo ha salido de las manos del Creador, que ha dejado su huella en cada creatura. El mejor antídoto para cuidar y proteger nuestra casa común de esos abusos es la contemplación.

Es importante, pues, recuperar la dimensión contemplativa, es decir mirar la tierra y la creación como un don, no como algo que explotar para sacar beneficios. Cuando contemplamos, descubrimos en los demás y en la naturaleza algo mucho más grande que su utilidad. Descubrimos el valor intrínseco de las cosas que les ha dado Dios. Como muchos maestros espirituales han enseñado, el cielo, la tierra, el mar, cada criatura posee esta capacidad icónica, esta capacidad mística para llevarnos de vuelta al Creador y a la comunión con la creación.

La contemplación, que nos lleva a una actitud de cuidado, no es mirar a la naturaleza desde el exterior, como si no estuviéramos inmersos en ella. Pero nosotros estamos dentro de la naturaleza, somos parte de la naturaleza. Se hace más bien desde dentro, reconociéndonos como parte de la creación, haciéndonos protagonistas y no meros espectadores de una realidad amorfa que solo serviría para explotaría. El que contempla de esta manera siente asombro no sólo por lo que ve, sino también porque se siente parte integral de esta belleza; y también se siente llamado a guardarla, a protegerla. Y hay algo que no debemos olvidar: quien no sabe contemplar la naturaleza y la creación, no sabe contemplar a las personas con toda su riqueza. Y quien vive para explotar la naturaleza, termina explotando a las personas y tratándolas como esclavos. Esta es una ley universal: si no sabes contemplar la naturaleza, te será muy difícil contemplar a las personas, la belleza de las personas, a tu hermano, a tu hermana.

El mismo Señor nos invita a admirar maravillados y en silencio su obra, para poder reconocer en cada creatura el reflejo de su sabiduría y su bondad. Ser contemplativos nos lleva a ser responsables, con estilos de vida sostenibles que respeten y protejan la naturaleza, de la que también nosotros formamos parte.

Ahora bien, no hay que delegar en algunos lo que es la tarea de todo ser humano. Cada uno de nosotros puede y debe convertirse en un “custodio de la casa común”, capaz de alabar a Dios por sus criaturas, de contemplarlas y protegerlas.

Papa Francisco

Debany Valdes2 de octubre de 2020
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Su amor por Jesús Sacramentado, la dedicación a la adoración y la oración constante, un profundo y permanente deseo de que todas las personas conocieran a Dios; teniendo a María como su mayor confidente, son las principales características que denotan de Carlo Acutis. Un adolescente que día a día evangelizaba a su familia y a todas las personas que lo rodeaban y que, apoyado de su notable dominio de las tecnologías -con tan solo catorce años de edad- realizó una exposición sobre los milagros eucarísticos en todo el mundo.

Carlo tuvo una infancia común, en una familia católica pero que no practicaba su fe. Desde muy pequeño, el cuasi Beato comenzó a manifestar su interés en las cosas de Dios y es así como a los siete años de vida recibe el sacramento de la primera comunión; logrando también que sus padres retomaran el camino de la fe.

Además de dominar el uso de la informática, Acutis era un apasionado por la naturaleza y los animales, también disfrutaba mucho jugar futbol y videojuegos con sus amigos. A su vez, tenía conocimientos muy avanzados de diferente índole. Sin embargo, lo más notable a su corta edad, era su amor a la Eucaristía y las distintas acciones que él realizaba para alegremente alimentar su fe, como el asistir diariamente a misa, dedicar su tiempo a la adoración en el Sagrario, rezar el rosario y ser catequista, pues para él “la tristeza es dirigir la mirada hacia uno mismo, la felicidad es dirigir la mirada hacia Dios”.

A los 15 años de edad, al adolescente millenial, le detectaron leucemia fulminante; enfermedad que lo llevó a encontrarse con la hermana muerte –como él le decía, atribuyendo a San Francisco de Asís- tan sólo tres días después de haber recibido el diagnóstico de ese padecimiento. Aceptó su estado de salud y ofreció sus sufrimientos con serenidad y entereza por el Papa y por la Iglesia Católica, pues él afirmaba que no quería hacer el Purgatorio y anhelaba ir directamente al Cielo.

Murió el 12 de octubre de 2006 y fue sepultado en Asís, ya que era su lugar favorito y en alguna ocasión había manifestado su voluntad de ser enterrado ahí. A su funeral acudieron personas cercanas la familia, pero también se hicieron presentes muchos hombres y mujeres sin hogar que habían sido ayudados por Carlo.

Fue el 12 de octubre de 2010, en la capilla de Nuestra Señora Aparecida en Brasil; donde al momento de la Bendición con la Reliquia se acercó un niño, llevado por su abuelo y que sufría de páncreas anular. Enfermedad que causaba que el niño vomitara todo el tiempo. Antes de recibir la bendición con la reliquia, el niño le preguntó a su abuelo qué debía pedir, y este le contestó “dejar de vomitar” y así lo hizo. Desde entonces, ya no volvió a vomitar; y en febrero de 2011 se confirma que el menor estaba completamente curado.

El 5 de julio de 2018 el Papa Francisco firmó el decreto que reconoce las virtudes heroicas de Carlo Acutis, donde la Iglesia aprueba que el siervo de Dios vivió de manera sobresaliente las virtudes teologales de fe, esperanza y caridad.

El 22 de febrero del presente año, el Santo Padre aprobó el milagro atribuido al joven, sobre la curación de una anomalía congénita en un niño. La Beatificación de Carlo Acutis se llevará a cabo en Asís el 10 de Octubre del 2020, dos días antes del aniversario de su muerte.

Sigamos orando y agradeciendo a Dios por Sus maravillas manifestadas a través de este gran ejemplo de vida y de fe.


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