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En este artículo no deseo hablar sobre la técnica de la Gestalt que la Psicología utiliza para algunas terapias, sino las que hoy verdaderamente encontraremos en nuestras mesas o vidas, sillas y hogares con ausencias por muerte en el pasado mes en el que celebramos ¡El Nacimiento de Jesús!

 

La pandemia que el covid 19 trajo a México y al mundo, dejó y dejará muchas sillas vacías por la muerte, de cientos de seres humanos. Padres, Madres, Abuelos, Abuelas, hermanos, hermanas, amigos, amigas, compañeros, compañeras de trabajo y escuela, vecinos o vecinas, sin olvidar a tanto Médico, Doctoras, enfermeros, enfermeras y personal de la salud.

 

Esto aunado a enfermedades crónicas degenerativas, accidentes, asesinatos y demás nos hace exclamar ¿y ahora quién podrá ayudarnos? Como la frase tradicional aludiendo al personaje del Chapulín Colorado. Y la respuesta es unánime, ¡DIOS! La fe que nos da la esperanza que abriga la alegría en estas fechas que están por cerrar un año difícil, pero con un gran aprendizaje…Vivir bien o morir bien.  La decisión es personal y no una moneda tirada al aire, a la suerte.

 

En esto la Tanatología es quien nos puede ayudar, la pregunta inmediata es ¿Qué es? Una disciplina científica que se encarga de encontrar al proceso de la muerte su significado, como disciplina profesional, que integra a la persona como un ser psicológico, social y espiritual. Del griego thanatos, muerte y logos, estudio.

 

En sus inicios su creadora la psiquiatra suiza Elizabeth Kübler Ross la centró en la atención a pacientes con diagnósticos terminales y cuidados paliativos, sin embargo, hoy se aplica junto con sus cinco etapas de Duelo: Negación, Enojo, Negociación, Depresión y Aceptación a todo tipo de pérdida: muerte, separación, mudanza, diagnóstico de enfermedades, jubilación, pérdida de empleo, vejez, robo y secuestro, por mencionar algunas.

 

Lo anterior nos hace (o debería) cuestionarnos, en dónde ponemos nuestra atención, y qué brújula guía nuestras vidas. Las sillas nadie las ocupará, pero bien vale orar por los que ya murieron y por los que en esta vida estamos, para que encontremos un sentido a nuestra vida y prioricemos el ser, no el tener.

 

Ver a muchos morir en el ejercicio de mi profesión me hace concluir lo anterior, además de viajar ligero, de cargas, de hubieras, o culpas que exceden el peso del equipaje y que al fin no necesitaremos. Solo bastará el alma llena de obras, de sentimientos y plenitud en la cotidianidad de nuestro vivir.

 

En estas fechas tan importantes podremos practicar el ejercicio de recordar, recordar bien la persona que ya no esté entre nosotros, no solo viendo la silla vacía, sino lo que hizo llenar nuestra vida… las ocurrencias de Fátima; la sonrisa de Jorge; los planes de Sofía; el Amor del “Gordito” por su familia; la belleza y obras de Socorro; el amor y las gracias de Carmen y de tantas personas que, como me dijo un Sacerdote antes de morir, “Ahora entiendo, morir es descansar en el Señor”.

 

Como tantas veces lo digo en conferencias y cursos, morir no es una derrota, es un triunfo cuando se tiene y se cuenta con el bello don de la Fe.

 

Que este Año Nuevo sirva de tributo a quien ya no habita entre nosotros.

 

Jesús con su nacimiento nos trae este 2021 no solo el bello regalo de su vida…sino de valorar y vivir el presente con tal magnitud que nos hagan vibrar de amor, paz, consuelo y esperanza.

 

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‘Tomen y coman, esto es mi cuerpo’, este soy yo, que se entrega a favor de ustedes. Hagan esto en memoria mía. ‘Esta es la copa de la nueva alianza sellada con mi sangre, derramada a favor de ustedes’. Lucas 22,19-20

 

‘La Eucaristía es la joya más importante de la Iglesia, es el acontecimiento litúrgico más grande, es el sacramento central de nuestra fe, el más frecuente y reiterativo’: Arz Rogelio Cabrera López.

 

Es sorprendente descubrir cómo el Señor, cada día, crea nuevas formas para estar con nosotros, para encontrarse, para seguir siendo el buen samaritano que sirve con satisfacción, para demostrarnos que, aunque pareciera que descansa, él está en nuestra misma barca, remando con nosotros, alimentándonos con su palabra y su propio cuerpo, a fin de que permanezcamos unidos, teniendo ‘un solo corazón y una sola alma’.

 

Nuestra vida, la vida cristiana, la experiencia de todos los días, ha de ser como una comida de amor en la que ofrecemos todo a los hermanos: la amistad, el respeto, la reconciliación, la capacidad de escuchar, dialogar y acompañar, la paz sincera, el realizar solidariamente acciones que transformen cabalmente la realidad, ‘reconociéndonos compañeros de camino, verdaderamente hermanos’ FT 274.

 

Hemos de ser como un pan recién elaborado, extraído apenas del horno, con sanos nutrientes, apetecible al paladar, atractivo a la vista. De manera que, quien de él se nutra, recobre nuevas fuerzas, que quien lo reciba, sienta deseos de compartirlo, como el Señor Jesús que nos dice: ‘Yo estoy entre ustedes como el que sirve’ Lc 22,27.

 

Llenos de motivación, seremos capaces de cambiar el mundo, empezando por la propia casa o comunidad, donde cada integrante se sienta con una tarea de acuerdo a su edad y su propia vocación, realizando con gusto su misión desde el amor, desde la solidaridad. Dice el Papa Francisco: ‘Ser feliz no es sentirse bien sino hacer el bien’.

 

En la comida eucarística expresamos toda la profundidad de la vida de Cristo y de nuestra fe: servir a los hermanos con acciones reales y concretas, que brotan de una mirada sincera y una auténtica compasión.

 

Por eso, también durante la cena, el Señor se levantó de la mesa, comenzó a lavar los pies a sus discípulos y a secárselos con la toalla. Luego les dijo: ‘¿Entienden lo que acabo de hacer con ustedes? Si yo les he lavado los pies, también ustedes deben hacerlo unos a otros’ Juan 13,1-17

 

Para la comunidad cristiana, reunida en oración en torno a nuestra Madre María y a los Apóstoles, ‘lavarnos los pies’ es ejemplo de amor, entendido como servicio humilde, que brota de la condición de ser discípulos de aquel que nos amó hasta el extremo.

Ser servidor, atento y generoso, será siempre para nosotros una fuente de recarga espiritual. ‘El amor rompe cadenas y tiende puentes’.

 

Como decía el beato Carlos de Foucauld: ‘Ruegue a Dios para que yo sea el hermano de todos’ FT 287

 

Es la Eucaristía la que nos mueve a la fraternidad.

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Yo soy Efraín Macías Jiménez, originario de los Mochis, Sinaloa. Mis papás son José Encarnación y María Marcos Jiménez Martínez de Zacatecas y tengo 8 hermanos. Hace 10 años fui ordenado sacerdote y estoy agradecido con Dios y con María Santísima por poner su mirada en mí para servirles en este camino de consagración más plena y libre a Dios.

Todo comenzó el día en que nací, el 28 de marzo de 1980, mi mamá cuando se aliviaba de cada uno de nosotros, siempre nos encomendaba a Dios y a la Virgen María y en su oración le pedía a Dios que nos tomara para su camino. Crecí en medio de situaciones difíciles porque no teníamos un lugar donde establecernos para vivir hasta el día que llegamos a Monterrey.

A los 17 años volví a la Iglesia y empecé mi caminar en los grupos juveniles, gracias a una religiosa de las CSC que me invitó a participar como San José en la pastorela que estaban realizando en aquel diciembre del 97. Me gustó mucho volver a estar en la casa de Dios y conocer profundamente todo lo que es la misa, la hora santa, la oración y también conocer la espiritualidad de las hermanas Carmelitas.

En enero del 99 se organizó un retiro para jóvenes en Mina Nuevo León, fue ahí donde por primera vez escuché los cantos vocacionales, especialmente dos que se quedaron resonando en mi interior: el canto de Pronunció mi nombre y Tengo un mundo delante de mí. Ahí me confesé y el sacerdote me preguntó que si no había pensado en ser sacerdote. Desde ese momento la duda se sembró en mi corazón y empecé a preguntarme si ese era mi camino. Algo que ayudó para ver más claramente fue contemplar el testimonio de mi párroco, que en aquel tiempo era el Padre Scott. Me decidí a llevar el proceso vocacional por un año, mi familia nunca lo supo, hasta el día que les entregué la carta de aceptación al seminario. Mi mamá se alegró mucho porque siempre le había pedido a Dios que uno de sus hijos siguiera el camino de entrega.

Entré al Seminario el 12 de agosto del 2000, con la inquietud de saber si este era mi camino. El tiempo del seminario ha sido un proceso difícil pero muy enriquecedor, me ha fortalecido, pero también me ha confrontado delante de Dios para clarificar mi llamado.

Los momentos de silencio en la capilla del Santísimo de filosofía siempre fueron y serán mi fortaleza para seguir escuchando la voz de Dios. También el acompañamiento de las hermanas Carmelitas del Sagrado Corazón, que con su amistad y oración me han apoyado siempre, porque gracias a ellas conocí la espiritualidad del Carmen que me ha servido mucho y la cual he profundizado durante todo este tiempo.

Vale la pena arriesgar todo por Dios, dejar los planes humanos y buscar la vida eterna desde el camino de la consagración a Dios. Aunque no es un camino fácil Dios y María Santísima van caminando a nuestro lado para fortalecer el sí que hace casi 20 años le di a Dios.

Hoy tengo ya 10 años de ordenado sacerdote agradezco a María Santísima su cuidado y protección en todo momento, Ella se ha convertido en el camino más seguro para seguir respondiéndole a Dios, para amarlo como la primera vez que me llamó.

No dejes de buscar el silencio para que escuches la voz de Dios y le respondas con un Sí generoso.

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PARROQUIAS ANTIGUAS 

PARTE  I 

Continuando con esta serie de artículos en los que hacemos una breve reseña histórica de las edificaciones antiguas de nuestra Arquidiócesis llega el turno de la parroquia de Escobedo, N. L. la cual es una población con orígenes muy lejanos en el tiempo. 

 

PRIMEROS PROPIETARIOS Y POBLADORES

En el año de 1604 las tierras que conforman hoy esta ciudad fueron concedidas a José de Treviño, es por eso que se le considera su fundador. Décadas más tarde, él dio en herencia todas estas tierras a José de Ayala quien fundó la Hacienda del Topo la cual que es la primera primitiva de los asentamientos poblacionales en esta área. Ya para 1651, la Hacienda que ya era muy próspera, se le conocía como Hacienda del Topo de los Ayala por el apellido de su propietario. Esta pequeña población tenía por patrono a san Nicolás Tolentino (GARZA, Juan, “Nuevo León…”, tomo II, Milenio).

 

1643 CAPILLA PRIMITIVA

En la segunda mitad del siglo XVII fray Juan de Salas, entonces guardián del convento franciscano mandó construir una capilla para poder celebrar ahí la santa Misa, bautizar y poder brindar ahí la atención espiritual a los habitantes de la Hacienda; no tenemos ninguna descripción ni noticia de esta primera edificación (GARZA, Juan, “La capilla, monólogo”, UANL).

 

1826 CAPILLA NUEVA

El pueblo comenzó a organizarse para construir una nueva edificación para el culto y así en el año de 1826 se comienza su construcción; el terreno donde se edificó fue cedido por la señora Gertrudis Ayala. 

 

Arrancó su construcción el día 1 de mayo y se concluyó ese mismo año el 6 de noviembre, celebró la primera Misa el bachiller Nicolás Antonio Molano. Un dato curioso es que a pesar de que desde el inicio la hacienda había sido encomendada a san Nicolás Tolentino, la nueva construcción se encomendó desde un inicio a san Nicolás de Bari. El motivo del cambio probablemente pudiera ser que la vecina población, que hoy conocemos como san Nicolás de los Garza, también tenía su capilla dedicada al mismo Nicolás Tolentino y así ahora con este cambio cada comunidad tendría su propio santo y su fiesta patronal. 

 

Esta capilla, al poniente, contó con un área para sepultar a los difuntos.

 

REVUELTAS ARMADAS

Garza afirma que la capilla fue cuartel durante la invasión norteamericana y además señala que, en la Revolución durante el periodo en que fue gobernador Antonio I. Villarreal, fue saqueada y quemada (“La capilla, monólogo…”).

 

1868 MEJORAMIENTO URBANO

En el año de 1868 la población fue elevada al rango civil de Villa. Dentro de los argumentos presentados en la solicitud, que fue enviada para ese fin, se decía que la población ya llegaba al millar de habitantes y que ellos contaban con esta iglesia para atender a la población. 

 

Ya habiendo obtenido la designación de Villa, dentro de las primeras acciones civiles se estimó conveniente ordenar las calles y la plaza y así la capilla quedaba en medio del área de recreo central por lo cual se consideró como una posibilidad el derrumbarla, pero esa idea no prosperó y así, como la vemos hoy en día, quedó en medio del área de la plaza.

 

El próximo mes continuaremos con este breve repaso de la historia de esta parroquia con la historia desde el comienzo del siglo XX al día de hoy. 

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La fiesta del 6 de enero, popularmente conocida como de “los reyes magos”, se celebra, en el calendario litúrgico, el domingo 3 de enero de este 2021, como la “epifanía del Señor”, es decir, “la manifestación del Señor a todos los pueblos de la tierra.” Coincidiendo con esta solemnidad, este tres de enero, se cumplen ya tres meses de la publicación de la tercera encíclica del Papa Francisco, “Fratelli tutti”, firmada precisamente, el 3 de octubre de 2020, en la víspera de la memoria de san Francisco de Asís.

 

Este reciente documento pontificio se compone de 287 numerales, repartidos en ocho capítulos. Su título, “Fratelli tutti”, corresponde a la expresión italiana con la que se inicia el texto, evocando las palabras que san Francisco de Asís utilizaba, en su escrito llamado “Admoniciones”, para proponer a los frailes un modo concreto de vivir el evangelio.

 

En el número 3 de la encíclica, el Papa argentino que ha tomado el nombre del “pobrecillo de Asís”, recuerda que el ejemplar santo se atrevió a hacer un largo y peligroso viaje a Egipto para encontrarse con el sultán Malik-el-Kamilk, en un momento en el que cristianos y musulmanes se disputaban la Tierra Santa, con sangrientas guerras. Pero, además, el Papa también recuerda que él mismo, en febrero de 2019, sostuvo un encuentro con el líder musulmán, el gran Imán Ahmad Al-Tayyeb para firmar conjuntamente el documento sobre “La fraternidad humana por la paz mundial y la convivencia común” (n.5).

 

Apoyado en estos eventos del pasado remoto y reciente, el Papa explica en el n. 6 que el objetivo de su encíclica «no es resumir la doctrina sobre el amor fraterno, sino detenerse en su dimensión universal, en su apertura a todos.» A reglón seguido, aclara que, aunque escribe desde sus convicciones cristianas, pretende que su reflexión se abra al diálogo con todas las personas de buena voluntad, incluso con las no católicas. Considera que este diálogo entre todos es aún más urgente y necesario, luego de que la pandemia del Covid-19 ha “revelado” nuestras falsas seguridades y “ha manifestado” nuestra incapacidad para actuar conjuntamente a favor del bien de todos.

 

Pero pese a haber aclarado que su pretensión no era exponer doctrina católica para católicos, “algunos católicos” han reaccionado, no sólo crítica, sino ásperamente en contra esta encíclica, desde que fue publicada. Estas reacciones se han manifestado en las redes sociales por parte de algunos youtubers, blogueros o periodistas católicos, como Tylor Marshall, Luisella Scrosati y Sandro Magister. En particular, éste último sostiene, en su sitio denominado “Settimo cielo”, que «a pocos días después de su publicación, la encíclica “FT” ya ha sido archivada, vista la ausencia de la más mínima novedad respecto a las anteriores y archiconocidas alocuciones del papa Francisco sobre los mismos temas.» Después de este juicio sumario, se cuestiona «¿si no sería esta interminable predicación franciscana sobre la ‘fraternidad’ la que diera vida a un ‘cristianismo distinto’, en el que ’Jesús no fuera más que un hombre’?»

 

En el fondo, opiniones como la citada se lamentan que el Papa Francisco proponga una fraternidad universal, pero sin confesar a Cristo, explícitamente y de cara a otras religiones, como divino salvador único y universal. Pero es a propósito de este cuestionamiento que cabe recordar que la fiesta de la epifanía es la fiesta de la inclusión de todos los pueblos de la tierra, pese a la diversidad de sus creencias religiosas. “Los magos del Oriente” de los que nos habla el evangelio de san Mateo (2,1 -12), representan precisamente la “gentilidad”, es decir, a aquellos que, sin pertenecer al pueblo escogido de Israel, no quedan excluidos, sino invitados a contemplar la “epifanía”, la “manifestación” de Dios en los más pobres, en los débiles e insignificantes, como el pequeño niño nacido en Belén (cf. Mt. 25,40).

 

Si una estrella ha guiado a los magos de Oriente hasta Belén es porque un mismo Dios se revela en un único universo; por eso las estrellas que lo pueblan deberían iluminar nuestra mente para comprender mejor nuestra fraternidad universal. Con razón, José Saramago se pregunta, en un artículo publicado en el diario español, El País (2005), cómo es que musulmanes y cristianos dicen creer en un Dios omnipotente que pudo haber creado más de 400 mil millones de estrellas, en cada una de las 400 mil millones de galaxias del universo, y sin embargo, semejante Dios todopoderoso “no ha podido” lograr que cristianos y musulmanes se reconcilien.

 

Si hay un horóscopo válido y verdadero que revelen las estrellas, ése es el de nuestro común destino de fraternidad universal, pues nuestro propio cuerpo, no obstante, su diversidad de razas y colores, está conformado, literalmente, por “polvo de estrellas”, de modo que una misma y única materia química nos hermana. De ahí la necesidad, dice el Papa, de «constituirnos en un “nosotros” que habita la casa común» (n.17).  Esa casa común es aquella en la que, según san Mateo, “entraron” los magos para adorar al niño (2,11), superando así, la ley judía que prohibía la entrada de paganos en casa de israelitas.

 

Esta re-unión, en una misma casa, de los pueblos que antes eran enemigos (cf. Ef 2, 14 -18) es la antigua, pero siempre actual novedad del evangelio. Si Sandro Magister puede decir que en la encíclica de Francisco “no hay nada nuevo” será cierto sólo porque, en ella, el Papa denuncia el mismo viejo y lacerante contraste entre muchos que tiene poco y pocos que tienen mucho. La verdadera pregunta que nos hace la encíclica del Papa no consiste en saber si es posible un cristianismo sin Dios, sino si es posible creer en el Dios Padre, revelado por Cristo, pero sin convivir como verdaderos hermanos. También la fiesta de la epifanía nos revela que todos somos hermanos, pero a la vez, nos cuestiona si, en verdad, tratamos a los demás como a nuestros hermanos.

 

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VIII CARTA PASTORAL 

Deseo, junto con el Papa Francisco, que vaya desapareciendo todo rastro de clericalismo en nuestra Iglesia y que el ministerio clerical se convierta cada día más, en un servicio sacerdotal y diaconal a la comunidad a ejemplo de Cristo Siervo y Sacerdote. Que mi presbiterio y mis obispos auxiliares sobresalgan por su disponibilidad, su capacidad para el sacrificio y su ilusión por la misión renovada y renovadora. Que el buen trato hacia los fieles nos distinga, y que, como pide el Santo Padre, no convirtamos el confesionario en una aduana infranqueable. Anhelo que los clérigos seamos discretos, sensatos y utilicemos las redes sociales para evangelizar, y no para transmitir escándalos y falsas noticias.

 

Anhelo, además, que todos los fieles cristianos, clérigos y laicos, que formamos esta Iglesia seamos hombres y mujeres de oración, espirituales y caritativos. Visualizo una mayor participación laical -especialmente de las mujeres- en nuestras estructuras pastorales. Mujeres y hombres laicos conforman la mayor parte de fieles en nuestra Iglesia, trabajando en diferentes tareas pastorales, y no siempre son tomados en cuenta en aquellos asuntos que les afectan directamente. Espero que día a día la Iglesia se llene de esa presencia dinámica y sensible, innovadora y cálida que representan los laicos. Que se sientan escuchados y atendidos, tomados en cuenta y respetados en sus tareas propias.

 

Seamos una Iglesia diocesana que voltea más hacia el sur, de donde viene la mayor parte de los migrantes, pero sin olvidar el norte, en donde viven y buscan mejores oportunidades muchos de los miembros de nuestras familias. Que veamos a quien busca un mejor futuro en medio de nosotros, no como enemigo, sino como hermano al que debemos “acoger, proteger, promover e integrar” (cfr. Papa Francisco, Jornada Mundial del Migrante y Refugiado, 2018). Que dialoguemos con ellos para enterarnos de sus problemas, de las causas que los orillaron a salir de sus países y de sus ilusiones. Imagino que somos hospitalarios, incluyentes, amables y solidarios con quienes han tomado esa difícil decisión y que, como se lo han propuesto nuestras casas de migrantes, les demos el mismo trato que deseamos reciban nuestros familiares y amigos cuando emigran al norte. Que en cada uno de ellos reconozcamos a ese migrante que fue Jesucristo.

 

Les invito a que hagamos una relectura de nuestro reciente Plan de Pastoral Orgánica 2017-2019 desde la realidad que la pandemia nos presenta y nos irá presentando, de tal manera que se aplique y consolide en los años venideros de forma muy encarnada. Que recuperemos los retos aún pendientes en la atención a los tres núcleos de atención pastoral que nos acompañaron a lo largo de los últimos tres años: persona y familia, comunidad y ciudadanía, pobreza y solidaridad. Deseo que los objetivos, urgencias y orientaciones pastorales no sean letra muerta, sino viva y renovada por los desafíos de la pandemia y que podamos expresarlos en proyectos pastorales en cada comunidad, siendo capaces de unir todos nuestros trabajos parroquiales y de grupos apostólicos en torno a la visión de este Plan.

 

Día a día me pregunto cómo podemos acercarnos más a la exigencia de ser discípulos misioneros en la actualidad, para seguir colocando a la Palabra de Dios, a la Eucaristía y a los pobres en el centro de nuestra atención pastoral. Quiero que el Proyecto Global de Pastoral 2031+2033, que como obispos en México hemos presentado de cara a los 500 años del Acontecimiento Guadalupano y a los 2000 años de nuestra Redención, impacte de lleno en nuestra Arquidiócesis, no solo por su enorme riqueza teológica, sino para manifestar nuestra comunión con todas las diócesis de México y especialmente con el Papa Francisco.

 

+ Mons. Rogelio Cabrera López 

Arzobispo de Monterrey

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Este 24 de enero del año 2021, nuestro querido Arzobispo de Monterrey, estará cumpliendo 70 años de vida, y este significativo cumpleaños, se da en torno al Año Jubilar Sacerdotal con motivo de su 25 aniversario episcopal, a celebrarse Dios mediante el próximo 30 de mayo.

 

Don Rogelio, es un Obispo, cercano con sus sacerdotes y con los fieles laicos, siempre dispuesto a escuchar y coherente con su constante invitación a vivir el A, B, C de la pastoral: un saludo y una sonrisa.

 

No podemos dejar a un lado, su gran dinamismo para hacerse presente en cuanto lugar se le solicita, en esta Iglesia tan demandante en extensión y necesidades. Sin duda alguna, pudiéramos mencionar muchísimas más cualidades y virtudes de nuestro pastor; sin embargo, quisiera resaltar en este sencillo editorial, una de las que, humildemente considero es una de sus mayores virtudes: la invitación constante que nos hace a mirar a Jesús.

 

He tenido la fortuna de escuchar una gran cantidad de homilías de Mons. Rogelio y en ellas no puede faltar esta invitación: mirar a Jesús, preguntarle a Él, tomar el ejemplo del Maestro. Tal vez pudiéramos pensar, que esta es la obligación de todo aquel que predica el Evangelio y así es, pero no podemos dejar de contextualizar este hecho, ante la compleja realidad que vivimos hacia dentro y fuera de la Iglesia.

 

Mirar a Jesús, no solo es anteponerlo a Él, ante toda forma de pensamiento que atenta contra el Evangelio, es mucho más que eso, diría el Papa Francisco en su mensaje a la diócesis de Rímini: “Mirar a Jesús purifica nuestra vista y nos prepara para mirar todo con ojos nuevos. Cuando se encuentran con Jesús, cuando miran al Hijo del Hombre, los pobres y los sencillos se encuentran a sí mismos, se sienten amados en lo más profundo por un Amor sin medida”.

 

Mirar a Dios implica un proceso personal y muy humano de purificación, mirar a Dios, nos ayuda a descubrir quienes somos y cómo está nuestro interior. Por ello, Don Rogelio, en sus mensajes siempre parte y aterriza este mirar a Jesús, desde nuestra realidad del corazón, donde nace todos aquellos sentimientos, sueños e inquietudes que nos mueven en el día a día.

 

Gracias Don Rogelio por guiarnos e invitarnos a ver a Jesús, Dios le pague la entrega generosa de su vida al servicio de la Iglesia. Dios le bendiga en estos 70 años de vida, en sus 42 años de vida sacerdotal y en sus próximas bodas de plata episcopales.

 

¡Ad multos annos, vivas!

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DESDE LA CURIA

Adriana Marcela Gómez Chavarría, desde hace 5 años colabora como secretaria en la Pastoral Familiar, apoyando en la canalización de atención y brindando información de las distintas áreas que abarca la Pastoral dirigida por el Pbro. Óscar Lomelín Blanco.

 

Después de una invitación para apoyar “por un verano”, Adriana descubrió que trabajando en la Pastoral Familiar se sentía plena al colaborar en la importante necesidad de mantener la unión y el amor en la familia, iniciando por la suya. 

 

Adriana comparte con nosotros una breve entrevista sobre su experiencia y sentir al ser parte del equipo de la Arquidiócesis de Monterrey:

 

¿Qué ha sido la Pastoral Familiar para tu vida? 

Me ha permitido trabajar en lo que me gusta, hacer de mi apostolado y servicio mi vida laboral y diaria. Mi deseo era servirle de tiempo completo pero mi trabajo me lo impedía y el Señor me escucha y me bendice con esta oportunidad.

 

¿Consideras qué en las actividades que realizas aplicas los dones que Dios te brinda?

Definitivamente que sí, inteligencia y sabiduría para poder guiar y ser asertivo orientando a quien necesita a la mejor opción.   Fortaleza para que las diversas y complicadas  situaciones no sean obstáculo. . Temor para que me permita ver en cada persona a Cristo que sufre y  necesitado. Piedad y consejo que me permite dar testimonio de que la oración y la escucha nos ayudan a acercar almas a La Paz necesaria para mostrar la misericordia y gracia de Dios.

 

¿Qué actitudes son indispensables en el departamento donde te encuentras?

Servicio para atender de una manera generosa, escucha para que se sientan valorados como persona, respeto, discreción, cortesía, paciencia, asertividad, caridad. 

 

¿Cuál ha sido el mayor aprendizaje que te deja colaborar en la Arquidiócesis? 

Muchas cosas, que la familia necesita apoyo en todas las etapas, ya que de la familia depende el crecimiento espiritual y virtuoso de cada miembro. Como la providencia de Dios se manifiesta en el cuidado y atención del pobre y necesitado. Que hay mucho trabajo por hacer y la tarea de la iglesia no es exclusivamente de los sacerdotes.

 

¿Cómo puedo obtener información sobre la Pastoral Familiar?

Por redes sociales Facebook Pastoral familiar Arquidiócesis de Monterrey.

Twitter: @pastoralfam_mty | Instagram: pastoralfamiliarmty 

Correo electrónico: pastoralfamiliar@iglesiademonterrey.com |  WhatsApp: 811 845 7041

Página web www.pastoralfamiliarmty.org

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Recientemente se ha iniciado el llamado Centro Pastoral de Investigación “Miguel Alanís Cantú”, otrora sacerdote de nuestra diócesis, comprometido con la evangelización de nuestras comunidades y la promoción de las personas. Este Centro tiene como objetivo conocer mejor la realidad social de nuestro entorno con el fin de hacer más eficiente y humano nuestra acción pastoral. El equipo está conformado por laicas, laicos y sacerdotes, que a través de investigaciones sociales con rigor científico buscamos agudizar la mirada contemplativa en nuestra sociedad.

 

Siguiendo al papa Francisco (Fratelli tutti), a partir del texto del buen samaritano (Lc 10, 25-37), hay dos formas de mirar la realidad. Una, de costado, indiferente, sin involucramiento. Esta mirada es superficial y cómoda. Pero hay otro modo de ver lo que sucede, con detenimiento, sin prejuicios, tocando directamente al prójimo. Esta segunda mirada, que ya en nuestro camino pastoral diocesano hemos venido llamando ‘mirada contemplativa’, exige cierto ejercicio en el que resulta necesario abandonar nuestra propia explicación del ‘porqué las cosas son así’, para dejar que la realidad social, conformada por personas concretas e historias peculiares, y por lo tanto conformada por ideas, sentimientos y prácticas sociales, nos hable ella misma.

 

Queremos que este Centro inicie la posibilidad de otro modo de ser cristianos y de otro modo de hacer pastoral: uno que brote directamente no de un libro ni de un discurso, sino de la experiencia de los hombres y mujeres que viven en nuestras comunidades. Deseamos que el trabajo de investigación que aquí se realiza pueda motivar el camino pastoral que el Espíritu de Dios ya viene suscitando entre nosotros.

 

 

 

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Nuestra virgencita amada de Guadalupe es la devoción más arraigada en el pueblo de México. Particularmente para nuestros fieles regiomontanos la Basílica de Guadalupe en Monterrey es el lugar más significativo de peregrinaje y devoción popular del Noreste del País y uno de los más importantes de todo México.


La primera edificación comenzó a construirse en 1861, lo que actualmente es el Santuario de la Adoración Eucarística. Una segunda construcción se inició colocando su primera piedra en el año de 1978. A la postre, el magnífico y actual templo principal, fue inaugurado en el año de 1982 y elevado por el Papa San Juan Pablo II a Basílica Menor, en el año de 1983, donde actualmente miles de fieles acuden con una ferviente devoción a venerar a la Madre del verdaderísimo Dios por quien se vive.


Hoy más que nunca les invitamos a vivir estas Fiestas Guadalupanas, especialmente por motivo de la pandemia. Les exhortamos a realizar altares a la Virgen en sus casas y a orar en familia. También, pueden acompañarnos por las redes sociales en la página de facebook: Basílica y parroquia de Nuestra Señora de Guadalupe oficial, o en la  página web: www.basilicadeguadalupemty.org.


La Basílica permanecerá abierta a los fieles de lunes a domingo de 7:30 a.m. a 9:00 p.m., respetando los protocolos de la Secretaría de Salud. Para mayor información, comunícate a la oficina 81 1158 2800 al 03 a la vez. Además, puedes anotar tus intenciones, que serán colocadas en el altar donde se ofrecerá la Eucaristía, y bajo la Imagen de Santa María de Guadalupe.


Si desean apoyar económicamente, con toda libertad, al sostenimiento pastoral y material de nuestra Basílica, pueden realizar una aportación económica en la cuenta Banorte y por Banca Móvil. A la cuenta 0127034818, Clabe interbancaria: 0725800127034818, a nombre de Basílica de Guadalupe de Monterrey, A. R.


Que Santa María de Guadalupe les cubra con su manto de amor maternal.


“¿No estás acaso entre el cruce de mis brazos, en el hueco de mi manto?”
Nican mopohua


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Somos el periódico católico oficial de la Arquidiócesis de Monterrey; en comunión con la misma y con el resto de los medios de comunicación católicos, enfocamos nuestros esfuerzos a ser la voz de la Iglesia en Monterrey.


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