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Sinceramente me apasiona platicar sobre el apóstol Santiago, quien fue uno de los doce discípulos de Jesús. Ellos compartieron muchos momentos. Santiago vivió con Él, lo conoció y se encargó de extender su Reino y la palabra de Dios. En este mes celebramos la fiesta de aquél, quien fue el primer mártir de los apóstoles. Recordemos que dos de los misioneros de Cristo se llamaban Santiago y para distinguirlos, de acuerdo con su edad, se les ha llamado el mayor y el menor. Este 25 de julio, nosotros los católicos festejamos a Santiago el Mayor, también conocido, junto con su hermano Juan, con el sobrenombre de Boanerges, que significa Hijos del Trueno. Ambos hijos de Zebedeo y Salomé, siguieron al maestro, abandonando todo lo que hacían y sus padres no se opusieron a su llamado.

 

El año 2016 fue nombrado por Francisco I el Jubileo de la Misericordia y tuve la bendición de recorrer en España cinco caminos (Catalán, Aragonés, Ebro, Vasco y Francés) hasta llegar a la Catedral de Santiago, ubicada en el municipio gallego Santiago de Compostela, en el noroeste. Es un templo católico proyectado en la Edad Media para custodiar las reliquias del apóstol nacido en Betsadia de Galilea. El Camino de Santiago es una peregrinación católica de origen medieval que conserva el testimonio de miles de peregrinos que por fe han transitado con diferentes manifestaciones de fervor, piedad, arrepentimiento, amor, esperanza, hospitalidad, religiosidad, arte, cultura, y nos lleva a dar un abrazo fraterno a quien también fue testigo privilegiado de las apariciones de Jesús resucitado y de la pesca milagrosa en el mar de Tiberíades.

 

En mi caminata, Dios me inspiró en oración a escribir un diario que fue publicado a mi regreso a México con el título de Cuéntame otra vez la noche que nací (Diario de un peregrino), bajo el sello editorial de El Parlamento de las Aves. Después de peregrinar más de 1,700 km tuve la dicha de sonreír con Jesús en un viaje lleno de aventuras y conocimiento. Santiago también estuvo presente en la resurrección de la hija de Jairo, en la transfiguración y en el huerto de Getsemaní. Cuenta la tradición católica que Santiago tras el Pentecostés, cuando los apóstoles fueron enviados a la predicación, habría cruzado el mar Mediterráneo para predicar el evangelio en la actual España y Portugal. Según relatos también escuchados, su prédica habría llegado hasta Galicia y todo el valle del río Ebro. Al final de sus días, en lo que ahora es el punto más occidental de España existe un pueblo a la orilla del mar de nombre Muxia (Fin del Camino), donde según leyendas cristianas, el apóstol Santiago había estado predicando sin aparente éxito y, desmoralizado, creyó rendirse, y en ese momento, mientras oraba en el punto donde hoy se levanta un templo, una barca de piedra apareció de entre las olas del Atlántico y en ella se encontraba María quien lo consoló, animó y dio por terminada su misión, pidiéndole regresará a Jerusalén.

 

Posteriormente quedaron en el lugar los restos de la embarcación, que son rocas con formas peculiares que se encuentran frente al Santuario de la Virgen de la Barca. Más tarde, Santiago habría de morir a manos de Herodes Agripa I. Cuentan también que en el trabajo de evangelización hizo algunos discípulos y siete de ellos continuaron con la tarea evangelizadora. Fueron llamados Varones Apostólicos, y a quienes la historia sitúa junto a Santiago en Zaragoza cuando la Virgen María se apareció en el pilar.

 

Hay mucho por contar sobre la vida y obra de Santiago y sin duda podemos encontrar una luz en el camino que nos ilumine a vivir nuestra fe con integridad, a ser testigos del evangelio y forjar un testimonio de esperanza y valor que nos impulse a cumplir con nuestra misión dentro de la iglesia: Seguir el camino, la verdad y la vida. Y principalmente nos enseña a ser humildes para dejarnos consolar y animar por la bienaventurada virgen María.

 

LCC. José Ramón Guerrero Padilla.

(Facebook @ JoseRGro)

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El Pasado 13 de junio se llevó a cabo la ordenación sacerdotal del Pbro. Edgar Alonso Del Río Reyna, por manos de Mons. Rogelio Cabrera López, Arzobispo de la Arquidiócesis de Monterrey. La Parroquia Nuestra Señora de San Juan de los Lagos en San Nicolás de los Garza fue el recinto elegido para esta bella celebración, la cual se vivió a puerta cerrada por cuestiones de contingencia.

 

El Pbro. Edgar del Río egresado del Seminario Arquidiocesano de Monterrey, fue admitido al Orden Presbiterado en el templo de la comunidad en donde descubrió su vocación; misma en la que estuvieron presentes sus padres, familiares, amigos más cercanos y algunos sacerdotes.

 

Mons. Rogelio brindó en su homilía un mensaje de ánimo para el Padre Edgar y todos los que presenciaron de manera virtual dicha ceremonia, pese a las adversidades causadas por la pandemia esta fiesta para la Iglesia Universal, no se rebajó en lo absoluto a tener la presencia de Dios y de su amor, por el contrario, se encontraba totalmente potenciada.

 

También Don Rogelio, compartió algunos consejos sacerdotales durante la homilía: “Cuidar siempre la predicación, acompañada con la oración, la convicción y la congruencia” así como hacía San Antonio de Padua, a quien ese día la Iglesia Universal celebraba su santo. Tomando como referencia el Evangelio y las lecturas anteriormente leídas dijo: “Que los sacerdotes proclamemos la verdad, amemos la verdad y sirvamos a la verdad”. Recordó que la vocación como tradición implica ser compartida “es ir detrás de otro, seguirlo, la vocación es misión, es servicio”.

 

Exhortó a la comunidad a pedir por los sacerdotes, en especial por el sacerdocio de Edgar, con quien se alegra de compartir espíritu, para que por bendición de Dios y el amparo de María sea un sacerdocio “in eternum” es decir, para siempre.

 

Le siguieron cada uno de los ritos correspondientes a la celebración y por gracia de Dios fue ordenado el Pbro. Edgar Alonso Del Río Reyna; quien tuvo oportunidad de brindar unas palabras de agradecimiento, especialmente a su familia, y a su abuelita de quien reconoce proviene su amor por las cosas de Dios “Esta es la fe que ella – su abuelita – me regala, junto con la fe de mis padres. Muchas gracias y que Dios los bendiga a todos”.

Un momento muy emotivo fue cuando el Señor Arzobispo reconoció a los padres del nuevo sacerdote como ya es tradición; el Señor Pedro y la Señora Sonia recibieron la imposición de una cruz por cuidar la vocación de su hijo.

El ahora Vicario de la Parroquia San Juan de los Lagos, comentó en una entrevista previa a su ordenación que esta experiencia de vida la ve reflejada en la frase que utilizó el Papa Francisco al llegar a su pontificado “Mirándome con misericordia, me eligió”. Jesús vio en el sus debilidades y virtudes y comparte que “Con esa misma mirada me ha elegido para este ministerio”; ministerio que lleva “la extensión del mismo Ministerio de Jesús de Nazareth”.

Al finalizar la misa, un grupo de personas organizaron una caravana de automóviles para compartir con el padre Edgar la alegría de su ordenación, llevando carteles y globos en modo de festividad.

Posteriormente, en una pequeña reunión entre familiares y amigos más cercanos el Padre Edgar celebró haber recibido con gratitud este don maravilloso e “inmerecible”, otorgado por la benevolencia de Dios.

Por Debany Valdés

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El libro del Génesis, a través de las vivencias de hombres y mujeres de épocas lejanas nos cuenta historias en las que podemos reflejar nuestra vida. En el ciclo de los patriarcas encontramos también la de un hombre que había hecho de la astucia su mejor cualidad: Jacob. El relato bíblico nos habla de la difícil relación que Jacob tenía con su hermano Esaú. Desde pequeños hay rivalidad entre ellos y nunca la superarán. Jacob es el segundo hijo —eran gemelos—, pero mediante  engaños consigue arrebatar a su padre Isaac la bendición y el don de la primogenitura  (cf. Génesis 25,19-34). Es solo el primero de una larga serie de ardides de los que este hombre sin escrúpulos es capaz. También el nombre de “Jacob” significa alguien que se mueve con astucia.

Obligado a huir lejos de su hermano, en su vida parece tener éxito en todo lo que emprende. Es hábil en los negocios: se enriquece mucho, convirtiéndose en propietario de un rebaño enorme. Con tenacidad y paciencia consigue casarse con la  hija más hermosa de Labán, de la que estaba realmente enamorado. Jacob —diríamos con lenguaje moderno— es un hombre que “se ha hecho a sí mismo”, con ingenio, astucia, es capaz de conquistar todo lo que desea. Pero le falta algo. Le falta la relación viva con sus raíces.

Y un día siente la llamada del hogar, de su antigua patria, donde todavía vivía Esaú, el hermano con el que siempre había mantenido una pésima relación. Jacob parte y lleva a cabo un largo viaje con una caravana numerosa de personas y animales, hasta que llega a la última etapa, al vado de Yabboq. Aquí el libro del Génesis nos ofrece una página memorable (cf. 32,23-33). Relata que el patriarca, después de haber hecho atravesar el río a toda su gente y a todo el ganado —que era mucho—, se queda solo en la orilla extranjera. Y piensa: ¿Qué lo espera para el mañana? ¿Qué actitud tomará su hermano Esaú, al que había robado la primogenitura? La mente de Jacob es un torbellino de pensamientos… Y, mientras oscurece, de repente un desconocido lo aferra y comienza a luchar con él. El Catecismo explica: «La tradición espiritual de la Iglesia ha tomado de este relato el símbolo de la oración como un combate de la fe y una victoria de la perseverancia» (CIC, 2573).

Jacob luchó durante toda la noche, sin soltar nunca a su oponente. Al final es vencido, golpeado por su rival en el nervio ciático, y desde entonces será cojo para toda la vida. Aquel misterioso luchador pregunta el nombre al patriarca y le dice: «En adelante no te llamarás Jacob sino Israel; porque has sido fuerte contra Dios y contra los hombres, y le has vencido» (v. 29). Como diciendo: nunca serás el hombre que camina así, sino recto. Le cambia el nombre, le cambia la vida, le cambia la actitud. Te llamarás Israel. Entonces también Jacob pregunta al otro: «Dime por favor tu nombre». Aquel no se lo revela, pero, en compensación, lo bendice. Y Jacob entiende que ha encontrado a Dios «cara a cara» (cf. vv. 30-31).

Luchar con Dios: una metáfora de la oración. Otras veces Jacob se había mostrado capaz de dialogar con Dios, de sentirlo como una presencia amiga y cercana. Pero en esa noche, a través de una lucha que duró mucho tiempo y que casi lo vio sucumbir, el patriarca salió cambiado. Cambio de nombre, cambio del modo de vivir y cambio de la personalidad: sale cambiado. Por una vez ya no es dueño de la situación —su astucia no sirve—, ya no es el hombre estratega y calculador; Dios lo devuelve a su verdad de mortal que tiembla y tiene miedo, porque Jacob en la lucha tiene miedo. Por una vez Jacob no tiene otra cosa que presentar a Dios más que su fragilidad y su impotencia, también sus pecados. Y es este Jacob el que recibe de Dios la bendición, con la cual entra cojeando en la tierra prometida: vulnerable y vulnerado, pero con el corazón nuevo.

Todos nosotros tenemos una cita en la noche con Dios, en la noche de nuestra vida, en las muchas noches de nuestra vida: momentos oscuros, momentos de pecados, momentos de desorientación. Ahí hay una cita con Dios, siempre. Él nos sorprenderá en el momento en el que no nos lo esperemos, en el que nos encontremos realmente solos. En aquella misma noche, combatiendo contra lo desconocido, tomaremos conciencia de ser solo pobres hombres —me permito decir “pobrecitos”—, pero, precisamente entonces, no deberemos temer: porque en ese momento Dios nos dará un nombre nuevo, que contiene el sentido de toda nuestra vida; nos cambiará el corazón y nos dará la bendición reservada a quien se ha dejado cambiar por Él.

 

Papa Francisco

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Estando en una reunión de señoras (de esas en las que se tienen cinco conversaciones al mismo tiempo, se habla, se llora, se discute y se arregla el mundo en dos horas), llegó una querida amiga a invitarnos a un curso en el colegio de sus hijos. –“Es sobre Teología del Cuerpo; hoy fue la primera sesión y me encantó. La siguiente es la próxima semana, ¡vénganse a tomarlo conmigo!”

 

Teología del Cuerpo… era algo que yo había estudiado en mi licenciatura, pero ya de eso habían pasado varios años e hijos. Al escucharla invitarnos, sentí que algo se movió dentro de mí… Una semana después, estaba en la caseta de vigilancia de su colegio. No conocía a nadie y me temía que mi amiga no se presentara, pero yo sentía una necesidad enorme de escuchar, de volverme a llenar de esos contenidos que recordaba maravillosos.

 

Un poco tímida, pregunté en dónde era el curso, y sin pensarlo demasiado por miedo a arrepentirme, entré al salón en medio de una docena de desconocidas. Y al comenzar todo cambió…

 

El 18 de mayo de 1920, Karol Jozéf Wojtyla nació en Wadowise, Polonia. Fue el tercer hijo del matrimonio de sus papás, Karol y Emilia. Su niñez y juventud estuvieron marcadas por la pérdida de sus seres queridos: su hermana Olga había muerto antes de que él naciera, su mamá falleció cuando él tenía 9 años, después su hermano Edmund y finalmente su padre, cuando comenzó la ocupación de la Alemania nazi.

 

En 1943, en medio de la Segunda Guerra Mundial, entró al seminario clandestino y fue ordenado sacerdote en 1946. El trabajo con jóvenes universitarios, parejas de novios y matrimonios fueron nutriendo su vida sacerdotal, conociendo el amor humano desde el dolor de la muerte, el horror de la guerra, el valor de los héroes, el amor de las relaciones humanas y la misericordia de Dios.

 

“Como joven sacerdote, llegué a amar el amor humano porque el amor es hermoso, y quien ha visto la belleza del amor, quiere dedicarse a él completamente, ponerse al servicio del amor hermoso.” Cruzando el umbral de la esperanza (132-133)

 

¿Pero por qué hasta el día de hoy estas enseñanzas de la Iglesia siguen siendo tan poco aceptadas entre los fieles católicos? Esto mismo se preguntó Karol Wojtyla y lo motivó a escribir lo que hoy conocemos como la “Teología del Cuerpo”, reflexionando frente al Santísimo Sacramento en la Palabra de Dios y lo que en ella se nos revela del significado del cuerpo, la sexualidad y el amor matrimonial.

 

“Varón y mujer los creó”, era como se hubiera llamado el libro que el Cardenal Wojtyla publicaría, pero después de ser electo papa en 1978, San Juan Pablo II transformó el contenido de su libro en 135 catequesis sobre el amor, aunque sólo entregó 129 (las otras tienen un contenido mucho más explícito ¡bellísimo y muy profundo! del amor conyugal) a la Iglesia universal entre 1979 y 1984 en las audiencias generales en el Vaticano.

 

A través de la Teología del Cuerpo, San Juan Pablo II quiere hacer un camino para el corazón: en lugar de darnos primero las normas que a veces se sienten rígidas, poco aterrizadas a la realidad, quiere explicarnos quiénes somos, para que entonces encontremos razones para saber cómo vivir (pasar del corazón y la experiencia a la moral). Su contenido interpela, habla directo al alma porque logra profundizar en la belleza del amor, incluso donde pareciera no haberla, con una clara conciencia y entendimiento de la experiencia humana.

 

¿Quién no quisiera entenderse mejor desde el amor y la misericordia? ¿Quién no quisiera saber la clave para ser feliz? Por eso, ese reencuentro con la Teología del Cuerpo marcó un antes y un después en mi vida: porque me permitió entenderme a mí y a mi esposo, a mi familia, mis hijos, mis proyectos, y replantearme mi relación con Dios desde mi condición de hija amada, cuyo Padre amoroso desea ser mi guía.

Lic. Alicia Contró 

(Instagram @alicia.contro / Facebook @alicia.contro1)

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Si bien es cierto el fenómeno del “Pandillerismo” abarca una realidad humana, en toda periferia en el mundo existen este tipo de asociaciones de personas que en su mayoría son jóvenes que comparten fines comunes como la lealtad, la hermandad (Carnalísimo), la fidelidad al grupo, la religiosidad; en fin toda una gama de valores que pudiésemos enunciar.

 

La realidad de las “Bandas” en el noreste de México tienen ciertas características muy particulares, en el proyecto “Raza Nueva en Cristo” hemos descubierto muchos ápices de la realidad de éstas asociaciones juveniles (Conectas-juntas-uniones) que han tenido cierta evolución a lo largo de los años, y la constitución de las periferias ha conllevado a la fundación de estos grupos; muchos factores determinan la llamada “Defensa de los barrios” y ¿de qué se defiende el barrio?; se defiende de la injusticia, de la discriminación, de la violencia en todas sus modalidades, del hambre, de la incomprensión de la conciencia “Clasista”, donde no muchos de quienes crecen en los barrios tienen la oportunidad de vencer en esta lucha constante. En el barrio se lucha desde el día que llegas (desde que naces en él), es una batalla de todos los días, de todo momento; de defender la vida inicialmente por todo lo que conlleva vivir en una realidad extrema, se vive con una conciencia de persecución y ello conlleva a unirme a quienes también se defienden en las mismas condiciones.

 

En la película “Ya no estoy aquí” se dibuja una realidad ocurrida en la primer década de los años 2000, y que ha evolucionado hasta nuestros días, en los años 90 existían los llamados “pañuelos” que salen en alguna escena de la película y que nos pueden ubicar en ese tiempo, las vestimentas, peinados y ambiente que evolucionaron en esos años en Monterrey despertaron ciertas modas hasta establecer el fenómeno de los “Cholombianos”, que tuvo gran auge en esa época, hoy en día es difícil encontrar alguna banda con esa característica, yo recuerdo que la última que conocí fue en el año 2016 en el municipio de Juárez se llamaba “La Zona 13”; no dudo que pudiesen existir aún, pero de suyo son tendencias prácticamente extintas en la realidad urbana de Monterrey. Ese estilo era muy peculiar, fácil de identificar por las redes delictivas y por la policía misma, no fue fácil “renunciar” a ese rostro que predominaba en la época mencionada, en la película la escena donde Ulises se corta sus “patillas” dibuja la realidad que la sociedad busca, donde la libertad es coartada, como si fuese una propuesta a “dejar de ser” “me incomoda tu presencia”, es una tragedia social pretender esclavizar a los muchachos a estereotipos clasistas, tal y como ocurrió con el protagonista; pero la vida estaba en juego, la estabilidad si pudiese decirse “estabilidad” era el objetivo de la búsqueda.

 

La película de referencia conecta ciertas historias interesantes que por su naturaleza reflejan una ruptura no superada hasta nuestros días: La delincuencia organizada, el mundo de las drogas, la familia disfuncional, la persecución, la discriminación, la violencia contra la mujer, solo por mencionar algunas, habla de la “ruptura” del tejido social, jóvenes profundamente heridos que están en búsqueda de una identidad ya que la que tienen es rechazada, discriminada, hecha menos; es la interminable lucha de escapar para vivir. La vida de los protagonistas está en peligro, y el principal “Ulises” tiene que migrar a Queens en Nueva York, donde no termina su lucha; los jóvenes que decidían y deciden seguir las huellas del crimen organizado (que son la remota minoría) saben el camino, lo asumen con temeridad, ya que están en esa “búsqueda” de afirmarse en el barrio, no es justificación, sino comprensión, muchas veces orillados, sin salida, ellos lloran por dentro en mitad del placer que pudiesen experimentar, a final de cuentas se buscan ellos mismos, entras las sombras y persecuciones, infinidad de ellos terminan mal, pero si vemos el común de la película la extensa mayoría vive feliz entre su banda, entre sus bailes y ropajes, entre su lenguaje y grafitis, son muchachos y muchachas que buscan ser buenos pero no saben muchas veces cómo serlo, y cuando encuentran esa bondad, detonan la alegría de la vida, que creo la película no muestra del todo y que a mi parecer es una omisión, porque también los casos de plenitud existen en el mundo de las “bandas”.

 

Hoy en día las pandillas en Monterrey siguen existiendo, aunque no con esos auges de los años pasados, ya que la delincuencia en su tiempo los orilló a un exilio (ocultamiento), pero todo ser humano necesita de otro ser humano para salir adelante, nadie puede solo, y el mundo de la banda es la carta de presentación para ello; los muchachos son joyas en mitad en la adversidad, y saben identificar que pueden ser plenos; las pandillas tienen mucho que ofrecer a nuestra metrópoli, mucho, basta con ver que ellos potencian sus barrios, que pueden pactar treguas de sus “fallas” (pleitos) incluso muy antiguos hasta generacionales, que se pueden defender de la injusticia por la cultura del trabajo; a las pandillas no hay que exterminarlas con prácticas represivas sino con acompañamiento, con oídos dispuestos a escuchar sus historias y ahí nacen las oportunidades, y éstas no se les debe negar a ninguna persona. Debemos dignificar la cultura de la pandilla, acompañarlas y enseñarles lo que Dios ha hecho por ellas, y al tener tal sensibilidad religiosa podrán de sobremanera ser agentes que incluso evangelizan a otros (misioneros de Raza Nueva, PAGE, Compañía María de Nazareth, Bandas Unidas para el Bien) por mencionar los proyectos de evangelización en nuestra Arquidiócesis, y cierro mi comentario con aquella frase de san Juan Bosco “Comprende, no juzgues”, así nuestros jóvenes de las pandillas, al ser comprendidos lograran forjar con mucha fuerza un destino muy diferente al que la realidad social actual y disfuncional les invita a vivir, serán el destino de la esperanza, serán luz en un barrio donde todo ha sido oscuridad.

 

La película de suyo es buena y muestra una realidad que no es común saber que existe, pero la realidad es que existe y que puede ser un proyecto de esperanza para quienes compartimos metrópolis como Monterrey.

 

Pbro. José Luis Guerra Castañeda

Director de Raza Nueva en Cristo

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Mi nombre es Juvencio Pérez Caballero, religioso y sacerdote del Instituto Fuego Nuevo. Dentro de este Año Jubilar Sacerdotal que ha convocado nuestro Señor Arzobispo, Mons. Rogelio Cabrera López, dirigido a los Sacerdotes de la Arquidiócesis de Monterrey, me permito compartir mi experiencia vocacional.

 

Nací en el seno de una familia creyente. Mi niñez y adolescencia transcurrió en la escuela, la rondalla, jugando béisbol y los fines de semana visitaba con mi familia a mis abuelos en dos municipios, de Nuevo León, Dr. González y Marín. En la Parroquia María Madre fue donde hice mi primera comunión, ya como joven estuve en lo que es mi Parroquia familiar, Nuestra Señora de Guadalupe Reina del Trabajo, en la Colonia San Jorge, Monterrey, N.L.

Mi caminar en la Iglesia da un giro a partir de la experiencia de encuentro con Jesús en una Pascua juvenil de mi Parroquia, corría el año 1990. Saberme amado hasta el extremo por Jesús fue el inicio de toda una aventura de fe. Allí me invitaron a formar parte de un grupo juvenil en el cual participé y donde conocí más a Jesús. La juventud es una etapa muy bella, de anhelos e ilusiones, de sueños y de grandes e importantes decisiones.

 

Siempre he admirado al Papa San Juan Pablo II, su carisma, liderazgo y amor a la Virgen María y a la Iglesia. Recuerdo la primera vez que vino a Monterrey en el año de 1979, era un niño y hacía mucho frío, lo vi por televisión, pero fue en la segunda visita a Monterrey, el 10 de mayo de 1990, donde tuve la oportunidad de ir a verlo cuando celebró la Misa en el lecho del río Santa Catarina, me encontraba muy emocionado y con una experiencia espiritual muy singular.

 

Participando en mi Parroquia Nuestra Señora de Guadalupe Reina del Trabajo, descubro a una comunidad religiosa que está iniciando, con un carisma muy peculiar, se destacaban por su alegría, el don de la fraternidad, su trabajo con los jóvenes y su oración festiva, su nombre Fuego Nuevo. El Fundador de este Instituto es el R.P. Pedro Garza Puente F.N., quien con un peculiar carisma y trabajo con la juventud y evangelizando a través de la predicación, el canto y la música, movido por el Espíritu Santo, da inicio esta obra. El carisma del Instituto es la Configuración con Cristo Resucitado desde la contemplación del misterio Pascual con la misión prioritaria de evangelizar y promover integralmente a los jóvenes adolescentes y niños, especialmente a los más pobres y necesitados.

 

En ese entonces yo me encontraba estudiando en la Facultad de Arquitectura de la UANL, gracias a Dios con muy buenas calificaciones y gustándome la carrera. Cuando todo iba perfecto, con mi familia, en mis estudios, con mis amigos, en mi grupo parroquial, empiezo a sentir una inquietud, un profundo deseo de plenitud, un gusto por servir, una pasión por el Reino de Dios, un amor profundo a Jesús Eucaristía, una búsqueda de realización y felicidad. Ante ello, dejo mis estudios y me embarco en un discernimiento en el proceso vocacional del Instituto Fuego Nuevo, a lo que me llevó a descubrir un llamado de Dios, no solo que me amaba sino también que me llamaba.

 

Y es el 27 de junio de 1991 cuando ingreso a Fuego Nuevo, el Instituto apenas estaba cumpliendo 5 años de haber iniciado su fundación. Mis primeros estudios los realicé al interno del Instituto en mis etapas de Postulantado y Noviciado, luego estudié la Filosofía en el Seminario Arquidiocesano de Monterrey y la Teología en la Universidad Pontificia de Salamanca y en el Teologado Salesiano. A la par iba avanzando mi profesión religiosa en Fuego Nuevo, haciendo votos de pobreza, castidad, obediencia y fidelidad a la Iglesia, con los estudios seminarísticos hacia la vida sacerdotal.

 

El 1º. de julio del año 2000 recibí, por pura misericordia de Dios, el Orden Sacerdotal del Presbiterado en mi Parroquia Nuestra Señora de Guadalupe Reina del Trabajo. Recién Ordenado, el Superior General, me confió el Aspirantado y Postulantado del Instituto, seminario menor, estando frente de la Casa de Formación de jóvenes de recién ingreso, fue un periodo que disfruté enormemente en todo lo que conlleva la formación. Una misión artesanal de gran responsabilidad, la formación de futuros religiosos y sacerdotes, al mismo tiempo combinado con trabajos administrativos y otras responsabilidades que se me han confiado desde la Casa General.

 

En este momento me encuentro en la Parroquia Santa Eduviges, Av. Alfonso Reyes en la Col. Burócratas Municipales en Monterrey N.L. como Administrador Parroquial, haciendo un trabajo en equipo junto con mis hermanos religiosos y sacerdotes. Apenas he cumplido un año aquí y me encuentro muy contento e ilusionado en servir al pueblo de Dios en una nueva faceta.

 

Y ahora dirijo una palabra a los jóvenes en ese proceso de búsqueda y realización. Recuerda que Dios sigue llamando. No tengas miedo a decirle sí. Abre tu corazón. Déjate ayudar y acompañar en este proceso de discernimiento. Vale la pena seguir a Jesús. Te espera una vida apasionada. Ánimo, Dios te bendiga.

 

 

Pbro. Juvencio Pérez Caballero F.N.

Párroco en Santa Eduviges

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En estos días pasados he estado viendo constantes publicaciones acerca del PIN parental, del debate sobre quién tendrá el derecho a educar a los niños y sobre qué tipo de educación o ideologías se podrían estar colocando en la enseñanza básica; se han presentado diversas posturas, cada una intentando explicar el por qué unos u otros deben tener el derecho a educar.

 

Ante esto, la pregunta que detona mi reflexión es ¿por qué “el derecho a educar” para debatir este tema? La segunda es ¿conviene que sea este el punto de partida para una visión clara de la educación?

 

Podríamos correr el riesgo de estar olvidando que, antes del derecho a educar, existe el derecho a la educación. Son varios los pensadores que en décadas pasadas han reflexionado acerca de este tema. No pretendo enunciar a dichos autores ni sus escritos, sino generar una reflexión que parta de la persona que será educada y no de la búsqueda de intereses de los protagonistas del debate.

 

Existe un derecho a la educación que nace de la persona misma. Es decir, no se trata de que yo papá, yo maestro o tú gobierno tengas el “derecho a educar” sino que el niño tiene derecho a la educación. Tal como el que será adoptado tiene derecho a una familia, y los papás adoptivos se les concede ser los responsables de velar que se cumpla el derecho del niño. Tal como el que ha sido encontrado inocente en un juicio tiene derecho a la libertad, y el celador abrirá la reja para que ejerza su derecho inocente, pero el celador no es el poseedor del “derecho a la libertad”, sino sólo quien abre la reja a quien le corresponde la libertad.

 

La persona (el niño, o el joven) tiene derecho a acceder a la educación, a la ciencia, a la verdad, al conocimiento. Nosotros (papás, docentes, o gobierno) no somos los dueños de nada de esto, como si alguno de nosotros tuviera estos recursos en cajas para distribuirlos y como si el otro no los tuviera; en ese sentido de posesión, tampoco somos los poseedores del derecho a la educación (salvo únicamente porque somos personas y tenemos el mismo derecho a ser educados); nosotros somos los agentes que garantizan que el niño pueda gozar de este derecho que es SUYO. Por otra parte,  estimados papás, maestros y gobierno, educar no es que sea nuestro derecho, es nuestra obligación ante el derecho del otro, que es un humano.

 

Ahora bien, algunos tal vez me dirían: “bueno, lo que estamos debatiendo es sobre quién decide los planes de estudio y sobre lo que dice la Constitución en cuanto a materia de educación” etcétera… a ellos les responderé: primero hay que aclarar los conceptos para todos, porque de fondo debería existir primero una reflexión epistemológica y antropológica que a algunos de nosotros nos ha faltado. De ahí que por eso insisto, ¿estamos partiendo del derecho a educar o del derecho a la educación? Primero respondamos eso. Y si partimos del educando descubriremos que aunque una ley civil incline la balanza hacia el gobierno, los docentes o hacia donde sea, el individuo que será educado tiene derecho a una educación integral, y esto incluye la formación a vivir en la verdad, en la ciencia, en la dignidad de la persona, y podemos seguir la lista si reconocemos que incluye el ser educado como ser humano; eso le corresponde, y nadie se lo debe quitar, y quien lo eduque tiene la obligación de respetar ese derecho.

 

Por último; en mis 15 años de docente he visto muchos papás llorar por las caídas de sus hijos diciendo “no sé en qué me equivoqué como papá al educarlo, en qué momento fallé”. Papá, mamá, quiero decirte que difícilmente alguien más hará lo mismo; la visión de algunas personas o instituciones al hablar de su derecho a educar es pragmática o ideológica, si aciertan o se equivocan en algún momento se irán dejando a nuestros hijos  a su propia suerte si nosotros como papás no los seguimos educando también conforme a su derecho a la verdad.

 

Como papá, yo educaré a mi hija, en todos los temas que necesite para la vida, es mi obligación por ley natural que nadie en este mundo me puede quitar. Tal vez tendré aciertos y errores, pero pase lo que pase, para ella estaré toda mi vida.

 

Claudio Guadalupe Soto Martínez

Docente en el Instituto de la Arquidiócesis de Monterrey

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María Concepción Cavazos Martínez, mejor conocida como “Conny” desempeña su trabajo desde hace 4 años y medio, como Asistente del Pbro. Santiago Gutiérrez, Representante Legal de la Arquidiócesis de Monterrey. Actualmente realiza trámites administrativos y legales para el buen funcionamiento de las parroquias.

 

Del 2000 al 2004 ya había sido parte de la Curia, al trabajar como Asistente de la Secretaría del Sínodo Diocesano.

 

Conny es esposa, madre y abuela; ha experimentado momentos difíciles en su vida personal en los últimos años pero se encuentra sumamente agradecida por el apoyo y solidaridad que recibe constantemente.

 

Compartimos una breve entrevista que tuvimos con ella para conocerla un poco más…

 

1.- ¿Por qué decidió trabajar en la Curia?

Ya había tenido la experiencia de haber colaborado en la Curia años anteriores, aquí obtuve un crecimiento profesional, personal y espiritual muy grande; en cuanto el P. Santiago Gutiérrez me invitó a trabajar en el Departamento de Asociaciones Religiosas, no lo pensé dos veces pues el ambiente que se experimenta aquí es muy gratificante.

 

2.- ¿Qué valores se practican más en sus actividades laborales?

Creo que fundamentalmente el amor al servicio, la responsabilidad, la honestidad, la discreción y la disciplina.

 

3.- ¿Hay momento para tener un encuentro con Dios en su día laboral?Todos los días, ya que atiendo a sacerdotes y religiosas y su sola presencia me remite a Dios, y laborar aquí me permite que fuera de mis actividades laborales pueda desempeñarme en un apostolado de evangelización bíblica.

 

4.- ¿Tiene algún recuerdo valioso que le haya dejado estar en esta experiencia profesional?

Tengo una anécdota de cuando yo trabaje en la Secretaría del Sínodo Diocesano; al finalizar una asamblea se reunieron el Sr. Arzobispo en ese tiempo Mons. Adolfo Cardenal Suarez Rivera con los Vicarios de Zona, a mí me tocó atenderlos y ofrecerles algunos aperitivos y bebidas. Me sorprendió que Mons. Suarez se levantó y me pidió que me sentara y él personalmente tomó unos canapés y me ofreció un refresco. Tiempo después el P. Paco Gómez en ese entonces Secretario del Sínodo, me hizo un comentario “ya vas a tener algo valioso que contarles a tus nietos”; y pues sí, gracias a Dios he podido contarles esta experiencia de humildad y sencillez de parte de nuestro Pastor.

5.- ¿Qué es lo que más disfruta del servicio que brinda en la Curia?

Disfruto muchísimo mi trabajo, ya que tengo la oportunidad de conocer y convivir con personas con vocación espiritual, de las que siempre hay algo valioso que aprender. Me da mucha satisfacción poder contribuir al buen funcionamiento de la Curia; también trabajar aquí me ha permitido participar en cursos y seminarios que han enriquecido mi conocimiento y espiritualidad. He crecido como persona y esto de alguna manera lo proyecto en mi familia. Puedo decir por último que me gusta mucho mi trabajo.

 

Por Pastoral Siglo XXI

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Oremos mucho, oremos confiadamente. Oremos unos por otros. Si la epidemia nos arranca lágrimas, serán transformadas en esperanza. Mantengámonos firmes, levantemos la cara, el corazón y, llenos de fe, abracemos al Señor Crucificado. Ama mucho al pueblo de Dios, estamos ayunando juntos, preparando la Pascua del Señor. Ayuda a tu comunidad a tomar conciencia, a cuidarnos unos a otros y a velar por los vulnerables, estando al pendiente de otras decisiones y comunicaciones.

 

En estos momentos nuestra oración debe elevarse, en primer lugar, por las personas que han sido afectadas por el virus y la enfermedad, así como por todas aquellas personas dedicadas al área de la salud: desde la más humilde, porque le corresponde mantener limpio y ordenado el lugar, hasta la más especializada, porque ha estudiado más a fondo el fenómeno, ya que ambas ponen en juego su propia salud y la de los suyos por el bien de toda la sociedad. Pidamos por los voluntarios que se ofrecen a realizar lo que pueden: quien auxilia a los mayores a hacer compras, quien está dispuesto a escuchar a los que sufren la soledad o encierro, quien realiza cualquier obra buena por los demás. También, nuestra oración debe elevarse por las autoridades de todos los niveles, para que puedan tomar las mejores decisiones, y por todos los que formamos la sociedad, para que sepamos ser prudentes en estos momentos sin caer en pánico.

 

Bajo la protección de la Virgen Santísima del Roble y el padre Jardón.

 

Este, además, es un buen tiempo para recordar la fe y entrega de los sacerdotes que nos precedieron. Como nosotros, el padre Jardón tuvo que vivir lejos de su pueblo, pues dos veces fue desterrado del país durante la persecución religiosa, pero nunca dejó de estar cercano a él en la oración y la fe, sigamos su ejemplo. Ojalá que el día de mañana, cuando seamos llevados a la presencia del Señor, puedan las generaciones futuras, quienes saldrán victoriosos de esta pandemia, decir de nosotros lo que decimos del padre Jardón: “Su corazón había sido un volcán de amor al Señor y a sus semejantes, particularmente los pobres… Sus labios habían sido manantiales de sabiduría y de paz, que habían cantado fervorosamente las alabanzas de Dios y habían elevado las almas a Dios como el más rico incienso. Su vida ejemplar rendía la jornada santamente, había sentido el sello del dolor y de la Cruz… Siendo según el mundo, pobre, ignorante y pequeño, tuvo una influencia relevante en nuestra comunidad. Monterrey recibió su ejemplo, una vida llena de caridad, humildad y espíritu de servicio para bien de su Santa Iglesia”.

 

Mons. Rogelio Cabrera López

Arzobispo de Monterrey

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Es una iniciativa pastoral de la Arquidiócesis de Monterrey, para animar y orientar nuestra vida cristiana durante la Pandemia, a través de cinco acciones cuyas iniciales componen la palabra COVID: Consolar, Orar, Vivir, Inspirar, Dar.

El Arzobispo de Monterrey, Mons Rogelio Cabrera López, señaló al respecto: “Deseo convocar a toda la Iglesia de Monterrey, a vivir una Pastoral Misericordiosa, a través de la MISIÓN COVID, iniciativa pastoral de nuestra Arquidiócesis, para animar y orientar nuestra vida cristiana en estos tiempos, tejiendo relaciones duraderas para cuando volvamos a compartir, todos juntos, lo cotidiano de la vida”.

“De manera especial, son cinco las acciones que realizaremos, cuyas iniciales componen la palabra COVID: Consolar, Orar, Vivir, Inspirar y Dar”.

“Cada uno de los miembros de la Iglesia, realizará estas acciones en los ámbitos en los que desarrolla su vida ordinaria y según su vocación, contando con el apoyo de la estructura pastoral diocesana”

Acciones de la Misión COVID:

#CONSOLAR

Curando, consolando y ayudando a sostenerse a las personas que sufren.

#ORAR

Procurando recursos y espacios para encuentros profundos de oración personal y familiar.

#VIVIR

Cuidando nuestra vida y la de los demás, anunciando la Vida plena en Jesús.

#INSPIRAR

Con la Palabra de Dios, que es alimento, guía, luz, fuerza y esperanza.

#DAR

Asumiendo una vida austera, seamos solidarios con las necesidades de los hermanos.

La Misión dio inicio el 3 de mayo. Domingo del Buen Pastor.

De manera significativa viviremos cuatro celebraciones dentro de la misión:

1.- Domingo 31 de mayo Pentecostés: Consagración de Monterrey a la Virgen del Roble en la conmemoración de su coronación pontificia.

2.- Jueves 4 de junio Jesucristo Sumo y Eterno Sacerdote: Inicio del Año Sacerdotal en preparación para celebrar el XXV Aniversario de Ordenación Episcopal de nuestro Arzobispo.

3.- Jueves 11 de junio Corpus Christi.

4.- Viernes 19 de junio Sagrado Corazón


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Somos el periódico católico oficial de la Arquidiócesis de Monterrey; en comunión con la misma y con el resto de los medios de comunicación católicos, enfocamos nuestros esfuerzos a ser la voz de la Iglesia en Monterrey.


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