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AvatarDebany Valdes3 octubre, 2020
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2min47

El periódico diocesano Pastoral Siglo XXI, tras 27 años de servicio, sigue actualizándose para ser un buen instrumento de evangelización y dar la mejor información para todos, enfocando esfuerzos para ser siempre la voz de la Iglesia en Monterrey.

Por ello, hemos buscado brindarte nuevo contenido en nuestras redes sociales, con breves notas y reportajes informativos sobre eventos que destacan en nuestra Iglesia, entre ellos, las ordenaciones sacerdotales y diaconales, fiestas patronales y visitas de nuestros Obispos a las comunidades parroquiales.

Así mismo, el Noticiero Pastoral, conducido por nuestra compañera Lois Peña, ha renovado su calidad e imagen para que puedas disfrutar mejor de las noticias semanales de la Iglesia de Monterrey; descúbrelo todos los miércoles a las 5:00 p.m. por nuestras cuentas de Facebook y YouTube.

Próximamente tendremos a disposición el Boletín Semanal Diocesano que contribuyen en la meditación, compromiso y vivencia de nuestra fe católica. Vendrán nuevos proyectos en los que se invitará a más laicos a participar en esta misión de comunicar la Buena Noticia.

El equipo Pastoral Siglo XXI está listo para servirte; ponte en contacto con nosotros si deseas que seamos parte de algún evento, proyecto diocesano o desees adquirir mensualmente nuestros ejemplares.

Aprovechamos para agradecer a nuestro Arzobispo Monseñor Rogelio Cabrera López por la confianza que ha puesta en un grupo de jóvenes laicos para llevar a cabo esta importante misión de comunicar el Evangelio a través del periódico diocesano.

Agradecemos tu preferencia, apoyo y oraciones; no olvides seguirnos en nuestras redes sociales.

Correo de contacto: pastoralsiglo21@iglesiademonterrey.com

AvatarDebany Valdes2 octubre, 2020
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Hugo Eduardo Lara Cruz es el neosacerdote más reciente de la Iglesia en Monterrey; el 30 de septiembre por manos de Mons. Rogelio Cabrera López será ingresado al orden del presbiterio, en su comunidad de origen, Santa Teresita del Niño Jesús, en Escobedo, N.L.

A días previos de este gran momento, el hasta entonces diácono Hugo, abre su corazón lleno de gozo y amor, sintiéndose indigno de recibir este don de Dios, pero orgulloso de ser llamado por Jesús para servirle en la extensión del reino de los cielos y trabajar en la salvación de las almas.

“Esto me llena de emoción y de gozo, también humanamente es un impacto, porque es una gran responsabilidad y una cosa tan inmensa que yo jamás me imaginé, que Dios me fuera a llamar al sacerdocio; pero al escuchar su voz dejé todo lo que estaba haciendo y sigo caminando detrás del Maestro” compartió Hugo, quien antes de ingresar al seminario, ejercía su carrera profesional de Químico Farmacéutico Biólogo interviniendo en el área de la salud, que ahora con el ministerio del sacerdocio seguirá aplicando por el bien del enfermo pero no solo de cuerpo, sino también del alma y espíritu haciendo que prevalezca la paz: “también es un llamado a servir, para purificar, para sanar enfermos como el mandato del Evangelio”.

El diácono Hugo no pensaría que el momento de su ordenación sacerdotal sería con cuidados y restricciones extremas, sin embargo, él considera que los tiempos perfectos y providenciales de Dios, siempre brindan luz en medio de las tinieblas: “La Pandemia me hizo el regalo de ordenarme en mi comunidad, un momento muy significativo por el contexto en el que vivimos”.

El día 01 de octubre, justo un día después de la ordenación sacerdotal de Hugo Eduardo, celebramos a Santa Teresita del Niño Jesús, doctora de la Iglesia, a quien el neosacerdote tiene gran admiración y cariño, no solo por ser la patrona de su comunidad de origen, sino también por tener gran pasión por el servicio a las personas y en ello se siente identificado: “Santa Teresita es universal, ella es patrona de las misiones a pesar de que vivió en contemplación a Dios todo su ministerio; la oración de ella, impregno de combustible a todos que se dedican en mantener el reino de los cielos”.

«En el corazón de la Iglesia, que es mi madre, yo seré el amor» dice Santa Teresita “y unido a Cristo lo logró” confirma el diácono Hugo, quien con esa frase identifica el sacerdocio. Teresa de Lisieux complemento muy bien la dupla de contemplación y acción que provocó trascendencia en el amor, de manera universal, en tiempo y espacio.

“Para mí el ser sacerdote es ser el fuego del amor de Dios, que arde en medio de la comunidad dándole calidez a las personas y a la misma sociedad iluminándola” dice el más reciente presbítero de la Iglesia en Monterrey, así mismo, Hugo Eduardo comparte uno de los anhelos más esperados que brindará con el servicio ante su respuesta de amor: “Confesar y perdonar los pecados en el nombre de Dios; restablecer en las personas la comunión de los santos y otorgarles la gracia santificante de Jesús”.

El diácono Hugo, muy contento e impactado por la gran misericordia del Padre para con él, brinda un mensaje para quienes deseen entregar su vida al servicio de Dios:

“Sé muy intrépido, sé muy valiente, porque a veces Dios pide lanzarse al vacío, que es un vacío seguro, pero implica ese acto de nuestra voluntad de decir, va, me la juego con Cristo y puedo encontrar la muerte, pero no importa porque es con el amado”.

AvatarDebany Valdes2 octubre, 2020
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5min42

Para salir de la pandemia es necesario que sigamos la regla de oro de nuestro ser “hombres y mujeres”, que es “cuidar” y cuidarnos mutuamente entre nosotros, apoyar a los “cuidadores” de los más débiles, de los enfermos y de los ancianos, y cuidar asimismo nuestra casa común, recordando que la tierra y todas las creaturas pertenecen al Señor que las creó y que nos las encomendó para que las conservemos y las protejamos.

Nosotros también somos parte de la creación, no somos sus dominadores absolutos, con la pretensión de querer ocupar el lugar de Dios, pensando que tenemos derecho a depredarla, explotarla y destruirla. En cambio, la misión que Él nos ha confiado es que seamos los custodios de esta casa común que nos acoge, y aprendamos a respetarla y a evitar que la sigan maltratando y arruinando.

Todo ha salido de las manos del Creador, que ha dejado su huella en cada creatura. El mejor antídoto para cuidar y proteger nuestra casa común de esos abusos es la contemplación.

Es importante, pues, recuperar la dimensión contemplativa, es decir mirar la tierra y la creación como un don, no como algo que explotar para sacar beneficios. Cuando contemplamos, descubrimos en los demás y en la naturaleza algo mucho más grande que su utilidad. Descubrimos el valor intrínseco de las cosas que les ha dado Dios. Como muchos maestros espirituales han enseñado, el cielo, la tierra, el mar, cada criatura posee esta capacidad icónica, esta capacidad mística para llevarnos de vuelta al Creador y a la comunión con la creación.

La contemplación, que nos lleva a una actitud de cuidado, no es mirar a la naturaleza desde el exterior, como si no estuviéramos inmersos en ella. Pero nosotros estamos dentro de la naturaleza, somos parte de la naturaleza. Se hace más bien desde dentro, reconociéndonos como parte de la creación, haciéndonos protagonistas y no meros espectadores de una realidad amorfa que solo serviría para explotaría. El que contempla de esta manera siente asombro no sólo por lo que ve, sino también porque se siente parte integral de esta belleza; y también se siente llamado a guardarla, a protegerla. Y hay algo que no debemos olvidar: quien no sabe contemplar la naturaleza y la creación, no sabe contemplar a las personas con toda su riqueza. Y quien vive para explotar la naturaleza, termina explotando a las personas y tratándolas como esclavos. Esta es una ley universal: si no sabes contemplar la naturaleza, te será muy difícil contemplar a las personas, la belleza de las personas, a tu hermano, a tu hermana.

El mismo Señor nos invita a admirar maravillados y en silencio su obra, para poder reconocer en cada creatura el reflejo de su sabiduría y su bondad. Ser contemplativos nos lleva a ser responsables, con estilos de vida sostenibles que respeten y protejan la naturaleza, de la que también nosotros formamos parte.

Ahora bien, no hay que delegar en algunos lo que es la tarea de todo ser humano. Cada uno de nosotros puede y debe convertirse en un “custodio de la casa común”, capaz de alabar a Dios por sus criaturas, de contemplarlas y protegerlas.

Papa Francisco

AvatarDebany Valdes2 octubre, 2020
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Su amor por Jesús Sacramentado, la dedicación a la adoración y la oración constante, un profundo y permanente deseo de que todas las personas conocieran a Dios; teniendo a María como su mayor confidente, son las principales características que denotan de Carlo Acutis. Un adolescente que día a día evangelizaba a su familia y a todas las personas que lo rodeaban y que, apoyado de su notable dominio de las tecnologías -con tan solo catorce años de edad- realizó una exposición sobre los milagros eucarísticos en todo el mundo.

Carlo tuvo una infancia común, en una familia católica pero que no practicaba su fe. Desde muy pequeño, el cuasi Beato comenzó a manifestar su interés en las cosas de Dios y es así como a los siete años de vida recibe el sacramento de la primera comunión; logrando también que sus padres retomaran el camino de la fe.

Además de dominar el uso de la informática, Acutis era un apasionado por la naturaleza y los animales, también disfrutaba mucho jugar futbol y videojuegos con sus amigos. A su vez, tenía conocimientos muy avanzados de diferente índole. Sin embargo, lo más notable a su corta edad, era su amor a la Eucaristía y las distintas acciones que él realizaba para alegremente alimentar su fe, como el asistir diariamente a misa, dedicar su tiempo a la adoración en el Sagrario, rezar el rosario y ser catequista, pues para él “la tristeza es dirigir la mirada hacia uno mismo, la felicidad es dirigir la mirada hacia Dios”.

A los 15 años de edad, al adolescente millenial, le detectaron leucemia fulminante; enfermedad que lo llevó a encontrarse con la hermana muerte –como él le decía, atribuyendo a San Francisco de Asís- tan sólo tres días después de haber recibido el diagnóstico de ese padecimiento. Aceptó su estado de salud y ofreció sus sufrimientos con serenidad y entereza por el Papa y por la Iglesia Católica, pues él afirmaba que no quería hacer el Purgatorio y anhelaba ir directamente al Cielo.

Murió el 12 de octubre de 2006 y fue sepultado en Asís, ya que era su lugar favorito y en alguna ocasión había manifestado su voluntad de ser enterrado ahí. A su funeral acudieron personas cercanas la familia, pero también se hicieron presentes muchos hombres y mujeres sin hogar que habían sido ayudados por Carlo.

Fue el 12 de octubre de 2010, en la capilla de Nuestra Señora Aparecida en Brasil; donde al momento de la Bendición con la Reliquia se acercó un niño, llevado por su abuelo y que sufría de páncreas anular. Enfermedad que causaba que el niño vomitara todo el tiempo. Antes de recibir la bendición con la reliquia, el niño le preguntó a su abuelo qué debía pedir, y este le contestó “dejar de vomitar” y así lo hizo. Desde entonces, ya no volvió a vomitar; y en febrero de 2011 se confirma que el menor estaba completamente curado.

El 5 de julio de 2018 el Papa Francisco firmó el decreto que reconoce las virtudes heroicas de Carlo Acutis, donde la Iglesia aprueba que el siervo de Dios vivió de manera sobresaliente las virtudes teologales de fe, esperanza y caridad.

El 22 de febrero del presente año, el Santo Padre aprobó el milagro atribuido al joven, sobre la curación de una anomalía congénita en un niño. La Beatificación de Carlo Acutis se llevará a cabo en Asís el 10 de Octubre del 2020, dos días antes del aniversario de su muerte.

Sigamos orando y agradeciendo a Dios por Sus maravillas manifestadas a través de este gran ejemplo de vida y de fe.

AvatarDebany Valdes2 octubre, 2020
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La Inculturación

Dentro de la evolución del pensamiento de los diferentes pueblos prehispánicos, 2 culturas llegaron a un altísimo grado del conocimiento del cosmos, de la naturaleza y de la vida: los toltecas y los mayas. Tanto las matemáticas como la astronomía fueron el baluarte de estas civilizaciones.

 

Los sabios Toltecas llamados tlamatinimes, observaron que el mundo estaba regido por la dualidad: día-noche, hombre-mujer, frío-calor, luz-oscuridad, etc. Todos los pueblos del mundo, exceptuando a Israel, han sido pueblos politeístas, ya que manifestaban la creencia en muchos dioses. En México, los sabios toltecas llegaron a afrimar la existencia de un solo dios verdadero a quien llamaron Ometéotl, el dios de la dualidad. Esta divinidad única, lejana e inaccesible, abarcaba todos los opuestos y su manera de presentarse fue por medio de divinidades ya conocidas por todos. Si bien no fue algo general, esta idea se fue dando a conocer al pueblo por medio de los teocalis, las escuelas.

 

A Ometéotl le dieron varios títulos, tales como IPALNEMOHUANI (por quien se vive), IN TEYOCOYANI (Creador de las personas), IN TLOQUE NAHUAQUE (El Señor del cerca y del junto), IN ILHUICAHUA IN TLACTICPAQUE (Dueño del cielo y de la tierra). Cuando se aparece Santa María de Guadalupe a Juan Diego en el Tepeyac, el sábado 9 de diciembre de 1531, se presenta hablando en náhuatl y diciéndole que Ella es la Madre del verdaderísimo Dios, IN IPALNEMOHUANI… Ella no es madre de Ometéotl, pues este dios era lejano y como decía el mismo Netzahualcoyotl: “tú te burlas de nosotros”. Santa María de Guadalupe lo que hace es tomar de estas cosas presentes en las culturas antiguas, lo bueno y verdadero, para llevarlo a su Hijo Jesucristo, verdaderísimo Dios.

Recordemos que Juan Diego nace, crece y vive por muchos años en Cuauhtitlán, territorio texcocano de mentalidad tolteca, así es que Juan Diego conocía perfectamente estos títulos. En la narración del Nican Mopohua, Santa María de Guadalupe menciona 2 veces la palabra Dios cuando se presenta, una en náhuatl y otra en castellano, para hacer la distinción que Ella no es madre de ninguna divinidad antigua, sino del Dios que predican los frailes: IN INANTZIN IN HUEL NELLI TEOTL DIOS.

El Señor, así como lo hizo con Israel, puso en el corazón de los sabios toltecas la semilla de creer en la existencia de un solo Dios (semillas del Verbo). Ciertamente que la manera del monoteísmo indígena era muy diferente al de Israel. En este sentido, no se entenderá esta realidad única de Dios en los pueblos prehispánicos como lo llegó a conocer el Pueblo de Israel bajo la revelación sobrenatural, pero sí podemos afirmar que Santa María de Guadalupe tomó todos estos elementos buenos y verdaderos para llevarlos a la plenitud, que es su Hijo.

Otro elemento importante, hablando de divinidades antiguas, es la presencia interesantísima de una divinidad prehispánica muy conocida por todos: Quetzalcóatl. Este dios, según las narraciones era bueno y cercano al hombre. Esta divinidad, según las leyendas y mitos, se hizo hombre y fundó la ciudad de Tula. Lo extraño es que en las pinturas aparece blanco, barbado y con vestimenta negra, cuando, en aquellos tiempos no había hombres así en Mesoamérica. Según se dice en estas leyendas, esta divinidad, después de los 4 intentos fallidos para crear a la humanidad por parte de los 4 dioses creadores, los huesos sagrados otorgados por Ometéotl, fueron llevados al Mictlan, lugar de los muertos o inframundo. Pues Quetzalcoatl, queriendo formar a la nueva humanidad, él mismo bajó al Mictlán, burló al dios guardián, Mictlantecutli, y al ser descubierto, tuvo que salir huyendo de ahí. Al llegar a las afueras del Mictlan, hizo el sacrificio de derramar su sangre sobre los huesos para darles vida y formar a la nueva humanidad. La nueva humanidad tendrá, de ahora en adelante en sus venas, sangre divina, digna de ser ofrecida a los dioses.

Los aztecas y demás pueblos, después del 12 de diciembre de 1531, al acercarse a Santa María de Guadalupe, vieron en su cuello un broche con una cruz de color negra. Los aztecas tenían la costumbre de quitarles a sus ídolos una parte del pecho de piedra y rellenar el hueco con una piedra de jade o de obsidiana bien pulida. Era una manera de consagrarse a sus dioses, era una forma de entregarles su vida y de darles vida a ellos, como ponerles un corazón. Para ellos, lo que significó este broche es que esa Mujer está consagrada, Ella le ha entregado su vida al Dios que portan los hombres blancos (ya que los frailes predicaban con crucifijos en las manos y los barcos traían la cruz en sus velas). Si Ella es importante, es más importante el Dios que predican los frailes. Era una manera de decirles que es al verdaderísimo Dios a quien deben entregarle su vida, no a Quetzalcoatl ni Ometéotl, sino a Jesucristo, su Hijo, quien, ofreciéndose en sacrificio en la cruz, derramó su sangre y murió por todos para darnos vida en abundancia.

 

Es por esto y muchas otras cosas más que iremos comentando en estos artículos, por lo que el Papa San Juan Pablo II llegó a decir de Santa María de Guadalupe: Modelo de Evangelización perfectamente inculturado. Definitivamente, No ha hecho con otra Nación cosa igual.

 

No olvides que este 12 de octubre del 2020 se celebran los 125 años de la Coronación Pontificia de Santa María de Guadalupe. ¡Hasta la próxima!

AvatarDebany Valdes2 octubre, 2020
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Muchos me preguntan ¿cómo llegué a Monterrey?  Mi respuesta normalmente es corta ¡en avión!

Toda mi vida consciente he querido ser sacerdote.  Mi madre era de una familia alemana luterana y mi padre de una familia católica irlandés. Mi tío era un pastor luterano y yo veía que se vestía igual que el sacerdote de mi parroquia solamente que estaba casado con mi tía y era el padre de mis primos. Gracias a las vidas ejemplares de los sacerdotes de mi parroquia natal mi vocación nunca se apagó.  De niño asistimos a once años de catecismo y aquí se quejan de tres.  Desde que podía levantar un azadón trabajaba en nuestra granja no porque era obligatorio sino porque querría participar. Después trabajaba en McDonalds y en una tienda tipo Soriana.

Finalmente trabajaba como traductor del departamento de salud del Gobierno Federal, todo mientras estaba en la prepa (de cuatro años) de mi ciudad natal. Como iba a todos los bailes que organizó la escuela, entre otros, nadie pensaba que iba entrar al seminario. El español era obligatorio en la secundaria y tenía unos amigos que eran de cerca de Piedra Negras y por eso lo aprendí desde los 12 años.

Llegué a Monterrey por una novia que era de Perú. Habíamos ido a un convivio de estudiantes de intercambio y allí mi hice amistad de un regio. La novia regresó a Perú y yo fui a conocer a Monterrey. Aquí de paseo me llevaron a conocer el seminario.   Era estando aquí que me di cuenta de que ya era la hora de entrar al seminario. La familia de mi amigo regio me dijo cuando llegué “aquí está tu casa”, no sabía que era dicho y allí me quedé nueve años. Mi padre intentó sobornarme para que regresara, pero se dio cuenta al final que era la voluntad de Dios. Mi padre que me enseñó a amar a las montañas (vivíamos en las planicies) años después moriría aquí en la ciudad de las montañas conmigo.

En el año 1991 me ordenó presbítero el Cardenal Suarez en la basílica de Nuestra Señora de Guadalupe en Monterrey. Ya había iniciado mi apostolado en el norponiente en la parroquia de San Gerardo que en aquel entonces tenía dos capillas, San Bernabé y Cristo Evangelizador. La primera vez que me quedé en la parroquia degollaron un joven de 17 años por la avenida que cruzaba en frente.  Me di cuenta aquella noche que el enemigo era satanás y la guerra espiritual tenía consecuencias muy reales.  En los meses que seguían mi ministerio empezó a involucrarse cada vez más en los jóvenes de todos los caminos de la vida. Era una época difícil en cuanto a las pandillas y la violencia entre ellas. Más de noventa jóvenes murieron aquel año en el norponiente de Monterrey.

Cuando me cambié a una capilla, que luego sería la parroquia de Cristo Evangelizador, me di cuenta de que era muy diferente andar en un barrio en el día, que dormir allí en la noche. La desintegración familiar alimentado por el alcohol empujaba a los jóvenes a llevar la violencia de sus casas a la calle. La pobreza de aquel entonces mantenía esta violencia en los mismos barrios. Con la mayor prosperidad de nuestra ciudad ya no eran jóvenes a pie con piedras y cuchillos, sino jóvenes en carros con ametralladoras.

Mi ministerio sacerdotal se enfocaba a trabajar con las familias y con los mismos pandilleros. Para muchos era un escándalo que andaba con los asaltantes y los que se drogaban.  Pero en el fondo siempre me preguntaba qué haría Jesús y eso siempre era mi criterio, no lo “qué pensarán”.

En el año 2001 me cambié a la Capilla de Santa Teresa de Jesús, hoy la parroquia de Santa Teresa de Ávila. La eucaristía, es decir, la celebración del momento de la victoria de Cristo sobre la muerte a través de la pasión y cruz, junto con la Palabra de Dios en la Biblia siempre han sido el centro de mi vida y ministerio. Es por eso que al crecer la comunidad siempre buscaba que todos pudieran participar de una manera u otra en ambos. Con el auge del Crimen buscamos responder con un auge de evangelización. En el 2010 levantaron y ejecutaron a dos miembros de nuestro coro, una pareja comprometida en la obra de la evangelización.

Nuestra venganza fue fortalecer los encuentros con los jóvenes y matrimonios.  Antes de la pandemia teníamos 37 encuentros juveniles y 25 de matrimonios al año. Con el apoyo de todos y bienhechores, construimos nuestro centro pastoral con una casa de retiros adentro.  Unos 10,000 venían a nuestros encuentros eucarísticos los fines de semanas en las 18 misas de precepto.

Como dice San Pablo en Romanos 12, 20 “No te dejas vencer por el mal; por el contrario, vence al mal a fuerza del bien”. Hoy tendremos nuevos retos con la pandemia, pero como dice santa Teresa, “solo Dios basta”. He sentido extraordinariamente bendecido por Dios en mi ministerio y a la vez, a pesar de muchas dificultades, ¡súper feliz!

AvatarDebany Valdes2 octubre, 2020
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Es verdad que muchas cosas nos preocupan y que todos hemos sentido más de una vez la necesidad de muchas cosas, y hemos tenido dificultades a lo largo de nuestra vida. También es verdad que hemos experimentado muchos, un respiro y una fortaleza al confiar y al dialogar con Dios. Pero también es verdad que son pocos los que en las dificultades o en las alegrías recurren a la oración.

 

Quiero compartir con ustedes algunas reflexiones acerca de la vida de oración de nuestro padre San Francisco, y como este nos motiva a hacer de la oración una forma de vida, un camino para abrirnos al Evangelio y testimoniar la esperanza con entusiasmo, en estos momentos complicados de nuestra sociedad.

 

Sabemos que la oración es el elemento central en la vida de cada bautizado, y más aún en la experiencia de una persona que ha abrazado la vida religiosa; pero vemos con tristeza muchas veces que la realidad no confirma esta apreciación.

San Francisco de Asís no escribió ningún tratado sobre la oración. Tampoco se preocupó demasiado en enseñar a sus hermanos un método de oración.  Sin embargo no le impidió ser un ejemplo, un testimonio para todos incluso en estos tiempos sobre lo importante que es la vida de oración.

 

En la biografía de Tomás de Celano se describe con una imagen, la oración de San Francisco: “No era tanto un hombre orante, sino más bien él mismo transformado en oración” (2Cel 95). Lo esencial en San Francisco de Asís, sobre la oración, se halla contenido en la siguiente frase de la Regla bulada: “Los hermanos por encima de todo deben anhelar: tener el espíritu del Señor y su santa operación” (2 R 10,8-9).

 

La oración, según San Francisco de Asís, es ante todo ese gran anhelo, esa búsqueda incesante del Espíritu del Señor y de su acción en nosotros. Muchas veces en nuestra vida experimentamos que no sabemos orar como es debido. para San Francisco de asís, hacer oración es aprender a decir «Padre». Y eso sabemos que sólo es posible gracias al. Espíritu del Señor es el gran iniciador en la vida de oración. Por eso debemos anhelarlo por encima de todo y dejarle actuar en nosotros. Y esto es precisamente a lo que San Francisco nos invita, a dejarnos guiar por el Espíritu, a convertirnos en hombres y mujeres que tomemos decisiones fundadas en la oración.

 

San Francisco de Asís es consciente de que muchas veces no nos dejamos guiar espontáneamente por el Espíritu del Señor, sean cuales fueren las circunstancias de nuestra vida. Muchas veces pareciera que por estar participando en la comunidad (Apostolado, misión, grupo parroquial, coordinación) nos estamos dejando guiar por el espíritu, cuando pudiera ser que no, muchas veces sin saberlo, nos dejamos guiar en todo ello por algo muy distinto del Espíritu del Señor.

 

¿Cómo podemos dejarnos guiar por el Espíritu? ¿Cómo podemos reconocerle?

Ante todo debemos de orar con un corazón puro. El mismo San Francisco de Asís inmediatamente después de exhortar a sus hermanos a anhelar por encima de todo tener el Espíritu del Señor, les invita a “orar continuamente al Señor con un corazón puro” (2 R 10,9).

 

Quien tiene un corazón  está consciente de su pobreza, tan importante en San Francisco, y de este modo se vuelve humildemente hacia el Señor, un corazón puro reconoce que sólo Dios es santo, y esto llena de tanta alegría que lo hace salir de sí, lo hace ser humilde, abrirse a los demás y salir de su egoísmo. Así reconoceremos el Espíritu y nos dejaremos guiar por él. Para crecer en el amor.

 

San Francisco es un testigo vivo de cómo crecer en el amor, en nuestra manera de comprender la vida cristiana y cómo profundizar en nuestra relación con Cristo. San Francisco de alguna manera renovó la espiritualidad cristiana centrándolo todo en el amor a Dios, la pobreza y la alegre fraternidad.

 

Por eso hoy los y las invito a rezar juntos esta oración que sintetiza al hombre hecho oración:

 

¡Oh alto y glorioso Dios!, ilumina las tinieblas de mi corazón y dame fe recta, esperanza cierta y caridad perfecta, sentido y conocimiento, Señor, para que cumpla tu santo y veraz mandamiento.   (Oración de San Francisco ante el crucifico de San Damián) Amén.

 

AvatarDebany Valdes2 octubre, 2020
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12min45

Mediados del siglo XX a la actualidad

Hemos venido repasando brevemente el devenir de esta parroquia desde sus lejanos orígenes coloniales. Para finalizar esta serie de artículos nos acercamos a la grande reforma que sufrió a mediados del siglo pasado; después repasaremos los últimos cambios que ha sufrido y por último haremos algunos comentarios breves acerca de su patrimonio. Este artículo se basa en documentos del Archivo Histórico de la Arquidiócesis de Monterrey y además dónde se indica en testimonios orales.

  1. INVENTARIO.

Este documento será especialmente importante ya que se realiza cuando llega al templo el padre Carlos Valero quien estará en la parroquia sólo cuatro años, él será quien comenzará la grande reforma al templo que dejó el templo casi tal cual cómo lo vemos hasta el día de hoy.

Sólo por mencionar algunos detalles del mismo inventario subrayamos lo siguiente: en la torre había “una matraca muy usada” (para el viernes santo) que no había sido mencionada anteriormente en ningún documento; en el templo aún se mencionan el púlpito y el altar de granito que desaparecerán poco después.

CERCA DE 1960. GRANDE REFORMA DEL TEMPLO.

Precisamente siendo párroco el padre Valero se reformará por completo el templo. Se nos dice que estas obras fueron patrocinadas por la Sra. Barbarita Barrera mamá del empresario Roberto González (Maseca). Conforme lo que hemos podido escuchar, de vecinos y sacerdotes que han estado en esta comunidad, es que prácticamente el templo antiguo fue demolido excepto la fachada y la torre. Algunos afirman que las paredes de sillar desaparecieron excepto en el área del ingreso principal.

Se edificó nuevamente la nave principal ya no con terrado y vigas sino con losa; se abrieron los grandes vanos de las enormes ventanas que existen hasta el día de hoy pero que originalmente sólo tenían cristales. Se elevó la altura de la losa en el área del presbiterio. Por último, es de subrayar que en esta grande remodelación se edificaron los brazos del crucero que antes no existían.

El padre Cosme Carlos, oriundo de esta parroquia, nos señala que antes de esta remodelación había una escalera de madera para subir a los niveles superiores de la torre; después de esta reforma se accederá por escalones de concreto.

Ciertamente mucho de la riqueza patrimonial y del carácter norestense de esta importante parroquia se perdió en esta remodelación. Sin tener certeza señalamos que las obras debieron de comenzar cerca del año 1960.

  1. INVENTARIO.

En este año se realiza un nuevo inventario por el cambio de padre Valero, llegará en su lugar el padre Manuel Campos. La toma de posesión del nuevo párroco se realizará en la cercana capilla de Lourdes “por encontrarse el templo parroquial y parte de la casa en reconstrucción”, además el inventario del templo sólo enumera “los objetos que en él se encontraban y que ahora se hallan repartidos en la capilla de Lourdes y en algunas casas particulares”. La toma de posesión se efectuó el 1 de agosto de este año.

Hay que destacar que muchas son las piezas que, a lo largo de muchos años, y de muchos inventarios, se veían enlistando una y otra vez y es precisamente por estos años, coincidiendo con la grande reforma del templo, que se pierde la huella de muchas piezas de valor patrimonial. Un ejemplo es una imagen de bulto de tamaño natural de Nuestro Padre Jesús, nazareno cargando la cruz, mencionada desde el siglo XIX, a la cual se le pierde la huella precisamente en este tiempo.

ÚLTIMOS AÑOS.

En los últimos años se le han hecho algunos cambios, como por ejemplo no hace mucho se le retiró el comulgatorio metálico de la reforma de los sesentas; los vitrales fueron añadidos en los vanos de las ventanas por el P. Adán Bibiano, él mismo dirigió las obras para añadir el pórtico a la fachada; de estas obras por cierto él comenta que al hacer la cimentación se encontraron en este lugar restos humanos. Años antes el P. Juan Enríquez había edificado al norte el grande salón parroquial.

La parroquia luce en muy buen estado pero muy lamentablemente desprovista de su carácter norestense y casi carente de patrimonio antiguo que debió tener y acumular por siglos. Ojalá que en algún momento regrese a esta parroquia el aire norestense que en mucho ha perdido.

PATRIMONIO

“Polvos de aquellos lodos” es lo que queda del patrimonio parroquial.

En la torre tenemos cuatro campanas, las mismas que hemos visto enlistadas en varios inventarios. El estado de falta de limpieza, cosa común en los campanarios, y la altura nos dificultan el leer las inscripciones. Al parecer las antiguas son las que están en el primer cuerpo hacia el norte y hacia el sur. Debajo de la campana norte hay la antigua base de una esquila, curiosamente nunca enlistada en los inventarios como tal. La campana al norte parece tener la fecha de 1808, la del poniente posee la fecha de 1954 y cuyo nombre se lee parcialmente “María y José” y también posee otra fecha “1758” siendo seguramente una de las reformadas a mediados del siglo XX, la del sur parece no tener inscripción, pero se ve reformada en la parte superior. La campana mayor presente en el segundo piso posee la fecha de 1955, posee una altura aproximada de metro y medio.

De lo más destacado del patrimonio es el lienzo de la Virgen de Guadalupe firmado por Ma. de Jesús del Bosque, la bella urna para el monumento del jueves santo (mediados del siglo pasado) y un cáliz de plata (época colonial). Además, hay que recordar la pequeña cruz que se conserva en el Museo Arquidiocesano de Arte Sacro y cuya imagen ya se publicó acompañando esta serie de artículos.

De las imágenes de bulto destacan la imagen de san Gregorio ya mencionada en 1844 y restaurada recientemente; el Cristo que preside la parroquia también ha sido restaurado recientemente y esto impide saber más de la antigüedad de esta pieza.

Mención especial merece una imagen de bulto de la Purísima Concepción colocada en el crucero norte.

Esta imagen posee manos y cabeza desmontables para vestirla adecuadamente, pero la imagen posee dos cabezas, una es de la Purísima y la de la Virgen Dolorosa. Es curioso este dato: un cuerpo para dos cabezas. Los inventarios antes mencionados mencionan esta curiosidad desde hace ya un siglo (inventarios de 1920 y 1924) ¿Cuál pudo haber sido el origen esta curiosidad? Probablemente que la cabeza de la Dolorosa haya pertenecido a la imagen mencionada en el inventario de 1844 como “más maltratada”; si la imagen se perdió, pero se conservó la cabeza, en algún momento alguien notó que al ser ambas de vestir y de manufactura similar las cabezas podían ser intercambiadas. Así la Purísima se viste de Dolorosa en las fechas adecuadas, pero además se cambia la cabeza para enmarcar más esas ocasiones.

 

 

Agradezco a las familias oriundas de Cerralvo y sacerdotes que atendieron mis solicitudes de información para esta serie de artículos, así como al P. Juan Córdova, actual párroco, así como al personal de la parroquia.

 

AvatarDebany Valdes2 octubre, 2020
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7min44

Fotografía: Angel Yoshio Pérez Villanueva

El período que corre del primero de septiembre hasta el 4 de octubre, fiesta de san Francisco de Asís, has sido propuesto como el “tiempo de la creación”. Este tiempo fue promovido por los Obispos católicos de Filipinas en 2003, lo mismo que por la Tercera Asamblea Ecuménica Europea de Sibiu, en 2007, y también por el Consejo Mundial de Iglesias, en 2008.

 

El “Tiempo de la creación” se inaugura el primer día de septiembre, con la “Jornada mundial de oración por el cuidado del mundo”. Esta jornada fue establecida en la Iglesia Católica, a partir de la publicación de la Carta Laudato Sii’ (mayo de 2015) del Papa Francisco. Sin embargo, ya el 1 de septiembre de 1989, el patriarca ecuménico Dimitrios I había propuesto esta práctica a la que se sumaron luego, en 2001, otras grandes Iglesias cristianas europeas.

 

En el mensaje anual, publicado con ocasión de la mencionada Jornada mundial, el Papa Francisco expresa su alegría porque la familia ecuménica escogió “El jubileo de la tierra” como tema del “Tiempo de la creación” en este 2020, año en el que se cumple el cincuentenario del “Día de la tierra”.

 

Aunque ciertamente solo hasta el 2009, la ONU estableció el 22 de abril como “El día de la Tierra”, en realidad, esta efeméride se remonta cincuenta años atrás, hasta 1970, cuando el senador estadounidense Gaylord Nelson buscaba sensibilizar, con esta iniciativa, la conciencia frente a los problemas de la contaminación, la amenaza de la biodiversidad y la sobrepoblación.

 

Es pues claro que la efeméride católica de “El tiempo de la creación” tiene raíces no sólo en otras confesiones cristianas, sino incluso, en el activismo civil y laico.  Caer en la cuenta del origen no católico de dicha celebración podría sorprender e incomodar a algunos católicos, sobre todo, si además se advierte que, de hecho, el 22 de abril es oficialmente denominado por la ONU como el “Día internacional de la madre Tierra”. La consideración religiosa de la tierra como “madre” fue algo que ya provocó reacciones hostiles por parte de algunos católicos, durante el sínodo Panamazónico (2019), a causa de la presencia de la “pachamama” en varios eventos del mismo sínodo.

 

En su original lengua quechua, “Pacha-mama” es una palabra compuesta que en su conjunto significa “madre tierra”.  Pero no solo los pueblos amazónicos, sino muchas otras culturas, en otras latitudes y épocas de la historia, han considerado a la tierra como una madre. Se trata de una natural percepción común según la cual, la vida del ser humano depende de la tierra, como un bebé depende de la  vida y salud de su madre. Esta percepción no es ajena a la tradición católica, pues en su famoso cántico sobre las creaturas, “Laudato Sii”, de donde toma nombre la exhortación apostólica del papa homónimo, el pobrecillo de Asís se refiere a la tierra como “hermana madre” que nos nutre y nos gobierna.

 

Por otra parte, el segundo relato de la creación, en el libro del Génesis, cuenta que Dios formó a “Adam” con arcilla del suelo. Efectivamente, “Adam” es una palabra que procede del vocablo hebreo “adamáh” que significa tierra roja (dam=rojo). Por eso, en español, “humano” procede igualmente de la palabra latina “humus” que igualmente significa “tierra”. En consecuencia, tanto el nombre “Adam”, como “humano”, designan literalmente nuestra constitutiva realidad de terrestres.

 

Pero no se trata de mera etimología, pues nuestra composición bioquímica, como organismos, procede genéticamente de sofisticados y complejos procesos igualmente bioquímicos que culminan en los alimentos que consumimos. Sabemos de sobra que estos procesos enfrentan ahora una amenaza mortal, a causa del global desequilibrio ecológico. Sin embargo, no parece que actuemos en la solución con la urgencia que es debida, quizá porque pensamos que se trata de un problema ajeno a nuestra salud. Cuando nos enteramos que un vecino ha sido médicamente desahuciado por un diagnóstico terminal, tal vez sintamos algo de pena, pero nada más; finalmente es el otro el que está desahuciado. Sin embargo, el diagnóstico de desequilibrio ecológico no es en absoluto una enfermedad de la tierra, sino es también nuestra enfermedad, pues ella es nosotros mismos. Por eso, estando sentado, acostado o levantado y andando de camino, repite para tus hijos y para ti mismo este imperativo sagrado (cf. Dt. 11, 19): “amarás a la tierra como a ti mismo”.

AvatarDebany Valdes2 octubre, 2020
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Cuando el 30 de mayo de 1996 fui consagrado obispo en la Ciudad de Tacámbaro, no sentí que cumpliera con la realización de una meta en mi vida, ni con la culminación de un proyecto anhelado por años. Por el contrario, me sorprendió cuando me dieron la noticia de este llamado de Dios. Sigo siendo consciente de mis limitaciones y falta de méritos para una misión de esa naturaleza, y de que los dones que Dios me dio los debo poner al servicio de su Iglesia y de toda la humanidad. Por esto, después del impacto inicial, al momento de la consagración le agradecí a Dios por la gracia de este servicio específico que me encomendó, y le sigo agradeciendo a diario.

 

Soy consciente también del gran don recibido, tanto cuando Dios me llamó a ser su hijo con el bautismo, como cuando me llamó a ser pastor al confiarme el orden sagrado. Ser hijo de Dios, en esta Iglesia a la que he servido como sacerdote durante casi 42 años y como obispo a lo largo de casi 25, es la mayor bendición en mi vida. Me he entregado siempre sin reservas y, aunque seguramente he cometido errores involuntarios, nunca he querido lastimar a nadie. En palabras de San Pablo, soy como una vasija de barro que lleva dentro un tesoro (cfr. 2 Cor 4, 7)

 

Y así, con la certeza del amor y la gracia de Dios, después de haber vivido una experiencia pastoral muy desafiante pero muy satisfactoria en las diócesis de Tapachula y Tuxtla Gutiérrez, hace siete años llegué a Monterrey con la enorme responsabilidad de pastorear esta Arquidiócesis. Dije, y lo repito, que llegaba a un tren pastoral que iba a toda velocidad y que esperaba poder subirme a él. En estos años he constatado la gran vitalidad de ustedes. Cada día me edifica el esfuerzo de todos por vivir en plenitud la entrega cristiana: laicos, personas consagradas, seminaristas, diáconos permanentes, presbíteros y obispos auxiliares. Todos han sido muy buenos conmigo y de gran ayuda para mis tareas pastorales. Por ello tengo una gran motivación para seguir sirviendo a esta Iglesia local. Ser obispo de Monterrey es mi responsabilidad principal y todos los días le pido a la Virgen del Roble que me ayude a ser un buen pastor. No ceso de intentar nuevos proyectos evangelizadores, de atender las necesidades que día a día brotan en todo el territorio diocesano, de estar al pendiente de los sacerdotes, especialmente de los mayores, y de invitar a saludar y sonreír porque son claves en la pastoral.

 

Me siento con ánimo para enfrentar junto a ustedes esta crisis sin precedentes que la pandemia trae consigo. Si bien ya veníamos hablando los obispos en México de una crisis antropológico cultural (cfr. PGP 20) y de una crisis ecológica, como lo ha adelantado el Papa en Laudato Si’ y Querida Amazonía, nadie imaginaba el tamaño y alcance de esta emergencia sanitaria, con las consecuencias que traerá en todas las áreas de la convivencia humana. Me anima también la presencia, los gestos y la palabra del Papa Francisco, quien nos ha invitado a darnos cuenta de que estamos en la misma barca, todos frágiles y desorientados, pero al mismo tiempo, importantes y necesarios; llamados a remar juntos y necesitados de confortarnos mutuamente porque en esta barca, remamos todos.

  1. Les confieso finalmente que siento una gran tranquilidad por vivir todos los días la experiencia gratificante del amor de Dios en mi vida y el cobijo protector de la Virgen María. Siento su compañía en cada visita pastoral, en las difíciles decisiones que debo tomar, así como en cada celebración Eucarística; al escuchar las sugerencias de mi Consejo Episcopal y de los demás Consejos de la Arquidiócesis y, sobre todo, experimento la presencia de Dios en la oración y la meditación de su Palabra.

 

Mons. Rogelio Cabrera López

Arzobispo de Monterrey


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