Debany Valdes5 de diciembre de 2020
Pag.-11-1.jpg
7min131

Cuando empezó esta enfermedad, sabíamos como médicos que nos iba a tocar luchar con ella por ser trabajadores de la salud, claro que teníamos miedo, pero para esto habíamos estudiado, aunque nunca llegamos a pensar que podríamos pasar por una pandemia de esta magnitud, leíamos en la historia de la medicina como había sido la pandemia de la gripe española, y siempre lo veíamos muy alejado de nuestros tiempos por el gran avance científico, pero esto no sirvió para poder detenerlo a tiempo. 

 

Un día me llegaron los síntomas, cansancio, dolor de cabeza, la falta de sabor en la boca, mi novio también médico neumólogo había empezado con fiebre y se internó por neumonía a causa del Covid, me realicé la prueba y fui positiva también. Me aleje desde el primer día de mi familia para evitar contagios; fueron 3 días de mucho malestar, falta de hambre, hasta que empezó el cansancio para respirar, la fiebre y tos, supe que las cosas no estaban bien, me hicieron una tac para valorar mis pulmones y se vio una neumonía. Ahí tuve mucho miedo, como médico sabes todas las probabilidades que hay y las consecuencias de no actuar a tiempo, así que el internamiento era inminente, lo más difícil fue avisarle a mis padres que tenía que internarme, tuve que hacer todo sola, llegar al hospital donde me internaría, iba con ansiedad y miedo, pero tenía fe en que todo iba a salir bien, solo pasaron 24 horas para que todo se complicara, en ese momento ya no pensaba como médico, ya era tiempo de dejar todo en manos de Dios y de los colegas médicos que estuvieron a mi lado. 

 

Realmente me sentía muy mal, me conectaron al oxígeno ya que mi saturación había descendido a niveles en los que me vi los labios azules, estaba asustada, me faltaba demasiado el aire, tos seca, no podía moverme sin cansarme,  sentía morir, pero confiaba en que mis médicos estaban haciendo todo lo que había en esos momentos, porque por lo poco que sabemos de este nuevo virus, no hay tratamiento específico. Después de días realmente inenarrables, lo que mucho me ayudó fue el plasma de un paciente recuperado, después de su aplicación sentí que recuperé mi vida, mejoró mucho mi radiografía, mejoró mi respiración, pudimos bajar la concentración de oxígeno y por fin me dio hambre, sabía que lo peor estaba pasando.

 

El estar alejada de mis padres, mi hijo y mi novio que también estaba pasando por lo mismo, era muy estresante, tenía miedo de no volver a verlos y ahí fue cuando tuve tiempo para pensar en todo lo que no había hecho en la vida, en las veces que no dije un te quiero. Todo pasa por tu mente y pides al creador que te dé una nueva oportunidad, y de corazón le dije que haría las cosas mejor.

 

Me recuperé y regresé a casa después de 10 días de estar internada, lo más difícil fue no poder abrazar a mis padres y a mi hijo al regresar a casa, aún tenía que seguir en aislamiento, pero el solo saber que ya estaba junto a ellos me sentí renacer, al encender mi celular vi más de 300 mensajes de amigos, familia brindando apoyo y oraciones por mí, sé que estuvieron muy preocupados, sé que hicieron mucha oración, y sé también que cuando uno ora Dios hace cosas maravillosas.

 

Han pasado ya 4 meses y aun lo recuerdo como si hubiera sido ayer, ahora ya me siento mucho mejor, hubo un tiempo más de descanso, de recuperación, sigo en mi trabajo, aún seguimos recibiendo cada día a más gente contagiada, hemos perdido muchas vidas, entre ellas personal de salud, y es realmente frustrante ver que la gente ha bajado la guardia, aún es tiempo y juntos podemos poner un alto al contagio hasta que no haya una vacuna específica para detenerlo.

 

¿Qué me dejó todo esto? redescubrir el maravilloso don de la salud y que solo necesitamos a Dios en nuestra vida, para poder disfrutar de lo que nos regala: la familia, los amigos, la pareja, la vida, la oportunidad de servir, todo lo demás Dios provee.

Debany Valdes5 de diciembre de 2020
Pag.-10-1-1.jpg
8min13

Flor y Canto 2da. Parte.

El canto y la poesía formaron parte importante dentro de los pueblos mesoamericanos. Se decía que, con el canto, antiguamente, se formaban los pueblos, las civilizaciones. Incluso, para que un pueblo pudiera decirse que ya posee cultura, que ya tiene identidad y un rostro, necesitaba desarrollar la poesía y el canto.

 

La música acompañaba casi todas las actividades de los pueblos, el cultivo, la guerra y las ceremonias religiosas. Los cantores, en el pueblo azteca, tenían esta preponderancia en los estratos sociales.

 

No solamente los hombres cantaban, sino también los dioses, y fue así como el canto se volvió una forma para comunicarse con las divinidades prehispánicas, esa era la forma como los dioses se comunicaban con los hombres. En la literatura náhuatl existe una gran cantidad de poesía y literatura. De las poesías más bellas eran las compuestas por el gran Netzahualcóyotl, tlatoani texcocano.

 

El náhuatl, al ser la lengua que solo se hablaba, no se escribía, se valía del canto para contar las tradiciones, las historias, la creación de los dioses y el cosmos. El canto y la poesía consistían en un diálogo con el propio corazón, con el mundo y con el pueblo. Es por eso que los cantos se aprendían de memoria.

 

La expresión y difrasismo Flor y Canto = in xochitl in cuicatl, nos da a entender un sin número de significados. Ambas realidades conectan con lo divino, pues ambas tienen algo hermoso que no se puede atrapar y que sólo se da por un momento.

De las flores puedes contemplar su belleza y disfrutarla, pero resulta inatrapable, en algo que no podemos mantener. Así mismo el canto y la poesía, ya que podemos deleitarnos con sus sonidos, pero también son momentáneos, disfrutamos de su belleza, pero sólo por instantes.

 

 Así, flor y canto viene a ser el difrasismo que nos señala la verdad y la comunicación con Dios y de Dios con la humanidad. La flor representaba la verdad, por lo que ya dijimos en el artículo anterior y el canto significaba la comunicación con Dios, pues los dioses hablan a través del canto.

 

En el Acontecimiento Guadalupano nos encontramos con que Juan Diego, el 9 de diciembre de 1531, al llegar al cerro del Tepeyac, escuchó cantos como de pájaros, muy bellos y deleitosos. Se detuvo porque, si bien llevaba oyendo cantar a los pájaros y a los grandes cantores indígenas por muchos años, nunca había oído algo así. Sus preguntas refieren no sólo de algo bello, sino de algo divino. Sus preguntas parecen dirigirse algo así: (¿Acaso Dios me está hablando?). Después del milagro de la estampación de Santa María de Guadalupe en la tilma de Juan Diego,, cuando las multitudes se acercaban a él y le oían decir que ese sábado escuchó cantos celestiales, ellos entendían perfectamente que quien le estaba hablando de arriba del cerro era la Madre de Dios, pues Dios se quería comunicar con él por medio de su Madre Celestial.

 

El canto del 9 de diciembre más las flores del 12 de ese mismo mes, en esta narración del Nican Mopohua, nos habla de este gran difrasismo donde se nos da a entender que Dios está hablándole al hombre con la verdad de su palabra y está interviniendo en la historia de estos pueblos mexicanos para construir una nueva civilización del amor, llena de la verdad de Dios con su raíz en el cielo.

En la imagen de Nuestra Señora de Guadalupe vemos claramente que Ella lleva entre sus manos una flor. En los códices aztecas así es como ellos dibujaban sus sonajas. Esto quiere decir, entre otras cosas, que Ella está produciendo música y junto al paso de danza, por tener su rodilla izquierda flexionada, está haciendo oración con el canto a la usanza indígena. Flores en el vestido, más el canto y la danza en la sonaja y en la danza… hay una comunicación divina para con el hombre.

 

El padre Mario Rojas, de feliz memoria, demostró cómo cada flor cerro que está en el vestido de Santa María de Guadalupe vendría a ser una sonaja y al hacer los movimientos con sonajas verdaderas sobre las flores cerro, esto reproduce una música armónica a la usanza prehispánica.

 

Y el gran contador y matemático originario de Mérida, Yucatán, Fernando Ojeda Llanes, junto con el músico Alberto Aguilar Portillo, a principios de este siglo, descubrieron la música en el manto de Santa María de Guadalupe. Tanto lo encontrado por el padre Mario Rojas como por Fernando Ojeda, se pueden encontrar en YouTube.

Debany Valdes5 de diciembre de 2020
Pag.-9-1-1.jpg
6min20

Dios tiene un plan que es más que “perfecto”, para cada uno de nosotros.

 

Soy el Padre Alfredo García Ojeda F.N. Párroco de la Parroquia Nuestra Señora de Guadalupe, Reina del Trabajo desde el 2012. Soy Religioso del Instituto Fuego Nuevo (Asociación Pública de Fieles, en vistas a formar un Instituto Religioso) Tengo 47 años de edad, por gracia de Dios. Y tengo 18 años de Ordenación Sacerdotal.

 

_______________________

Ingresé a Fuego Nuevo el 29 de junio de 1990 y también me ordenaron el 29 de junio del 2002. Fui ordenado sacerdote exactamente doce años después de que ingresé, ni un día más, ni un día menos.

 

Tengo la firme certeza de que Dios me llamó por la simple y sencilla razón de que cuando tenía la edad de 4 años me enfermé de Neumonía en la ciudad de Tecomán Col. que es la ciudad donde nací. 

Me trasladaron a un hospital de Colima, pero como me puse muy grave, me trasladaron a otro hospital, donde había médicos especialistas en la ciudad de Guadalajara, donde estuve internado en aislamiento total durante muchos meses. En todo ese tiempo mis padres oraban mucho por mí, estaban muy preocupados y muy tristes, por las razones obvias, al igual que el resto de mi familia. 

Mis padres estaban tan acongojados, que entraron a orar en la Catedral de Colima, y le dijeron a Dios que hiciera conmigo lo que quisiera, que yo era suyo, que si moría o si vivía, que era suyo. Y creo que les tomó en serio sus palabras. 

Claro que yo no entendía del todo el plan de Dios, pero en mi corazón siempre había un deseo de seguirlo y de servirle en el lugar donde Él me llamara. Tuve que aprender a discernir su voluntad y a preguntarle, orando.

Poco a poco descubro la voluntad de Cristo, mi Señor que me amó hasta el extremo, y se entregó por mí, con un AMOR FIEL. Un amor que no varía y no cambia. Sé que Me llamó y le dije que sí, que sí, a todo lo que me pidiera”. Le imploré que no dejara de guiarme con la fuerza de su Espíritu, y que me permitiera vivir mi vocación bajo la protección e intercesión de su Madre Santísima. Que no permitiera que el maligno me engañara. Esas son algunas gracias que todavía le pido. 

Desde que conocí la Comunidad Fuego Nuevo, cuyo carisma me habla de “Resurrección, de vida de Fidelidad y de Esperanza”, que es lo que el mundo necesita en tiempos actuales, me identifiqué y discerní la voluntad de Dios, para hacer mío este “Carisma y Espiritualidad”, al comprometerme para que mi Testimonio de vida sea para siempre mi identidad. 

Amo profundamente a la Santísima Virgen María y a la Iglesia, y me siento feliz y agradecido con Dios por el regalo de mi vocación. Por favor acompáñenme con sus oraciones, para “ser fiel y coherente” a lo que sé que es mi camino de santidad. 

¡Ánimo! “Caminamos juntos en la Fe”. 

Debany Valdes5 de diciembre de 2020
Pag.-15-1-1-1280x718.jpg
6min22

Este es el tercer año con esta iniciativa para tratar de contrarrestar lo que NO es la Navidad a través de Villancicos que nos transmitan la realidad de la verdadera Navidad, por medio de publicidad que trate de dar este mensaje muy concreto. En el primer año pudimos realizar un concierto Navideño donde participaron diferentes agrupaciones en la Basílica de Ntra. Sra. del Roble en el marco de su fiesta patronal, el año pasado no pudimos realizar la actividad  donde iba a participar  una orquesta sinfónica; solo organizamos un poco de publicidad y la creación del logotipo del proyecto de parte de mi buen amigo Emmanuel Palacios y la impresión de algunas lonas que se colocaron en diferentes parroquia de Juárez N L.

En esta ocasión dada la situación y realidad actual creemos que es muy importante, y así se manifiestan diferentes sectores de la Iglesias, que la vivencia de este tiempo tan importante se celebre sobre todo en la familia, será una Navidad totalmente familiar, y debemos ayudar a las familias a vivirla intensamente sin perder de vista lo esencial, así es la realidad, Volver a lo esencial.

 

Además de promover más el logo y la idea fuerza que contiene,  queremos resaltar un signo muy fácil de promover: la Estrella de Belén, buscamos motivar que en cada hogar se tenga exterior y visiblemente una estrella que anuncie que el Niño Dios está ahí adentro de ese hogar, la figura del Niño Dios no debe faltar en ningún hogar Católico. El celebrar las posadas será también muy familiar, no se podrá hacer en los barrios, quizá se vayan a hacer también de forma virtual, así es que las familias deben de contar con todo lo necesario para celebrarlas. Estamos tratando de organizar la participación de varias agrupaciones con participaciones grabadas y publicadas en nuestras redes sociales y medios de comunicación, trataremos de organizar esto de la mejor manera y haremos la publicidad correspondiente.

 

También esta realidad a la que nos enfrentamos nos está haciendo más conscientes de las necesidades de los demás, sería bueno que las familias se organizarán para que compartan de lo que tienen con aquellos que más lo necesitan: ropa, despensa, artículos de limpieza, juguetes, la cena navideña, etc. Que maravilloso seria que con esta actividad se enseñe a los niños a compartir. La idea es que cada familia contacte a otra familia necesitada y comparta y además llevar un mensaje de evangelización acerca de la Navidad y el mejor mensaje que se puede llevar podría ser regalar a esa familia una figura del Niño Dios, imagínense que tremendo y maravilloso mensaje.  Si todos lo hacemos, entonces muchas familias serán verdaderamente misioneras llevando un mensaje de Esperanza en este tiempo tan complicado (todo esto con las debidas precauciones y sin exponer a nadie). Hay muchas familias sufriendo en nuestras comunidades y podemos ser un reflejo del Amor de Dios para ellos.

 

Esperamos sean muchos los que formen parte de esta actividad, enmarcada en la MISIÓN COVID.

 

Podría haber muchas más iniciativas para manifestar que La Navidad es Él, lo importante es que  vivamos este tiempo volviendo a lo esencial. Me pregunto ¿Cuántas familias no han vivido la experiencia de celebrar la Navidad como originalmente es? Cuántos niños no conocen la esencia de la Navidad, inclusive no conocen la figura del Niño Dios.

 

Pues, manos a la obra.

Debany Valdes5 de diciembre de 2020
P.-San-Eloy-1-1-1280x937.jpg
11min21

SEGUNDA PARTE

Altar Principal y presbiterio mediados Siglo XX.

Continuamos presentando una breve introducción a la historia y al patrimonio de la parroquia de Ciénega de Flores. El mes pasado ya habíamos repasado su historia hasta el ocaso del siglo XIX, continuamos ahora con el siglo XX y además enlistaremos las piezas más interesantes de su patrimonio.  

1907 INFORME

El párroco de Salinas P. José del Refugio Díaz escribe un informe (Archivo Histórico de la Arquidiócesis de Monterrey, AHAM) en el cual menciona que la viceparroquia de Ciénega se encuentra de la siguiente manera: “su templo en regular condición y casi todos sus ornamentos para el culto” además hace mención a la casa la cual se encuentra en condición “regular”. 

1918 INVENTARIO

El 23 de junio de 1918 el padre Gregorio Ornelas realiza un inventario que, aunque es muy breve, nos da mucha información del estado del templo hace un siglo, en él menciona: 

  • “Una iglesia con cruceros, un altar de piedra con un cuadro de San Eloy rompido” (sic).
  • “Un altar de madera con su ara, está en un crucero” esta anotación nos deja en claro que hace un siglo la iglesia tenía dos altares, el principal, aún adosado a la pared, y el aquí mencionado.
  • “Un armónico (sic) en malas condiciones” seguramente se refiere al armonio que aún existe en la casa parroquial y del cual hablaremos más adelante.
  • “Un confecionario (sic) y un púlpito: destruidos”, no habían sido mencionados en los documentos anteriores; no queda nada de ellos.
  • Una imagen de Jesús crucificado destruida” pudiera tratarse de la que hoy se encuentra en la sacristía, imagen pequeña como de 50 cm de altura.    
  • Una imagen de bulto de la Virgen Dolorosa que pudiera ser una que también hoy se encuentra en la sacristía. 

Al no ser mencionada ninguna imagen de bulto más supondríamos que todas las demás imágenes de bulto con las que cuenta hoy la parroquia serían posteriores a esta fecha. 

1932 INFORME

En el informe que el párroco de Salinas el padre Ignacio Garza envía a la curia se menciona brevemente que la parroquia y las capillas son “suficientemente grandes y en regular estado de conservación, limpieza y ornato”, dentro de las capillas mencionadas se encontraría la de Ciénega. 

1942 PERMISO

El Párroco de Salinas escribe al Sr. Arzobispo Guillermo Tritschler solicitándole un permiso para la fiesta patronal de la iglesia de “San Eligio”. Curiosamente en toda la documentación anterior del Archivo Histórico (AHAM) que ya ha sido reseñada aquí no se habla de la iglesia de “San Eloy” sino sólo de la iglesia de “Ciénega”. En el siguiente documento de 1972 ya se menciona el templo con el nombre más común de su santo patrono.

1972 NUEVA PARROQUIA 

En el mes de mayo del año 1971 el Sr. Alfonso Espino inició una consulta con el deseo de erigir una nueva parroquia en Ciénega, esta nueva parroquia se desea que abarque todo este municipio y además el de Zuazua el cual dependía de la parroquia de Marín. Finalmente, este proceso concluirá con la erección de la Parroquia de San Eloy el 15 de abril de 1972, el documento respectivo fue firmado el día 4 de ese mismo mes. 

1983 MONUMENTO HISTÓRICO

Al ser realizados en este año el catálogo de Monumentos Históricos del Instituto Nacional de Antropología e Historia se incluye al templo de san Eloy en el listado estatal. En la ficha correspondiente se subraya la peculiar cornisa ondulada de la fachada señalando que es “característica de la región” y además se subraya la curiosidad de la torre “exenta” es decir, separada de la construcción principal.

Escalones de piedra de la torre

PATRIMONIO

La torre, además de estar exenta, posee otra característica muy especial: escalones de piedra, casi todos son de una sola pieza más algunos están formados por dos placas de piedra formando así un escalón. Esto es toda una curiosidad en nuestra región.

Accediendo al primer nivel de la torre se encuentran seis campanas. Al parecer dos son del siglo XIX, la que está al norponiente posee una inscripción que puede leerse en parte “(…) 15 DE 1860 (?) / LA HIZO LORENZO CÁRDENAS / SOY DE SAN ELOY PARA LA (…)”; la campana al sur posee asimismo una inscripción que también puede leerse en parte “(…) 1895 GUADALUPE/ A DEVOCIÓN DEL SOR. (…)”. De las otras cuatro campanas dos poseen fechas recientes, una no tiene datos y otra, la del oriente, sólo posee el nombre de “SAN ELOY”. 

Del patrimonio parroquial ya habíamos mencionado el pequeño Cristo que está en la sacristía, otra interesante pieza es el lienzo del patrono San Eloy localizado cerca del altar, del templo también subrayamos que las piezas de mármol que sirven de columnas al altar principal provienen de piezas antiguas que originalmente estuvieron en la parroquia de Salinas, se trajeron desde allá hace algunas décadas y ciertamente son parte de algunas ornamentaciones de mármol que aún pueden verse allá.

Subrayamos la belleza del armonio, ya antes mencionado, que se encuentra en la casa parroquial, de la marca norteamericana “Crown Organ”, proveniente de Chicago posee un muy bello gabinete de madera.   

Otras piezas de interés patrimonial son algunos cirios pascuales ya de este siglo XXI que han sido utilizados en el uso litúrgico, son piezas elaboradas por una persona de la comunidad siendo éstos piezas muy bien realizadas y de mucha dignidad.

 

Debany Valdes5 de diciembre de 2020
Pag.-5-1-1.jpg
8min11

A pesar de que en Monterrey, tenemos un clima muy inestable, todavía es posible percibir el paso de las estaciones. El otoño es sombrío y el invierno es gélido; el follaje verde se torna cobrizo; la naturaleza parece dormida, pero tras su silencioso letargo, en el secreto de sus adentros, se prepara la vida que florecerá en primavera y madurará en fruto, durante el verano.

 

Mientras la naturaleza se repliega con discreción y frena su ritmo, nosotros aceleramos el reloj y deshojamos el calendario. Se aproxima la fiesta de la navidad y con ella, inicia veloz, la cuenta regresiva del fin de año. Se acaba este 2020 que nos ha sometido al confinamiento, a la rutina del home office, al tedio de las pantallas, al miedo por el contagio, al distanciamiento social y al luto por la pérdida de los seres queridos.

 

Pese al hostil otoño que representa la actual circunstancia de la pandemia, no ha dejado de florecer la “primavera” de las ofertas comerciales. Brota, entonces, como un verde renuevo, la esperanza de experimentarnos “plenamente felices”, si consumimos las promesas de bienestar que exhiben los aparadores y los sitios on line. Y como por una inducida asociación, con la música de los villancicos, vienen las ganas de bailar con la ilusión de que todo podemos, todo tenemos y nada nos falta. 

 

Sin embargo, también se asoma la nostalgia por las “otras navidades”; las navidades de las reuniones familiares, las “posadas” o las reuniones sociales. Se nos antoja ahora, una solución automática, la que nos enseña la tecnociencia omnipotente: oprimir un switch para encender instantáneamente la alegría. Adentro de casa, sobre el suelo, sembramos un árbol frondoso y teñido de verde que, a leguas, contrasta con el pálido ramaje de los árboles de afuera. Lo adornamos con escarcha, le colgamos esferas multicolores y radiantes luces para disipar nuestra oscura tristeza.

 

Y ante estos intentos por conjurar una “triste navidad”, vienen a la mente las palabras del Papa Francisco, en aquella liturgia de oración extraordinaria del 27 de marzo: «Con la tempestad [de la Pandemia], se cayó el maquillaje de esos estereotipos con los que disfrazábamos nuestros egos». En verdad, ¿por qué resistirnos al verdadero sentido de la navidad? ¿Por qué no acoger el mensaje de una felicidad que puede nacer también entre las pajas de un pobre establo?  ¿Por qué no creer que es posible encarnar, concebir y dar a luz una genuina alegría en la soledad de una fría y oscura noche, donde hemos sido despojados del cobijo, del techo y de la posada de nuestras seguridades? (cf. Lc. 2,7)

 

Es cierto que, en el invierno, muchos árboles carecen de aroma, de flor y de fruto. Pero no es menos cierto que el artificial pino navideño tiene un verde maquillado, sin fragancia ninguna. Ese árbol parece vivo, pero en realidad está muerto, y el otro de la calle puede parecer muerto, pero en realidad, está vivo. De igual manera, una alegría puede ser plástica, simplemente externa, mientras otra alegría puede ser natural, si en verdad, echa raíces en el alma. Quizá, en las fiestas decembrinas de este año, no sólo experimentaremos el vacío del bolsillo, sino también el vacío interior de un corazón cansado, enfermo por la desilusión con la que nos ha infectado el miedo a un invisible y microscópico virus. 

 

Y ¿por qué habríamos de estar tan tristes al comprobar, con la enfermedad y la muerte que no somos dioses? ¿Por qué necesitaríamos creernos dioses para ser felices, cuando Dios creyendo en nuestra humanidad puso su casa entre nosotros (cf. Jn. 1,14)?  Navidad es un tiempo para quedarse en casa, en el propio interior, pero no por miedo a contagiarnos de enfermedad y de muerte, sino porque pese a sabernos vulnerables, creemos que todo un Dios omnipotente no se mantuvo a la distancia de nuestra humanidad, ni tuvo miedo a contagiarse de la dolencia, enfermedad y muerte de nuestra carne.

 

No lloremos pues, la vanidad del árbol que exhibe un fruto agradable y apetecible a la vista (cf. Gn.3,6), pero con la falsa promesa de hacernos dioses impasibles, a los que no lastima el dolor, ni la muerte (cf. Gn. 3, 4). Más bien, iluminados por la luz de Belén, abramos los ojos y exultemos de alegría, ante la austeridad del pesebre (cf. Lc. 2, 8-12) y del árbol de la cruz. Ella es el escaparate donde Dios exhibe la sobriedad de una vida que nació envuelta en pañales y murió, despojada de todo, a fin de que conociéramos la verdadera ciencia del bien que da auténtica felicidad.

Debany Valdes5 de diciembre de 2020
PROTECCION-MATERNAL-DE-SANTA-MARIA-DE-GDPE.jpg
6min13

La estructura de la Virgen de Guadalupe, después de tres meses de restauración, ha quedado lista para su debida reinstalación en su lugar de origen, sobre el talud del Río Santa Catarina en Monterrey. 

Recordemos aquel hallazgo que vino a sacudir nuestra fe y esperanza en momentos de complicación por la pandemia que aún atravesamos. 

Fue el pasado 30 de julio cuando se dejó ver el rostro de nuestra Virgen María entre cientos de rocas en el lecho del Río Santa Catarina; 10 años atrás las fuertes corrientes del agua provocadas por un huracán derribaron la estructura de casi 12 metros de altura, sin embargo sería también un huracán quien permitiera que con su paso se descubriera. 

Pasaron días de arduo trabajo para lograr desenterrarla, para posteriormente ser trasladada a la empresa Aceros del Toro, en donde se llevó a cabo su exitosa restauración. 

El Padre Raúl Mena, Coordinador de la Comisión de los Bienes Culturales de la Iglesia, compartió que la estructura de la Virgen Morena, recién llegada al taller, se encontraba muy deteriorada, algunas partes no fueron localizadas, tal como el ángel y los cuernos de la luna que estaban en la zona inferior de la estructura.  

Sin embargo, 10 de años de estar sumergida en la tierra no podían pasar desapercibidos, quedaron marcas que serán de gran apoyo para la narración de este suceso que sin duda alguna pasará a la historia de Monterrey, por el gran impacto que causó en muchos fieles.

Los ojos de la Virgen no se encuentran en su posición original; las manos no quedaron verticales; algunos rayos del sol están ligeramente inclinados o chuecos; se tomó la decisión de dejar una piedra que se encajó en la parte inferior de la estructura, por ser esta la más grande que venía en ella, por último, para recordar cómo se encontró la estructura se eligió un color café óxido, denotando el desgaste y el daño que esta tenía, compartió el Padre Mena.

El Ingeniero Enrique Montemayor, gerente de recursos humanos de Aceros Del Toro, relató que fueron aproximadamente 15 personas las responsables de llevar a cabo todo el trabajo de restauración de la imagen de acero de la Virgen de Guadalupe, y al preguntarle qué significaba este acontecimiento para la empresa y los trabajadores, él nos respondió: 

“A todos, incluyéndome a mí, nos decían que somos muy bendecidos por la Virgen, por tenerla aquí, después también nosotros así lo sentimos y más en estos tiempos tan complicados… Es una bendición tenerla aquí. Yo hacía la analogía, sobre cuando estabas pequeño y que te regañaban o con alguien te peleabas, lo primero que hacías era abrazarte de tu mamá, que era la que te defendía, así lo manejo un poquito, pienso en aquello que hoy más que nunca necesitamos, cuidarnos, protegernos y de quién más para eso que nuestra madre, que nos pueda ayudar; nos sentimos protegidos”.

La réplica de la Virgen de Guadalupe, que se colocó en 2010,  en el mismo sitio donde el Papa San Juan Pablo II bendijo la primera estructura, también ya se encuentra en la empresa para su debida restauración para posteriormente ser llevada a “su nueva casita” la Parroquia Reina de México en la colonia Fomerrey 1, en Monterrey. 

Se espera que antes de la fiesta de Nuestra Santísima Virgen de Guadalupe ya sean colocadas ambas estructuras en sus lugares correspondientes, sin embargo aún no hay fecha establecida, por ello no olvidemos las palabras de nuestro Arzobispo, Mons. Rogelio Cabrera López: “Festejar a nuestra Madre del Cielo debe hacerse de una forma segura, que no ponga en riesgo nuestra salud”.  

 

Debany Valdes5 de diciembre de 2020
Pag.-3-1-scaled-1-1280x854.jpg
6min20

Fortalezas en nuestra Iglesia de Monterrey

En este momento quiero compartir con ustedes algunos sueños que tengo, no sin antes destacar algunas de las fortalezas que encuentro en nuestra Iglesia de Monterrey, sin pretender ser exhaustivo ni mucho menos soberbio ni triunfalista. Las comparto como un reconocimiento de la manifestación de los dones del Espíritu Santo inspirando nuestra mirada contemplativa, discernimiento comunitario y pastoral misericordiosa. Creo que hay un gran interés por el amor de Dios y su misericordia, por ayudarnos unos a otros a encontrarnos con Cristo y no con normas o ideologías; hay cada vez más caridad, servicio y testimonios de cercanía con los necesitados y vulnerables, así como esfuerzos por caminar juntos de la mano del Plan de Pastoral Orgánica.

 

Estamos enfocados en nuestra formación cristiana y hemos avanzado estableciendo procesos e itinerarios con equipos grandes y bien integrados de catequesis y liturgia. Por otro lado, vamos descubriendo, valorando y agradeciendo una gran riqueza de dones y carismas en todo el pueblo de Dios, haciendo un esfuerzo en el diálogo, la colaboración y el enriquecimiento mutuo. Antes de la pandemia habíamos crecido mucho en encuentros, misiones y retiros, solidificando otras expresiones de una Iglesia en salida. 

 

Otra gran riqueza de nuestra Iglesia es la participación de los laicos en las tareas eclesiales, entre ellos quiero señalar y reconocer la gran calidad humana y cristiana de todas las mujeres de nuestras comunidades y de los jóvenes que se manifiestan con alegría en las obras evangelizadoras. Tenemos una extendida espiritualidad mariana como alma de la unión en muchas comunidades. Hay interés creciente por la atención a los necesitados y vulnerables, así como por lo social y comunitario, destacando siempre la libertad, creatividad y emprendimiento de la cultura regiomontana. Cáritas de Monterrey es signo elocuente del amor y cuidado de los más pobres. La comunidad da muestras de apoyo a los migrantes y nuestras casas de acogida mantienen vigente el valor evangélico de la hospitalidad.  Espero que mantengamos estas y otras muchas fortalezas que tenemos, pues el cambio al que estamos llamados no empieza desde la nada, sino del amor de Dios y el esfuerzo humano que existen en nosotros mucho antes de esta emergencia sanitaria.

 

Al reconocer lo que hacemos bien, descubrimos el fruto del amor de Dios en la vida de las instancias eclesiales, de las comunidades parroquiales, de los grupos y movimientos diocesanos. Es verdad que siempre estaremos necesitados de actualizarnos y de adquirir nuevos conocimientos, habilidades, actitudes y propuestas, pero desde lo logrado hasta hoy, pues como discípulos misioneros somos llamados a levantar la mirada hacia el corto, mediano y largo plazo, con una fe cierta y una esperanza firme. Tener presentes nuestras fortalezas nos permite soñar.

 

Sueño con una Iglesia diocesana que acepta caminar y sentarse a la mesa con todos, no solo en medio de esta pandemia, sino en los retos y desafíos de cada día y de otras circunstancias extraordinarias. Una Iglesia que no excluye a nadie, ya sea por su atracción afectiva, su raza o su conducta moral, sino que incluye a cualquier persona, en especial a quienes pasan alguna necesidad o viven en las periferias geográficas o existenciales. Una Iglesia que se convierta en un lugar abierto a los heridos, lastimados, descartados y desechados ante las crisis que vivimos y viviremos en lo que respecta a la salud, la pobreza, la economía, el trabajo, la sociedad, la ecología, la política y otros aspectos de la vida.

 

 

Mons. Rogelio Cabrera López 

Arzobispo de Monterrey

Debany Valdes5 de diciembre de 2020
luces-bengala-manos-masculinas-prendieron-fuego-si-luces-arbol-navidad_209729-894-1.jpg
4min11

Algunos pudieran pensar todo lo contrario al título otorgado a este año que termina. ¡Cómo que bendito si la pandemia nos trajo tanto dolor y sufrimiento! ¡Cómo va a ser bendito si nos alejó de tantas personas! ¡Cómo va a ser bendito si se nos fueron muchos seres queridos!

 

Para los que tenemos fe, sabemos que nuestra paz y plenitud no está en esta vida, aunque nuestro corazón busque encontrar ya, aquello que nos haga felices. Este año ha sido muy adverso, un gran reto, pero no podemos quedarnos solo con todo el dolor y daño, la esperanza y la fe deben iluminar todos los acontecimientos vividos. Estoy seguro de que esta pandemia ha sido una oportunidad para encontrarnos con nosotros mismos, con nuestros hermanos y con Dios.

 

Una oportunidad para encontrarnos a nosotros mismos.

Diría que primero que nada esta pandemia nos ha ayudado a reconocernos limitados y quitar de nosotros los afanes de omnipotencia, darnos cuenta, tal vez por las malas, que no todo gira en torno a nuestro querer y parecer. Nos ha ayudado a valorar más lo que realmente es importante, nuestra salud, nuestra persona, nuestra estabilidad emocional, nuestra alma.

 

Una oportunidad para reconocernos como hermanos.

Esta pandemia nos ha recordado lo importante que es la fraternidad, el dejar a un lado los orgullos, sanar las heridas y reconocer que mi hermano es un tesoro. Descubrir que nos necesitamos mutuamente. 

 

“Nos dimos cuenta de que estábamos en la misma barca” (nos recordó el Papa Francisco en aquella plaza vacía del Vaticano en la bendición de ‘Urbi et Orbi’), “todos frágiles y desorientados; pero, al mismo tiempo, importantes y necesarios, todos llamados a remar juntos, todos necesitados de confortarnos mutuamente”. Esta pandemia nos recuerda que Jesús está en el hermano, en el prójimo, especialmente el que sufre.

 

Una oportunidad para encontrarnos con Dios.

«Señor, no nos abandones», suplicó el Papa al hablar de una «tormenta inesperada y furiosa», de «una tempestad que desenmascara nuestra vulnerabilidad y deja al descubierto esas falsas y superfluas seguridades», y esto mismo hemos hecho nosotros en este año, voltear nuestra mirada a Dios y dialogar con Él.

 

Este año ha sido una gran oportunidad, vienen días de reflexión y de oración, no desaprovechemos esta navidad para equilibrarnos, para mirarnos con la lupa de Dios, la lupa de la misericordia, analicemos a conciencia que es lo que Dios nos ha querido ha querido manifestar en este bendito 2020.

Debany Valdes15 de noviembre de 2020
125202871_3367181226738100_6092605202311127608_n-1.jpg
9min12

Por Luis Donaldo González

Los pobres de hoy son los pobres de siempre, es decir, los hambrientos, los sedientos, los migrantes, los que carecen de lo necesario para vivir y vestir, los enfermos, los encarcelados.

Los deprimidos, los que se sienten solos, los olvidados y excluidos. Los perseguidos por su raza, credo o condición. Son aquellos que sufren la injusticia del abandono de sus hermanos y nos necesitan.

Si somos atentos nos damos cuenta que no son otros que aquellos de los que hablaba el Señor Jesús cuando refiriéndose al servicio y a la caridad dijo: “cada vez que lo hicieron con el más pequeño de mis hermanos, lo hicieron conmigo” (Mt 25,40).

Ahora bien, aunque son “los de siempre” viven en un mundo que no es el de siempre: aunque hoy tenemos grandes avances científicos y tecnológicos, seguimos teniendo hambre, frío, desprotección e inseguridad.

La desigualdad es muy visible, y más en tiempo de pandemia: según la ONU, de 2019 a 2020, en América Latina y el Caribe la tasa de pobreza podría llegar a 37,2% de la población, es decir, 230 millones de personas vivirán en situación de pobreza. Sin caer en generalizaciones injustas que sostienen que todos los ricos son malos o corruptos y que todos los que viven en precariedad son víctimas, tampoco podemos negar que hoy unos cuantos viven desmesuradamente y unos muchos en condiciones de precariedad.

El deber de la solidaridad
Aunque la Iglesia no tiene la solución a estos serios problemas de injusticia social (y medioambiental), sí que tiene una palabra que ofrecer para combatir con esperanza -y desde la raíz- a sus causas, pues para la vida cristiana la fe y la caridad están inseparablemente relacionadas: en cada persona reconoce la imborrable dignidad de hijo de Dios, y especialmente en el pobre y el indefenso reconoce a Jesucristo, sufriente y necesitado.

La fe pone ante los ojos del creyente el “deber de la solidaridad” que no se reduce a un sentimiento superficial (o lástima) por los males de los que sufren, sino que es “la determinación firme y perseverante de empeñarse por el bien común; es decir, por el bien de todos y cada uno, para que todos seamos verdaderamente responsables de todos” (Juan Pablo II). Esto, sin duda requiere gestos serios, grandes y pequeños, además de un sincero testimonio.

Requiere ser atento al interior y al exterior del propio vecindario y un corazón bien dispuesto a obrar con gratuidad (hacer sin esperar recompensa)3.

No al mero asistencialismo

El “deber” de la auténtica solidaridad acoge y atiende al desamparado pero también lo promueve a una vida digna y más humana. Solo así se puede entender que “dar de comer al hambriento” comienza con un plato de comida caliente pero es más que eso.

Así, con mucho respeto y sin restar ni un poco el gran valor y la importancia de la incansable labor de miles de personas e instituciones que generosa y muchas veces cristianamente ayudan a quien lo necesita, la propuesta católica va más allá de un mero asistencialismo (sin rechazarlo), ya que éste visto como fin o meta en lugar de hacer más pleno al ser humano puede llegar a humillarle, haciéndolo completamente dependiente, anulando su propia creatividad y participación (Benedicto XVI)4 y, a veces, llegando a condicionar seriamente la libertad electoral de los beneficiados.
Buscando mayor libertad, la Iglesia apuesta por impulsar y promover a la persona para que, con ayuda y en la medida de lo posible, vaya adquiriendo lo necesario para ser protagonista de su propio desarrollo (Pablo VI)5.

Cierto es que aquí puede resonar, “dar el pescado, y también enseñar a pescar”… y que la educación, la salud y el trabajo son barca, caña y anzuelo para salir al mar.
A este principio de la Doctrina Social de la Iglesia se le llama “subsidiariedad”, y es posible entre instituciones y personas como entre gobierno y pueblo: no se puede quitar a los individuos lo que ellos pueden realizar con su esfuerzo e industria, como tampoco quitar a las pequeñas comunidades e instituciones lo que pueden hacer y proporcionar por sí mismas6.

Esta propuesta no pretende dejar a la persona o al pueblo a la deriva sino a que desde una actitud de ayuda, se respete la autonomía de todos para que la sociedad funcione y realice a la persona de modo responsable, integral y humano.

El amor nos mueve

La constante referencia y comunicación con Dios en la oración nos que tiene mover el corazón para ver y atender la vulnerabilidad del hermano. Recordemos que “la bendición del Señor desciende sobre nosotros y la oración logra su propósito cuando va acompañada del servicio a los pobres” (Francisco)7.

Esto no es nuevo, pues según Jesucristo, “amar a Dios y al prójimo” es la síntesis de toda Ley. Por esa razón, aunque es muy incómodo, la injusticia y la precariedad en la que viven y mueren muchos de los nuestros no hacen ruido en el corazón y no nos deja “sentirnos bien”.

La fe y el amor que de ella brota no se separan de la realidad ni individual ni social, al contrario, se expresa en las relaciones más cercanas y en las relaciones sociales, económicas y políticas8.

Nos exige tender la mano al pobre desde la generosidad de nuestra pobreza y a amar desde nuestro amor: con comida, ropa, medicamento, trabajo, compañía. A la vez, rechazar cualquier tipo de injusticia que provoca la desigualdad: sobornos, compadrazgo, calumnias. Esto nos dará paso a un mundo mejor, más fraterno.

Querido lector, hoy que celebramos la Jornada Mundial de los Pobres, seamos bien conscientes de que somos todos hermanos, hijos de un mismo Padre, y, a la vez, afirmar que Dios ama al pobre pero no a la pobreza que le oprime y le mata.

 


Sobre nosotros

Somos el periódico católico oficial de la Arquidiócesis de Monterrey; en comunión con la misma y con el resto de los medios de comunicación católicos, enfocamos nuestros esfuerzos a ser la voz de la Iglesia en Monterrey.


CONTÁCTANOS

LLÁMANOS



Últimas publicaciones



Suscríbete a nuestro boletín







    Categorías