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BAJO LA MIRADA DE DIOS Y MARÍA SANTÍSIMA

Yo soy Efraín Macías Jiménez, originario de los Mochis, Sinaloa. Mis papás son José Encarnación y María Marcos Jiménez Martínez de Zacatecas y tengo 8 hermanos. Hace 10 años fui ordenado sacerdote y estoy agradecido con Dios y con María Santísima por poner su mirada en mí para servirles en este camino de consagración más plena y libre a Dios.

Todo comenzó el día en que nací, el 28 de marzo de 1980, mi mamá cuando se aliviaba de cada uno de nosotros, siempre nos encomendaba a Dios y a la Virgen María y en su oración le pedía a Dios que nos tomara para su camino. Crecí en medio de situaciones difíciles porque no teníamos un lugar donde establecernos para vivir hasta el día que llegamos a Monterrey.

A los 17 años volví a la Iglesia y empecé mi caminar en los grupos juveniles, gracias a una religiosa de las CSC que me invitó a participar como San José en la pastorela que estaban realizando en aquel diciembre del 97. Me gustó mucho volver a estar en la casa de Dios y conocer profundamente todo lo que es la misa, la hora santa, la oración y también conocer la espiritualidad de las hermanas Carmelitas.

En enero del 99 se organizó un retiro para jóvenes en Mina Nuevo León, fue ahí donde por primera vez escuché los cantos vocacionales, especialmente dos que se quedaron resonando en mi interior: el canto de Pronunció mi nombre y Tengo un mundo delante de mí. Ahí me confesé y el sacerdote me preguntó que si no había pensado en ser sacerdote. Desde ese momento la duda se sembró en mi corazón y empecé a preguntarme si ese era mi camino. Algo que ayudó para ver más claramente fue contemplar el testimonio de mi párroco, que en aquel tiempo era el Padre Scott. Me decidí a llevar el proceso vocacional por un año, mi familia nunca lo supo, hasta el día que les entregué la carta de aceptación al seminario. Mi mamá se alegró mucho porque siempre le había pedido a Dios que uno de sus hijos siguiera el camino de entrega.

Entré al Seminario el 12 de agosto del 2000, con la inquietud de saber si este era mi camino. El tiempo del seminario ha sido un proceso difícil pero muy enriquecedor, me ha fortalecido, pero también me ha confrontado delante de Dios para clarificar mi llamado.

Los momentos de silencio en la capilla del Santísimo de filosofía siempre fueron y serán mi fortaleza para seguir escuchando la voz de Dios. También el acompañamiento de las hermanas Carmelitas del Sagrado Corazón, que con su amistad y oración me han apoyado siempre, porque gracias a ellas conocí la espiritualidad del Carmen que me ha servido mucho y la cual he profundizado durante todo este tiempo.

Vale la pena arriesgar todo por Dios, dejar los planes humanos y buscar la vida eterna desde el camino de la consagración a Dios. Aunque no es un camino fácil Dios y María Santísima van caminando a nuestro lado para fortalecer el sí que hace casi 20 años le di a Dios.

Hoy tengo ya 10 años de ordenado sacerdote agradezco a María Santísima su cuidado y protección en todo momento, Ella se ha convertido en el camino más seguro para seguir respondiéndole a Dios, para amarlo como la primera vez que me llamó.

No dejes de buscar el silencio para que escuches la voz de Dios y le respondas con un Sí generoso.

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