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¡BENDITO 2020 QUE ESTÁ POR TERMINAR!

Algunos pudieran pensar todo lo contrario al título otorgado a este año que termina. ¡Cómo que bendito si la pandemia nos trajo tanto dolor y sufrimiento! ¡Cómo va a ser bendito si nos alejó de tantas personas! ¡Cómo va a ser bendito si se nos fueron muchos seres queridos!

 

Para los que tenemos fe, sabemos que nuestra paz y plenitud no está en esta vida, aunque nuestro corazón busque encontrar ya, aquello que nos haga felices. Este año ha sido muy adverso, un gran reto, pero no podemos quedarnos solo con todo el dolor y daño, la esperanza y la fe deben iluminar todos los acontecimientos vividos. Estoy seguro de que esta pandemia ha sido una oportunidad para encontrarnos con nosotros mismos, con nuestros hermanos y con Dios.

 

Una oportunidad para encontrarnos a nosotros mismos.

Diría que primero que nada esta pandemia nos ha ayudado a reconocernos limitados y quitar de nosotros los afanes de omnipotencia, darnos cuenta, tal vez por las malas, que no todo gira en torno a nuestro querer y parecer. Nos ha ayudado a valorar más lo que realmente es importante, nuestra salud, nuestra persona, nuestra estabilidad emocional, nuestra alma.

 

Una oportunidad para reconocernos como hermanos.

Esta pandemia nos ha recordado lo importante que es la fraternidad, el dejar a un lado los orgullos, sanar las heridas y reconocer que mi hermano es un tesoro. Descubrir que nos necesitamos mutuamente. 

 

“Nos dimos cuenta de que estábamos en la misma barca” (nos recordó el Papa Francisco en aquella plaza vacía del Vaticano en la bendición de ‘Urbi et Orbi’), “todos frágiles y desorientados; pero, al mismo tiempo, importantes y necesarios, todos llamados a remar juntos, todos necesitados de confortarnos mutuamente”. Esta pandemia nos recuerda que Jesús está en el hermano, en el prójimo, especialmente el que sufre.

 

Una oportunidad para encontrarnos con Dios.

«Señor, no nos abandones», suplicó el Papa al hablar de una «tormenta inesperada y furiosa», de «una tempestad que desenmascara nuestra vulnerabilidad y deja al descubierto esas falsas y superfluas seguridades», y esto mismo hemos hecho nosotros en este año, voltear nuestra mirada a Dios y dialogar con Él.

 

Este año ha sido una gran oportunidad, vienen días de reflexión y de oración, no desaprovechemos esta navidad para equilibrarnos, para mirarnos con la lupa de Dios, la lupa de la misericordia, analicemos a conciencia que es lo que Dios nos ha querido ha querido manifestar en este bendito 2020.

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