AvatarDebany Valdes6 de abril de 2021
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“Por lo cual rebosáis de alegría, aunque sea preciso que todavía por algún tiempo seáis afligidos con diversas pruebas, a fin de que la calidad probada de vuestra fe, más preciosa que el oro perecedero que es probado por el fuego, se convierta en motivo de alabanza, de gloria y de honor, en la Revelación de Jesucristo”. 1 Pedro 6 – 7

En semanas previas a la semana santa ocurrieron una serie de incendios que lamentablemente afectaron miles de hectáreas de la sierra de Santiago N. L. y Arteaga Coahuila, y también algunas zonas del área Metropolitana de Monterrey, dejando a comunidades enteras sin hogar ni propiedades.

Sin embargo, Nuestro Señor que hace todo nuevo nos muestra su amor y apoyo a través de todos aquellos que han contribuido para sofocar el fuego y brindar donaciones a los afectados.

Cáritas de Monterrey, en conjunto con la parroquia del Sagrado Corazón de Jesús en El Cercado, iniciaron una campaña de ayuda llamada “Juntos por Santiago” en donde con el apoyo de decenas de fieles, recolectaron en primera instancia, alimentos, agua, medicamentos, pañales y artículos de higiene personal a los albergues que han sido habilitados para las familias damnificadas.

Así mismo, en una segunda etapa se tenía previsto se llevará a cabo la fase llamada de rehabilitación y menaje, en donde se busca recaudar y conseguir ropa, bienes de uso común, muebles y materiales de construcción para contribuir en el levantamiento de las áreas afectadas.

Un suceso que trajo esperanza y avivó la fe de los habitantes de la Comunidad San Rafael de los Montalvo en Coahuila, fue encontrar sin ningún daño el “Cristo del Saucillo”, después de que el fuego destruyera por completo la capilla que lleva el mismo nombre.

Los incendios han dejado a cientos de personas sin hogar, ni bienes materiales, pero no logró destruir la fe de tantos fieles, que ven en este acontecimiento un mensaje de esperanza y el acompañamiento seguro de Cristo, que se mantiene firme en la cruz, por amor a ellos.

El Arzobispo de Monterrey, Mons. Rogelio Cabrera López exhortó mediante un comunicado a orar por el don de la lluvia siempre necesaria, bajo la intercesión del Señor de la Expiración.

“Quiero pedirles a todos hacer oración constante y confiada por el don de la lluvia, recurriendo a dos tradiciones de nuestra Iglesia: las rogativas por la lluvia que nuestros sacerdotes incluirán en las celebraciones de la misa y la oración al Señor de la Expiración”, apuntó Don Rogelio.

Con las diferentes catástrofes recordamos nuestra fragilidad como humanos y recordando el pasaje de Pedro, que se lee en un inicio de este artículo, el fuego es el medio en el cual nuestra Fe se ve purificada para darle la gloria a Dios.

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Irma Patricia Patiño Ramírez, quien se desempeña desde hace 5 años como secretaria de recepción, en el edificio de Asociaciones Religiosas de la Arquidiócesis de Monterrey, departamento que comparte ubicación con la Oficialía de Matrimonios y Teología a Distancia, es una mujer que, siempre con un buen espíritu de servicio, recibe y direcciona a todas aquellas personas que necesitan algún trámite en cualquiera de estos tres departamentos.

Dentro de las funciones que lleva a cabo Irma, se destaca el acompañamiento y asesoría que brinda a sacerdotes, religiosos y religiosas de nacionalidad extranjera, que desean obtener su estancia legal en México.

Conozcamos un poco de lo que Irma Patiño, con mucha alegría y humildad, nos comparte en su experiencia de colaborar en la Iglesia de Monterrey:

¿Qué consideras es indispensable para llevar a cabo las funciones necesarias en el área en la que te desempeñas? 

El principal aspecto está basado en una buena actitud de servicio; saber escuchar para poder orientar o dirigir con quien corresponda, y con ello, las personas se sientan conformes con el servicio recibido en relación a su trámite.

¿Has tenido alguna experiencia realizando tus actividades laborales, que te haya dejado una gran enseñanza?

En relación a mis funciones como recepcionista, me satisface recibir en la mayoría de las ocasiones una bendición, y esto lo asocio con el agradecimiento que recibo por una buena atención.

Además, el tratar con ministros de culto y religiosas de nacionalidad extranjera, me impulsa a reflexionar sobre el amor tan grande que tienen a Dios siendo capaces de salir de su país de origen para dar testimonio de su fe, en otra arquidiócesis.

Me ha permitido conocerlos y admirar su amor a Jesús.

El trabajar en este ámbito de Iglesia ¿ha beneficiado o ha fortalecido tu fe y espiritualidad?

Mi fe en Dios y espiritualidad, están basadas en mis principios inculcados por mis padres y por la Iglesia y así lo práctico. Sin embargo, el estar dentro de la Arquidiócesis me exhorta constantemente a dar un testimonio de vida de fe, considerando que somos ejemplo para los demás.

¿Cómo podrías definir tu experiencia colaborando en la Curia?

Como una etapa de crecimiento, aprendizajes y retos. Pues, el tener atención al público te permite en muchas ocasiones hacerte uno con el otro, ponerse en su lugar, ayudarlo, orientarlo, escucharlo, con una buena atención, tratando de resolver las cosas en la medida de mi alcance o posibilidades.

Otra experiencia es el tener un trato directo con los sacerdotes, además de conocer a muchas personas que me han brindado su amistad. 

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Un año más hemos celebrado, la pasión, muerte y resurrección de nuestro Señor, ¡Estamos en Pascua!, «¡Ha resucitado! ¡Ha resucitado verdaderamente!». Un acontecimiento único, que cambia la humanidad, que cambia la vida: el encuentro nuestro Salvador, que nos hace sentir toda la bondad y la verdad de Dios, que nos libra del mal, no de un modo superficial, momentáneo, sino que nos libra de él radicalmente, nos cura completamente y nos devuelve nuestra dignidad.

Es un tiempo que trasciende el tiempo y nuestra realidad terrena, sin embargo al ser peregrinos de este mundo seguimos viviendo todo aquello que conlleva nuestra humanidad: dolor, enfermedad, retos y dificultades. Todo ello nos puede llevar a ir perdiendo la visión que nos da nuestra fe, y dejar de admirar, sorprendernos y valorar la trascendencia espiritual de este tiempo pascual. Tal vez esta Pascua y Semana Santa, para algunos se suma a una más de las vividas sin llegar a maravillarnos y tocarnos el corazón.

Hoy en día es fácil perder la capacidad de admiración, el uso excesivo de tecnología y los grandes avances de ella, ha provocado que ya pocas cosas nos sorprendan. Sumado a ello cuando se pierde la capacidad de admiración dejamos de valorar todo lo que está a nuestro alrededor. Vivir así nos va llevando poco a poco a la monotonía y el aburrimiento.

Existen muchas personas que tienen ojos y no ven la maravilla de la realidad que les rodean, oídos que no oyen, corazones que no sienten, ni comprenden.

Por el contrario quien mantiene su capacidad de asombro disfruta de los pequeños detalles, del milagro de la vida y de todos los bellos milagros cotidianos: la salud, un nuevo día, la belleza de la naturaleza, la amistad, la oportunidad de crear y transformar que tenemos el ser humano.

La experiencia del asombro ayuda a elevar la creatividad, nos hace más alegres, amorosos y agradecidos, por una sencilla razón, la capacidad de asombro nos hace sabernos privilegiados de todo lo que vivimos, somos y tenemos.

 La palabra asombro tiene su raíz etimológica en “a” qué significa (sin) y “sombro” que significa (sombra), por tanto asombro quiere decir, “sin sombra”, “salir de la obscuridad” o “salir a la luz”. La Resurrección del Señor nos ha sacado de la obscuridad, y nos ha traído la Luz que ilumina toda nuestra existencia, no hay nada que se pueda esconder a esta Luz de verdad y de amor.

¡El maravilloso regalo ya lo tenemos!, Dios nos lo ha dado, si la vida ha dejado de asombrarnos, si el paso de Dios nos ha dejado de asombrar es porque seguramente estamos distraídos, tenemos que dejar cosas y actitudes, aquello que nos distrae y nos ha cerrado el entendimiento y el corazón. Busquemos el silencio y ordenar nuestro entorno e igualmente nuestro interior para dejar lo superficial y atender lo trascendental. Solo con la Luz de La Resurrección, valoraremos y admiraremos todo aquello que Dios nos ha regalado y nos da día a día.

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 Rostro y Corazón

 

Los difrasismos en la mayoría de los pueblos prehispánicos eran, en la lengua náhuatl, una forma de expresar, por medio de dos conceptos, uno superior. Un difrasismo muy importante era el de educación y  persona. Para explicar estos conceptos significativos que, incluso aparecen frecuentemente en la narración del Nican Mopohua y además, están impresos en la Imagen amada de nuestra Señora, en el Sagrado original, se utilizaba la expresión Rostro y Corazón= In ixtli, in yóllotl.

El rostro, el corazón, simbolizan siempre lo que hoy llamamos fisonomía moral y principio dinámico de un ser humano (Miguel León Portilla)

Este difrasismo hace referencia a la educación, como lo dice Sahagún: “El hombre maduro; corazón firme como la piedra, corazón resistente como el tronco de un árbol; rostro sabio, dueño de un rostro y un corazón hábil y compasivo”.

Ser dueño de un rostro y un corazón caracteriza a un hombre maduro (Omácic oquichtli). De no poseer un “rostro, un corazón” tendría entonces que ocultar “su corazón amortajado” y cubrir con una máscara su falta de rostro.

En el texto que citamos de Sahagún no se dice que únicamente el auténtico hombre maduro “es dueño de un rostro y un corazón”, sino que se añade que posee “un rostro sabio y un corazón”, y un corazón “firme como la piedra”

El término náhuatl Ixtlamachiztli significa: dar sabiduría a rostros ajenos. Precisamente, el sabio es aquel que sabe poner, o tener y dar sabiduría a rostros ajenos. veamos este texto que nos habla de un maestro en su función de enseñar temachtlani.

La función de los maestros era humanizar el querer de la gente, así también tomar los rostros y hacerlos sabios.

Los sabios, los que han hecho fuertes sus rostros y corazones, son los que han recibido la educación. El objeto de la educación entre los nahuas era “cómo han de vivir, cómo han de obedecer a las personas, y cómo deben entregarse a lo conveniente, a lo correcto”. Para el mundo Nahua lo importante no era sólo saber las cosas, sino practicarlas, por eso no se trataba de saber que había que portarse bien, había que hacerlo.

Con la llegada de los españoles, oían a los frailes hablarles del buen comportamiento, pero los soldados y demás personas hacían lo contrario que los frailes decían. En parte, es por esto que les resultaba casi imposible aceptar esta nueva fe, pues no había coherencia entre lo dicho y lo hecho.

Juan Diego, en la narración del NICAN MOPOHUA, el sábado por la tarde, para hablar de la “persona” de Santa María Guadalupe, le dice a la Señora del Cielo muy apenado: “por favor dispénsame: afligirte con pena tu rostro, tu corazón”, iré a caer en tu enojo, en tu disgusto. Señora, dueña mía”. La expresión en Náhuatl es in mixtzin in mojollotzin.

En el número 63 del Nican Mopohua dice: “Señora mía, Muchachita mía, que no angustie con pena tu rostro, tu corazón, con todo gusto iré a poner por obra tu aliento, tu palabra”.

En el número 111, martes 12 de diciembre, cuando Juan Diego se ha ido por otro lado para evitar a la Señora del cielo, Santa María Guadalupe le sale al encuentro y Juan Diego, lleno de vergüenza le dice: “con pena angustiaré  tu rostro, tu corazón, te hago saber, Muchachita mía, que está muy grave un servidor tuyo, tío mío…”

Lo interesantísimo es lo que le responde Santa María Guadalupe a Juan Diego: “escucha, ponlo en tu corazón hijo mío el menor, que no es nada lo que te espantó, lo que te afligió; que no se perturbe tu rostro, tu corazón in mix in moyollo, no temas esta enfermedad, ni ninguna otra cosa punzante, aflictiva”, aquí rostro-corazón hace referencia también persona.

Una vez que se imprime la Imagen amada de nuestra Señora en la tilma de Juan Diego, los indígenas pudieron interpretar la imagen como un códice. En la bendita Imagen podemos observar que, en su vestido hay varias flores grandes y dentro tienen dibujos.

A esas flores grandes se les llama Xochith-Tepetl, flor-cerro, porque esas flores tienen forma de cerro, pero si invertimos esas flores, podemos verlas claramente como corazones. Dentro de esas flores-cerro hay  rostros. Los aztecas, en sus códices, hacían hablar a sus cerros, por ejemplo, tenemos los códices de la fundación de Chapultepec, etc. Hay un códice muy famoso sobre el cerro del Tepeyac, con su nariz muy grande. Tepeyac significa cerro nariz o cerro punta. En esa flor, en ese cerro… en ese corazón… hay un rostro. De modo que esas flores que son corazones también tienen un rostro: si nos fijamos bien se pueden observar los ojos, la nariz y la boca, rostro-corazón. Significa que esta civilización estará siendo tal al recibir la verdad de Dios que viene del cielo.

Esta civilización ha sido y seguirá siendo educada por Jesucristo, quien derramando su sangre en la cruz, murió por todos, para que tengamos vida en abundancia.

Esta civilización surgida en el Tepeyac, está llena de la sabiduría de Dios, pues el sabio es aquel que sabe poner un rostro en el corazón ajeno. Esta civilización surgida en el Tepeyac tiene identidad, es persona, es alguien, y lleno de sabiduría. Pero dentro de estas flores grandes, que ahora podemos entender como corazones con rostro, una de ellas está entre sus manos. Esto se podría leer así: toda nuestra persona debe estar entre sus manos, Ella nos va a presentar ante su Hijo, nuestro señor Jesucristo.

Eso que le ha dicho a Juan Diego ”¿no estás acaso en el cruce de mis brazos?” es lo que nos dice a nosotros. Nuestro rostro- corazón, nuestra persona, debemos ponerla y colocarla en el cruce de sus brazos, para que Ella nos presente ante su Hijo.

Ella pide que nos empapemos de la verdad y la gran sabiduría que viene de su Hijo Jesús, a través del evangelio que será predicado por los frailes que portaban los crucifijos en sus manos.

Con todo esto y muchas otras cosas más, tenemos que seguir diciéndonos: “No ha hecho con otra nación cosa igual”.

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Cuando la gente me ha preguntado cómo supe que había sido llamado al sacerdocio, les respondo que “Preguntando”. Así empezó todo, Dios me había dado algunas señales para seguirlo por este camino, sin embargo, yo había sido educado para formar una familia, soy el séptimo de ocho hermanos y solo faltaba yo por casarme; la verdad es que no estaba desesperado, porque mi papá se había casado de edad avanzada y creí que la historia se repetiría conmigo.

Mi profesión como arquitecto me permitió trabajar en una constructora como supervisor de obra, y me llegó una invitación de ir a un retiro espiritual, nunca antes en mi vida había ido a uno y tenía curiosidad por vivirlo. Tomé valor y me inscribí para presentarme por primera vez delante de Dios, para ser honesto no sentí un encuentro escandaloso con Dios, sino más bien, experimenté una paz fortísima en mi corazón, empecé a enamorarme cada vez más de Él e hice el compromiso de seguir en el movimiento de Iglesia como nunca antes lo había hecho; mis visitas al Santísimo y la misa diaria eran cada día más frecuentes, a pesar de todo, seguía firme la idea de formar una familia.

Cierto día, me sentía realmente sensible, noté unas ganas de llorar como no lo había experimentado antes, me desconocí, pues no soy mucho de llorar, y cuando me dirigía a la supervisión de una obra por la carretera a Nuevo Laredo, Tamaulipas, entable un diálogo con Dios en mi camioneta y le dije: “¿Qué quieres de mí? He recibido mensajes tuyos al sacerdocio, y no conozco esa vocación, tengo miedo de consagrar mi vida solo a ti” …¿Quieres que sea sacerdote? … levanté la vista hacía un panorámico en la carretera y encontré un letrero que decía Así es” SUBRAYADO.

No di crédito al panorámico. Mi argumento era que no puedo dedicar mi vida al sacerdocio porque vi un panorámico. Al llegar a mi destino y darles indicaciones a los albañiles y planear la siguiente etapa de la obra, subí de regreso a mi camioneta y volví a preguntar a Dios, “¿Qué quieres de mí? Dímelo más claro, porque tengo miedo”. Acto seguido, sonó fuerte un claxon de un tráiler que venía por el lado contrario de la carretera, era inevitable no voltear a verlo porque el ruido escandaloso y en la defensa del tráiler decía: “Salmo 121” le dije a Dios: “No me sé la Biblia” pero voy a llegar a conseguir una. 

Conseguí la Biblia Latinoamericana y busqué el salmo 121 y empieza así: “Levanto los ojos a los montes, de dónde me vendrá el auxilio, el auxilio me viene del Señor…” y la verdad es que no vi ningún mensaje dentro del salmo en referente al  sacerdocio, pero al bajar la vista a la parte inferior al pie de página y leer la explicación del salmo 121, el autor decía: “Este salmo es para una persona que está comprometida con el bien común, para un futuro sacerdote”; no pude evitar llorar, Dios me había respondido claramente, había encontrado mi vocación; en ese momento empezó la aventura fascinante llamada: Jesús de Nazareth..Ser sacerdote es lo mejor de mi vida, encontré un tesoro, encontré al Señor Jesús.  Soy muy feliz siendo sacerdote, como nunca antes lo había sido. ¿Y cómo empezó todo?… preguntándole a Dios ¿Qué quieres de mí? y seguro te responderá. 

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Por ventura de Dios y el corazón del Papa Francisco, estamos viviendo un año dedicado a San José, conmemorando los 150 años de su declaración como Patrono de la Iglesia Católica, por parte de Pío IX, el 8 de diciembre de 1870. Pero, la Providencia divina, que  es sensible al corazón de los fieles, responde a la necesidad interior que experimentamos en estos tiempos de oscuridad, debido a las consecuencias de la emergencia sanitaria por el SARS-COVID2. El Papa pidió que en cada templo del mundo, en la medida de lo posible, fuera dedicado un espacio para la veneración de San José.

 

Recientemente, tuve la oportunidad de asistir a la bendición de una nueva imagen de San José, pintada en mural, en el Templo Parroquial de la Parroquia del Señor de la Misericordia en Monterrey, N.L. Se trata, en mi parecer, de una bellísima obra de arte sacro digna de ser visitada, conocida y apreciada como una de las obras de arte sacro contemporáneo más importantes en nuestra Arquidiócesis de Monterrey. El autor es Pedro Cuní, artista e investigador de artes plásticas, originario de España, residente de Nueva York, donde se desempeña también como profesor en la Parsons University. Él nos compartía, antes de la Eucaristía, algunas de sus intuiciones al proyectar en su genio esta obra. Él comentaba que había tres puntos principales que quería cuidar: el amor tierno de San José al Niño Dios, la unión entre ellos dos y el carácter contemporáneo de la obra. La obra me dio la oportunidad de meditar en algunos puntos de la espiritualidad cristiana desde el testimonio de San José, que quiero compartir:

 

  1. El dinamismo de la fe de San José

La obra presenta a San José sin calzado y con una pierna flexionada, en movimiento. Desde la ética filosófica, reconocemos que una persona es fuerte cuando sabe, cuando quiere y cuando actúa, es decir, se mueve a la acción con conocimiento y libertad. San José es Custodio del Redentor y Esposo de la Virgen María, Jefe y Cabeza de la Sagrada Familia, cuya fe fue creciendo, cuyo corazón fue siendo ensanchado y nutrido por el amor de Dios, de tal manera que se reconoce a sí mismo como consagrado al proyecto divino de salvación que trae el Niño Dios. No tenemos muchas palabras de San José, tenemos algunas referencias en los evangelios, a veces encontramos reflexiones acerca del silencio, de la sencillez y sobriedad de San José. Pero esto no significa que sea una persona pasiva, sino, al contrario, San José es una persona que definitivamente creció en su fe, poniendo al servicio del proyecto divino.

 

  1.   La consagración de San José por el amor de Dios.

En la imagen, hay una sola gran aureola. En otras obras, podemos encontrar que aparece una aureola para cada persona representada, sugiriendo el reconocimiento de los dones del Espíritu Santo y la respuesta de fe del santo representado. En el caso de las representaciones del Señor Jesús, la aureola no representa una participación, sino que es fuente de divinidad, Él es el Hijo de Dios, es la segunda persona de la Santísima Trinidad. En el caso de la obra que hoy comentamos, una sola gran aureola dorada envuelve a San José y al Niño Dios. Claramente, la fuente de esa divinidad es el Niño Jesús y ese amor divino envuelve a San José. Me hace pensar en la humildad de José que reconoce su lugar dentro de la historia y se comprende como alguien llamado y consagrado por ese amor de Dios.

Esta conciencia de fe, de ser llamado y abrazado por el amor divino, abre a San José un nuevo horizonte en su vida. Antes de ser llamado, su proyecto era el amor a María en la fe judía, con los deseos de toda familia judía. Pero al ser llamado en sueños, José se encuentra con la amplitud del amor de Dios, que le revela un proyecto más grande, un proyecto de redención, el cumplimiento de las promesas que Dios había hecho al pueblo, se trataba del llamado a participar en la obra del Mesías esperado. Pero este llamado viene de Dios, José no es el protagonista, pero tampoco es un extra, alguien prescindible, sin importancia, que puede ser sustituido. El amor de Dios lo envuelve y encuentra en Él la dignidad de su llamado, de su vida, de su ser.

 

  1.   La unidad del corazón de San José con el Sagrado Corazón de Jesús.

Claramente, en la obra, San José aprieta su corazón al Sagrado Corazón del Niño Dios, en un abrazo que al mismo tiempo expresa el amor tierno de padre de parte de José y el amor del Niño Dios que se le revela y lo llena, lo fortalece y le da sentido a la vida de San José. La fusión de los corazones entre el padre en la tierra y el Hijo de Dios. El Papa Pablo VI meditaba sobre este amor de padre: «al haber hecho de su vida un servicio, un sacrificio al misterio de la Encarnación y a la misión redentora que le está unida; al haber utilizado la autoridad legal, que le correspondía en la Sagrada Familia, para hacer de ella un don total de sí mismo, de su vida, de su trabajo; al haber convertido su vocación humana de amor doméstico en la oblación sobrehumana de sí mismo, de su corazón y de toda capacidad en el amor puesto al servicio del Mesías nacido en su casa» (Homilía, 19 de marzo de 1966).Ese corazón de padre evolucionó, se desarrolló estimulado por experimentar el amor de Dios: hizo de su vida una ofrenda para el proyecto de Dios, un don total, una vida dedicada, mente y corazón dedicados, una persona enfocada a cuidar a la Sagrada Familia que Dios le ha encomendado, reconociendo que custodiándola cumplía su misión personal y sacrificio en el proyecto divino de Salvación que Dios tiene para el pueblo y para todos los hombres.

Por ello, la imagen sacra, invita a dejarse abrazar por el Niño Dios y dejar que su amor nos mueva, nos dinamice, nos ayude a entender que nuestra vida, nuestra persona no está completamente desarrollada, que los problemas de la vida no son la última palabra, que los problemas que ahora vivimos en cada ámbito no son el fin del mundo, nos invita a reconocer que el Plan de Dios aún existe y que se llevará a cabo y la Palabra de Dios se cumplirá hasta su último ápice, y a reconocer que nosotros no somos extras en el mundo y que sólo los poderosos e importantes para este mundo pueden tomar decisiones libres. Definitivamente, esta pieza de arte sacro me ha ayudado a la meditación de la fe de San José que ilumine mi caminar en medio de este valle de la historia por el que atravesamos. San José, ruega por nosotros.

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Muy apreciado lector, antes de avanzar en el desarrollo de estas líneas, considero importante aclarar que el presente contenido no es apto para todo público. Por tanto, su clasificación, como en el caso de algunos programas de televisión, es restringida. Ciertamente, el tema a tratar puede herir la susceptibilidad de más de alguno. Si usted se dedica, por «oficio», a la política, le recomiendo no seguir adelante con la lectura. No precisamente porque aquí se vaya a mal hablar de los servidores públicos, sino justamente porque de sus errores ya se ha hablado “bastante mucho demasiado”.

 

Y pido disculpas por el pleonasmo, pero no tengo la culpa de que la Real Academia de la lengua no haya admitido una expresión parecida para designar los excesos que se padecen en la realidad. Lo que, más bien, parece incorrecto, en este caso, no es un mero asunto de lenguaje, sino de actitud. El problema no es de lenguaje, sino de lengua, pues como se dice popularmente “de lengua, me como un taco”; es decir que en cuestión de política, podemos hablar mucho y hacer poco. Me refiero a ese comportamiento ciudadano que gasta tiempo, energía e ideas para gritar, a los cuatro vientos, un mal tan obvio que no sólo necesita ser señalado con palabras, sino que requiere ser combatido con hechos. El contenido de este texto, está pues dirigido a los que, como adultos, no sólo se quejan de los otros y reparten culpas, sino que buscan soluciones.

 

No es pues que se quiera ocultar aquí la evidente descomposición moral del sistema político mexicano porque tal intento resulta simplemente imposible. Más bien, el propósito consiste en advertir que, aunque el «oficio político» sólo lo ejercen algunos, la «cuestión política» debe ser del interés de todos. Esta advertencia resulta pertinente, sobre todo, de cara a la histórica jornada electoral a celebrarse el próximo 6 de junio. Como sabemos, en este ejercicio democrático habrá que elegir simultáneamente a los representantes de cargos federales y locales, en 32 entidades federativas del país.

 

A un mes de haber arrancado las campañas para la gubernatura en nuestro estado, como en San Luis Potosí, Sonora, Colima y Guerrero, este 5 de abril arrancan también las campañas para la elección de 300 diputaciones por el principio de mayoría relativa y 200 por representación proporcional. Ante el dramático desequilibrio socioeconómico que enfrentamos ahora como nación, no podemos darnos el lujo de cruzarnos de brazos para ver qué futuro nos decidirán otros o, peor aún, cuál futuro nos deparará la suerte. Por tanto, conviene caer en la cuenta que difundir, lo mismo que leer, en las redes sociales, los memes y mensajes de quejas y lamentaciones, hasta el grado de la mofa y el sarcasmo, sobre funcionarios públicos y candidatos en campaña, son quizá un liberador desahogo. Pero estos no son tiempos para buscar, por esta sola ruta, la personal y privada “tranquilidad emocional”.

 

Ciertamente, es preocupante que, aún en estos tiempos de pandemia, los feminicidios y la delincuencia organizada sigan creciendo y engordando, simplemente, al ojo de las cómplices omisiones de las Instituciones, responsables de garantizar la estabilidad social. Pero ante esta crisis, acrecentada por el COVID-19, es necesario tomar conciencia de que no basta la abierta indignación en las redes o en las calles, pues aunque las manifestaciones en la vía pública y en el espacio electrónico son un derecho civil, no son suficientes.

 

Es preciso reconocer que los protagonistas de la política no son sólo «los políticos», sino todos nosotros ciudadanos y, más aún, los que nos confesamos creyentes. No se puede simplemente denunciar la corrupción política, sin caer en la cuenta de que la política la hacemos todos, activa o pasivamente. Es urgente convertirnos en ciudadanos responsables, conscientes no sólo de nuestro derecho a quejarnos, sino también de nuestro deber de respetar y hacer respetar las instituciones.

 

Sin duda que, a la hora de votar, la honestidad no es sólo una exigencia para los árbitros electorales, sino también un imperativo para las motivaciones de nuestra elección política. Pero la democracia no sólo se juega en las elecciones del próximo 6 de junio porque lamentablemente, incluso el derecho al voto, puede estar secuestrado por las injustificadas opciones ofertadas por los partidos. Por ello es necesario que transformemos el coraje, la impotencia y el descontento social en motivaciones e ideas, generadoras de civilidad.

 

Lo que a México le urge no son sólo políticos honestos y responsables, sino también una auténtica ciudadanía independiente y políticamente activa. A nosotros, los ciudadanos de a pie, a los que nos obliga sin distinción, el cumplimiento, ya no digamos de las leyes de la Constitución mexicana, sino el pago de los impuestos y hasta el reglamento de tránsito, a nosotros también corresponde el deber de construir, poco a poco, una cultura de la legalidad. Sumergidos ya en una global cultura mediática, no podemos condenarnos a ser sólo consumidores del espectáculo porque divertirse es una distracción, pero no una solución. Por eso, no deja de llamar la atención que, en este proceso electoral 2021, no pocos actores, deportistas, cantantes y otros famosos estén contendiendo por un cargo público.

 

Está por demás claro que, si «la política» es una responsabilidad de todos, el «oficio» de la política no es apto para todo público, sino sólo para aquellos ciudadanos que saben someterse, con responsabilidad, a las leyes (no siempre justas en su estipulación y en su aplicación), pero sobre todo, a los valores que exige una sociedad democrática.  

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«Lo que os mando es que os améis los unos a los otros» (Jn. 15, 17)

La política no goza de la mejor imagen en los últimos tiempos. Se le asocia con la demagogia, la mentira, el oportunismo y la corrupción. Hablar de ella se ha convertido en un problema para las familias y los grupos de amigos a causa de la creciente polarización.

Las campañas políticas de los años recientes, en lugar de centrarse en ofrecer las propias virtudes y programas viables de mejoría, han privilegiado el resaltar los defectos, reales o ficticios, de los otros candidatos o partidos. Las así llamadas “campañas sucias” buscan hacer pedazos la reputación de los otros candidatos y partidos contra los que se compite, más que proponer las capacidades distintivas para gobernar de manera eficaz, ofreciendo con claridad y autenticidad propuesta que respondan a la realidad.

El Papa Francisco ha retratado, sin directamente pretenderlo, la atmósfera política de nuestro país, con claras implicaciones en nuestro estado: “La agresividad social encuentra en los dispositivos móviles y ordenadores un espacio de ampliación sin igual. Ello ha permitido que las ideologías pierdan todo pudor. Lo que hasta hace pocos años no podía ser dicho por alguien sin el riesgo de perder el respeto de todo el mundo, hoy puede ser expresado con toda crudeza aún por algunas autoridades políticas y permanecer impune” (Fratelli tutti, 44 – 45).

Hay otro elemento que ha contribuido al deterioro del ambiente político: la fragilidad doctrinal de los partidos políticos y de sus militantes. Las plataformas temáticas pareciera que ya no importan. Las clásicas divisiones ideológicas entre derecha e izquierda ya no existen: hoy es frecuente ver que candidatos de un partido lo abandonan para integrarse a otro, debido a inconformidades o desilusiones, sin importar tanto la ideología del partido.

La pandemia por COVID-19 agravó aún más la crisis política que estamos viviendo. El notable incremento en el número de contagios y de fallecimientos acrecentó las embestidas en los diferentes sectores sociales. El diálogo y la sensatez, una vez más, sucumbieron ante el monólogo y la ofensa. El arribo de las vacunas -mucho más lento de lo anunciado-, más que considerarse como una tabla de salvación para una población que parece ahogarse, se contaminó con la posibilidad de que se lucre con ellas, económica y políticamente.

Quizá una de las sombras más oscuras en el terreno de la política es la consolidación de la mentira o de verdades a medias como expresión natural de la comunicación. No se tiene empacho en distorsionar la realidad y, peor aún, en intentar construirla a través de una palabra falseada. La ofensa a los electores y ciudadanía en general es gravísima, ya sea porque se le engaña, ya porque se le menosprecia suponiendo que se le puede engañar.

Junto a estas sombras aparecen también algunas luces. Son muchas las personas e instituciones que, preocupadas por este clima creciente de polarización, buscan con sus propuestas impactar de manera positiva en el rumbo del país. Ojalá este deseo de participar se refleje en las urnas, abatiendo el abstencionismo. Confiamos, además, en que existen candidatos honestos que, con sincero propósito de servir al pueblo, saben escuchar, hablar y, en conciencia, actuar con verdad.

La pandemia, no obstante el inmenso daño sanitario, económico, familiar, educativo y social que ha causado, con una estela de dolor y aflicción por tantas muertes, ha logrado despertar en muchas personas e instituciones el deseo de atender a enfermos y desempleados, y hay muchos testimonios de obras de caridad en favor de quienes han sido afectados por esta contingencia.

Quizá la mayor luz la encontramos en la citada Fratelli tutti. Es por ello que me permitiré comentar, de manera breve, algunos de sus textos que iluminan nuestra realidad con miras al próximo proceso electoral, acompañando el comentario con la mención de principios expresados por la enseñanza social de la Iglesia y por mi propio magisterio episcopal.

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Hace poco vi un programa de televisión, donde se platicaba sobre los niveles de relación que tenemos con nuestros semejantes y lo resumían en las palabras con que titulé este editorial: Apatía, simpatía, empatía y compasión. Creo que este tema es fundamental en la realidad individualista que vivimos hoy en día. Cada nivel de relación tiene sus repercusiones y sus ventajas. Les propongo que podamos hacer un examen de conciencia para saber que tipo de relación son las que tenemos con los demás:

 

Apatía: está marcada por la indiferencia por los demás. No se interesa por el vecino, compañero de trabajo, el familiar o “el amigo”. Hoy en día, muchas personas viven sus relaciones sin importarles lo que suceda alrededor; “mientras no me afecte a mí, no hay problema”. A este estado se llega muchas de las veces por desilusiones no superadas, donde se busca protegerse de otra desilusión.

 

Simpatía: Quienes se mueven en este nivel de relación, se involucran con aquellos que tienen los mismos gustos, o formas de pensar; cuando me gusta su forma de ser. Pudiéramos decir que se relaciona solo con quien le cae bien, con quien le es atractivo por una actitud o cualidad, quien no le cae bien lo excluye. Las relaciones basándose en la simpatía no crecen, terminan por ser pasajeras, solo duran mientras me es útil aquella relación. Al final estas relaciones comúnmente están marcadas por la desilusión y se buscará una “nueva amistad”.

 

Empatía: las personas que basan su relación desde la empatía conectan con las otras personas a un nivel más profundo, hay comprensión, entendimiento y ayuda. Las personas empáticas viven una calidad de vida superior a los anteriores estados de relación, porque viven con menos estrés y los conflictos interpersonales los resuelven con mayor facilidad. Normalmente son personas muy queridas y buscadas por los demás, es agradable convivir con ellos.

 

Compasión: es el nivel más alto de relación, además de las características del empático, sabe captar el sufrimiento ajeno y al mismo tiempo tiene la capacidad ayudar a aliviarlo. Desde su dignidad y valor como persona, ayuda a los demás a redescubrir su valor y dignidad. La compasión ayuda al otro, pero el primer beneficiado es quien la practica, porque crece sus capacidades al servicio de los demás.

 

En este tema, el encuentro de Jesús con los discípulos de Emaús nos deja un gran mensaje. La empatía y compasión del extraño (Jesús Resucitado) con esos corazones afligidos por la muerte de su Salvador (los discípulos de Emaús) les hizo sentir un reconocimiento tan grande al escucharles aquello que les oprimía el corazón, que lo invitaron a quedarse con ellos e ingresaron juntos a una posada a comer algo. Ahí fue que antes de desaparecer, como señal, Jesús partió el pan sobre la mesa, lo repartió, se fue y recién entonces los discípulos advirtieron lo que el Señor les había revelado y regresaron a Jerusalén para contarlo.

 

Es necesario que vivamos en nuestro interior la experiencia de la compasión, sólo así, nuestras relaciones serán las que necesitamos y necesita nuestra sociedad, solo así podremos transmitir la alegría y los frutos de la Resurrección.

AvatarDebany Valdes6 de abril de 2021
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3min20

La historia de nuestra iglesia local inicia desde la llegada de los primeros españoles en el siglo XVI pero ciertamente tendrá un impulso muy fuerte con la fundación del obispado que abarcaría todo el noreste, entonces, de la Nueva España.

El inicio del obispado fue precisamente con la bula Relata Semper firmada en 1777 por el Papa Pio VI. Ese obispado llevó en un inicio el nombre de “Obispado de Linares” dado que en un primer momento se consideró que la sede sería conveniente que estuviera en aquella ciudad pero ya el segundo obispo consideró que sería una mejor sede la ciudad de Monterrey y propuso, como se conserva hasta el día de hoy, que la sede fuera en esta ciudad capital.

El resto del siglo XVIII, todo el siglo XIX y hasta hace 99 años la diócesis llevó ese nombre hasta que en 1922 se cambió, con autorización de Roma, el cambio al nombre de “Monterrey”.

Además, a finales del siglo XIX en 1891, se creó la diócesis de Saltillo, y se le consideró sufragánea de la de Linares, así la “Diócesis de Linares” pasó a ser “Arquidiócesis de Linares” y finalmente, como ya hemos señalado, se cambió el nombre al de “Arquidiócesis de Monterrey”.

Desde la llegada del primer obispo al Sr. Arzobispo Mons. Rogelio, 21 pastores han guiado a esta grey y en la nueva exposición del Museo Arquidiocesano de Arte Sacro se exhiben piezas de valor histórico y artístico relacionadas con todos ellos.

Te invitamos a nuestra exposición temporal “Relata Semper. Obispos y Arzobispos de Linares – Monterrey”. Permanecerá el resto del año 2021. El Museo está localizado a un costado de la Basílica del Roble frente a la plaza. Consulta en el Facebook Museo Arquidiocesano de Arte Sacro más detalles acerca de horarios y días de apertura. 


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